El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 17. La Fiesta.

La cena estaba servida. Alrededor de la piscina habían varias mesas decoradas con manteles de lino blanco y en el centro, adornos hechos con gerberas, claveles y crisantemos. En la entrada estaba la mesa principal donde los Mansur ya había dado sus discursos de felicitaciones por los 23 años de Nane. Cindy estaba al lado de él, bastante incomoda. Apenas tocó el pescado y dio gracias a Dios cuando sirvieron el helado del postre. Al menos todo aquello estaba terminando. Desde que llegó a la fiesta se había dedicado a respaldar la historia de Ludis, sobre el malentendido por el que llevaron a Nane a la estación de policía. Había pasado toda la noche junto a él sonriendo y repitiendo la historia hasta la saciedad.

No había terminado el helado, cuando Ludis se levantó de su silla y se acercó a susurrarle algo al oído.

-Tranquila, querida, ya todo esto está terminando.-le dijo la mujer.

Para ser el cumpleaños de Nane, no había mucha gente de la edad de ellos. Había si muchas señoras a las que el botox definitivamente les habían dejado huella en la cara y un montón de viejos verdes que se quedaban mirando las piernas de Cindy cada vez que ella caminaba, sin importarles que justo al lado de ella estaba su supuesto novio. Lo que si notó era que Tito, el padre de Nane, estaba siempre bastante ocupado hablando con los invitados. Habían aprovechado el cumpleaños del muchacho para hacer una reunión política y a ella la habían metido en ese cuento. Que horror.

Cindy vio la hora en su celular. 10:30 de la noche. La reunión estaba en su apogeo y ninguno de los invitados se había ido. Pero Nane ya se había quitado el saco y se había aflojado la corbata. Dejó a Cindy un momento para hablar con Ludis quien la quedó mirando extrañada por un momento antes de asentir con la cabeza.

Nane regresó. Llevaba el cabello bien arreglado y el saco en uno de sus brazos.

-Ya mi mamá nos dejo ir, te sugiero que nos vayamos antes de que venga otro de estos a hacernos la misma pregunta, otra vez- le dijo Nane al oído.

Cindy no tuvo que pensarlo dos veces, salir de ese lugar era lo que más anhelaba en ese momento. Nane la llevó hasta la sala y se dispuso a subir las escaleras.

-¿Esto es en serio?- le preguntó ella a Nane.

-¿De que hablas?- preguntó el muchacho.

-¿Crees que voy a subir contigo a tu cuarto? ¿Qué te hace pensar eso?

Nane movió la cabeza y empezó a reir.

-No seas boba, que no te voy a hacer nada- dijo él bajando de las escaleras y agarrándola de la mano.

Caminaron por el pasillo y Nane abrió una de las puertas. Cindy observó la habitación con cierta curiosidad científica. No había cuadros, ni fotos, ni plantas.

-¡Que acogedor!- dijo ella en un tono sarcástico que el muchacho ni siquiera notó.

-Gracias- dijo el sonriendo mientras encendía su computador.

-Si sabes que si me muestras pornografía en ese computador, te voy a arrojar por ese balcón para que te partas la cabeza ¿verdad?

-¿Qué te pasa, oye, por qué tan prevenida? Si mal no recuerdo, fuiste tu la que intentó abusar de mi en la estación de policía- dijo él burlándose.

Cindy cogió una de las almohadas de la cama y se la arrojó en la cabeza.

-Ya cálmate, créeme que lo que te voy a mostrar te va a interesar.

Nane se paró de la silla del escritorio y abrió el armario. De la parte de arriba sacó una caja de zapatos.

-Ven acá- le pidió él a Cindy mientras sacaba unas fotografías de la caja.

-¿Qué es eso?

-La noche que regresé de la estación de policía, no podía dormir y salí a caminar por un arroyo que queda cerca y me di cuenta de algo. Como a las 4 de  la mañana llegaron tres carros a un lote baldío que queda del otro lado del arroyo, estaban reunidos. Yo los grabé en un video, estas son las fotos que pude aclarar mejor.

Cindy observó atentamente las fotografías.

-Este, el tipo de la camisa clara es Iván Curiel, es uno de los asesores con los que trabaja, Rangel- empezó explicando Nane señalando al sujeto en la fotografía.

-Rangel, ¿El gobernador?- preguntó ella.

-Así es, con él hablaron estos dos tipos, no tengo ni idea de quienes son, pero este de acá, el que tiene cara de hombre lobo, de ese si pude averiguar algo- dijo Nane mientras buscaba algo en internet, apareció una versión antigua de El Manifiesto- mira esta foto de acá.

Cindy miró la pantalla del computador y en una de las fotos, estaba el mismo tipo, claro que en las fotos de Nane estaba barbado, pero en la foto de la pantalla estaba rasurado y bastante más delgado.

-Le dicen “Mauro”… lo metieron preso una vez porque sospechaban que había tenido algo que ver con un tal “Clavo”, un jefe paramilitar de los Montes de María, el cuento es que el tal Mauro Castilla no ha salido de prisión.

-¿En serio?

-Si, el tal Mauro estaba en esa reunión es porque el sujeto al que le decían “El Patrón” tuvo algo que ver.

-Al patrón no se le ve la cara- anotó Cindy.

-Siempre estaba de espaldas a la cámara- dijo Nane.

-¿Sabes quien puede ser?

-Pues no lo se- dijo Nane alejándose en la silla de su computador- pensé que aquí tú podrías ayudarme.

-¿Qué interés tendría yo en esto?

-Bueno, a ti te gustan las teorías de conspiraciones y corrupción y todo eso. Y bueno aquí te tengo algo muy, pero muy bueno.

Cindy observó las fotos nuevamente y la pantalla con la foto del tal Mauro. Definitivamente había algo en todo eso que Nane había investigado, pero no sabía que hacer.

-¿Qué quieres que haga?- le preguntó ella.

-¡Pues que investigues! Pensé que eso era lo que te gustaba hacer, señorita Misionario, oye si te lanzas al reinado del 20 de Enero, puedes salir como señorita Misionario, claro que te pueden confundir con señorita Misionero, lo cual es un poco sexual…

Cindy lo golpeó con la otra almohada y no lo dejó terminar.

-Está bien- dijo ella – Voy a ver que sacó de aquí.

-¿Te puedo ayudar?- preguntó Nane sonriendo.

-No, no puedes, ya has hecho bastante y la verdad es que hiciste un buen trabajo.

-Eso es porque tu eres la que me inspira- dijo él.

Cindy volteó los ojos y se disponía a salir del cuarto.

-Era en serio.- dijo Nane.

-¿De que hablas?- preguntó ella.

-Lo que te dije en la estación, yo nunca te lastimaría- dijo el muchacho.

Ella lo observó un momento. Estaba serio y se veía tan diferente al desastre que era cuando se metió a robar a su casa, que pensó en la posibilidad de seguirle la corriente.

-Sabes que esta farsa termina hoy ¿verdad?- empezó ella.

-La que tu y yo somos novios, si, yo se, mi mamá ya logró lo quería, me imagino que la próxima vez se inventará otra cosa.

-¿Por qué me quieres ayudar en esto?

Nane se levantó de la silla y se acercó a ella.

-Porque me gustas.

Cindy lo observó un momento. Casi no podía resistirse a verlo tan de cerca, sintió las piernas débiles y le apartó la mirada.

-Necesito irme para mi casa, llama a un taxi y le dices a tu mamá que mañana le devuelvo todo este disfraz.

Estaban muy cerca el uno del otro, cuando la puerta se abrió. Era Ludis.

-¡Miguel Ángel! Me dijiste que Cindy necesitaba descansar un poco y ya llevan más de una hora acá arriba ¿Qué estaban haciendo?- preguntó la mujer.

-Nada, Mami, estábamos hablando de que mañana termina la farsa- se apresuró a decir Nane.

-¿Mañana? Creo que es hoy, ya son más de las doce y vengan que tienen que acompañarme a despedir a los invitados.

Ludis bajó hasta la piscina con Nane y Cindy de la mano, agradeció en nombre de su familia la asistencia y empezó a despedirse de todos. Cuando la casa ya estaba vacía, Nane se alejó a hablar con su mamá.

-Voy a llevar a Cindy en la moto, Mami- dijo él.

-Bueno, no te demores- dijo Ludis.

Nane se metió por una de las puertas de la sala que daban hasta el garaje. Cindy se había quedado a solas con Ludis,

-Hiciste un excelente trabajo hoy, Cindy, eres una muchacha muy inteligente y educada, además de elegante y bonita.

-Muchas gracias, señora- dijo Cindy con una sonrisa fingida.

-Puedes dar por culminado nuestro trato, el video de tu padre no volverá a aparecer y créeme que cualquier prueba en contra de él que yo tenga, va a ser solamente un triste recuerdo.

-Eso espero- dijo Cindy sin mirarla.

-No se si me estoy equivocando al decir esto, ya que tienes una especie de antipatía en contra de mi marido, pero puedes contar conmigo para cualquier cosa que necesites, tengo buenos contactos que te puede ayudar en tu tesis, o hasta para conseguir un buen trabajo, con un buen sueldo ahora que termines.

-Muchas gracias, señora, pero no, prefiero hacerme camino yo misma.

-Ya te he dicho que no me digas “señora”, que no tengo setenta años, sabes Miguel Ángel ha estado muy motivado desde que te conoció, anda feliz, sonriente y ya hasta fue a firmar el reingreso a la universidad, anda diciendo que quiere terminar su carrera y ser un gran profesional y aunque quisiera darme crédito por eso, creo que tu eres la responsable.

Ludis le agarró las manos a Cindy y cambió su expresión fría, a una más humana y sincera.

-Por favor, no salgas de su vida, lo único que quiero es ver a mi hijo feliz.

Se escuchó el pito de la moto. Nane ya estaba esperando en la calle.

-Piensa en lo que te dije- le dijo Ludis a Cindy en voz baja.

La muchacha salió y se sentó de lado en la moto deportiva de Nane. Salieron por la gobernación hasta la calle 20, donde varias patrullas se dirigían con rumbo a La Ford.

-¿Qué habrá pasado?- preguntó Nane.

-Lo que sea, parece algo grave.

-¿Te importa si vamos a ver?

-No, para nada.

Doblaron por la carrera 20 hasta llegar al lugar de los hechos. Cindy había comido allí con sus compañeras alguna vez. Un restaurante al aire libre al lado de un parque. La policía interrogaba a varias personas. Nane y Cindy se acercaron a ver el cadáver pero un policía los detuvo.

-Es Pacho Espinosa- dijo Nane.

-¿Quién?- preguntó Cindy.

-Mi tío- respondió el, visiblemente afectado.

(c)

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