El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 7. El Misionario.

Nane se despertó sobresaltado. Recordó que había quedado en verse con Emilio a las 5 de la tarde. Miró rápidamente la hora en su celular. 4:20. Había dormido desde las 2 de la tarde cuando terminó de almorzar en el pequeño comedor de la cocina con Poli, la cocinera. Poli era la persona a quién Nane le tenía más aprecio en esa casa llena de hienas, como ella misma solía decir.

El muchacho se había imaginado que el buen humor de su papá duraría más y se haría extensivo hacía él, pero estaba equivocado. Apenas puso un pie dentro de la casa, Tito le quitó las llaves del carro, subió al segundo piso a buscar algo y con las mismas salió de la casa conduciendo él mismo. Nane pensó que este vez su padre no quería que él estorbara. Se dirigió con pasos apesumbrados a la cocina, leyendo los mensajes que tenía pendientes en su celular. Había uno de Tatis.

“Cena para celebrar la llegada de Laura, en Barajas ¿Vienes?”
“¿A que hora?” escribió Nane y envió inmediatamente.
“7:30 / 8” apareció escrito en la pantalla de su celular.
“Listo, ya te dije que allí estaré” escribió el muchacho rápidamente.

Había salido la noche anterior y estuvo tomando hasta pasada la medianoche, pero su estado mental lo impulsaba a salir, a cambiar de ambiente, a divertirse, su vida diurna era todo, menos agradable y necesitaba un paliativo; que mejor que una rumba con un grupo selecto de niñas lindas, amigas de su prima, quizás alguna caería esa noche y no despertaría sólo el día siguiente. Llegó otro mensaje. Emilio.

“Compadre, ya cuadré todo en la oficina, vengase por acá como a las 5 de la tarde para tirarle el dato”

-Que bien- se dijo Nane a sí mismo en voz alta.

Entró a la cocina, donde Poli ya estaba terminando de lavar los platos.

-Señora Poli – dijo Nane con el tono despreocupado que siempre usaba con ella.
– Mijo lindo – dijo la mujer sin mirarlo.
– ¿Qué hay de almuerzo? – preguntó él.
– Espera, ya te sirvo- respondió ella- ¿sabes si tu papá va a comer?
-Acabó de salir, Poli, ese vendrá por la noche, si acaso.

Nane observó la labor de la empleada, había muchos platos por lavar aún, y la verdad ya tenía hambre.

-¿Se demora, señora Poli? Es que la verdad tengo bastante hambre.
-Ya voy, es que tu mamá invitó como a 20 amigas a almorzar para un reinado o algo así.
-¿Mi mamá se va a lanzar de reina después de vieja?- preguntó Nane riéndose a carcajadas.

Poli rió también pero no dijo nada más. Nane no recordaba cuando fue la última vez que había almorzado con su papá y su mamá juntos. Tito se tomaba un café negro, sin azúcar a las seis de la mañana mientras leía El Manifiesto y los otros periódicos que le llegaban por suscripción, casi siempre almorzaba por fuera, en un restaurante de confianza y cenaba en la casa junto con Ludis. Su mamá tomaba el desayuno a las ocho de la mañana en su habitación, por lo general almorzaba en la casa con algún invitado, pero Nane últimamente no sabía quiénes eran sus invitados, puesto que su papá lo mantenía ocupado a esa hora. La cena que su papá y su mamá compartían siempre fue un misterio para él. Ludis se esforzaba ocasionalmente para sentar a su esposo y a su hijo a desayunar o a almorzar, pero la cena siempre fue una especie de rito privado entre los dos. Nane comía fuera de la casa, o en la cocina, o en el comedor luego de que sus padres cenaran. Ya había pasado mucho tiempo desde que Ludis, su mamá, hiciera un esfuerzo para reunir a la familia en torno a una comida, quizás pronto lo haría pensó Nane, mientras escuchaba el sonido de las ollas crujiendo con el aceite hirviente.

Poli le sirvió en un plato ancho, un pescado de buen tamaño con una buena ración de patacones; al lado le colocó los cubiertos para que almorzara.

Ya estaba terminando, cuando entró una llamada. Papi.

-Aló, ¿Papi? – preguntó Nane extrañado.
-Nane, mira, dile a tu mamá que no vaya a salir, hay una revuelta por el centro, se tuvo que meter la policía y todo, la estaba llamando pero no contesta el teléfono.
-Listo, papi, no hay problema.
Nane dejó el teléfono en la mesa y se dispuso a terminar el almuerzo.
-Como que hubo pelea bien fuerte en el centro- le dijo Nane a Poli.
-¿Si? ¿Y eso? – pregunto la mujer embebida en su eterno uniforme blanco.
-Ni idea, eso fue lo que mi papá me dijo. Me toca avisarle a mi mamá ahora.

Nane se hubiese sentido mejor si le hubiesen dicho que tenía cita con el urólogo para hacerse el examen de la próstata. Interrumpir la siesta de Ludis, definitivamente estaba en su lista de actividades peligrosas. Subió la escalera despacio. Le marcó al celular esperando que contestara, pero no, estaba apagado.

Cruzó el largo pasillo adornado con cuadros extraños y mesitas llenas de flores de colores. Al final estaba la alcoba nupcial.

Nane tocó. Dos golpes suaves. Nada. Tocó por segunda vez. Nada.

-¡Mami!

Volvió a tocar. Esta vez la puerta se abrió de par en par y salió una mujer alta, rubia, de pomulos altos y actitud arrogante.

-¿Qué es esa bulla, Miguel Ángel? ¿Tú no sabes que a esta hora siempre hago mi siesta?
-Si Mami, yo sé, pero mi papá llamó y te mandó una razón.
-¿Por qué no me llamó al celular?
-Lo tienes apagado.

Ludis entró al cuarto dejando la puerta abierta y se dirigió a su tocador, donde agarró su celular.

-A estos aparatos no les duran nada la batería- dijo amargamente, sacó de otro cajón el cable de cargar y lo conecto al tomacorriente y al teléfono- ¿Cuál era la razón?
-Que no vayas a salir al centro, mi papá dice que hay una revuelta, no me explicó bien, pero dice que la cosa está grave por allá.
-Ah bueno, lástima, tenía que hacer unas vueltas, pero me imagino que tendrá que ser mañana por la mañana – dijo Ludis.

Nane se dispuso a salir del cuarto, pero su mamá lo impidió.

-¡Miguel Ángel!
-Sí, mami- dijo el muchacho volteando a ver a su mamá, que aún estaba en pijama.
– ¿Tu qué piensas de la vida? ¿Ya fuiste a la UPES a firmar el reingreso?
– No, mami.
-¿Y qué estas esperando?
-Estoy ayudándole a mi papá con lo de la campaña, Rangel lo va a apoyar, él me necesita ahora.

Ludis sonrió.

-Para eso no te necesita a ti, necesita a alguien que le maneje el carro, mira Miguel Ángel, no creas que tienes un pase libre para hacer lo que se te de la gana, si el próximo semestre no vuelves a clase, vas a tener que defenderte como puedas, porque yo no quiero vagos en esta casa.

El muchacho no contestó. Se tragó el nudo que le carcomía la garganta y se atrevió a mirar a su mamá.

-No te preocupes, que no me vas a volver a ver para el otro semestre.
Salió del cuarto de su madre, cerrándolo suavemente y camino los cinco pasos que lo separaban del suyo. Abrió la puerta y se sentó en el borde de su cama.

Aguantando las ganas de llorar, se recostó sobre las frescas almohadas. De repente estaba en medio de una tormenta. Llovía a cantaros. Estaba sin camisa y descalzo. Corría en medio de la arena como buscando algo, pero no lo encontraba. Luego se detuvo. Miró hacia atrás y vio un enorme torbellino que se acercaba hacía el. Ya no se podía mover. El torbellino se acercaba rápidamente y sabía que si no se movía ese era su fin, trato de liberarse pero era demasiado tarde, ya el torbellino se lo había tragado.

Despertó. Miró la hora en su celular. 4:20. Se puso las manos en la cara para que se le espantara el sueño. Mientras se bañaba recordó claramente el sueño. Nane no era alguien que creyera en supersticiones, pero para nada, sin embargo ese sueño tenía algo raro, como si fuera una advertencia, pero luego de que se secó y se vistió no volvió a pensar en eso. Entró al garaje y sacó su motocicleta. Era una hermosa motocicleta deportiva, roja, que su papá le regaló en el anterior Diciembre, antes de que se descubriera que había perdido casi todas las asignaturas del semestre.

Cerró el garaje y encendió la moto. Salió a toda prisa por la principal y se dirigió rumbo al edificio donde trabajaba Emilio. Vio que había algunas ventanas rotas y piedras en la vía, en Las Peñitas, pero del resto la situación se veía bastante normal.

Luego de varios minutos finalmente llegó a su destino. Era un viejo edificio, ochentero, de unos 10 pisos donde alguna vez funcionó un importante banco agrícola, pero ahora se dedicaba a alquilar oficinas para diferentes negocios. Dejó su super motocicleta de motor de cuatro tiempos y 998 cm3 en el parqueadero del frente y se dispuso a entrar.

Subió los ocho pisos que lo separaban de la oficina de su compadre. No había nadie más en ese ascensor. Llegó al octavo piso y dobló a la izquierda. Claramente decía en el frente HiHack; entró y adentro el aire era definitivamente mucho más templado y agradable. Con una sonrisa, le preguntó a la recepcionista por Emilio. La muchacha, sonriente también se paró a buscarlo. Nane miró la hora en su celular. 5:10.

-Siga, que lo está esperando- dijo la recepcionista señalando el camino con la misma sonrisa fingida.

Nane, entró a la oficina de Emilio y se sorprendió. No solamente su compadre estaba más gordo que el día del bautizo, sino que también estaba más canoso y demacrado. La paternidad no le había sentado pero para nada.

-Compadre- dijo Emilio estrechándole fuertemente la mano a Nane.
-¿Cómo esta compadre? ¿Y el ahijado?
-Ahí, creciendo, y fregando también- dijo Emilio mientras terminaba de arreglar algo en el computador- te tengo el dato que me pediste.
-¿Si? ¿Sabes quién escribe el blog del Misionario?
-Sí, rastreé su IP y la cotejé con una base de datos que tenía acá del CTI- dijo Emilio sin mirar a Nane- pero ojo que eso sólo lo sabemos tu y yo.
-No hay problema, compadre, no se preocupe.
-La línea está a nombre de una tal Cindy Villarreal.
-¿Cindy Villarreal? ¿El Misionario es una vieja?
-Pues eso parece, y además de eso también te conseguí la dirección.
Emilio imprimió media hoja con la dirección claramente escrita, que empezaba con BARRIO EL CORTIJO.

-Hombre, compadre, de verdad que le agradezco- dijo Nane, mientras sacaba su billetera, le dejó varios billetes en el escritorio a Emilio- ahí va la gratificación y algo para el ahijado.

-Bien compadre, ¿no va a cometer una locura con esa información, cierto?- preguntó Emilio un tanto nervioso- ojo, yo no tuve nada que ver con eso, ¿me entendió?

-Fresco, compadre- dijo Nane con seguridad, mientras salía por la puerta de la oficina- yo se lo que hago.

(c)

Anuncios

Navegación en la entrada única

Un pensamiento en “Capítulo 7. El Misionario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: