El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 39. La Explicación.

-Déjame aquí- fue lo único que salió de los labios de Laura

A Pechi se le había ocurrido llevar a Laura a un lugar abierto y luminoso y no se le ocurrió otro mejor que la Avenida Las Peñitas. A esa hora aún había establecimientos abiertos y se vendían comidas rápidas y licores. Una vez Pechi estacionó la motocicleta, Laura no tardó en bajarse.

-¿Te sientes bien? ¿Te hizo daño ese tipo?- preguntó Pechi.

Ella negó con la cabeza, cabizbaja y sin mirarlo a los ojos. Tenía los ojos llenos de lágrimas.

-No te ves bien, te voy a llevar a una clínica. Súbete.

Pechi agarró los manubrios de la moto pero Laura no se subió.

-¿Laura?

-Déjame aquí por favor.

-¿Qué? No, yo te llevo a tu casa… o ¿estás molesta por lo de Bogotá? ¿Lo del beso? Patricia… bueno yo no sabía que ella… bueno sentía eso por mi y me sorprendió que me besara… tu sabes ella y yo nunca…ella y yo no somos nada. Es la hermana de mi socio, pero yo… no tengo nada con ella ¿Laura?

-Por favor, Pechi, vete, por favor, vete. Necesito irme para mi casa ya.

-Yo te llevo.

-NO, yo me voy en un taxi, en una moto o en lo que sea.

-Laura, pero yo…

Se escuchó el pito de un carro detrás de él. Era un taxi y Laura rápidamente sacó la mano para detenerlo. Abrió la puerta y se embulló dentro del vehículo para perderse de nuevo en la noche.

Pechi no comprendía lo que había sucedido. Laura evidentemente estaba molesta con él. Tenía razones de sobra. Después de todo él la había abandonado, dejando como excusa una carta cuyo contenido ya le costaba trabajo recordar. Pero si esa era la razón ¿Por qué se preocupó tanto cuando lo vio herido luego de que el taxi lo arrollara? ¿Por qué lo trató así aquella tarde?

Pero a pesar de todo, no podía culparla. Solía decirse, durante las frías y solitarias noches de insomnio en Bogotá, que marcharse de Sincelejo era lo mejor que había podido hacer. Se conocía a sí mismo y sabía que él no era hombre de una sola mujer y la sola idea de fallarle a Laura, de serle infiel, era una tortura mental que sufría por momentos. Pero el tiempo le demostró que estaba equivocado. En el tiempo que estuvo en Bogotá, jamás se acostó con otra mujer.

Era más de lo que su cuerpo podía soportar y solía despertar a las 2 de la mañana sólo para auto-complacerse con el recuerdo de Laura, tal y como la había tenido alguna vez.

Dejó Bogotá sin hacer caso a nadie. Ni al niño médico que le había ordenado reposo absoluto, ni a Alfredo que había sido como su hermano en esa ciudad, ni mucho menos a Patricia, que lloró sin consuelo una vez Pechi manifestó su decisión de marcharse para Sincelejo. Era el único lugar donde sabía que podía encontrar a Laura.

Nada pudo detenerlo, ni el dolor, ni el frío, ni los enormes camiones tratando de arrollarlo, ni la lluvia, ni la distancia. Tenía que estar allí, con ella, en Sincelejo. De donde nunca debió salir.

Pero al llegar a la sabana, casi no le alcanzan las fuerzas para salir a buscarla. El dolor provocado por sus costillas rotas era tan intenso que lo sentía latiendo, como una segunda fuerza vital luchando por liberarse de su cuerpo. Antes de salir de Bogotá se había vendado el torso, pensando que eso ayudaría, pero fue inútil. Cuando llegó a Sincelejo, ni siquiera pensó en buscar donde quedarse, fue de inmediato a Urgencias.

Era mediodía. La elevada temperatura y el candente sol sabanero eran nada en comparación con el dolor abrasador en sus costillas. Llegó a la Clínica Santa Mónica sudando frío y llorando del físico dolor. No lo soportaba. El resto de su cuerpo quería salir corriendo y liberarse del monstruo que crecía a pasos agigantados a un costado de su pecho.

Había varias personas esperando turno, y Pechi casi se desmaya al entender que no lo atenderían enseguida. Tenía que hacer algo. Se quitó la camiseta.

-¿Señor que hace?- le había dicho la enfermera recepcionista.

Pechi no la escuchó y empezó a quitarse los vendajes, sabía que el moretón sería difícil de ver, pero lo que vio después estaba fuera de toda proporción. Todo el costado derecho desde el abdomen, hasta la tetilla mostraba un color negruzco que le provocó un ataque de pánico. La enfermera recepcionista y algunos de los presentes soltaron un grito.

-¡Médico!- salió gritando la enfermera.

Luego todo fue confuso. Pechi sintió que el mundo empezaba a oscurecerse lentamente en una neblina negra que se cernía sobre él y a lo lejos escuchó una voz que conocía, pero no sabía de donde.

-¿Viloria? ¿Pechi?

El dueño de la voz, lo sujeto antes de sentir el frio y duro piso de la sala de urgencias.

-¿Se desmayó?- dijo otra voz.

-Sí- dijo la voz conocida- está grave, mire eso.

Pechi sabía a lo que se estaban refiriendo con “eso”. No supo cuanto tiempo pasó cuando las penumbras que cubrían sus ojos empezaron a ceder. Estaba en un cuarto, no en un cubículo como en Bogotá, trató de erguirse pero el dolor no se lo permitió. Dio una mirada alrededor y en la puerta, de espaldas estaba alguien que le resultaba familiar. Debía tener un teléfono en la mano. Tenía el cabello rubio oscuro, la espalda ancha y cuadrada, una camisa de cuadros azules, violetas y blancos, unos dentro de otros, ceñida al cuerpo y unos jeans más blancos que azules, rematados con unos zapatos deportivos de color rojo.

-¿Mansur?

El sujeto volteó.

-Viloria, loco, pero yo siempre que te veo, te estás muriendo, oye.- dijo el muchacho muerto de la risa. Pechi trató de emularlo, pero el cuerpo no le dio para tanto.

-Así parece.

-Oye, pero ¿dónde estabas? ¿Por qué te fuiste así? Sin despedirte, ni nada…

-Tenía que hacerlo… yo… Laura…

-Ella quedó muy mal, loco, cuando te fuiste… mejor dicho, tienes que verla, hablar con ella.

-La vi, en Bogotá.

-¿Qué? ¿Tú estabas en Bogotá?

-Sí, allá ella me tiró un carro y me hizo esto- dijo Pechi apuntando a su moretón negruzco.

-Que vaina… – dijo Nane- ya hablé con el médico. Tienes dos costillas rotas…

-Ya lo sabía ¿Me hicieron placas acá?

-Sí, uuuuuuuuu, hace como tres horas.

-¿Y que hora es?

-5:30 de la tarde.

-¡¿Qué?!

-Sí, cuando te encontré acá desmayándote eran como la 1, te inyectaron un poco de vainas ahí, y hasta ahora te veo despierto, hasta me dio tiempo de ir a ver a mi papá y todo.

-¿Qué le pasó a tu papá? ¿Por qué está aquí?

-Le dio un infarto, está en hospitalización.

-Lo lamento mucho, de verdad.

-No, no te preocupes, ese viejo es un roble, primero me muero yo que él- dijo Nane sonriendo.

Ya le estaba terminando de contar los pormenores de la historia clínica de Tito Mansur, cuando el médico apareció en la puerta. Lo regañó como a un niño por haber cometido la brutalidad de ponerse una venda en el torso, le dio la fórmula con los medicamentos, que ya Nane se había tomado el trabajo de comprar y finalmente le dio unos consejos prácticos sobre como no montarse en una moto con dos costillas rotas, pero al final lo dejó tranquilo. Tenía la orden de salida lista.

-Que hotel, ni que nada, te quedas en mi casa- dijo Nane, cuando Pechi le confesó donde pensaba quedarse- que tal que te llegue a dar otro soponcio de esos, no señor te quedas en mi casa.

Y así fue como Pechi terminó montado de pasajero en su propia motocicleta. Nane lo llevo con todo el cuidado que pudo hasta San Marino, el exclusivo conjunto residencial a las afueras de Sincelejo, donde Ludis Espinosa había decidido construir sus aposentos.

En medio de aquella sala llena de lujos y vestido con los harapos con los que había salido de Bogotá hacía más de 48 horas, Pechi sintió por primera vez lo que era estar fuera de lugar.

Nane, había cargado con su morral y ya había subido la mitad de la escalera, cuando le llamó la atención.

-Oye, no te quedes ahí, ven que te voy a mostrar donde vas a dormir.

Su anfitrión lo condujo por un pasillo blanco, no tan estrecho, pero tampoco demasiado amplio, lleno de cuadros, y mesitas con flores. Justo de llegar al fondo, Nane abrió una puerta a la izquierda.

-Este es mi cuarto- dijo, mientras abría el escaparate y abría gavetas buscando algo- por aquí debe estar…

Pechi se quedó admirado. Ni siquiera en Bogotá, donde ganaba mensualmente el triple de lo que ganó alguna vez como mototaxi, Pechi se hubiese podido permitir todo lo que tenía Nane en aquel espacio personal. El escaparate era de madera fina y estaba incrustado en la pared. La cama era amplia y con un toque distinguido y extraño, como los muebles de la sala. Dos mesas de noche, cada una con su lámpara y al fondo el computador con una pantalla enorme y dos parlantes, uno sobre el escritorio y otro sobre el piso.

-Aquí está- dijo Nane en tono triunfal sosteniendo una hamaca en las manos.

-Uy hace rato, que no duermo en hamaca- dijo Pechi, recordando los viejos tiempos cuando vivía con Salma y Kate.

-¿Y quién te dijo a ti que vas a dormir en hamaca? Tú duermes en la cama, que eres el enfermo y yo duermo en la hamaca.

Mientras Nane terminaba de colgar los cañamos en las argollas, Pechi le hizo la pregunta que se estaba atragantando desde que lo vio.

-¿Sabes donde puedo ubicar a Laura?

Fue así como dio con ella, justo cuando aquel sujeto desagradable la estaba agrediendo, para luego darse cuenta que tantas horas de frío, dolor e insomnio sobre una motocicleta no sirvieron para nada.

Allí, tendido en aquella cama que no le pertenecía y sintiendo como poco a poco el dolor se esfumaba de su cuerpo, Pechi pudo reflexionar sobre lo que iba a hacer, luego de lo sucedido con Laura aquella noche. Quería agarrar su morral y largarse por donde vino, pero si tomaba la moto para marcharse en su condición llegaría a Bogotá más muerto que vivo y no quería pasar por Sincelejo sin al menos saludar a tantas personas que tenían un lugar en su corazón y en su memoria. Cristian, Cindy y hasta Don Alirio estaban en aquella lista, pero sin duda a los que más quería ver era a sus antiguos vecinos en Puerto Arturo, el barrio donde creció.

Cuando Nane se levantó de la hamaca al día siguiente, ya Pechi estaba listo.

-Oye ¿Y tu para dónde vas tan temprano?

-¿Temprano? Son las 8:30… voy para Puerto Arturo.

Al contrario de lo que hubiese esperado, Nane no lo regañó, ni le puso peros.

-Yo voy contigo- fue lo único que dijo en medio de risas antes de entrar a bañarse.

Tardaron casi una hora completa en salir. Toda la ropa que sacó Nane para ir a Puerto Arturo, le pareció demasiado peligrosa a Pechi, que al final le tuvo que prestar una muda que tenía en el fondo de su morral y aun así, Nane se veía demasiado vulnerable para su gusto. Puerto Arturo, era un barrio peligroso cuando Pechi se fue, y no creía que hubiese cambiado tanto en tan poco tiempo. Tampoco podía decirle a Nane que no fuera, estaba tan entusiasmado y en ese momento Pechi estaba tan agradecido con él, que hubiese sido una grosería decirle que no podía ir.

Se dirigían al garaje, donde Pechi había guardado la moto la noche anterior, luego de su desafortunado encuentro con Laura, cuando escucharon una voz elegante y potente detrás de ellos, una voz de mujer.

-¿Miguel Ángel? Pero por Dios ¿De donde sacaste esa ropa?- preguntaba una mujer blanca, alta, rubia y de pómulos altos. Parecía una serpiente a punto de atacar.

-Me la prestó Pedro, mami, vamos a dar un paseo. Ah Viloria, ella es mi mamá Ludis Espinosa, mami, él es Pedro Viloria, él fue el que capturó al bandido ese de Marcelo Guevara ¿te acuerdas?

Ludis examinó a Pechi de arriba hacia abajo, pero con una mirada de curiosidad, no de asombro, ni de disgusto. Se acercó a él y fuera de todo pronóstico, le tendió la mano.

-Mucho gusto ¿Pedro? Te va a parecer un poco extraño, pero ¿Cómo es tu nombre completo?

-Pedro Luis Viloria Rico

Ludis hizo un gesto extraño con la cara, como si hubiese confirmado algo que sospechaba.

-Tú fuiste el que llegaste anoche tarde en la noche ¿verdad?

-Sí, espero no haber hecho demasiado ruido.

-Sólo el de la motocicleta y el del celular de Miguel Ángel cuando lo llamaste a que te abriera la puerta.

Pechi se sintió apenado con la mujer vestida de blanco, cuya mirada de curiosidad se hacía cada vez más intensa.

-Bienvenido, Pedro, estás en tu casa- dijo Ludis dando media vuelta.

“Que mujer tan extraña” pensó Pechi, antes de terminar de entrar en el garaje y salir rumbo a Puerto Arturo.

Anuncios

Navegación en la entrada única

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: