El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 20. El Plan.

Una semana después del asesinato de Francisco Espinosa, Sincelejo vivía uno de sus momentos más oscuros. Siete personas más habían sido dadas de baja en ese lapso de tiempo, seis de ellas era hombres dedicados a la política, de diferentes partidos y bandos políticos. Una sola mujer había caído, había sido la tesorera de la campaña a la gobernación de Asdrubal Restrepo, el candidato que perdió frente a Pablo Rangel en las  últimas elecciones para gobernador. En ningún barrio se sentían seguros. La Toscana, Venecia, La Ford, Majagual, Las Colinas y La Palma habían sido testigos de al menos uno de los asesinatos y sus habitantes se cohibían de salir y algunos hasta empacaron maletas para salir fuera de la ciudad por tiempo indefinido.

Laura se enteraba de esas noticias por los periódicos que le traía Patri todos los días. Iván la había traido de la clínica y desde que llegó le prohibió toda clase de libertad que la muchacha hubiese podido tener. Le prohibió salir de la habitación a menos que fuera una emergencia, le quitó el celular, el acceso a internet y la obligó a atender las visitas, que se limitaban a Tatis y Dana, en presencia de él.

Adriana, la madre de Laura, no pudo hacer nada para defender a su hija de tan patético encierro. Su marido había cambiado mucho últimamente y no sabía de qué podría ser capaz. Siempre fue un hombre duro y estricto, pero ahora además era cruel, grosero y autoritario.

Juan Carlos, el hermano menor de Laura, también sufrió las consecuencias.  Un guardaespaldas de aspecto tosco y déspota lo llevaba y lo traía del General Santander, el colegio militar donde estudiaba. Una tarde que el muchacho intentó pedirle permiso a su papá para jugar un partido de fútbol en el colegio, fuera de la hora de clases, Iván se puso furioso y le plantó un golpe en la cara que lo dejó con un moretón durante varios días. En aquella casa se respiraba temor.

Si bien a Laura le molestaban y le hastiaban todas las restricciones que su padre le había puesto, habría cambiado todo eso, solamente por ver a Pechi, así hubiese sido solamente por un instante. Miraba por la ventana de su cuarto todos los días esperando que él llegara, que preguntara por ella, o que entrara sin permiso por la ventana de su casa como un Romeo, no con un yelmo de caballero, sino con un casco de mototaxi.

Era viernes nuevamente, hacía ya casi una semana que no lo veía y sentía que lo extrañaba tanto, que le dolía el pecho y le daban ganas de llorar. Hubiese deseado ser más rebelde, más atrevida. Pero no, estaba allí tirada en la cama, esperando que el cielo se acordara de ella y le mandara una solución. Había intentado que Patri le ayudara a mandarle un mensaje, pero la dulce empleada doméstica que ella había conocido desde niña también había mutado en una especia de bruja despreciable, probablemente bajo el encanto de las amenazas de su padre.

Se escucharon ruidos en la sala. Laura se asomó con cuidado para ver que sucedía. Su papá había llegado con dos de sus escoltas y con Juan Carlos, al que todavía se le notaba el golpe que le había dado Iván unos días antes, parecían haber llegado de comprar algo, seguramente algo para el colegio del muchacho. A él tampoco lo dejaba salir, y mucho menos sólo.

Laura se regresó a su cuarto y buscó en una de las gavetas. Luego de sacar varios cacharros viejos, que no tenían ninguna utilidad, por fin encontró la billetera que estaba buscando. Era la vieja billetera que utilizó en sus primeros tiempos en Bogotá. Adentro tenía hojas de matrícula, recibos y la tarjeta de crédito que le habían asignado con la cuenta que ella abrió para que su papá le consignara mensualmente. Nunca la había utilizado, porque realmente nunca tuvo la necesidad, el dinero que le mandaban de Sincelejo siempre le alcanzó para todo y en un par de ocasiones hasta le sobró y además conocía el calvario de intereses que significaba utilizar una tarjeta de crédito en ese tiempo.

Metió la tarjeta en la billetera y metió un par de vaqueros y un par de camisetas en uno de los morrales olvidados que Juan Carlos había dejado en su habitación. Estaba decidida a terminar con su encierro. Puso música en el computador en volumen bajo y ocultó las almohadas debajo de las cobijas. Si bien eso no era un método infalible, al menos le daría algo de tiempo para llevar a cabo su plan. Bajó las escaleras en puntillas, cuidando de que nadie la viera, con el morral en su espalda. Se dirigió de una vez al garaje. Tal y como sospechaba no había nadie, los guardaespaldas que había contratado su papá siempre se paraban afuera de la casa. Abrió el baúl de la camioneta en el que se movilizaba su padre, metió el morral y luego se metió ella.  No tardó en escuchar pasos. Definitivamente era la voz de su padre.

-Oye, Sánchez ¿A qué hora te dije que había que estar en el punto?- preguntó Iván.

-A las tres en punto, patrón- se escuchó la voz de un muchacho.

-Ya falta un cuarto, vamos a tener que ir rápido, que esa vaina es lejos- dijo otra voz, mucho más gruesa y decidida que la anterior.

Se escuchó el sonido de las puertas de la camioneta cerrándose. Laura trató de hacer el menor ruido posible. El vehículo arrancó rápidamente y cada vez que frenaba, ella se golpeaba, pero no podía emitir ningún sonido, hubiese sido catastrófico que la descubrieran. En algún momento su papá tendría que salir y dejar la camioneta sola y entonces ella aprovecharía para escapar.

El vehículo se detuvo. Escuchó las puertas de la camioneta abrirse y luego cerrarse y finalmente el sonido de varios pasos alejándose.  Laura empujó el asiento trasero hacia adelante. Le dio gracias a Dios por todas las dietas y el ejercicio que había hecho en su vida, si no hubiese estado tan delgada no hubiese podido salir del baúl hacia la parte de adelante del carro. Estaba como en una especie de parqueadero subterráneo.

Laura vio que los guardaespaldas de su padre y otros más que ella no reconocía estaban por todo el lugar revisando y observando;  al fondo había como cinco o seis hombres de pie, reunidos.

Cuando vio que los guardaespaldas habían terminado de revisar el lugar y se habían ubicado en torno a la reunión, Laura abrió la puerta de la camioneta cuidando de que no la escucharan. Había en aquel lugar varios carros y camionetas, la mayoría nuevas. Al fondo, cerca de donde se estaba celebrando la reunión había un carro mucho más modesto y viejo, Laura se dirigió gateando hasta allí haciendo el menor ruido posible.

Se sentó de espaldas al carro. Justo del otro lado estaban los guardaespaldas y los tipos que parecían estar hablando algo muy importante.

-¿Cuándo se les va a decir a esos hijueputas que tienen que retirarse?- preguntó uno de los hombres.

-Hay que aterrorizarlos un poco más, además no hemos terminado con todos los malparidos que tengo pendiente- dijo otra voz mucho más segura y decidida.

-Lo que hay que hacer, hay que hacerlo pronto, antes que Mansur se lance y Restrepo decida a quien va a lanzar él- escuchó Laura, era la voz de su padre.

-No se preocupen, que estoy planeando un golpe final, todos esos triple hijueputas van a querer largarse de Sincelejo cuando eso suceda- dijo la voz decidida del hombre que parecía comandar la reunión- yo les voy a estar avisando, pero permanezcan alerta. Todos hicieron muy bien su trabajo, de no haber sido por ustedes no hubiésemos podido sacar de la jugada a esos manes. Créanme que yo sabré compensarles cuando toda esta mierda se termine.

En seguida todos los hombres se dispersaron, Laura se arrastró debajo del carrito, que parecía del año 90, para evitar que la vieran. Uno a uno, salieron los carros y las camionetas de los convidados a la reunión. Tardaron bastante en salir todos. Evidentemente no querían que vieran salir todos los carros al tiempo, puesto que dejaban el lugar en intervalos de entre cinco y quince minutos.

Laura salió de debajo del carro, donde el olor a orines ya la tenía mareada. Solo había tres carros en el parqueadero ahora;  identificó la rampa de salida y se dirigió allí con rapidez.

Había un vigilante con un uniforme bastante desgastado y sucio que estaba pendiente de un cuaderno. No podía salir estando ese tipo allí. Espero un buen rato esperando una oportunidad, cuando el tipo entró al parqueadero. Laura quedó pegada a la pared sin hacer ruido. El vigilante fue hasta el fondo y se bajó la corredera para orinar. Laura aprovechó para salir mientras el tipo no pudiera verla. Estaba en el centro, se dio cuenta que había salido del parqueadero del teatro municipal y salió a toda prisa dirigiéndose a la calle 21.

No podía creer lo que había escuchado. ¿Con qué clase de personas estaba metido su papá? ¿Acaso hablaban de los asesinatos que habían ocurrido en la última semana? ¿Quién era la persona que dirigía es reunión?

Laura subió por la Calle 21 y caminó hasta el parque Santander. En frente de la Iglesia, estaba el almacén que estaba buscando,adentró había varios cajeros automáticos. Se paró en frente del que necesita y sacó algo de dinero.  En la salida del almacén había una profusión de vendedores de fruta, periódicos y minutos a celular. En ese momento lo que más quería era ver a Pechi, pero Iván le había quitado su celular y no se acordaba del número.

Se paró en el andén tratando de pensar, cuando un mototaxi le pitó. Ella extendió la mano.

-¿Cuánto me llevas a Puerto Arturo?- preguntó Laura.

-¿Puerto Arturo? Nena, eso está es lejos, te llevo en dos barras- dijo el mototaxi.

-Listo, vamos.

Laura no sabía muy bien lo que estaba haciendo. Le indicó al mototaxi la dirección que ella buscaba. Finalmente identificó la casa que estaba buscando. Le pagó al mototaxi quien le pidió que tuviera cuidado, aquel barrio era bastante peligroso.

Tocó la puerta. Miró alrededor. Había varias personas en la calle y algunos de ellos la miraba como si estuviese perdida. Volvió a tocar.

Una mujer con el cabello corto y sin brillo abrió la puerta.

-A la orden- preguntó la mujer, que Laura identificó, era la misma que había salido a la ventana el día que conoció a Pechi, preguntándole si iba a llegar a almorzar.

-Buenas, ¿se encuentra Pechi?- preguntó Laura.

-No, él está trabajando mi amor ¿Por qué sería?- dijo la mujer que estaba mojada de la cintura para abajo.

-Es que necesito hablar con él urgentemente- dijo Laura con un nudo en la garganta.

-Pues, no sé si quieres que te de el número o si lo esperas, hoy es sábado y el viene temprano, pero mejor es que lo llames, la verdad no se a que hora vaya a llegar.

Laura le pidió que le anotara el número.

-Deja busco un lapicero y te anoto el número- dijo la mujer.

Laura dio un vistazo a la casa, sólo tenía dos habitaciones. Una que servía como sala y cocina y otra donde estaban las camas que evidentemente era donde la familia dormía. Las paredes no estaba repelladas y el piso era de cemento bruto.

La mujer salió con un lapicero moviéndolo de arriba abajo.

-Este es de la hija mía, vamos a ver si sirve- dijo la mujer tratando de escribir  en un cuaderno viejo apoyada en la pared. El lapicero funcionó y se lo entrego a Laura- Bueno anota.

Laura anotó el número en la palma de su mano. No había terminado de escribir la última cifra cuando escuchó el sonido de una moto a sus espaldas. Ella volteó suplicando que lo que ella deseaba se estuviese cumpliendo en ese momento.

En efecto allí estaba él. Laura dejó caer el lapicero y se lanzó contra Pechi que tenía el casco en la mano. La muchacha se descargó en llanto.

-Ay Pechi, te extrañaba tanto- dijo ella en medio de lagrimas.

Pechi la apartó como tratando de descubrir la verdad en su cara.

-¿Qué haces aquí? ¿Tú sabes cuantas veces te llame ese día, y toda esta semana? ¿Tú sabes cuantas veces? ¿Por qué no me dijiste que estabas era mamando gallo conmigo?

A Laura le partía el corazón ver al muchacho tan afectado, con sus hermosos ojos azules inundados, a punto de llorar.

-Pechi, si tú supieras…- dijo Laura tratando de explicarle, pero él la tomó entre sus brazos y la beso suavemente en los labios, frente a su madre y frente a la parranda de chismosos de aquel barrio que ya se amotinaban en las ventanas.

(c)

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Un pensamiento en “Capítulo 20. El Plan.

  1. @lony1791 en dijo:

    mmMmMmM Ya se pone mucho mejor la historia! Buenisiimoo esto, y que tal lo del parqueadero del teatro no me lo sabia!

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