El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 18. El Velorio.

Observando como el cadáver a unos metros de sus pies empezaba a adquirir una coloración lívida y el piso empezaba a cubrirse de la espesa sangre de su tío, Nane no pudo contener el llanto. Se apartó del lugar, tratando de que nadie lo viera así, vulnerable y débil. Se inclinó sobre la pared del parque cerrado que quedaba justo al lado del restaurante y se cubrió los ojos con la manga de la camisa que llevaba puesta.

Hacía tiempos que no sabía de su tío Pacho, pero en ese momento le llegó de golpe todos los recuerdos que tenía de él. Trató de llamar a su mamá pero el teléfono sonaba ocupado. Vio alrededor. Cindy estaba hablando con uno de los policías y ya el cadáver había sido cubierto con una sábana blanca. Un vehículo de la fiscalía acababa de llegar, ya era hora de que movieran el cuerpo.

Nane se acercó a Cindy a tratar de averiguar qué era lo que había pasado.

-¿Qué te dijeron?- preguntó el muchacho.

-Que estaba comiendo acá con un par de amigos y llegaron dos tipos y le dispararon.

-Está muy lejos de las mesas ¿Trataron de llevárselo?

-No, parece que trataba de huir, pero del otro lado también lo estaban esperando y lo remataron- contestó ella.

-¿Te parece si te mando en un taxi? Yo tengo que irme para la casa enseguida- dijo Nane exaltado, el cadáver estaba siendo ingresado al vehículo de la fiscalía en ese momento.

-Tranquilo, yo veo como me voy- respondió ella.

Nane se subió en su motocicleta y arrancó lo más rápidamente que pudo. Cuando llegó a su casa, las cosas estaban mucho peor de lo que pensaba. Ludis estaba llorando a lagrima viva en el sofá de la sala, mientras Tito hablaba desesperado por teléfono. Su tía Marlene había llegado en compañía de Tatis y ambas lloraban abrazadas junto a su madre.

Nane abrazó a su madre por primera vez en mucho tiempo. Podía sentir que estaba sufriendo, y se permitió un sentimiento de lástima por ella.

-Tatis, por qué no llevas a mi mamá a que se cambie, en cualquier momento llaman y ella tiene que estar lista- dijo Nane.

Tatis se llevó a Ludis al segundo piso y quedó observando a su padre que estaba tumbado en uno de los sillones mirando hacia el piso, moviendo la cabeza de un lado a otro.

-Yo lo vi- dijo Nane- fue en El Viento Libre, en La Ford.

-¿Y sabes que fue lo que pasó? A nosotros no nos explicaron nada- dijo su Tía Marlene.

-Unos tipos se acercaron para dispararle y el trato de huir, pero había más tipos de esos y lo remataron.

Marlene estaba consternada, pero no se había desmoronado como lo había hecho Ludis. Era una situación bastante particular, puesto que era Ludis la que solía permanecer fuerte, mientras que Marlene siempre era la primera en llorar.

3 de la mañana. Sonó el teléfono. Tal como Nane lo había dicho, solicitaban la presencia de los familiares del occiso en la fiscalía. Pacho no tenía esposa y si tuvo hijos, nunca habló de ellos, ni mucho menos los reconoció.

-Nane, quédate aquí por si hay novedades- le pidió Marlene quien llevaba a Ludis agarrada de un brazo.

En la casa solo quedo él. Se quitó los pesados zapatos clásicos que había comprado el día anterior. Lo estaban matando. Seguro le habían hecho úlceras en los pies. Con las medias puestas se acostó en el sofá tratando de despejar un poco la mente.

De pronto estaba en una autopista enorme. Los carriles se extendía hasta donde Nane podía ver, pero no había carros, tampoco había personas alrededor. Corrió y corrió tratando de llegar al final y encontrar una salida pero no pudo. Empezó a gritar pero no le salía la voz. De pronto vio cómo el cielo empezó a cubrirse de nubes teñidas de rojo. Alzó la vista lo más que pudo y empezaron a caer gotas de una sustancia roja y espesa. Se aterró al darse cuenta que era sangre lo que caía sobre él con más y más fuerza cada vez. Se vio los brazos, las manos y el pantalón blanco manchados de rojo, mientras a sus pies empezaba a formarse un torrente que adquiría más fuerza. Trató de mantenerse firme, pero justo cuando creía que todo estaba por terminar, resbaló y cayó en el torrente que lo cubrió de sangre por completo.

-¡Nane!

Despertó completamente turbado por aquel macabro sueño. Trató de ver quien lo estaba llamando pero todo estaba oscuro.

-¡Nane despierta!

Por fin abrió los ojos.

-¿Tatis?

-Mandó a decir mi mamá que te vayas ya para la funeraria- dijo Tatis que se encontraba justo al frente de él.

-Ya ¿Tan temprano?- preguntó Nane.

Tatis miro su reloj de pulso, un poco extrañada por las palabras de Nane.

-Son las 11:30, Nane.

El muchacho salió volando para su cuarto. Se bañó y se vistió a las carreras. Se puso la misma ropa que tenía la ropa anterior, salvo por la corbata y el saco. Al menos el conjunto blanco y negro parecía apropiado para la ocasión.

Pensó que Tatis estaría abajo para llegar juntos a la funeraria, pero la muchacha ya se había ido. Poli salió de la cocina.

-¿No vas a desyunar, Nane?- preguntó la empleada.

-Dame un juguito no más. Ya me están esperando en la funeraria.- respondió el muchacho.

Nane se dirigió a la cocina y se tomó el jugo de rapidez. No le pareció prudente sacar el carro de Ludis para ir al velorio en la funeraria. Llamó un taxi, que tardó quince minutos en llegar.

Recordó los eventos de la noche anterior y el cadáver de su tío tirado en el piso, la sábana blanca y a Cindy.

-¡Cindy!- dijo Nane en voz alta.

-Dígame- preguntó el taxista mirando por el espejo retrovisor.

-No nada, fue que me acordé de algo. –respondió el.

Estaba tan confundido que no había llamado a Cindy para ver como había llegado a la casa. Y si no lo hubiese estado tampoco lo hubiese podido hacer porque no tenía su teléfono. De hecho era Ludis la que siempre hablaba con ella, pero nunca se atrevió a pedirle su número de celular. Pero recordó el papel que le había dado Emilio, la tarde en que estaba averiguando quien era el Misionario. Buscó en su billetera. Sabía que había guardado el papelito con los datos de Cindy en algún lado. Finalmente, detrás de la licencia de conducir estaba lo que buscaba.

Era el número de un teléfono fijo, pero no le importó. Llamó de inmediato. Sonó una vez. “Vamos Cindy, contesta” Dos veces. Tres Veces. Finalmente la llamada se abrió.

-Aló- contestó la voz de un hombre.

-Si, por favor con Cindy- dijo Nane.

-¿De parte de quién?

-Dígale que de parte de Nane.

-Ella acaba de salir, si quieres le dejas la razón conmigo que yo se la doy cuando ella regrese.

-No, no gracias, yo la llamo más tarde- respondió él.

Nane se tranquilizó un poco. Al menos Cindy había llegado con bien a su casa.  Pero igual estaba inquieto con la idea de no poderla contactar cuando quisiera. La única alternativa que tenía era pedirle el número a Ludis, que en esos momentos no estaría en condiciones de cumplir sus caprichos, mucho menos tratándose de una desconocida, con la que el único trato que tenían había sido dado por terminado la noche anterior.

El taxi se estacionó justo frente a la funeraria. Nane buscó la sala donde velaban a su tío. Había dos salas vacías, pero al fondo, en la sala más grande estaba no solo su mamá, su papá, algunos tíos y muchos de sus primos, estaba en el centro del lugar, el ataúd negro donde reposaban los restos de Francisco Espinosa.

Nane fue hasta donde su mamá y la abrazó de nuevo. Abrazó a su tía Marlene y luego a su tío Miguel, de quien había recibido su nombre. Ludis tenía dos hermanos más que no estaban presentes. Faltaba su tío Leonardo, que según lo último que escuchó estaba en los llanos del Casanare y su tía Ana Milena que vivía en España desde hacía varios años.

Nane se sentó al lado de Tatis y de algunos de sus primos, a los que no se les notaba mucho el luto. Casi todos estaban pendientes de sus celulares y apenas habían contestado el saludo de Nane. Se sentía tan solo y tan abatido. No habían pasado más de diez minutos desde que se sentó con la mirada fija en el ataúd, cuando ella apareció en la puerta.

Llevaba una falda y una blusa negras y zapatos cerrados del mismo color. El cabello lacio a la altura de los hombros y tenía en ese momento una cara de confusión que sacó a Nane de su ensimismamiento. Era Cindy.

Nane se levantó de la silla, camino hasta ella y la abrazó. Lo ideal hubiese sido que ella lo hubiese abrazado a él, dadas las circunstancias, pero al muchacho solo le importaba tenerla allí y tenerla cerca.

-Lo lamento mucho- dijo ella.

-¿Cómo llegaste a la casa?- preguntó él.

-Bien, tomé un taxi y llegué al poco rato.

Cindy se acercó a Ludis y la abrazó para darle el pésame.

-Cindy, hija, gracias por venir de verdad- dijo la mujer, que llevaba puestos unos gruesos lentes de color negro.

Cindy le dio el pésame a los otros hermanos del occiso, a los que habían conocido la noche anterior. Nane se sorprendió de que ella los recordara muy bien y de que hubiese aprendido sus nombres. Ludis se levantó un momento.

-Cindy, Miguel Ángel no ha comido nada hoy , porque no van por acá cerca y comen algo, el ambiente aquí está muy pesado.

-¿Cuándo es el entierro?- preguntó Cindy.

-Mañana, hija, respondió Ludis, pero vayan y coman algo.

-¿Y tú mami? ¿No vas a comer nada?

-Yo desayuné, pero Poli me dijo que solamente te tomaste un jugo, no quiero que te desmayes aquí, vayan.

Cindy y Nane salieron de la funeraria.

-Lamento, mucho haberte dejado sola allá, pero me bloqueé- dijo Nane.

-Tranquilo que no pasa nada- respondió ella.

-¿Has averiguado algo sobre lo que te di anoche? ¿Del tal Mauro ese?

-¿Estás seguro que quieres hablar de eso en este momento?

-Por favor, necesito pensar en otra cosa- dijo Nane mirándola a los ojos fijamente.

-Pues esta mañana hablé con un amigo que trabaja en los juzgados y creo que Iván Curiel está en muy malos pasos- dijo Cindy bastante seria.

-¿Por qué?

-No solamente es el tal Mauro – dijo Cindy sacando las fotografías que Nane le había dado la noche anterior.

-Este sujeto -dijo ella apuntando a uno de los cuatro hombres que hacían vigilancia- es un prófugo, trabajaba directamente con el tal “Clavo”, es un asesino al que le dicen “El Paisa” él mismo fue el que cometió la masacre por los lados de Chalán hace unos años. Y tengo la sospecha que el asesinato de Marcelo Guevara y tu tío tiene que ver con todo esto.

(c)

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