El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 30. La Despedida.

Nane se vio a sí mismo en el centro de lo que parecía ser un enorme estadio completamente vacío. El cielo se iluminaba con una coloración sucia y amarillenta, mientras una delicada brisa levantaba el polvo del lugar y alborotaba lentamente sus cabellos. Estaba solo. Intentó correr, pero el lugar parecía extenderse a medida que el avanzaba y siempre terminaba en el mismo sitio rodeado de la nada. Intentó gritar, llamó a su mamá, a su papá, a su tío Francisco y finalmente a Cindy. Cuando volteó a ver ella estaba allí. El cabello lacio y negro le cubría el rostro. Lloraba. Nane se apresuró a consolarla. Le partía el corazón verla sufrir. Tomó su mano derecha y la beso suavemente con sus labios.

-Debes irte- dijo ella.

-No, yo siempre voy a estar contigo- respondió él.

De pronto una llamarada enorme bajó del cielo y los rodeó a ambos. El fuego empezó a cercarlos hasta que estaba tan cerca que el calor fue insoportable y el dolor irresistible. Rodeó a Cindy para evitar que sufriera mientras el fuego le consumía la piel lentamente en medio de sus más crueles gritos de dolor.

Nane despertó de inmediato, en medio de gritos de espanto, aterrado por el realismo de aquel sueño. Había soñado antes, eso sí, pero aquel sueño era diferente. Casi que podía sentir en su espalda el calor insoportable de las llamas quemándole la piel.  Poli se acercó a ver que sucedía.

-¿Qué paso Nane? ¿Cuál es la gritería?

-Nada Poli, fue que me quedé dormido- respondió el muchacho.

Nane miró la hora en su celular. 6:45 de la tarde. Ludis y Tito habían ido a la corraleja a ver la corrida de toros de aquel día. Supuestamente él y Cindy los iban a acompañar, pero luego de que la muchacha se despidiera de él para entrar a la entrevista con Juancho Pedraza, el dueño de El Manifiesto, no había dado señales de vida.

Había intentado llamarla al mediodía y luego por la tarde varias veces, pero siempre se iba al correo de voz. No se imaginó nada malo, después de todo hasta él hubiese inventado una buena excusa para no ir a ver la corrida de toros en compañía de Ludis y de Tito y no hubiese culpado a Cindy por intentar esconderse de tan irritante compromiso social.

Nane se bañó y se cambió. Se puso los zapatos deportivos, que eran idénticos a un par que tenía Cindy. Se puso unos vaqueros azules y una camisa a cuadros rojos. Justo había terminado cuando vio por la ventana que Ludis y Tito habían llegado. Bajo de inmediato a recibirlos.

Ya estaban sentados en los muebles de la sala, cuando el muchacho llegó a la sala.

-Ajá ¿Cómo les fue?- preguntó Nane.

Tito y Ludis, más que cansados se veían preocupados.

-Bien, la corrida estuvo buena.-dijo Tito.

-Pero…- dijo Nane tratando de adivinar lo que en realidad les estaba preocupando a sus padres.

-Pues, estando allá nos enteramos de algo. –dijo Ludis.

-Ajá, pero hablen- dijo Nane un tanto molesto.

-Primero, el tipo ese, el asesino que contrató Curiel para que matara al novio de Laura, al mototaxi.-dijo Tito.

-Que también tuvo que ver en la muerte de Pacho- dijo Ludis.

-¿Qué pasó con él?-preguntó Nane.

-Escapó de los juzgados está mañana, cuando le iban a dictar sentencia y lo peor es que esta mañana secuestraron a Abdala, lo cogieron cerca al Fresno, iba con la mujer y la hija, a ellas las dejaron quietas y se lo llevaron a él en una van.- terminó Tito.

A Nane le pareció todo muy extraño, y lo peor de todo es que encajaba con la desaparición de Cindy. Tomó su teléfono y llamó de inmediato a Alirio. Intentando no preocuparlo, preguntó por la muchacha, pero el anciano no la había visto desde que había salido con él en la mañana.

-¡No está en su casa! Esa gente le hizo algo- dijo Nane al borde del llanto.

Ludis y Tito intentaron calmarlo e incluso le pidieron a Poli que le preparara un té para los nervios. Tito consiguió el número de Juancho Pedraza y lo llamó. Efectivamente Cindy había estado en la mañana pero había pedido un taxi y se había marchado. Juancho incluso les dio el nombre de la empresa de taxis para que terminaran de averiguar.

Nane llamó de inmediato. Pidió hablar con el conductor del taxi que recogió a una muchacha de cabello negro, lacio, de las oficinas de El Manifiesto como a las 10 o 10:30 de la mañana. No tardó demasiado. El taxista le confirmó sus sospechas más oscuras, alguien lo había detenido en su camino y se había llevado a la muchacha en una van, el taxista puso la denuncia de inmediato, pero al no saber los datos de la muchacha, no habían puesto en aviso a la familia.

Luego de que Nane les informara que a Cindy en efecto la habían secuestrado camino a la Universidad, Ludis tomó su teléfono y llamó al Teniente Andrade para ponerlo al tanto de la situación. En efecto habían recibido la denuncia e incluso uno de los tipos que sacó a Cindy del taxi correspondía con la descripción de Lastre. No había duda. Andrade les pidió que fueran a la estación a poner el denuncio de inmediato para poder hacer las respectivas averiguaciones y procedimientos judiciales.

-No podemos avisarle a Don Alirio- dijo Nane con las manos en la cabeza.

-Vámonos para la estación, esto no se puede quedar así.-dijo Ludis.

Los tres salieron a la calle. Justo al frente de la casa estaba estacionada la camioneta de Tito, quien le pidió a Nane que manejara. El trajín de la corraleja lo había dejado extenuado. Ya se habían subido cuando una van se parqueó delante de ellos. Nane de inmediato sospechó que sucedía y pisó el acelerador con todas sus fuerzas. Tal como lo supuso la van se dio a perseguirlos.

-Esa debe ser la van en la que se llevaron a Cindy- dijo Ludis en tono de tragedia.- seguro vienen por Tito ahora.

Nane decidió tomar el camino viejo que daba a la UPES, una decisión arriesgada porque era un camino abandonado y casi nadie entraba por allí. Pero el muchacho tenía un plan. Dejó que la van se acercara a ellos y justo antes de la curva que conectaba con el camino nuevo que daba hacia la carretera troncal, frenó. La van también frenó, pero la camioneta de Tito daba más capacidad de maniobra y Nane la lanzó contra la van que se fue contra una cerca luego del golpe.

Ludis y Tito salieron del carro, un poco aturdidos por el golpe, pero estaban bien. Nane tomó el revolver que Tito siempre guardaba en la guantera de la camioneta, se apresuró a llegar a la van. El conductor estaba inconsciente y tenía una fea herida en la frente. Nane de inmediato le apuntó al otro sujeto que ya se disponía a sacar la suya.  Tito llegó y mientras su hijo apuntaba al sujeto, él lo revisó verificando que no tuviese ninguna arma escondida.

Nane se lanzó contra el sujeto, lo sacó de la van y lo arrojó al piso.

-¿Dónde está Cindy, malparido?- le preguntó Nane propinándole un puñetazo al sujeto en la cara. El tipo reía.

Nane le apunto al hombre, que aún seguía riéndose.

-¿Dónde está?- dijo Nane tomando distancia.

-Miguel Ángel, no, deja la locura, no te vas a ensuciar las manos con esta porquería.

-Tienes razón, mami- dijo Nane dándole una patada en la cara al sujeto, que lo dejó inconsciente.

Ya hacía rato que había anochecido, cuando llegó la policía. Andrade mismo se encargó del operativo. Una ambulancia se llevó al conductor al hospital, mientras le tomaban los datos al otro sujeto. Según les dijo el teniente se llamaba Libardo Rocha y era conocido en el bajo mundo con el alias de El Guajiro.

Los Mansur llegaron en el carro de Tito, golpeado como estaba. Pusieron la denuncia formal por la desaparición de Cindy y luego les tomaron la declaración que se prolongó por casi dos horas. Justo cuando estaban terminando, Andrade entró a la sala donde se encontraban.

-Andrade ¿Ya saben dónde está la muchacha?- preguntó Ludis observando como el policía entraba.

-El Guajiro está con su abogado y está dispuesto a hablar- dijo Andrade- pero quiere que Nane esté presente.

Nane aceptó sin titubeos. De camino al salón donde tenían a Roncayo, empezó a escuchar la música proveniente de la Plaza de Majagual, el jolgorio había empezado.

-Bueno, señor Rocha, aquí está el joven Mansur-dijo Andrade- ahora si le toca hablar, te recuerdo que hay una recompensa si nos ayudas a agarrar al que está detrás de toda esta mierda de los asesinatos y estos secuestros.

El Guajiro se estiró en su silla como si no tuviera prisa. Apoyó los codos sobre y la mesa y miró como Nane y Andrade permanecían de pie mientras dos policías lo custodiaban fuertemente desde atrás y otro más, bastante joven, anotaba todo en un pequeño computador portátil.

-Esa muchacha te quiere mucho- dijo El Guajiro- cuando le dijimos que íbamos por Tito Mansur, empezó a llorar desconsolada pensado en lo que te podía pasar a ti, tienes mucha suerte, a la mayoría nadie nos quiere de esa manera.

-Entonces, Guajiro, estamos perdiendo tiempo- dijo Andrade.

-La persona que planeó y ordenó todos los asesinatos es nada más, ni nada menos que Marcelo Guevera- empezó El Guajiro.

-Intenta de nuevo, Guajiro, Marcelo Guevara fue el primero que asesinaron- respondió Andrade.

-Eso es lo que ustedes creen ¿Por qué creen que no hubo autopsia y quemaron el cadáver tan pronto? Es porque en realidad no había cadáver, Guevara se hizo pasar por muerto. Necesitaba que lo sacaran del juego, para el poder jugar encubierto, lo del restaurante en coveñas todo fue una farse bien montada. Yo, El Paisa, Lastre y El Mono íbamos en esas motos y luego las fuimos a esconder en las mismas cabañas que había alquilado Guevara. El tipo que llevó el supuesto cadáver hasta las cabañas también le habíamos pagado. Lo único que ese man perdió ese día fue el cabello, se rapó para evitar que lo reconocieran.

Nane conocía a Marcelo Guevara, era colaborador de la campaña de Tito, tenía varios negocios en Sincelejo y le parecía extraño que tuviese la capacidad económica de comandar semejante operativo.

-¿Por qué haría Guevara algo así y con qué recursos?

-Ustedes son muy inocentes de verdad. Ustedes no saben quién era el hermano de Guevara. ¿Se acuerdan de “El Clavo”? El le mandó a cambiar el apellido a su hermanito menor para que el pudiera tener una vida normal, y miren lo que pasó.

El Guajiro tomó un poco de agua, quería hablar.

-El Clavo, estaba aliado con todos estos manes, pensaba hacer una sola estructura, ya no habría divisiones, ni familias, un solo poder manejaría el departamento, pero bueno los mismo políticos de aquí lo entregaron, prefirieron entregársele en bandeja a La Pantera y mandaron a El Clavo a la cárcel, se aseguraron de que lo mandaran al patio equivocado. Los guerrilleros lo apuñalaron hasta que no quedó nada de él. Todas las cuentas, los contactos  pasaron a manos de Marcelo, él y Mauricio Castilla, que también terminó preso,  juraron cobrárselas a todos. Empezó por todos los que testificaron, uno por uno y el siguiente paso era acabar con los candidatos, Mansur y Abdala. A Abdala lo capturaron esta mañana y a Mansur lo íbamos a coger por la tarde. Ese era el plan, que obviamente no funcionó.

-¿Y Cindy? ¿Qué hicieron con ella?-preguntó Nane levantándose de la silla y golpeando la mesa con los puños.

-El contacto que tenemos en El Manifiesto nos informó, el patrón ha estado leyendo sus columnas, no le gustaron y pues hoy nos informaron que estaba allí y la agarramos, después que agarramos a Abdala.

-¿Dónde esta? Guajiro- preguntó Andrade con una calma ansiosa.

-¿Qué hora es?- preguntó el sujeto.

-10:30- respondió Andrade.

-Debe darse prisa, Guevara secuestró a un tipo que arma bombas, le iba a poner una a Abdala y otra a Mansur para explotarlas en la Plaza de Majagual. Quiere hacer una masacre y que la gente tiemble de miedo. Fabricaron dos bombas, quería que la muchacha viera el espectáculo para que escribiera sobre eso, pero ahora que no tiene a Mansur, la muchacha está en problemas. Estan escondidos en un localcito entre el colegio y la farmacia, en un lado de la Plaza.

Nane no tuvo que pensarlo más. Salió a toda prisa de la estación. Ignoró los gritos de Andrade, de su padre y de su madre, lo único que le interesaba era Cindy. Corrió hasta el monumento de Las Vacas y justo cuando iba a doblar la esquina escuchó una explosión monstruosa, y de inmediato los gritos. La gente salía aterrorizada de la Plaza en contravía de Nane que se dirigía hacia allá.  Trató de correr, pero la multitud dirigiéndose en sentido contrario no lo dejaba avanzar.

A lo lejos vio como el techo metálico que colgaba del arco de la plaza se desprendía y caía al suelo en medio de un estruendo pavoroso. La gente corría desesperada.

Cuando Nane llegó a la plaza, todo era un caos. Había gente en el piso. Otros gritando inmóviles, niños llorando y la tarima donde se supone estaría el espectáculo, estaba desperdigada por todo el lugar. Se dirigió al punto que El Guajiro le había indicado. Atravesó la plaza cuando escucho la voz de Cindy.

-¡Por favor, apártense! Decía ella inmóvil y llorando en medio de aquel lugar, pero su voz se perdía en medio de los gritos de los heridos y de las sirenas que se acercaban cada vez más.

-¡Cindy!- gritó Nane cuando la vio.

El muchacho se acercó, pero ella trató de huir. Nane la alcanzó y la agarró por el brazo.

-Cindy, mi amor, estás bien- dijo Nane emocionado.

-Nane, tienes que irte, por favor.- dijo ella en medio de un llanto incontenible.

-¿De qué hablas?- preguntó él desesperado.

Cindy se levantó la blusa. Llevaba una especie de chaleco, con varios cilindros unidos a numerosos cables. Nane de inmediato supo lo que era.

-No, no, no- dijo el muchacho en medio de sus lágrimas.

-Ves, Nane, te tienes que ir- dijo ella.

-No, mi amor, yo me tengo que quedar … contigo- dijo él.

-No seas idiota ¡vete!- exclamó ella tratando de que el entendiera, pero fue inútil

-¡Que no!- dijo él totalmente devastado.

Llegaron varios policías. Uno de ellos se acercó al lugar donde estaban Nane y Cindy y vio lo que la muchacha llevaba puesto. El policía salio corriendo y empezó a gritar.

-¡Hay otra bomba! ¡Hay otra bomba!

Las pocas personas que quedaban entonces en la plaza terminaron de evacuarla. Solo quedaban allí ellos dos.

Ella se sentó en la centro de la plaza. Estaba cansada. Nane se sentó frente a ella también. Se quitó la camisa y se la amarró en una herida que tenía la muchacha en su mano derecha.

-Si te vas tú, me voy yo también, Cindy- dijo Nane mirándola directamente a los ojos.

-¿Qué haces Nane? Tienes que irte, no seas bobo- dijo ella.

-¿Tú de verdad crees que yo me voy a ir de aquí? Cindy yo me muero si algo te pasa, yo te amo, oye y yo no puedo volver a ser lo que era antes de conocerte, yo te necesito- dijo él llorando a lágrima viva.

Cindy le acarició el rostro y lo abrazó.

Llegaron dos tipos vestidos como astronautas, salvo que el envoltorio que llevaban puesto no era blanco, sino gris. Se escuchó el sonido de un altavoz a lo lejos.

-Señor, por favor, aléjese de la joven, no exponga su vida.

Uno de los sujetos vestidos de astronauta se acercó a ellos.

-Por favor señor, tiene que irse y dejarnos hacer nuestro trabajo- dijo.

-Hagan su trabajo, mientras tanto yo me quedó aquí con ella- respondió Nane firmemente.

El sujeto se acercó a examinar el artefacto que llevaba Cindy. No dijo nada. Se alejó a hablar con el otro sujeto y trajo una especie de caja de herramientas.

-Debemos quitarle eso-dijo el sujeto.

Nane sostuvo con fuerza una de las manos de Cindy, mientras el sujeto utilizaba una especie de pinza para abrir el chaleco.

-Tranquilos, que esto se activa con una señal de radio y ese aparato que tiene mi compañero allá bloquea todas las señales, si es que el detonador está cerca.

Cindy estaba sumamente nerviosa, pero Nane la miraba a los ojos.

-Tranquila, mi amor, vamos a salir de esto, tu y yo, ¿vale? –dijo él.

-Prométeme que vamos a salir de esto, Nane- dijo ella.

-Te lo prometo, Yo nunca te lastimaría, Cindy ¿No te acuerdas?-dijo él.

Nane cerró los ojos se acordó del primer día que la vio en la casa, cuando ella le arrojó un jarrón en la cara y luego cuando estaban en la patrulla con los mismos zapatos y en la estación hablando con Ludis y finalmente cuando ella entró a la habitación a darle el beso que le cambiaría la vida para siempre.

-¡Nane!- le escuchó decir a Cindy.

Nane abrió los ojos. Cindy ya no tenía el chaleco. El sujeto vestido de astronauta estaba a lo lejos con su compañero y lo estaban metiendo en una especie de caja metálica. Uno de ellos rápidamente se acercó al lugar donde ambos estaban sentados.

-Ahora sí, salgan de aquí, vamos a hacer la explosión controlada.

Ambos corrieron. Se alejaron lo más que pudieron de la plaza. Habían avanzado varias cuadras cuando escucharon a lo lejos el sonido de una explosión sorda. En medio de un millar de chispas incandescentes que surcaron el cielo en ese momento.

Nane sintió que había vivido cada segundo de su vida para estar justo allí en ese momento. Tomó a Cindy por la cintura y la besó con todo el amor, la pasión y el sentimiento que le nacían del alma y que justo en ese momento supo que permanecerían con él para siempre.

(c)

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