El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 10. La Urgencia.

Laura no quería ni recordar el mal momento que pasó por culpa del mototaxi. Del tal “Pechi”. Luego de que el atrevido se largara dejando los billetes que le había lanzado a la cara, ella los recogió del concreto ardiente por el intenso sol del mediodía sabanero. Había sido una locura, le había lanzado los setenta y cinco mil pesos que tenía en su billetera al muchacho. Igual, el igualado había sido muy tonto en no recogerlos.

Laura entró, la reja estaba abierta y agarró la maleta rodándola por la terraza de aquella casa que tan bonitos recuerdos le traía. No tuvo tiempo de decir nada porque Patri, la empleada del servicio, que en ese momento estaba regando las materas, salió a recibirla con un abrazo.

-¡Virgen del Carmen! Niña Laura- dijo Patri con las manos en el aire como en una plegaria.

-Patri, mi vida, como estás mi amor – dijo Laura en el tono que usaba siempre que no se sabía si era sincero o falso, tono que adquirió en el colegio, tono que todas las niñas de su generación usaban y que era más bien una especie de sub-acento local.

-Ven mija linda yo te llevo esa maleta- dijo Patri entusiasmada.

-Ah bueno Patri, ya que insistes.

Laura se sacudió la arena que le había pegado Patri en la blusa cuando la abrazó. Entraron a la sala. Definitivamente la casa había cambiado. Laura recordaba la casa más bien lúgubre y oscura, pero ahora se veía luminosa y fresca, las cortinas se movían con la brisa que entraba a chorros por las ventanas.

-¿Y mi mamá y mi papá? – preguntó la muchacha.

-Tu papá salió para una reunión y tu mamá se fue a pasar el día con tu tía en La Toscana…- contestó Patri.

-¿Y el maluco de Juan Carlos?

-Está en un paseo del colegio, para San Andrés o para Santa Marta, no me acuerdo bien, la que sí sabe es tu mamá.

Laura se acostó en el sofá de la sala sin decir una palabra y con el celular en la mano. Le mandó un mensaje a Tatis y a Dana “Ya llegué, estoy en mi casa, ni se imaginan el chasco que me pasó”.

-Ajá mija linda, pero yo no sabía que tu venías.- dijo Patri.

-¿Mi papá no te dijo? Aunque la verdad yo tampoco sabía que venía- dijo Laura- Ay Patri, si te imaginaras el chasco que me pasó.

-Bueno, te tocará echarme el cuento en la cocina porque voy a poner el almuerzo- dijo Patri dirigiéndose a la cocina.

-Ay ¿en serio, Patri? ¿Por qué no te haces un mote de queso? Tengo mis años que no me como uno, en cachacolandia uno no come eso- dijo Laura levantándose con una pereza enorme del sofá y dirigiéndose a la cocina descalza.

Se sentó en el comedor de la cocina, a la que también le habían hecho muchos cambios; la muchacha se sintió un poco extraña, pero eso no le impidió seguir hablando.

-Imaginate, que en Corozal me he subido en un taxi, y el infeliz ese me iba llevando y que para El Mamón ¿Tu sabes donde queda esa vaina, Patri?

-¿El Mamón? ¿Y tú que ibas a hacer para esos lados, muchacha?- dijo Patri alarmada.

-Era que no había taxis y un policía idiota ahí me subió en ese y si no me bajo quien sabe donde estaría ahora, mija, y para colmo de remate, cogí un mototaxi y cuando llego aquí el muy atrevido me pide un beso.

-¿Qué?

Sonó el timbre de la puerta.

-Espera un momento- dijo Patri mientras se dirigí a la puerta.

Laura agarró el celular de nuevo, no había mensajes nuevos. Patri regresó a la cocina con toda normalidad. Laura ni siquiera preguntó quien era.

-… pues si, Patri y el atrevido ese me insultó y todo y le tiré la plata en la cara, para que no fuera atrevido…

Luego un grito espantoso. Tatis y Dana habían llegado y entre ellas y Laura formaron un alboroto que se escuchó hasta en las casa vecinas. Sonó el teléfono. Patri contestó.

-Buenos Días, Casa de la familia Curiel- respondió la empleada- No, niña Carmen, es que llegó la niña Laura y se encontró con unas amigas, esta bien, gracias.

-Esa era la chismosa de la vieja Carmen ¿verdad? Esa vieja definitivamente no cambia – dijo Laura.

Tatis y Dana se sentaron junto a Laura en el comedor de la cocina y se pusieron al día de cuanta historia, chisme y novio se acordaron, Tatis y Dana habían ido a Bogotá varias veces, pero siempre por separado, esta era la primera vez que estaban juntas las tres de nuevo. Laura estaba tan abstraída con los chismes de sus amigas que se sorprendió cuando Patri anunció que el almuerzo estaba listo y por supuesto Tatis y Dana se quedaron al almorzar.

Luego del mote de queso, a Laura se le ocurrió que se metieran a la piscina; subió por primera vez a su cuarto, que estaba tal y como ella lo recordaba; la maleta que Patri había subido estaba sobre la cama. Buscó en el armario los viejos vestidos de baños que había dejado y encontró varios que aun podían usarse. Tatis y Dana escogieron los que más les gustaban y bajaron todas a la piscina. Entre chapuzones y cuentos la tarde se pasó volando.

Ya eran más de las seis cuando llamaron a Tatis.

-Ay Lau, ya me tengo que ir, mira- dijo Tatis ahora mirando a Dana- tu mamá y que ya anda llamando a la Fiscalía para ver donde es que estás metida, que dejaste el celular.

-Oye, verdad que si, pero luego de esta actualización, se me había olvidado que el celular existía- respondió Dana.

Las muchachas se cambiaron en el cuarto de Laura y se fueron. Acordaron ir a comer a las 8 en Barajas, el restaurante justo en frente de la Escuela Técnica. Luego de la cena quizás irían a Manchester por unos tragos. Laura estaba exhausta, pero la emoción la mantenía con energía, se baño sonriendo pensando en sus amigas y de pronto se le cruzó en la cabeza el recuerdo del mototaxi. Recordó sus ojos de color azul intenso, su sonrisa encantadora y su voz dulce y masculina. Sintió que su corazón se aceleró un poco y justo en en ese momento se arrepintió de haberle arrojado los billetes en la cara.

Salió del cuarto y bajó donde Patri.

-Patri, no me guardes comida que yo voy a comer con las locas estas ¿Y no ha venido mi papa, ni mi mamá?

-Nada, niña Laura, ninguno de los dos se ha aparecido.

Ya había mandado varios mensajes de texto, intentó llamarlos pero ninguno de los dos contestaba.

Vio televisión un rato en su cuarto, que parecía una zona de guerra a esa hora por cuenta del desorden monumental. Terminó de maquillarse y de perfumarse. Justo a las 7:50 se escuchó el pito del carro. Tatis ya estaba en la puerta con Dana, listas para ir al restaurante. Laura bajó de inmediato y salió por la terraza que ya estaba iluminada.

-Ay Tatis, déjame conducir ¿si?- pidió Laura.

Tatis se corrió para el asiento del copiloto con Dana, era un carro bastante espacioso, familiar, que el papá de Tatis usó hasta Enero, cuando se compró uno nuevo y le regaló ese a su hija.

Llegaron a tiempo al restaurante. De nuevo empezaron los comentarios sobre todo lo que había pasado con los compañeros y compañeras de clase, fue entonces cuando se enteró Laura que Raquel Garcia se había metido de monja y que Amanda Narvaez era prepago. Estaban en eso cuando una mujer rubia, alta y de pómulos altos, con un hermoso vestido blanco, apareció en la puerta, iba acompañada de un señor canoso, un poco pasado de peso, pero muy bien  parecido a pesar de su edad.

-Ludis con Tito… ¿Dónde habrán dejado a Nane?- preguntó Dana mirando a la pareja.

-Debe estar manejando un bus o algo así, como ahora es chofer…- contestó Tatis riendose – yo no se que le pasa a Nane, sinceramente.

Laura recordaba vagamente a Nane, el primo de Tatis, hasta alguna vez fue noviecito de colegio de ella, pero hasta ahí, apenas se acordaba de sus facciones, pero no de su voz.

Sirvieron la comida, Dana pidió una botella de vino para celebrar. La comida pasó animada, Dana tomó bastante, de hecho ella sola se tomó más de la mitad de la botella ante la mirada atónita de Laura, Tatis y hasta del mesero.

-Ya vengo, voy al baño- dijo Laura luego de un rato.

Estaba encerrada en uno de los cubículos, cuando sintió un par de zapatos altos entrando en el baño.

-Bueno ahora sí dígame… ¿Qué fue lo que pasó con mi hijo? No, no puede ser, eso que usted me dice no puede ser… ¿Y que hacía él metido en esa casa?… ¿bueno dígale que espere ahí, en quince minutos estoy ahí?

Laura alcanzó a ver a Ludis saliendo del baño. Definitivamente el tal Nane estaba en problemas, hubiese sido lo máximo como tema de conversación con sus amigas pero no le pareció prudente. Igual no le dio tiempo.

Justo cuando Laura se estaba lavando las manos, Dana entró a tumbos al baño y sonrió. De repente la muchacha se fue en vomito justo en frente de ella. Era como si le hubiese entrado un espíritu. Laura la ayudó a llegar al cubículo y la muchacha se apoyó sobre el inodoro. Laura se apresuró a salir, le dijo al mesero que limpiaran el baño. Miró alrededor, Tito seguía comiendo pero Ludis no estaba. Tatis estaba hablando por celular.

-Tatis, ven que Dana se está yendo en vómito – dijo ella alarmada.

Cuando Tatis y Laura regresaron, el vómito seguía en el piso y Dana estaba extremadamente palida.

-¿Sería que se intoxico? – preguntó Tatis.

-Pero ella comió lo mismo que nosotras.

Laura miró el bolso de Dana, había unas pastilla de nombre muy raro, pero que ella reconocía muy bien, era una medicina para mejorar la concentración, una de las muchachas que vivía en su pensión en Bogotá las tomaba para los exámenes.

-Tenemos que llevarla a la clínica, pero ya- dijo Laura.

Laura fue por el carro y llegó a la puerta del restaurante. Junto a Tatis ayudaron a meter a Dana al carro. Tatis le puso una bolsa en la boca mientras Laura conducía.

Llegaron de urgencias a la clínica Santa Mónica que por fortuna estaba bastante despejada. Tatis se fue con Dana al consultorio, Laura se quedo afuera tratando de hablar con sus padres, ninguno de los dos contestó. Miró la hora. 9:55 de la noche.

Salió a tomar un poco de aire fresco, aunque no había tomado mucho se sentía un poco mareada, pero esa sensación era agradable.

De repente sintió que alguien la estaba mirando. Volteó lentamente y lo vió. Era el mototaxi.

-Hola – dijo él con amabilidad, sosteniendo una caja en sus hombros, no llevaba el casco puesto y el cabello negro y espeso lo hacía ver mucho más atractivo de lo que ella recordaba.

-Hola… – dijo Laura un tanto nerviosa.

-Me debes una carrera… – dijo él con una sonrisa que la puso nerviosa.

-Si, es verdad… ¿Cuánto es?

-Tú sabes cuanto es….

Laura se paró en frente de Pechi. Sin darse cuenta, sabía que había estado esperando ese momento, no desde que se arrepintió por arrojarle los billetes en la cara al mototaxi, sino desde mucho antes, desde el instante en que se volvió mujer.

-¿De verdad crees que te voy a dar un beso?

-¿Me lo vas a dar? El beso, claro está – dijo el sonriendo.

Laura se acercó y de verdad estaba dispuesta a besar a Pechi, pero en el último instante él se alejó.

-¿Eso es vómito?- preguntó Pechi al que la situación parecía causarle mucha risa.

-¿Qué? ¿Dónde?- preguntó la muchacha muy apenada.

-Aquí- dijo Pechi limpiándola con un pañuelo en el cuello donde tenía la mancha asquerosa- Perdóname, no quise ofenderte.

-Perdóname tu, no debí reaccionar así.

Laura, mareada como estaba no sabía a ciencia cierta que era lo que le estaba sucediendo, solamente estaba viviendo el momento y todo el mundo se había desvanecido.

-¡Lau! ¡Laura!

Tatis estaba llamándola desde la puerta.

-¿Qué pasó? – preguntó ella.

-Ven acá que no se como se llaman las pastillas que se tomó la loca esa.

Pechi la miró un momento, cuando ella volteó.

-Esta es la última caja, la voy a llevar a la farmacia. Ya me voy.

Pechi dio media vuelta y ya estaba bajando la rampa, cuando escucho la voz de Laura.

-¡Pechi!  ¿Me das tu número?

(c)

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2 pensamientos en “Capítulo 10. La Urgencia.

  1. jael echeverria en dijo:

    Quiero q pechi ylaura se enamoren!! yujuuuu!! amo esta historia!!

  2. jajajajaja bueno veamos a ver que sucede.

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