El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 26. La Morgue.

Laura salió de su cuarto rápidamente. Miró el reloj de pared que había colgado en la sala unos días antes. 2:20 de la tarde. Pechi había dicho que la iba a recoger a las 2:30, así que no debía demorar. Era 14 de Enero y aquel día empezaban de forma extraoficial las fiestas de la ciudad con la famosa toma de la ciudad por parte de los mototaxis.

Había pasado casi un mes desde que ella, su mamá y su hermano abandonaron para siempre la casa de su papá en Florencia. Le había costado desprenderse sentimentalmente de aquella casa donde había crecido, pero más le costaba recordar todo lo que había ocurrido allí para darse cuenta que era la mejor decisión.

Su tía Claudia, que los había hospedado en su casa mientras pasaba la tormenta, les ayudó a conseguir una casa por los lados del barrio Pioneros. Era una casa de dos plantas en el costado de una plazoleta. Era una casa amplia con tres cuartos, a la sombra de un viejo guayacán que refrescaba todo el lugar.

Laura había hablado ya con un abogado que le dijo que los bienes de su papá pasarían a ella, a su mamá y su hermano, una vez la condena contra Iván se hiciera efectiva, pero como no había sido capturado aún, el proceso contra él sería bastante lento; mientras tantos los bienes permanecerían congelados. La casa no se podía vender, ni tampoco se podía mover dinero de las cuentas en los bancos. Adriana, la mamá de Laura, contaba aún con el dinero de la producción de la finca de su papá, que ella recibía mensualmente. Siempre había gastado ese dinero en ropa o en regalos para sus amigas. Ahora era ese dinero con el que contaban para comer.

A Adriana le había costado trabajo aceptar la relación de Pechi y Laura, teniendo en cuenta lo que el muchacho hacía para vivir, pero el entusiasmo de su hija y el aprecio que le había tomado su hijo Juan Carlos al mototaxi, no le había dejado otra opción que apoyar esa relación.

El día de la mudanza. Cindy y Nane los acompañaron. Iban vigilados por un agente del CTI para que verificara que solo tomaran objetos personales. Todo lo demás, incluyendo los muebles, los cuadros y hasta los electrodomésticos, todo quedó bajo tutela de la fiscalía mientras se verificaba su procedencia. Nane se había estado burlando de Laura todo el día por cuenta del cambio de hábitat al que tendría que enfrentarse. Sacaron todo en la camioneta del papá de Nane y llegaron al barrio que habría de recibirlos. El más entusiasmado era Juan Carlos, no habían terminado de desempacar y el muchacho ya se había ido a jugar microfútbol en la cancha que quedaba atravesando la plazoleta del frente.

En la casa ya estaban algunos electrodomésticos que Adriana había sacado a crédito, como una nevera, un televisor y la estufa. Pechi conectó la estufa con la línea del gas. Con algunas cosas que trajo Nane para comer, todos colaboraron para hacer la cena de bienvenida. La mesa de plástico con cuatro puestos no alcanzó. Así que Juan Carlos, Pechi y Nane terminaron comiendo en el patio sobre el lavadero burlándose todos de la situación.

Pechi había aceptado la propuesta de Nane y ahora manejaba una motocicleta nueva. Según Pechi le había explicado a Laura, esta era una motocicleta con motor de cuatro tiempos, mono-cilíndrico, de 180 centímetros cúbicos de arranque eléctrico y cinco velocidades.

“Una belleza” solía decir el muchacho.

Según le contó Nane cuando hicieron la inducción para alumnos nuevos y reingresados en la UPES, un par de días atrás, Pechi le llevaba todos los días la cuota a su casa. A Nane le había costado trabajo no coger la plata como plata de bolsillo y le pidió a Ludis, su mamá, que le comprara una alcancía bien grande para guardar la plata allí y poderla consignar toda al final de mes.

Pechi estaba muy motivado con su nueva moto, le ponía muchas ganas a su trabajo y también al estudio. Estaba dispuesto a hacer lo que Laura le había propuesto: un negocio de motos. Habían acordado esperar a que la muchacha terminara su carrera como administradora de empresas y que el terminara de pagar su motocicleta, para empezar a ver como podía sacar adelante el negocio.

Laura se había matriculado en la UPES, no tenía pensado regresar a Bogotá, su vida en ese momento estaba en Sincelejo y no podía dejarla ir. Tatis y Dana la habían ido a visitar un par de veces y aunque Tatis fue bastante comprensiva y le ofreció todo su apoyo, Dana no hacía otra cosa que compadecerla por su nueva situación. Definitivamente las pastillas que tomaba no solo le afectaban el estomago como había sucedido aquel día en el restaurante, sino que también le afectaban la cabeza. “Estupida esa” dijo Tatis una vez que fueron todas a cine y Dana había ido al bañó. Laura estuvo de acuerdo.

Laura miró el reloj por segunda vez. 2:40. Pechi se había retrasado diez minutos. Juan Carlos entró a la casa, sudado con una camiseta de un equipo español que a Laura siempre le costaba recordar el nombre.

-Ay, Lau dejame ir, porfis- dijo el niño.

-¿Cómo se te ocurre que vas a ir a eso, Juan Carlos? ¿No ves que eso no es para niños?

-Ay, pero Yosi va a ir con el hermano, llévenme, dile a Pechi que yo voy en el medio.

-¿Quién es Yosi?

-El que vive al lado de la tienda, ay Laura no seas mala.

-No, Juan Carlos, no puedes ir, si te pasa algo yo no te voy a recoger.

En ese momento Adriana salió de la habitación. Llevaba puestas unas gafas y en la mano derecha tenía una biblia en la mano.

-Ves a bañarte, Juan Carlos- dijo la mujer- y ya te dijeron que no vas a ir.

-Cuando me compre una moto, voy a ir yo solo y no las voy a llevar a ninguna de ustedes- dijo el niño haciendo un ademan con la palma de la mano abierta.

-¿Tu estás segura de que quieres ir a ese desorden?- preguntó Adriana mirando a Laura por encima de las gafas.

-Ay, si mami, es para pasar un rato chévere y ya…-dijo Laura.

Escucharon el pito de la motocicleta. Pechi ya había llegado y la estaba esperando en la plazoleta.

-Por lo menos que tenga la decencia de bajarse a saludar- dijo Adriana.

-Ay, mami, no seas cansona, ahora de regreso llegamos- dijo Laura corriendo, se había puesto una camiseta verde, que ya no se ponía, los lentes de sol que siempre usaba cuando iba a salir y una cachucha que había comprado el día anterior.

Subió los dos escalones hasta la plazoleta y le dio un beso a Pechi, quien arrancó la moto de inmediato.

Pechi tomó La Bucaramanga y salió a la vía para Tolu.

-Van a reunirse en El Pescador- dijo Pechi.

Laura estaba emocionada. Llevaba agarrado a Pechi por la cintura y tenía la barbilla apoyada en el hombro que hace unas semanas le habían operado para sacarle una bala.

No tardaron mucho cuando vieron aparecer la vieja escultura de un hombre con una atarraya en la mano. Ya habían llegado a “El Pescador”.

Había muchísimas motos. Todo el que tuviera una motocicleta podía ir e incluso había dos camionetas llenas de personas, había música y todos estaban dispuestos a gozársela.

Pechi se alineó junto con las otras motos. Ya eran las 3:10 cuando empezaron a salir las motocicletas en medio de un ruido estruendoso. Laura no comprendía porque aquellas motos hacían tanto ruido y más cuando este se magnificaba por haber tantas al mismo tiempo. La horda de motociclistas tomó la calle que daba hasta la avenida San Carlos. Laura no podía distinguir donde empezaba todo. Ellos iban en la parte de atrás donde ella podía ver a unos cuantos metros las dos camionetas con las que terminaba aquel desquiciado desfile.

Siguieron por la avenida San Carlos. Según le había dicho Pechi, no podían tomar las calles del centro. Muchos iban con pelucas, otros iban descamisados, otros más iban saltando en las motos. Pero todo quedaba opacado por el ruido intenso que se escuchaba.

Doblaron por una de las calles hasta el Kennedy, salieron por la Calle del Campo y tomaron rumbo hasta Camilo y de ahí siguieron hasta los Pioneros, tomaron otro desvío y siguieron por el Cortijo hasta la avenida Argelia, de donde se regresaron hasta alcanzar la Avenida Alfonso Lopez, doblaron por la Narcisa, para luego meterse por Las Mercedes. Allí se encontraron con otro grupo que venía del otro lado de la carretera, uno de los motociclistas saludo a Pechi con la mano, quien le regresó el saludo de la misma manera. No se escuchaba nada, salvo el ruido penetrante de las motos.

Salieron a la Avenida Luis Carlos Galán y tomaron la avenida La Paz detrás de la gobernación, entraron por Bostón y salieron por la Escuela Técnica hasta Florencia, de ahí siguieron por Las Margaritas, La Libertad y Puerta Roja. Pasaron por la USAB y salieron hasta La Ceiba y de allí siguieron derecho hasta la Cruz de Mayo, doblaron y siguieron por un costado.  En ese punto Pechi se salió del desfile y tomó otra via. Ya estaba oscureciendo. Laura estaba tan emocionada que apenas se había dado cuenta de todo el tiempo que había pasado.

Pararon en frente de un puesto donde un muchacho delgado y palido vendía perros calientes. Pechi compró dos.

-Te quemaste- le dijo él mirando sus mejillas rojas por el intenso sol de la tarde sabanera.- dijo él mientras comía.

-¿En serio? Se me olvido echarme el bloqueador- dijo ella pasándose la mano por la cabeza- ¿Oye y mi gorra?

En efecto la gorra que había llevado puesta se le tuvo que haber caído en algún momento sin que ella se diera cuenta. Renegando Pechi la llevó hasta la casa en Pioneros.

Cuando llegaron a la plazoleta se dieron cuenta que había dos hombres en la terraza de la casa, llevaban chalecos con el logo del CTI. Laura se bajó rápidamente y Pechi Salió detrás de ella.

-Buenas Noches ¿Se les ofrece algo?- preguntó ella.

-Si, buenas noches, ¿Usted es la señorita Laura Curiel?- preguntó uno de los hombres, con el inconfundible acento de la gente de Bogotá.

-Si, a la orden.

-Estábamos hablando con su mamá, pero preferimos que el niño no esté presente- dijo el otro hombre, con el mismo acento.

-Mami, llévate a Juan Carlos para el cuarto, yo atiendo a los señores.

Adriana se llevó a Juan Carlos al segundo piso, mientras Laura les ofreció a los visitantes las mecedoras recién compradas para que se sentaran. Laura se sentó en el sillón y Pechi permaneció de pie en la puerta.

-Lo que sucede es que unos ingenieros, esta mañana que estaban en una salida de campo por los lados de “El Mamón” encontraron un cuerpo, que de acuerdo a la descripción que usted y su mamá nos dieron cuando declararon hace unos meses, tiene las mismas señas que la mujer que trabajaba como empleada de servicio en su casa.

-¿Patri?- preguntó Laura.

-Si, y pues aunque sospechamos que sea ella, no tenemos la certeza, no tenía papeles y la verdad nos serviría mucho que alguien de su familia la reconociera.

-Yo voy- contestó Laura de inmediato- no voy a hacer pasar a mi mamá por esto.

-Yo te acompaño- dijo Pechi.

Laura subió y rápidamente le explico a su mamá lo que iba a hacer, cuidándose de que Juan Carlos no escuchara.

Los sujetos iban en una motocicleta, parecida a la de Nane, salvo que no era roja, sino blanca. Pechi y Laura los siguieron. Llegaron a la morgue y los agentes los hicieron seguir. Entraron a un cuarto bastante frio. Firmaron una hoja de ingreso y entraron a otro cuarto mucho más grande, pero mucho más frio. El agente que se quedó con ellos consultó una libretita que tenía en la mano.

-Por acá, señores- les dijo, señalando el camino.

El agente se detuvo frente a una de las cámaras mortuorias. Tenía cuatro ventanas, por lo que Laura dedujo que allí dentro había cuatro cadáveres.

El agente abrió el puesto de arriba a la izquierda. Adentro había una gruesa bolsa plástica, de color negro.

-¿Está preparada?- preguntó el agente.

-Si- respondió Laura abrazándose fuertemente de Pechi, mientras el agente abría la corredera que la bolsa tenía en la mitad.

-Tómese su tiempo- dijo el agente.

Con algunos moretones en la cara, el cabello revuelto y la piel lívida, se veía un poco diferente, pero en efecto, a Laura no le quedó duda que era la mujer que la había consentido y criado desde niña.

-Si, señor agente, es Patri.

(c)

Anuncios

Navegación en la entrada única

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: