El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 28. El Contrato.

La alarma sonó diez minutos antes de las seis. Aunque estaba de vacaciones, Cindy había decidió levantarse temprano aquel día; tenía una cita muy importante en El Manifiesto, había sido invitada por Juancho Pedroza en persona para una entrevista de tipo laboral. Unos días atrás, luego de terminar de escribir su tesis y mandarla a revisión, ella misma había decidido revelar su identidad en una carta escrita de su puño y letra, dirigida al dueño de aquel diario. Días antes había revelado en su blog su condición de estudiante de Economía y no de periodista para que así todos sus lectores pudieran juzgar de la manera como quisieran los escritos que ella publicaba. Juancho Pedroza había sacado en El Manifiesto, una carta abierta, escrita por el mismo, señalando la ineptitud y la lentitud de mente de algunos comunicadores sociales que dejaban en vergüenza la profesión, con su ineptitud a la hora de escribir, investigar y profundizar, pero al mismo tiempo dio gracias al cielo de que existieran personas como El Misionario, que a pesar de no ser periodista cumplió con decirle la verdad al pueblo en lugar de callarse por miedo, o peor aún por dinero.

Cindy leyó la carta en el periódico, luego de que Alirio se la mostrara durante el desayuno y de inmediato ella le escribió un documento firmado con su nombre y su número de cédula, donde revelaba su identidad y sus intenciones al escribir el blog, así como lo dejaba en plena libertad de utilizar o no sus columnas para publicarlas en el periódico.

El blog de Cindy había recibido miles de visitantes en el mes de Diciembre y en lo que iba del mes de Enero, y muchos negocios y empresas le enviaban mensajes pidiéndole que los dejara pautar en su espacio virtual a cambio de una generosa gratificación. Cindy rechazó todas las ofertas. Si había una razón para escribir su blog, esa razón no era el dinero.

Desde que estaba en el colegio, le había gustado escribir. De hecho en séptimo grado tenía un cuaderno amarillo, con dibujos de animales donde escribía desde lo que pasaba en los dibujos animados que aún veía hasta una descripción detallada de sus compañeros de clase. Ella misma destruyó el cuaderno cuando en mitad de la noche vio como su papá y su mamá, que aún vivía, se burlaban de lo que ella había escrito allí.

El día que murió su madre, cansada de llorar y de no tener una amiga a quien confiarle su dolor, decidió utilizar uno de los cuadernos que le había regalado su papá para el siguiente año, para escribir todo lo que sentía en aquel momento. Consignó en las hojas rayadas de aquel cuaderno con olor a chicle y hojas color lila, toda su tristeza, su frustración y su dolor.

Había escrito todas las dudas que había tenido su papá con respecto a la muerte de ella, como el carro estaba en perfecto estado, como los casos que ella manejaba con los narcotraficantes y paramilitares capturados en la región la estaban afectando demasiado y como el había culpado a la clase dirigente de la ciudad y el departamento por haberse aliado con esos asesinos a sangre fría, permitiéndoles la entrada a aquella tierra, que no había terminado de llorar los muertos que había dejado la guerrilla.

Todo eso se había quedado en su cabeza como una semilla que se alimenta y crece lentamente. Luego de que Alirio le comprara un computador, como regalo por haberse graduado de bachiller,era costumbre que ella permaneciara hasta altas horas de la noche escribiendo.

Una vez entró a la universidad, no tardó en pasar de escribir sus sentimientos y reflexiones personales a empezar a criticar las injusticias de las que era testigo. Justo en ese momento había encontrado una página para crear su propio blog. Pensó que era la manera correcta de organizar sus pensamientos y exponer su opinión ante todo el que la quisiera conocer, cuidándose de no revelar su nombre. Pensando en que lo que hacía era una misión propia y personal, decidió utilizar como seudónimo “El Misionario”.

Primero empezó hablando de la falta de apoyo a los estudiantes de bajos recursos en la USAB, que al ser una universidad pública estaba en la obligación de proveer a los estudiantes de todas aquellas facilidades que le permitieran terminar su carrera sin problemas; más muchos acudían a la universidad y no solo no almorzaban sino que debían regresar a sus casas a pie, siendo que algunos vivían tan lejos como Argelia, La Selva y Uribe Uribe, todo por cuenta de la falta de recursos económicos.

Siguió escribiendo durante toda su carrera universitaria, habló de temas tan diversos como la falta de insumos en los laboratorios, hasta la elección de personal inadecuado en ciertos puestos que ofrecía la universidad, así como la intromisión de políticos en decisiones que solo concernían a los estudiantes de aquel centro educativo.

Se inscribió en varios congresos estudiantiles y confirmó que no solo había intereses negros de la clase política de Sucre dentro de la universidad sino de otros grupos por fuera de la ley, con el beneplácito de los líderes estudiantiles de la universidad. No tardó en captar la atención de algunos pocos que leían sus columnas y empezó a recibir información de alianzas negras, pactos oscuros y fraudes electorales, que ella siempre trataba de corroborar antes de ponerlas en su espacio en Internet.

Un día, cuando ya estaba, en cuarto semestre empezó a recibir mensajes del propio dueño de El Manifiesto, en la casilla que había habilitado para tal efecto en su blog. Le pedía que se integrara a su periódico como parte de los editores regulares y que pasaría a formar parte de la nómina. Cindy rechazó hacer parte del periódico, puesto que eso revelaría su identidad y en cambió público un breve documento en su blog, donde autorizaba al señor Juancho Pedraza y a El Manifiesto a reproducir sus columnas en su periódico sin ninguna retribución económica a cambio.

En aquella época estaba muy interesada en la alianza de Pablo Rangel, el gobernador, con Agustina Diaz, conocida en el medio público y en el bajo mundo como La Pantera. La Pantera había heredado de su marido un jugoso negocio de chances y apuestas y lo había transformado en un imperio del temor y la muerte en su natal Magangué para luego extenderse como un cáncer por todos los departamentos del litoral caribe.

La Pantera había sido capturada y condenada, y se creía que seguía delinquiendo desde la cárcel, hasta que un día, cuando se encontraba de permiso en Barranquilla, el carro donde se movilizaba explotó dejándola carbonizada a ella y a su hija que acababa de cumplir 15 años. Las columnas en las que denunciaba los vínculos entre Tito Mansur y algunos de los herederos de La Pantera, eran los que habían empujado a Nane a encontrarla.

Él llegó a buscarla en el carro de su papá a las ocho en punto, justo cuando había terminado de arreglarse. Ludis la había invitado a desayunar.

Nane entró a la casa, saludó a Alirio y de inmediato se despidió. La cita de Cindy era a las nueve y treinta de la mañana y ya estaba muy elegante para cumplirla.

-Te ves muy linda- le dijo él sin quitar los ojos del camino.

-Mi amor, yo siempre he sido linda- dijo ella en tono de burla.

-Oh si, por ahí vi unas fotos de tu primera comunión, pareces es un vampiro- dijo él burlándose.

Cindy lo golpeo suavemente en la cabeza. Nane la miraba con tanto amor que a ella le asustaba un poco.

Cuando llegaron a la casa, ni Ludis ni Tito habían bajado a desayunar. Nane se dirigió a la cocina a ver cómo iba todo. Cindy se quedó sentada en el sofá de la sala. Apenas podía creer como había pasado todo para que ella terminara en aquel lugar y con un vínculo tan fuerte con el hijo de alguien al que ella había criticado tanto.

Tito bajó. Estaba de saco y corbata. Seguramente tendría muchas reuniones aquel día, necesitaba dos cosas para su campaña a la alcaldía. Recursos económicos y apoyo popular.

-Buenos días, Cindy- dijo Tito abotonándose las mangas del saco.

-Buenos días, señor Mansur- respondió ella un tanto incomoda.

Tito terminó de arreglarse y se miró al espejo. Se acercó a ella con un toque un tanto trágico.

-¿Podré hablar contigo dos minuticos?- preguntó Tito.

-Claro, esta es su casa- dijo Cindy.

-Bueno, técnicamente esta casa es de Ludis, pero bueno. Ayer estuve releyendo las columnas que sacaste hace unos meses sobre mí- empezó Tito a hablar.

Cindy tenía la intención de interrumpirlo, pero él no se lo permitió.

-Déjame terminar, te voy a decir algo Cindy, muchas veces uno no hace las cosas porque les nace hacerlas, por maldad o por querer ver a otro jodido, uno a veces hace cosas malas con gente muy mala porque uno tiene familia, y además de ser responsable, uno debe protegerlos. Así empiezan las cosas, después uno se va ensuciando poco a poco, hasta que ya está tan sucio que da lo mismo embarrarse o no. Cuando se murió la Pantera muchos creíamos que ya estábamos libres y de cierto modo así es, Cindy, no te voy a decir que soy el Papa Juan Pablo II, pero al menos te digo esto, no me voy a volver a meter con asesinos, no quiero arriesgar a mi familia de nuevo.

Tito se levantó del sofá, justo cuando Nane entraba a la sala.

-Buenos días, papi ¿No me digas que estabas tratando de conquistar a mi novia?- dijo él.

-No, hijo, a estas alturas de la vida un cuchillo en la garganta lanzado por tu mamá, no sería bueno para mi salud- dijo Tito terminándose de arreglar en el espejo.

-¿Qué hablan de mí?- dijo Ludis mientras bajaba las escaleras en una vaporosa blusa que combinaba perfectamente con su pantalón y con sus zapatos, todos de color blanco. Como siempre no traía cara de buenos amigos.

-Nada, Ludis, aquí mamando gallo con Nane y Cindy- respondió Tito.

Ludis no respondió y cuando terminó de bajar las escaleras, con su porte elegante como de reina de cuento. Se detuvo a mirar atentamente a su hijo.

-Bueno, Miguel Ángel, y tu traes visita a esta casa y estás en esas fachas ¿Tu qué crees que todavía estás en tu cuarto?- preguntó Ludis.

Nane vestía una camiseta sin mangas, una bermuda color azul claro y los zapatos deportivos que eran idénticos a los que Cindy tenía en su casa.

-Ay Mami, pero si yo no voy para ninguna parte, estoy aquí con ustedes- dijo Nane poniendo cara de fastidio.

-Me haces el favor y te pones por lo menos un pantalón, mira como está Cindy de linda y elegante y tu como si fueras a tirar machete- dijo Ludis sentándose al lado de ella.

Nane no discutió más y subió no sin antes hacerle un ademán a Cindy sin que Ludis lo viera, colocándose las dos manos en el cuello como si se fuera a ahorcar.

Nane bajó al poco rato no solo con un cambio de pantalón, sino de camisa. Poli sirvió el desayuno, que estuvo bastante callado, a excepción de la última parte.

-Bueno y ¿Ustedes para que fecha piensan casarse?- preguntó Ludis.

-¡Mami!- dijo Nane abriendo los ojos y mirando a su madre y a Cindy a quien la pregunta le había parecido divertida.

-¿Mami qué? Te estoy preguntado, no quiero ser la última en enterarme y tú sabes que un matrimonio son gastos y necesita tiempo para planificarse y la próxima vez que me abras los ojos así, te tiro el pocillo del suero en la cara.

Cindy reía.

-Yo creo que lo que Nane quería decir es que apenas llevamos  ¿Qué? Mes y medio. Es como muy temprano como para hacer planes de matrimonio, señora Ludis, además Nane quiere terminar su carrera y pues yo también- dijo Cindy.

-Bueno de cualquier forma, me avisan con tiempo y ni lo permita Dios que me salgan con la gracia de que se casaron por lo civil, sin cura, ni nada- dijo Ludis.

-Te voy a decir una cosa, Miguel Ángel- empezó diciendo Tito- si tú tienes dos dedos de frente, le vas a proponer matrimonio a esta mujer.

Nane estaba sonrojado al lado de Cindy que le dio un beso. El desayuno terminó y él se dispuso a llevarla a su entrevista con Juancho Pedroza. Nane le pidió disculpas por la impertinencia de sus padres, aunque a ella le parecía la situación más bien divertida. Llegaron a tiempo. Nane se despidió con un beso de Cindy y la dejó en la puerta de El Manifiesto.

Cuando Cindy llegó a la recepción preguntando por Pedroza, la mujer encargada la hizo seguir inmediatamente. Juancho la estaba esperando.

El dueño de El Manifiesto vestía un pantalón vaquero con una camisa clásica abierta hasta el pecho y botas como de ir a montar a caballo. Tenía el cabello castaño claro un poco despeinado. Hablaba por teléfono. Cuando vio a Cindy hizo un ademán para que se sentara. Colgó.

-Mucho gusto en conocerte Cindy- dijo Pedroza extendiéndole la mano.

-Mucho gusto, señor Pedroza- dijo élla.

-Ya sabes, cual es la propuesta que te tengo ¿verdad?- dijo él.

-Sí, y pues creo que sí puedo aceptar, pero con la condición de que no se me presione y que tenga control total sobre mi línea editorial- respondió la muchacha con total seriedad.

-Perfecto, no te preocupes que tu identidad se va a mantener en secreto, y pues es eso, lo único que va a cambiar es que tus columnas van a aparecer en el periódico con un día de anticipación a cualquier medio, incluido tu blog- dijo Pedroza.

-¿Está usted seguro de esto? Yo le dije que no soy periodista- trató de señalar Cindy.

-Tranquila Cindy, ojalá todos mis periodistas fueran la mitad de buenos que tú.

El teléfono volvió a sonar. El acento de Pedraza era bien raro. Tenía claramente la cadencia del acento paisa, pero se esforzaba mucho para comerse las eses y tratar de imitar el dialecto de la costa, pero le salía falso y hasta ridículo. Pedraza colgó.

-Cindy, no vas a creer esto- dijo Pedraza apoyado en la mesa- Lastre, el tipo ese de los asesinatos, acaba de escaparse de los juzgados. Mató a un guardián y mandó a otros dos graves para la Santa Mónica.

Pedroza mandó a traer el contrato de Cindy que ella leyó y luego firmó. Pedraza puso su firma también y le dio la copia a Cindy.

-Usted sabe lo que esto significa ¿cierto?- dijo Cindy antes de irse.

-Que lo peor está por venir- dijo Pedroza.

-Exactamente- dijo ella.

Salió del edificio y le pidió al vigilante que le llamara un taxi. Quería tomar todas las precauciones. Si bien ella no conocía a Lastre, también era cierto que ella había escrito cosas señalándolo como responsable directo y pidiendo la máxima condena. Por eso mismo, la fecha de sus audiencias siempre había sido mantenida en secreto. Mucha gente podía atentar contra la vida del criminal que era un testigo estrella y la fiscalía esperaba poder sacarle algo, pero evidentemente se equivocaron.

El taxi llegó al poco tiempo. Cindy pidió ir a la USAB. Era el último día de matrículas y la universidad la cerraban a las 12 por cuenta de las fiestas del 20 de Enero. Debía darse prisa. Iban por la avenida La Paz, ya casi entrando a Boston, cuando se dio cuenta que había una van al lado del taxi. Cindy no se dio cuenta cuando el taxi se detuvo. El conductor de la van le apuntaba al conductor del taxi.

Un sujeto agarró a Cindy por el brazo y la metió a la fuerza al van que arrancó de inmediato. Había 5 hombres allí.

Al lado de ella estaba Marcos Abdala, el candidato que iba en contra del movimiento de Tito Mansur,apoyado por los Restrepo, estaba atado de manos y pies en el piso de la van con evidentes marcas de golpes. Estaba Lastre, sonriendo, anticipando lo que iba a suceder con ella. Estaba el conductor de la camioneta. Un tipo de cabello lacio y cara fileña, con cara de paisa. Y al fondo estaba otro tipo que a ella le parecía conocido.

-¿Qué hacemos con ella patrón?- preguntó el paisa.

-Amárrenle los pies y las manos, no vaya  a pasar lo mismo que le pasó a Lastre con la hija de Curiel- respondió el hombre del fondo. Tenía el cabello corto y el bigote poblado, pero Cindy lo había visto.

Cindy buscó entre sus recuerdos, mientras Lastre y El Paisa la ataban las manos a la espalda. Lo había visto. Claro, era él.

-¡No puede ser!- dijo Cindy mirando al patrón e identificándolo plenamente- ¡Usted está muerto!

(c)

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