El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 22. El Rescate.

Nane esperó hasta que el campero rojo se marchara. Salió de el matorral donde se había escondido hasta el punto donde vio que el calvo le disparaba al muchacho que había sacado del hotel de la vía a Sampués junto con Laura Curiel. La piedra de donde había caído estaba sucia de sangre. Nane subió y se paró en el mismo punto de donde había caído el muchacho. Vio al fondo. No se veía nada. Estaba seguro de que lo había visto caer en ese punto. Quizás los matorrales lo estaba cubriendo. En ese momento pasó un niño en un burro. No tendría más de catorce años.

-Niño, niño, ven acá ¿te quieres ganar veinte barras?- le preguntó Nane agitado.

-Veinte barras ¿A quién hay que matar o qué? -Preguntó el muchacho riendo.

Nane apenas pudo soportar la ironía.

-A nadie, oye, es que un amigo se cayó de aquí y no puedo sacarlo solo. Ven ayúdame y yo te pago.

-Uy, marica, se cayó de ahí, eso está bien hondo- dijo el niño bajándose del animal.

Nane fue el primero en bajar. El muchacho ya había amarrado el burro en un árbol y veía la escena desde la piedra. Iba con mucho cuidado. Los zapatos deportivos que tenía apenas si lo ayudaban a que no resbalara y terminara en el fondo de ese hueco. Bajó unos metros y llegó hasta los matorrales. No había terminado de bajar cuando sintió que había pisado algo. Era un zapato.

El muchacho había caído sobre unos matorrales más adelante y sólo tenía un zapato puesto. Nane tomó el zapato, apartó las hojas que cubrían al herido y trató de levantarlo. Estaba atorado. Sacó de su bolsillo un llavero que era en realidad un juego de navajas suizo que le había regalado una novia, cuyo nombre ya ni siquiera recordaba. El herido tenía la camiseta engarzada en una de las ramas. Tenía una herida en la cabeza, pero no era la herida de bala.

Nane liberó al muchacho de las ramas utilizando la navaja. Le costó trabajo sacarlo de allí y recostarlo contra su hombro. Fue entonces cuando vio la herida. Estaba cerca de la clavícula, unos milímetros más hacia arriba. El calvo que le disparó definitivamente no tenía buena puntería. Unos centímetros más arriba y hubiese fallado. Aunque también pensó que unos centímetros más abajo y le hubiese interesado un pulmón o peor aún, el corazón.

-¡Niño!- Gritó Nane.

El niño apareció otra vez en la orilla de la piedra.

-Baja acá y ayúdame a subirlo- dijo Nane.

El niño bajó hasta el punto en que estaba bien apoyado y Nane alcanzaba a tocarle los pies.

-Bueno Miguel Ángel Mansur Espinosa- se dijo Nane a sí mismo- te llegó la hora.

Nane empujó con todas las fuerzas al herido hacia arriba. Alcanzó a dejarlo en el lugar donde él había encontrado el zapato. Pero aún faltaba subirlo. Se le ocurrió una idea. Lo puso de pie en contra de la pendiente de piedra del barranco.

-Niño agarralo del brazó que tiene bueno y que no se te vaya a caer- dijo Nane.

El herido estaba de pie inclinado sobre la pared del barranco con su mano izquierda firmemente agarrada por el niño. Nane subió de prisa hasta la piedra y se apresuró a ayudarlo. Ambos sostuvieron el brazo ileso.

-Bueno a la cuenta de tres subimos, cuenta, uno, dos…- dijo Nane.

El niño y él empujaron con toda su fuerza y lograron sacar al herido hasta arriba, pero ambos resbalaron y casi se les cae de nuevo. Nane se asió firme de la piedra y agarró al herido por el pantalón y en un último esfuerzo lo sacó hasta arriba.

Nane casi no podía respirar. Pero sabía que no había terminado. Se quitó la camisa y se la envolvió al herido en el hombro de tal manera que hiciera presión sobre la herida. Al terminar salió corriendo hasta la curva donde había escondido la moto. Corrió a pesar de que le faltaba el aire. Sacó la motocicleta y cuando se sentó en ella sintió un alivio enorme. Se dirigió hasta la piedra.

-Niño necesito que te vengas conmigo, yo no lo puedo llevar solo en la moto.

-Y me das veinte barras más- dijo el muchacho.

-Listo, listo, no hay problema.- dijo Nane evidentemente cansado.

-Bien, pero tenemos que parar más allá adelante, para que mi papá venga a buscar el burro.

Nane arrastro al herido hasta un costado de la moto. Le quitó la billetera y el celular que aún tenía en los bolsillos del pantalón, para que no le hicieran estorbo.

El niño cargó al herido y con ayuda de Nane lo lograron subir en la moto. El niño se subió atrás y lo presionó contra el cuerpo de Nane para que no se cayera.

La moto arrancó. Tal como lo había prometido, Nane paró en la casa que le había indicado el muchacho.

-¡Papi!

Un hombre de baja estatura, con la barba canosa y un sombrero muy maltrecho salió de la casa.

-Ajá, ¿y donde dejaste el burro?- preguntó.

-Está amarrado ahí en la piedra- contestó el muchacho- es que me voy a ganar cinco barras llevando a este man.

-Ni lo permita Dios que se hayan llevado el burro, porque te jodo cuando vengas- terminó de decir el señor saliendo de la casa.

-Tu eres tronco de avispado, oye- le dijo Nane al niño cuando ya habían arrancado la moto.

Apenas estaba calentando el sol. Nane tomó la Bucaramanga y salió por las Américas. Pensó en ir al hospital regional pero se arrepintió. Una vez había estado en ese lugar, luego de una parranda donde dos de sus amigos pelearon al punto que uno de ellos terminó con la cabeza rota. Como el hospital estaba cerca, lo llevaron ahí. Nane nunca pudo olvidar todo lo que vio esa noche. Heridos en el piso. Gente gritando sin que les prestaran atención. Médicos desorientados y enfermeras perezosas.

Tenía otro plan. Llegó hasta la clínica Santa Mónica donde le dieron paso de inmediato al verle la camiseta sin mangas llena de la sangre del herido. Llegaron a la urgencia, donde los enfermeros trajeron rápidamente una camilla. Nane le dio al niño los cuarenta mil pesos que le había prometido y se despidió de él.

Ingresó a la urgencia. Un doctor ya estaba viendo al herido.

-Esto es una herida de bala, tenemos que llevarlo a cirugía- dijo el médico.

-Señor, los papeles del herido- dijo una enfermera.

Nane, sacó su billetera y le mostró sus documentos a la enfermera. Su foto de la cedula era bastante oscura y pues no creía que la enfermera estuviese tan pendiente de la cédula, como del carnet.

Estabilizaron al herido y ya estaban haciendo todas las vueltas para llevarlo al quirófano.

-Señor, aquí están los documentos del paciente, ya estamos haciendo todo lo posible para ayudarlo.

-Gracias, respondió Nane.

El médico a cargo ya estaba a punto de dar la orden cuando Nane se acercó a hablar con él.

-Doctor, ¿Me permite un momento?- preguntó el muchacho al médico, que debía ser como de la edad de su papá.

-Mi amigo está herido de bala, le trataron de robar la moto y él se opuso, él es hijo de Tito Mansur, y si usted mantiene esto en secreto, yo creo que se puede ganar una muy buena gratificación.

-Está bien, aunque no tenía que prometerme la gratificación en esta clínica somos profesionales y no revelamos datos de los pacientes, permiso.

Se llevaron al herido inmediatamente el médico dio la orden.

Nane metió sus documentos en su billetera. Y vio la del muchacho que acababa de traer a la clínica. Sacó su cedula.

Pedro Luis Viloria Rico. Nacido el 30 de Octubre de 1988 en Chinú, Cordoba. Cedula expedida el 6 de diciembre de 2006 en Sincelejo, Sucre. Nane quedó pensativo un momento. Sacó su cedula de su billetera y vio que tenía la misma fecha de expedición que la del herido que había traído a la clínica. Recordaba muy bien ese día.

Madrugó como a las cinco de la mañana a coger puesto y cuando llegó ya había como veinte delante de él. Tenían que esperar todos a que  dieran las ocho de la mañana para que pudieran entrar. Ya eran casi las siete y treinta cuando empezó a salir humo del negocio del frente, donde sacaban fotos. Una enorme humareda empezó a salir del sitio. Pronto los dueños acudieron al negocio de al lado para que los ayudaran a apagar, pero en la fila nadie se movió. Finalmente los vecinos y el dueño del negocio pudieron controlar la situación. Se había quemado una maleta llena de ropa que arrojaron achicharrada a un costado de la calle, esperando que pasara el camión de la basura.

Recordaba bien ese día, porque en el instante de la emergencia nadie se movió, ni para ayudar a apagar el fuego que se podía ver desde donde ellos estaban haciendo la fila, ni para escapar del humo. Nadie quería perder el puesto. Y pensar que él y el tal Pedro estaba en esa fila ese día y ahora el destino los había reunido de nuevo, en la peor de las circunstancias.

Nane guardó la cedula de Pedro en su billetera y esperó noticias. Buscó su celular. Buscó un nombre que ya era muy especial para él. Cindy.

-Aló, buenos días, Cindy ¿como amaneciste?

-Bien, bien, ¿Nane? ¿Tú para que llamas a esta hora?

-Tú no te imaginas lo que acabo de ver, Cindy, esta vez creo que a Curiel se le pasó la mano, y tengo pruebas.

-¿Qué tienes?

-Te lo digo cuando estés acá, yo estoy en la Urgencia de la clínica Santa Mónica. Me timbras cuando llegues.

-Urgencia ¿Te pasó algo?

-No a mi nada, pero vente de una Cindy, tienes que ver esto.

-Listo, en media hora estoy allá- dijo Cindy antes de colgar.

Luego del velorio de su tío Francisco. Nane se veía casi todos los días con Cindy. Habían averiguado mucho sobre Mauricio Castilla y sobre El Paisa, ambos tuvieron que ver con un personaje siniestro, el señor de los Montes de María, el comandante “Clavo”. Varios miembros de la política sucreña habían testificado en contra de el “Clavo” cuando los jefes paramilitares lo acusaron de participar activamente en varias masacres monstruosas que ocurrieron en los Montes de María. Cindy decía que Castilla y sus hombres probablemente se estaban vengando por los que lo metieron al “Clavo” a la cárcel, lugar donde murió en extrañas circunstancias.

Nane se veía con Cindy en un restaurante, que también funcionaba como pizzería y como heladería en frente del parque Santander. Habían llegado a la conclusión de que los asesinatos que habían estado ocurriendo definitivamente estaban conectados con la reunión que había visto Nane y con Mauricio Castilla. Pero no había ninguna prueba fehaciente. Además Cindy también había comentado que no confiaba plenamente en la policía y que una denuncia apresurada podría ponerlos a ellos en medio de una guerra de la que no imaginaban sus verdaderas proporciones.

-Señor, ya su amigo salió de cirugía y puede ir a verlo- le informó una de las enfermeras a Nane.

Nane subió al segundo piso y entró en una de las habitaciones.

-El señor Mansur salió muy bien de la cirugía y esperamos que se recupere pronto para que le podamos dar de alta- le dijo la enfermera.

-Muchas Gracias, de verdad- respondió Nane.

El muchacho estaba recostado, no tenía oxigeno puesto lo cual era una buena señal y tenía el hombro y la frente cubiertos con vendas gruesas y una canalización en el brazo izquierdo, que era el que tenía ileso. ¿Cómo se había metido este muchacho Pedro con una muchacha como Laura? Como sea que haya sido, Iván Curiel se las cobró y muy caro. Sonó su celular. Cindy. El le marcó de inmediato.

-Cindy, estoy en el segundo piso, habitación 204.

Pensó si no era demasiado peligroso hacer lo que él y Cindy estaban haciendo. Le importaba su seguridad, eso si, pero le importaba mucho más protegerla a ella. Sentía que la quería y si algo le pasaba, no podría superarlo.

Tocaron la puerta. Nane abrió.

-¿Nane?

-Hola- dijo él vestido con la misma camiseta sin mangas, sucia de sangre.

-¿Estás bien?

-Sí, el que no está bien es él, se metió con la hija de Curiel y mira como quedó.- dijo Nane señalando al herido.

-Dios mio, ¿Pechi?- dijo Cindy de inmediato.

-¿Lo conoces?- preguntó Nane, ante la evidente reacción de alarma de Cindy.

-Sí, él es el mototaxi que me lleva a la universidad.

-Bueno, pues creo que el mototaxi se metió con la gente equivocada, Cindy, al igual que nosotros.

(c)

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