El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 15. El Regalo.

“Asesinado gerente de BioSucre en Coveñas” rezaba el titular de El Manifiesto de aquel Viernes. Cindy solía leer las noticias del departamento y de la ciudad en su casa, por Internet, pero el titular le llamó tanto la atención que decidió comprar el periódico completo. Inmediatamente se refugió bajo la sombra de uno de los arboles del parque Santander. Quería prestarle total atención a esa noticia. Había conocido al gerente de BioSucre y le parecía increíble que ahora estuviera muerto.

“A las  7:10 de la noche, cuando se preparaba para cenar en compañía de su novia, la señorita Gladys Mejía, en un restaurante en la variante que de Coveñas conduce al municipio de Tolú, el empresario de origen antioqueño Marcelo Guevara fue atacado por cuatro sicarios que se movilizaban en motocicletas de alto cilindraje. Guevara, economista de 36 años, divorciado con tres hijos, se disponía a cenar en el restaurante cuando recibió siete disparos, uno de ellos en la cabeza que le causó la muerte al instante. Testigos del hecho afirman que los cuatro atacantes llegaron en dos motos, se bajaron frente al restaurante sin quitarse los cascos, ingresaron al lugar y le dispararon al comerciante. El alcalde instó a las autoridades de policía que redoblaran la vigilancia en el sector, así como pidió a la comunidad que se mantuviera vigilante para prevenir hechos de este tipo en el muncipio, conocido por ser un importante centro turístico dentro del departamento de Sucre. Según datos de la policía, Guevara había sido amenazado con anterioridad por el ex-compañero sentimental de Mejia, con quien mantenía una relación desde hacía seis meses. Sus cenizas serán veladas en las horas de la tarde.”

Todo el hecho le parecía muy, pero muy confuso a Cindy. Pero lo más descabelladlo de todo era que la policía creyera que un ex-novio celoso era el culpable del crimen. Sería demasiado extremo, por no decir costoso, que por celos, alguien mandara no a uno, ni a dos, ni a tres, sino a cuatro sicarios a asesinar a alguien, mucho menos en Coveñas. No había habido asesinatos con tanta premeditación últimamente en el Sincelejo, mucho menos de un personaje de la talla de Guevara, que si mal no recordaba Cindy, había trabajado en la administración de Pablo Rangel, el actual gobernador, cuando había sido alcalde de Sincelejo hacía ya casi ocho años.

Caminó por el parque hasta salir a la calle 20. Definitivamente ese crimen generaba muchos interrogantes, hubiera seguido pensando en lo mismo por un buen rato de no ser por que sonó su teléfono celular. Número Privado.

-Buenos días, a la orden.- contestó Cindy.

-Cindy, hija, con Ludis, mi amor, te estoy esperando hace quince minutos, quedamos que a las diez de la mañana te vería en el taller de Juana Samper ¿Dónde estas mi vida?- dijo la voz en el auricular.

-Ya, estoy a dos cuadras, ya estoy llegando señora Ludis- se apresuró a decir Cindy.

-Bueno mi vida, te espero, y ya te he dicho que no me digas señora, que no estoy tan vieja- terminó la mujer, del otro lado de la conversación.

Aquella si que había sido una semana extraña. El lunes, luego de regresar de la estación de policía, Cindy estaba muy mal anímicamente. Mientras esperaba que su papá regresara de casa de su compadre, ella se dedico a arreglar la sala. Puso los libros que había tumbado Nane en su sitio en la biblioteca, metió la carcasa del computador en una de las bolsas negras de la basura y recogió los vidrios del florero que le reventó al muchacho en la cabeza.

Cuando Alirio llegó, a Cindy le había dado tiempo hasta de barrer y trapear no solo la sala, sino el comedor y la cocina.

Su padre y ella compartieron una larga conversación. Cindy se limitó a hacer preguntas sin recriminar ni juzgar. Su padre contestó a todo lo que su ella preguntaba, respondiendo con la verdad.

Fue así como la muchacha se enteró por boca de su padre de los grupos socialistas que se organizaban en las universidades del centro del país, en los tiempos de la Unión Soviética y que él en realidad compartía muchas de las ideas de Marx y otros filósofos sobre la necesidad de una sociedad justa e igualitaria. También se enteró de cómo la muerte de una compañera, lo impulsó a ingresar a las filas de la guerrilla y que aunque en algún momento disparó el fusil que le dieron como dotación, jamás lo utilizó para matar a nadie. Alirio también le confesó a su hija que luego de la entrega de armas del año 90, se regresó a vivir a Sincelejo, donde siguió asistiendo a reuniones con líderes simpatizantes con la causa revolucionaria, pero que hasta ese día, nunca había regresado a las acciones de hecho para respaldar sus ideas. Confesó que se sentía viejo y olvidado, que necesitaba sentirse vivo, y que aquella marcha era el momento ideal. También le dijo no saber de donde eran los manifestantes y que en todo momento pensó que todos eran en realidad desplazados luchando por sus derechos.

Cindy comprendió todo muy bien, le pidió que confiara en ella y que no fuera a cometer más tonterías. Cuando Alirio quiso saber como su hija se había enterado de su participación en la revuelta, la muchacha se limitó a contestarle que ya habría tiempo para hablar de eso.

Alirio ya se estaba preparando para irse a dormir, cuando Cindy le preguntó si había dejado la puerta abierta cuando salió; el anciano hizo una cara de dolor y afirmó con la cabeza.

-Estás fregado, papi- dijo Cindy dirigiéndose a su cuarto.

El martes, luego de salir de clases en la universidad, se encontró a Nane esperándola en la puerta de la universidad.

-¿Usted que hace aquí?

-Pues, te voy a reponer el computador que te dañé.

-Usted realmente cree que con un computador nuevo va a solucionar todo ¿verdad?

-No, para eso te tengo un regalo.

-No me interesan sus regalos.

Cindy estaba en el anden y Nane estaba aún dentro del carro. Se había cortado el cabello y se había afeitado. Lucía una camisa blanca que lo hacía ver mucho más palido, pero su sonrisa lo hacía ver más encantador que el día anterior.

-Mira lo que te tengo, acá – dijo Nane sacando una caja del asiento del pasajero.

-¿Qué es?- preguntó Cindy.

-Entra al carro y te muestro que es. –respondió el muchacho.

Varias de las compañeras de Cindy ya habían salido hasta la bahía de entrada y estaban cuchicheando mirándola directamente a ella y a Nane.

-Está bien- dijo Cindy mientras se subía al carro- vamos a salir de esto rápido.

Nane giró la llave de encendido, quitó el freno de mano, pisó el embrague y metió el primer cambio. El auto arrancó suavemente mientras él quitaba presión del pedal. Le dio la caja a Cindy. Era como del tamaño de una caja de zapatos, pero era definitivamente mucho más pesada.

-¿Qué es?- preguntó ella.

-Ábrelo.

Cindy abrió la caja y dentro había un cachorro, era un hermoso labrador bebe que sacaba la lengua mientras ella  lo acariciaba. Cindy se puso a jugar con el perrito mientras Nane se dedicaba a conducir.

-¿Te gusta?- preguntó el muchacho.

-¿Por qué me estas dando regalos? Me conociste ayer, cuando entraste a robar a mi casa ¿te acuerdas?

-Si, yo se, pero fue que comenzamos con el pie izquierdo y no quiero que pienses que soy una basura o algo por el estilo.

-Muy tarde amigo…

-¿Qué?

-¿En serio me vas a regalar el perro?

-Es tuyo.

-Le voy a poner … ¡Miguel Ángel!

-¡Ja! ¡Ja!, muy graciosa- dijo Nane de forma sarcástica.

No tardaron en llegar. Cindy sabía que en ese momento tenía las de ganar, después de todo Nane estaba solo y no tenía la ayuda de la serpiente que tenía como madre para colaborarle. Escogió un computador portátil, el de mejor rendimiento, marca y capacidad. Aunque hubiese preferido no aceptarle nada a Nane ni a Ludis, tampoco era boba. Necesitaba el computador y si se había presentado esa oportunidad tenía que aprovecharla. Sacó el disco duro que Nane había extraído de su viejo computador de mesa y le explicó al encargado que necesitaba los archivos que tenía allí en el computador nuevo.

Luego de terminar el encargo, Nane llevó a Cindy hasta su casa. Se despidió con una sonrisa, antes de ponerse sus lentes de sol y marcharse.

El miércoles pasó sin pena ni gloria para Cindy, tenía dos parciales finales ese día. No había estudiado mucho el día anterior, pero no sintió que le hubiese ido tan mal, lo cual confirmó el jueves cuando le entregaron los resultados. Regresó a su casa cansada y un poco frustrada de haber pasado los exámenes raspando, pero al menos no tendría que habilitar asignaturas. Encontró a su papá jugando con el labrador que Nane le había regalado, pensaba que ya no tendría nada que ver con Nane, ni con Ludis, salvo por aquel animal con el que Alirio ya se había encariñado. Se equivocó. Justo cuando se iba acostar. Recibió la llamada de Ludis. Le recordó su compromiso con ella y que necesitaba que cumpliera con su parte, no le explicó nada más y la citó en el taller de Juana Samper, al día siguiente a las diez de la mañana.

Cindy estaba leyendo la noticia del empresario asesinado cuando recibió la llamada de la mujer. Caminó las tres cuadras que la separaban del taller, que se ubicaba cerca del cementerio. Cuando llegó Ludis tenía un vestido en la mano.

-Cindy, hija, que bueno que llegas, necesito que te midas este vestido.- dijo Ludis mientras la conducía al vestier- hoy es el cumpleaños de Miguel Ángel y tienes que verte divina.

Le quedó perfecto. Luego de complementar su atuendo con accesorios y zapatillas. Ludis llevó a Cindy a peinarse y a hacerse la uñas de las manos y los pies. Cuando salieron del salón de belleza donde se teminaron de arreglarse, la muchacha se atrevió a dirigirle la palabra.

-¿Esta segura que todo esto es necesario?

-Si, ya algunas de mis amistades se enteraron que Miguel Ángel estuvo en la estación detenido y pues necesito que tu confirmes que solo fue un malentendido entre novios. Bueno, mi hijo va a ir a buscarte a tu casa a las ocho en punto. Hazlo esperar unos minutos y después sales.

Ludis se despidió con una sonrisa fingida desde la ventana de un taxi, dejando a la muchacha en el anden con tres bolsas en la mano.

Aquella noche, mientras se terminaba de arreglar. Cindy apenas si reconocía a la mujer que veía en el espejo. Se veía hermosa y ella lo sabía. Se preguntó si en realidad era ella la misma que había salido el lunes en la mañana a la practica de Gestión Empresarial. Algo había cambiado dentro de ella y no estaba segura si le gustaba o no.

A las ocho en punto escuchó el carro. Miró por la ventana de su cuarto. Nane acababa de lleagar.

Alirio estaba leyendo un libro cuando vio a su hija bajar por la escalera. Llevaba puesto un vestido rosa con blanco, en una especie de confusión expresionista ceñida al cuerpo en la parte de arriba y suelta a modo de falda hasta las rodillas, en la parte de abajo; llevaba el cabello lacio interrumpido por una fina diadema que hacía juego con el vestido. Llevaba una pulsera y un collar brillantes. No tenía ni anillos ni aretes. Llevaba las piernas recién depiladas y las zapatillas rosadas que la hacían sentir más incomoda que todo el conjunto.

Su papá le dio la bendición. Cindy decidió decirle la misma mentira que Ludis estaba diciendo a diestra y siniestra, que ella era la novia de Nane, pero se cuidó muy bien de no revelar los apellidos.

Nane había salido del carro y estaba esperando a que la muchacha saliera, cuando escuchó la puerta cerrarse. Quedó con la boca abierta por la visión de la muchacha. Llevaba una pequeña caja en la mano.

-Feliz Cumpleaños- le dijo Cindy sonriendo y extendiendo su regalo.

-¿Qué es?- preguntó Nane. Iba de saco y corbata y ya empezaba a sudar.

-Ábralo- contestó Cindy.

-Hagamos algo- dijo Nane mirando la caja-lo abro cuando te muestre el regalo que te tengo y así vemos quien gana ¿te parece?

-¿Usted me tiene un regalo a mi? -Preguntó Cindy volteando los ojos en señal de fastidio.

-Si, y créeme que de seguro te va a encantar.

(c)

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