El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 16. La Sangre.

Laura observaba a Pechi, recostado en la silla de al lado. Estaba dormido. No quiso despertarlo. La película había comenzado a las 8:15, así que apenas les había dado tiempo para parquear la moto, comprar las boletas y comprar el maíz pira y los refrescos. Cuando entraron a la sala, se sentaron en un costado próximo a la pared. Era una película extraña.

Había empezado con una rubia entrando en un bar de borrachos, donde lanzó una granada volando el lugar, hasta ahí todo estaba bien, pero luego empezaron a mostrar la biografía de la rubia, fue así como Laura y Pechi tuvieron que ser testigos de los enemigos que tenía en la escuela preparatoria, el recital al que nunca fueron sus padres, la primera vez con el novio en un carro, todo en una sucesión larguísima de eventos. A Laura le pareció interesante como exploraron el personaje, conocer sus motivaciones reales y saber por qué llego a convertirse en una asesina. Pero a su compañero de función, no le había parecido así. Tanto así que se había quedado dormido.

Cuando la película terminó, Laura esperó a que todo el mundo saliera de la sala. Escuchaba la respiración suave y pausada de Pechi a su lado. Las luces estaban a medio encender y podía ver su rostro. Se dedicó a mirarlo un largo rato, hasta que empezaron a entrar los empleados para limpiar el lugar.

-Pechi, ¡Pechi!- llamó ella.

Pechi despertó, mirando alrededor como si no creyera el lugar donde se encontraba. Estiró los brazos hacia arriba.

-¿Ya se terminó la película?

-Si hace como media hora- respondió Laura sonriendo- ya aquí hasta te tomaron fotos roncando y todo.

-¿En serio?

Laura emitió una sonora carcajada. Salieron de la sala y se dirigieron al parqueadero, en el sótano del centro comercial. Sentía unas ganas enormes de agarrarle la mano al muchacho, pero tenía miedo de mandarle el mensaje equivocado. Después de todo, aún no lo conocía muy bien.

Pechi encendió la moto.

-¿Te subes?- dijo él mostrando su luminosa sonrisa.

-¿En cuánto me llevas?- preguntó ella sonriendo también.

-A ti te llevo gratis donde tú quieras, mi amor- respondió él.

Salieron por la parte de atrás del centro comercial y salieron del otro lado rumbo hacia la carretera troncal.

-¿Confías en mí? –preguntó él.

-Quiero confiar en ti- respondió ella susurrándole en el oído.

-Te voy a llevar a un lugar muy especial- dijo él.

-Espero que no sea a los moteles de la vía para Tolú.

Al muchacho le dio un ataque de risa.

-Claro, que no mi amor, todavía no- dijo en medio de risas.

-Bobo, dijo ella golpeándolo en el hombro.

Entraron del otro lado de la carretera, e iban por el mismo rumbo donde él la había sacado el día que la encontró sola en medio del camino hacia El Mamon. Le dio un poco de miedo. Sabía la reputación que tenían los barrios del otro lado de la carretera, lo había escuchado de Patri, su empleada y en las conversaciones casuales con sus padres y sus amigas. Ella iba bien vestida, aunque no llevaba nada de valor, igual le daba temor entrar allí.

-No tengas miedo que vas conmigo- le escuchó decir a Pechi.

Subieron a toda marcha por una colina, que ella reconocía. Era la misma que había bajado unos días antes. Estaban muy cerca de la casa del muchacho. Laura se imaginó por un momento que Pechi se había tomado las cosas demasiado en serio y que ahora la iba a presentar con su mamá o algo así, lo cual la aterró más que su se hubiesen aparecido cuarenta ladrones a tratar de robarla, pero el muchacho no se detuvo. Es más, había acelerado un poco más, a pesar de que las condiciones de las calles eran bastante malas.

Siguieron por un sendero oscuro, apenas iluminado por las luces de la motocicleta. Laura se agarró más fuerte del muchacho. Su corazón latía con fuerza. Se preguntó si aquello no había sido una locura. Irse con un desconocido a ver películas, para luego meterse en el otro extremo de la ciudad en un camino tenebroso, no sonaba bien, fue entonces cuando comprendió la pregunta que él le había hecho. En ese momento se llenó de dudas y estaba a punto de pedirle que regresaran, cuando a su derecha empezó a aparecer la ciudad en una maraña de luces que se extendían sobre la sabana.

Se detuvieron unos metros después. Laura se bajó de la motocicleta y quedó maravillada por la vista. Ahí debajo en medio de las luces estaba su ciudad, su tierra, que tantas veces había extrañado en el frío inhumano de Bogotá, lejos de su familia y de su gente.

-No sabía que había un sitio de estos. – le dijo ella a Pechi sin dejar de mirar las luces de la ciudad.

-No hay mucha gente que venga por aquí, es muy peligroso- dijo el moviendo las manos y riéndose a carcajadas.

-Tan bobo, ¿en serio porque nadie viene por acá?

-Pues, a esta hora nadie se atreve a venir por acá, el barrio tiene mala fama.

-¿Y tú? – Preguntó ella volteando- ¿Tienes mala fama también?

-Depende- dijo él mientras se acercaba a ella.

Le apartó el cabello de la cara y la miro fijamente con aquello ojos que parecían ver más allá de su alma.

-¿Qué me hiciste que desde el primer momento que te vi, no dejo de pensar en ti?- le preguntó Pechi.

-Te tiré los billetes en la cara ¿no te acuerdas?- respondió Laura a la pregunta de Pechi, quien empezó a reír de nuevo.

-Grosera- dijo él.

Se quedaron mirándose el uno al otro fijamente por un rato. Laura no quería que ese momento terminara. ¿Qué era lo que le pasaba con ese muchacho? Sentía ganas de abrazarlo y de no dejarlo ir. Su mente divagó por un momento y se vio a si misma caminando por el pasillo de una iglesia, de la mano de su padre y al fondo estaba el, con sus ojos azules, su cabello oscuro desordenado y con un casco de motocicleta en la mano. Sus pensamientos la hicieron reír.

-¿Te doy risa ahora?- preguntó el sonriendo.

Laura no contestó, se acercó hasta que quedaron frente a frente; él se acercó también. Ella dio el último movimiento y sus labios se unieron. En un beso corto, sincero e inocente. Pechi se liberó y la abrazó con fuerza, apoyando su barbilla en su hombro.

-Dime que no estoy soñando- dijo él.

-No, ya dormiste bastante en la película- dijo Laura. Ambos rieron.

Se volvieron a mirar a los ojos.

-¿Tu confías en mi?- preguntó Laura esta vez.

-Te entregaría mi vida con los ojos cerrados- respondió el muchacho.

-Vamos.

Pechi y Laura salieron del mirador a toda velocidad. Tomaron la carretera troncal y subieron por el Zumbado, llegaron al centro y antes de llegar a La Ford, ella le pidió que se detuvieran. Se escuchaba música, pero no había ningún letrero, ni aviso. Pechi miró la hora en su celular. 11:00 de la noche. Parqueó la moto en frente de un casa de dos pisos donde un tipo moreno, fornido estaba vigilando la única puerta que estaba abierta.

-Nene, ¿se puede dejar la moto acá fuera?- preguntó Laura en su tono particular.

-Claro, señorita, relajese que yo la cuido

Laura ya se disponía a entrar cuando Pechi la llamó.

-¿Qué paso? ¿No vamos a entrar?- preguntó ella- Créeme que es un buen sitio.

-Es que, la verdad es que no tengo con que entrar.

Laura lo observó un momento. Iba preparada para esa situación, incluso cuando llegó al centro comercial, pensó que era ella quien terminaría pagando la entrada a cine, pero el muchacho la sorprendió. No esperaba que él se encargara de todo. Ella conocía el lugar donde vivía y él le había comentado que se encargaba de su mamá y de su hermana. Sabía también que la forma en que se ganaba la vida, dejaba muy poco espacio para lujos. Para ella, él valía mucho más por eso.

-Tranquilo, mototaxi, yo te invito- dijo ella.

El sujeto fornido de la puerta tuvo que aguantar la risa, mientras Laura agarraba a Pechi de la mano y lo hacía subir las escaleras. Al final, estaba otro sujeto, más delgado que el de abajo, pero también con cara de pocos amigos.

-¿Cuánto es el cover?- preguntó ella.

-Diez mil- contestó el sujeto.

Laura abrió el pequeño bolso de mano que llevaba y le pagó al vigilante. Este le puso una manecilla a cada uno y llegaron a un balcón donde se veía la calle. Laura abrió una puerta corrediza. Adentro estaba mucho más frio que afuera. Al fondo había un letrero en letras luminosas que decía El Cabo.

-Espérame un momento- le dijo Laura mientras se dirigía a la barra.

Pidió un coctel para ella y una cerveza para él. Mientras el barman terminaba de prepararle su bebida, Laura se quedó observando a Pechi. Estaba quieto en el mismo lugar donde ella lo había dejado. Había poca gente en el lugar. Su amiga Tatis le había hablado de ese sitio, cuando ella le preguntó por un buen lugar para salir con un amigo. Le gustó. Era espacioso, cómodo y elegante, además de que no estaba repleto de gente. Seguro el precio de las bebidas tenía que ver. Eran bastante costosas.

Laura regresó con el coctel de ella en la mano izquierda y la cerveza en la derecha. Pechi la recibió.

-Que pena con…- dijo Pechi pero Laura lo interrumpió.

Se sentaron en una de las sillas del fondo. Empezaron a hablar y a bromear, sobre el día que se conocieron, el taxi que la dejó botada a ella, el momento en que el la recogió y el malentendido del beso.

-Era que ya me tenías trastornado- dijo el riéndose.

Bailaron un buen rato. Pechi se tomó dos cervezas más y Laura se terminó su bebida. Se sentía feliz, como la noche que lo vio en la Clinica, solo quería estar cerca de él.

-Tengo hambre, vamos a comer algo- le insistió ella cuando ya daban las 12:50.

Salieron hasta la puerta. Iban agarrados de la mano.

-Nene- le dijo Laura al sujeto de la puerta de arriba- vamos a comer algo ¿podemos regresar en un momento?

-Sí, pero no se vayan a quitar las manillas- respondió sin mirarlos.

Bajaron las escaleras y Laura le hizo una señal de adiós, con la mano, al sujeto de la puerta de abajo. Pechi encendió la moto y ella se subió. Avanzaron dos cuadras hasta llegar a un restaurante al aire libre, junto a un parque.

Laura pidió una brocheta de carne.

-¿Tu que quieres?- le preguntó ella a él.

-No, nada, no tengo hambre- respondió Pechi.

Se sentaron mirándose el uno al otro. Había varias personas en el lugar, teniendo en cuenta la hora que era. Laura no había terminado de comer, cuando llegó una motocicleta al lugar, eran dos tipos. Pechi los observó un momento y sospechó que algo andaba mal cuando los sujetos no se quitaron los cascos.

-¡Agachate, Laura!- trató de decir, pero no dio tiempo.

Los dos sujetos sacaron sus armas y dispararon a una de las mesas. Laura se agachó, mientras Pechi la protegía con su cuerpo. Alcanzó a ver que las mesas se habían caído y que alguien había lanzado una silla contra los sujetos que disparaba. Escuchó muchos gritos. Alguien estaba corriendo.

-¡También vienen del otro lado!- escuchó a alguien gritar.

Dos disparos más y el sonido de las motos marchándose. Solo en ese momento Pechi soltó a Laura. A unos metros de ella, estaba un sujeto fornido, de cabello castaño, boca arriba, sangrando. Tenía un disparo en el ojo derecho y varios en el pecho y en el abdomen, pero aún se movía. Laura abrazó a Pechi y se descargó en llanto mientras los otros clientes del lugar empezaban a llamar a la policía. El herido empezó a toser sangre, inmóvil en el suelo, hasta que finalmente quedó completamente quieto.

Laura estaba horrorizada. Era la primera vez que veía a alguien morir.

(c)

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3 pensamientos en “Capítulo 16. La Sangre.

  1. Pompiliuz en dijo:

    me conmovió el romanticismo que le imprimís a la historia y lo escribo por que amo mas las lecturas “grotescas”

  2. Jajajaja es decir que te pareció grotesco?

  3. @lony1791 en dijo:

    Cuando ella se lo imagina en la iglesia con el casco en la mano! Se me fue la imaginación y sin duda mucha risa daría eso!

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