El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 8. El Intruso.

Oscurecía rápidamente. Cindy miró la hora en su celular. Ya eran las 6:45, se había tardado un poco en la biblioteca de la universidad haciendo un par de consultas extras para trabajar en su estado del arte.

Aquel había sido un día bastante pesado. Había estado de pie toda la mañana en BioSucre, escuchando una mezcla de propaganda mercantilista con un resumen de procesos y procedimientos técnicos de los que apenas alcanzaba a entender los conceptos más elementales.

Luego de la visita, el gerente de BioSucre les ofreció el bus del personal para que los llevara hasta la USAB, la única universidad pública en Sincelejo, donde Cindy adelantaba sus estudios de economía.

El bus llegó a la universidad pasada la una de la tarde. Cindy apenas se pudo tomar un jugo en la cafetería, no se sentía con ganas de comer nada, su próxima clase era a las dos y no quería sentirse pesada.

Se había sentado en las últimas mesas de la cafetería, mientras revisaba sus apuntes, cuando escuchó a alguien hablar muy excitado, en las mesas de adelante.

-Ni se imaginan lo que acaba de pasar por los lados de Las Peñitas.- dijo un muchacho de pie en frente de un grupo de muchachas, por su pinta parecía ser un primíparo.
-Ajá habla.- dijo una de las muchachas con las que conversaba.
-¡Ni se imaginan!- repitió el primiparo.
-Bueno, deja la maricada y habla si vas a hablar- respondió otra de ellas con cara de fastidio.
-Había una protesta de desplazados o una vaina así y se dieron en la jeta con los policías, eso hubo piedra, gas lacrimógeno, vidrios rotos, mejor dicho, una batalla campal.- dijo el muchacho con una amplia sonrisa, evidentemente excitado- yo alcancé a tomar fotos.

El primiparo sacó su celular y se lo pasó a sus compañeras. Cindy estaba que se paraba a mirar, pero prefirió quedarse sentada. 2:05. La clase ya debía haber empezado.

Cindy preguntó entre sus compañeros si sabían lo que había ocurrido en el centro, pero ninguno parecía conocer nada al respecto. Se dedicó a escuchar la cátedra de Investigación, y alcanzó a anotar uno o dos tips que necesitaba para su tesis, a las cuatro de la tarde todo había terminado y se dirigió a la biblioteca.

Allí volvió a escuchar a algunos hablando en voz baja sobre lo ocurrido en el centro, alcanzó a entender que no había habido muertos, sino varios heridos y varios capturados, pero que andaban en busca del líder, que al parecer escapó con una herida en la cabeza.

La biblioteca se fue quedando sola poco a poco, hasta que solo quedó ella y otro muchacho de lentes gruesos en una de las mesas del fondo. A las 6:40 salió de la sala de lectura y llamó a Pechi.

-¿Pechi?
-Cindy, cuéntame.
-Será que me puedes venir a recoger acá a la Universidad.
-Si, no hay problema, yo estoy cerquita, en cinco minutos estoy en la puerta.
-Bueno, bien.

Cindy bajó lentamente la colina que daba hasta la entrada principal de la universidad, se despidió del celador y para su sorpresa Pechi ya estaba en la puerta esperando. Se veía ansioso.

-¿Te pasa algo?- preguntó Cindy.
-No, nada reina- respondió Pechi mientras arrancaba la moto.

Pechi siempre solía hacerle conversación a Cindy cuando la llevaba de pasajera, pero esta vez parecía estar como ausente.

-¿Seguro que no te pasa nada, Pechi?
-Dime, no te escuché.
-Que si estás seguro de que no te pasa nada…
-Si, reina, seguro que no me pasa nada.

La moto llegó al centro, pasó por Las Peñitas y todo se veía bastante normal. Los negocios estaban abiertos y no había trancones ni bloqueos, tal vez todo había sido una exageración.

-¿Qué fue lo que pasó por aquí a mediodía?- preguntó Cindy.
-Había una protesta de los desplazados y luego se metió la policía, los de la protesta tiraron piedras y se armó la de Troya- dijo Pechi- Ah, Cindy te iba a decir una cosa…
-¿Qué?- preguntó ella extrañada.
-Yo le hice una carrera a tu papá, el está por los lados de Las Margaritas, con un compadre, me dijo que te dijera que llegaba tarde.
-¿Por qué no me llamó al celular?
-No se- respondió el mototaxi.

Ya habían pasado por Majagual y estaban ya en la avenida Argelia. Cindy había sentido a Pechi incomodo durante todo el viaje. Quizás estaba nervioso por la revuelta, o quizás le pasaba algo más. No pensó que fuera prudente seguir preguntando. Pechi dobló por la iglesia de los Mormones y siguió derecho. Luego dobló a la izquierda unas cuatro cuadras hasta la casa de los Villarreal.

Cindy le pagó la carrera. Pechi llevaba el casco puesto, a pesar de que ya había oscurecido bastante.

-Bueno, Pechi, Gracias, Mañana te llamo, por si alguna cosa.
-Bien.

Pechi arrancó la moto, giró 180 grados y se fue por la misma ruta por donde habían llegado.

Cindy abrió la reja y entró a la terraza. Buscó las llaves en su morral, pero se dio cuenta que la puerta estaba abierta. No se asustó, ni se sorprendió. No sería la primera vez que su papá dejará inadvertidamente la puerta abierta cuando salía. Entró con cuidado. Cerró suavemente la puerta y avanzó a ciegas por la sala, mientras alcanzaba las escaleras.

Subió lentamente, cansada, y pensando que ahora tenía que inventarse algo para comer, no solo para ella, sino para su papá. Escuchó un ruido extraño. La luz de su cuarto estaba encendida, probablemente su papá la había dejado así, o quizás ya habría regresado. Entró lentamente a la habitación. De allí salió una figura a toda velocidad, la golpeó y la arrojó al piso. Era un hombre sin duda, llevaba una especie de pasamontañas en la cara. Cindy se levantó inmediatamente y se dio a perseguirlo. El hombre bajaba ya las escaleras cuando Cindy se abalanzó sobre él y ambos cayeron sobre el duro piso de la sala. La muchacha alcanzó a encender la luz  y a gritar, pero el hombre le colocó una mano sobre la boca. Ella lo mordió y el grito de dolor del hombre no se hizo esperar.

Sólo entonces Cindy se dio cuenta que todo estaba revuelto en la sala. El computador estaba destrozado sobre el piso y los libros del estante de su papá estaban todos regados. Agarró uno de los jarrones que aún estaban de pie en la mesa de centro, y se lo arrojó al hombre del pasamontañas en la cabeza. Surtió efecto. Cindy lo golpeó con el pie en el abdomen y el hombre emitió un sonoro gemido de dolor.

Tenía una mochila en la mano, Cindy se la quitó. Llevaba el disco duro que obviamente era de su computador hecho pedazos a un lado de la sala, las memorias, los CDs que había dejado en su escritorio y algunos que tenía en su habitación.

El hombre estaba visiblemente incapacitado, Cindy le quitó el pasamontañas.

Lo había visto. Sí. En las crónicas sociales de El Manifiesto, en alguna que otra reunión política, acompañando a su papá en eventos públicos. Ahí, en la mitad de la sala de su casa, con un enorme chichón en la frente y doblado del dolor, estaba nada más y nada menos que Miguel Ángel Mansur Espinosa, más conocido en el bajo mundo como “El Nane Mansur”. El único hijo del conocido político sincelejano Roberto “El Tito” Mansur.

-¿Usted? ¿Qué carajos hace aquí?- dijo ella.
-Tu eres la que escribe esa mierda sobre mi familia, tu eres El Misionario y ahora todo el mundo se va a enterar- dijo Nane.

Cindy sonrió y se acercó al muchacho tumbado sobre el piso.

-Usted acaba de entrar a mi casa como un hijueputa ladrón y cree que a la policía le va a importar que yo sea o no el misionario.
-Yo tengo las pruebas- dijo Nane señalando la mochila que Cindy le había quitado.
-Usted no tiene nada, estas cosas que están aquí son mias y usted se las iba a robar, definitivamente salió igualito que su padre, un miserable ladrón.

Nane se puso de pie y se abalanzó contra Cindy quien lo esquivo. El muchacho resbaló y cayó contra el piso de nuevo.
Los vecinos habían escuchado la gritería y los ruidos proveniente de la casa de los Villareal, pero sólo cuando se encendió la luz y parecía todo estar en calma, se acercaron los más curiosos.

Mercy, que vivía en el callejón contiguo a la casa, fue la primera en entrar.

-Dios bendito, Cindy ¿Qué pasó aquí?- dijo la mujer visiblemente sorprendida por la escena que veía.
-Un ladrón que se metió a la casa, Mercy- respondió ella suavemente, respirando profundo.

Mercy sacó su celular y llamó de inmediato a la policía mientras la bola de curiosos crecía rápidamente. Los señores y los muchachos se dedicaron a hacerle guardia a Nane para que no escapara. Era una medida innecesaria, Nane no tenía ni la capacidad física para salir de la casa de los Villarreal, ni el animo para hacerlo, sabía que estaba metido en problemas, y en problemas serios, y la sola idea de meter en líos a su papá lo martirizaba profundamente. Se puso el rostro en las manos, de manera que sólo dejaba ver su espeso cabello rubio oscuro.

La patrulla llegó pronto. Cindy salió a la terraza a ver la llegada de los policías. Pero se dio cuenta de algo más interesante. Una moto deportiva roja, al frente de su casa, con un muchacho muy atractivo sobre ella. Parecía estar muy interesado en lo que sucedía, pero no llamaba la atención. La calle ya estaba llena de curiosos. Los dos policías que llegaron desalojaron a los curiosos y cerraron la puerta. Sólo quedaron ellos con Nane y Cindy. Ella les explicó rápidamente lo que había sucedido. Nane guardó silencio.

Los policías agarraron al muchacho y lo esposaron. Entonces el se dirigió a Cindy con los ojos llenos de lagrimas.

-Por favor… no dejes que nadie me vea, no así.

Cindy se sintió conmovida por él. Le pasaron muchas ideas por la cabeza, pero no dejó que ninguna le quitara la fortaleza. Sacó la camiseta de mangas largas que había llevado a la visita a BioSucre para protegerse del sol y se la colocó al muchacho sobre el rostro.

-Gracias- le dijo él en tono sincero.

La policía sacó a Nane de la casa en medio del abucheo de los curiosos, algunos se atrevieron a golpearlo y hasta a escupirlo. Cindy apagó las luces y cerró la casa con llave. Se subió a la patrulla con el policía y con Nane justo en frente de ella. Alcanzó a ver como el muchacho que estaba en la moto deportiva, se marchaba a toda prisa. La puerta de la patrulla se cerró con la multitud de curiosos tratando de ver lo que sucedía adentro. Al menos aquel día había algo de que hablar en aquel barrio.

(c)

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7 pensamientos en “Capítulo 8. El Intruso.

  1. Me encanta como vas relacionando los personajes… interesante muy interesante … sigue asi 😉

  2. andres eduardo espejo en dijo:

    M e gusta mucho el trabajo que estas haciendo, es muy entretenido desde que empiezo hasta el final..felicitaciones.

  3. Apenas empecé a leer hoy y ya voy por aca…. interesante la mezcla entre personajes

  4. @lony1791 en dijo:

    Ya llevo varios capitulos seguidos y me gusta mucho la forma en que describes todo lo que pasa, se necesita ser de sincelejo para darse cuenta que todo ocurre es muy parecido, Sobre todo los lugares!

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