El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 40. El Ataque.

-¿Nombre?- Preguntó el policía, mientras anotaba algo ilegible en una libretita que cabía completa en la manaza que se gastaba aquél atarbán vestido de verde.

-Miguel Ángel Mansur- respondió Nane.

El policía lo quedó mirando medio segundo.

-Cédula…

-Uno Cero Tres Cuatro…

-No, no… présteme su cédula.- dijo el policía.

Nane obedeció y el policía quedó reparando su documento de identificación un buen rato.

-¿Usted es pariente de Tito Mansur?

Nane hubiese querido decir que NO, pero él había tenido la culpa de lo que sucedió y tenía que sacar de cualquier problema a Pechi y a los que lo habían defendido en la riña que se había formado.

-Sí, él es mi papá- respondió Nane.

-Bueno ¿Y usted que hace acá metido?

-Estaba tomándome unos tragos con unos amigos.

Nane vio a Pechi a lo lejos, sentado sobre la terraza de una de las casas, en la acera contraria, con los otros dos muchachos, rodeados de policías también. En el centro de la calle estaba aún la sangre del tal Migue.

-Bueno, señor Mansur, explíqueme que fue lo que pasó, empiece desde el principio.

-Bueno, yo salí esta mañana de mi casa, en San Marino ¿Usted sabe donde es cierto? Bueno, yo salí de mi casa con Pedro, él se está quedando allá porque está recién llegado de Bogotá y no tenía donde quedarse.

-Ajá- dijo el policía, mientras escribía furiosamente en su libretita.

-Bueno y pues decidimos venir acá, porque Pechi tiene a unos amigos en el barrio y quería visitarlos. Primero llegamos donde Migue, que era el que le alquilaba la moto a Pechi, cuando era mototaxi, ahí nos quedamos a almorzar, luego cuando nos íbamos, Pechi se encontró con un amigo de él, un tal Cristian, que estaba visitando a su mamá, pues Cristian lo invitó a tomarse algo, pero como él no podía tomar alcohol, yo decidí acompañarlo, así que fuimos al kiosko ese de allá.

Nane señaló el kiosko donde él, Cristian y Pechi se había sentado en la tarde. Pechi no podía beber licor, por las pastillas que estaba tomando para el dolor de las costillas. Al lugar le decían “Donde Ena” a pesar de que la mujer que atendía se llamaba Candelaria, no Ena.

Lo primero que le sorprendió a Nane es que Cristian viviera en Venecia. Según lo que le contó el muchacho, al calor de las cervezas, había tratado por todos los medios de sacar a su madre de Puerto Arturo y llevársela a vivir con él, pero la mujer se negó en redondo mientras Cristian no le diera una explicación seria de como había conseguido esa casa. Cuando Pechi le preguntó si estaba dispuesto a decírselo a ellos, Cristian sólo anotó que había hecho un muy buen trato con alguien.

-Pero no nos quedamos solos mucho rato- continuó Nane- luego llegó Migue, y los muchachos que están allá con Pedro, que estudiaron con él en el colegio y pues nos quedamos bebiendo hasta la tarde.

-Y que fue lo que pasó después.

-Pues como a las 6 llegaron como cinco o seis manes, en una van y apenas llegaron, uno de ellos se separó y saludó a Pedro, pero con ironía o rabia.

En efecto a Nane le pareció muy rara la forma en como aquel sujeto flaco y desgarbado había saludado a Pechi.

-Lo llamó traidor, Pedro le contestó que creía que lo habían matado en Medellín o algo así y pues el flaco ese le dijo que no, que todo estaba bien y regresó a su mesa, pero no le quitaba los ojos de encima.

-¿Y entonces que fue lo que pasó?

-Pues luego de un rato, yo tenía ganas de orinar y me paré para ir al baño y en el camino, pues tropecé con la mesa donde estaban los tipos de la van y la botella de aguardiente se derramó. Uno de los sujetos me reclamó y me dijo “que te pasa cara de verga”, Pechi se acercó y dijo “Maykol, cálmate, que yo te pago la botella”, luego el tal Maykol le dijo “Tu cállate, traidor, Judas”. Pedro me agarró del brazo y quería sacarme de ahí, pero el tal Maykol ese lo agarró y le dijo algo como “¿Otra vez vas a huir mariquita” y entonces Pechi lo golpeó y Migue y los otros que estaban con nosotros se metieron también y se formó la pelea. Pero de un momento a otro los seis manes se fueron en la van y quedamos nosotros, viendo a Migue que tenia una cortada, bueno, una herida en el vientre. Luego llegaron ustedes.

-Entonces ¿los sujetos de la van, entre ellos el tal Maykol fueron los que agredieron al herido?

-Sí- respondió Nane al policía.

El oficial llamó a uno de sus colegas y se dijeron un par de cosas en voz baja. Luego el policía se acercó nuevamente a Nane.

-Vamos a ver si algunos de sus amigos identifican a los agresores, mientras tanto ya usted se puede ir.

En efecto el otro policía habló con el grupo donde estaba Pechi y Cristian, y luego de anotar algo se subió en la patrulla con su compañero y se largaron.

-Que pena, de verdad, Viloria, esto fue mi culpa- dijo Nane.

-Fresco, esto es culpa de Maykol, el flaco esquelético ese…- dijo Pechi con desprecio- tú relájate Mansur, esto no es de ahora, ni mucho menos.

-El policía estaba diciendo que ya conocen a Maykol, es cuestión de tiempo para que lo agarren- dijo Cristian mientras se subía en su moto.

-¿Quién es ese Maykol?- preguntó Nane ignorante, evidentemente Pechi y Cristian SÍ lo conocían.

-Un criminal, sólo que estudió con nosotros en el colegio- dijo Pechi- yo de verdad creía que lo habían matado en Medellín, Cristian.

-Ya no se puede confiar ni en la muerte- dijo Cristian- oye Pechi, ya sabes que cualquier cosa que necesites, estoy a la orden, sobre todo lo del negocio, si necesitas un socio cuenta conmigo.

Era cierto, Cristian le había dicho a Pechi que era buena idea abrir una franquicia del negocio que tenía en Bogotá, “El Mototaxi Express”, y más aún que él mismo estaba dispuesto a invertir. Nane secundó la idea y también se había mostrado dispuesto a invertir.

Fue una fortuna no encontrarse con Ludis, cuando entraron a la casa. Su madre había demostrado cierto interés extraño en Pechi, era una curiosidad ansiosa que hasta él, que nunca se daba cuenta de nada, percibía. Pero seguro que no era en Pechi en quien se concentraría cuando viera las salpicaduras de sangre en la camiseta prestada que traía Nane.

Ya Pechi estaba durmiendo, cuando por fin sonó el teléfono, era la llamada que había estado esperando todo el día.

-Mi amor- dijo él.

-Qué mas Nane- respondió Cindy del otro lado del teléfono.

-Bien, extrañándote.

-Ay, es que he estado muy ocupada últimamente- dijo ella.

-Sí, me imagino- dijo Nane- ¿imagínate a quien me encontré ayer?

-¿A quién?

-A Pechi Viloria.

-¿De verdad Nane?

-Sí, de hecho se está quedando en mi casa ¿Cuándo vienes por acá o vamos a allá?

-Pues, Nane, mañana salgo en la madrugada, voy para Toluviejo.

-¿Qué vas a hacer por allá?

-Es una historia de unas tierras, queda muy lejos y tengo que madrugar.

-Cindy, mañana sale mi papá de la clínica.

-Sí, pero es por la tarde ¿no?

-Sí ¿vas a estar conmigo?

-Sí, sí… allí voy a estar.

-¿Seguro?

-Segurísima.

-Bueno, creo en ti.

-Bueno, Nane, estoy muerta del sueño, hablamos mañana ¿vale?

-Vale, Cindy, te amo.

Pero Cindy no contestó. La llamada terminó y dejo a Nane sumido en la confusión mientras observaba por su ventana y escuchaba la respiración agitada de Pechi en su cama.

Pechi madrugó al día siguiente. Nane lo vio empacar todo en el morral oscuro que traía.

-No me digas que te vas- dijo Nane.

-Voy a llevar la ropa donde Cristian para lavarla, la que teníamos puesta esta llena de sangre- respondió Pechi.

-Lávala aquí- dijo Nane

-No que pena, si tu mamá se da cuenta de la sangre, se te forma un problema, mejor yo llevo esto donde Cristian y regreso a dormir.

-Bueno listo, tienes razón, ojo que regreses- dijo Nane.

-Gracias, de verdad, Nane, eres un buen amigo.

Nane observó por la ventana a Pechi saliendo de la casa, Ludis había salido a despedirlo.

-¿Hoy no sales con Miguel Ángel, Pedro?

-No, señora, voy a arreglar un asunto de un negocio.

-Espero que no estés pensando en volver a trabajar de mototaxi.

-No, señora, es un negocio como el que tengo en Bogotá.

-¿Tienes un negocio en Bogotá?

-Sí, con un socio, de mensajería y transporte.

-Ah que bien- dijo Ludis, mientras Pechi encendía la moto.

-Bueno, Pedro muchos éxitos en tu negocio, te esperamos para almorzar.

Nane hubiese querido analizar la situación pero la llamada prometida de Cindy lo interrumpió. Estaba en Toluviejo y ya se disponía a salir para la zona donde haría su investigación. Luego de saber de su novia Nane se fue más tranquilo para la clínica.

Allá se encontró con Tatis, que seguramente estaba allí por causa de algún chantaje o promesa de Ludis, pasaron la mañana contando las mismas historias que Nane había escuchado desde que tuvo conciencia de los cumpleaños y que Tito y Ludis habían repetido en su primera comunión, en su grado de bachiller y hasta en el cumpleaños donde presentaron a Cindy en sociedad.

Pidieron un almuerzo frugal en la cafetería, Ludis y Tatis parecían estar acostumbradas a comer ensaladas, pero no pasó más de media hora sin que a Nane le diera hambre. Tito saldría a las 6 de la tarde y eran las 2:30, así que le daba tiempo de ir a comer algo que no fuera comida de morrocoyos. Salió con la excusa de atender una llamada y bajo a la cafetería donde pidió un almuerzo completo.

Mientras comía pensó en que no había vuelto a tener aquellos sueños raros. Pero el sueño de la mujer vestida de negro en el desierto que le decía que no lo amaba se hacía cada vez más nítido en su memoria. Tenía que significar algo. Tenía que hablar con la Negra Alegría, en La Blanca. Quizás le podría decir a Pechi o a Alex, o a ambos, que lo acompañaran. Pechi y Alex eran muy distintos, pero por alguna razón pensó que los tres podrían ser muy buenos amigos. De pronto el cielo cambio de brillante y azul a oscuro y frío. Se escuchó un relámpago y se supo que en cualquier momento empezaría a llover.

Luego de terminar su almuerzo. Nane subió las escalares que separaban la planta baja de la habitación de su padre, en el tercer piso del ala norte de la clínica. Eran las habitaciones de observación y por tanto nunca estaban repletas de médicos y enfermeras por todos lados, como el área de urgencias o la de cuidados intensivos. Nane no se preocupó por lo vacío que estaba aquel lugar cuando se dirigió a la habitación de su padre. Tampoco se sorprendió al ver a Ludis y a Tatis dormidas en el sillón de afuera. Seguramente se habían aburrido de los cuentos y chistes malos de su papá y salieron a perder el tiempo afuera.

-Sabes una cosa, Nane- le había dicho Tito el Martes que lo fue a visitar- esta vaina me abrió los ojos, tengo mucho porque vivir. Yo sé que no he sido el mejor padre del mundo, pero te prometo que voy a estar más pendiente de ti.

Había parecido tan sincero que Nane le había creído. Una relación duradera y sólida con su padre era lo que él había deseado desde niño, aunque de lo que estaba completamente seguro era que las cosas nunca serían perfectas con la sombra de Ludis revoloteando en torno a ellos dos. Por eso había preferido irse con Pechi el día anterior, cualquier excusa que lo alejara de Ludis era buena para él.

Nane abrió la puerta. Las nubes oscuras habían ocultado por completo el sol y la habitación estaba a oscuras.

-¿Papi?

Tardó dos segundos en acostumbrarse a la oscuridad. Nane contempló horrorizado lo que estaba sucediendo. Un hombre vestido de blanco estaba poniendo una almohada en la cara de su papá.

-¿Que estás haciendo malparido?- dijo Nane corriendo hacia su padre.

Tomó al falso médico de los hombros y lo arrojó contra la pared. El sujeto resistió el golpe y tomó apoyo para patear a Nane en la ingle y luego en la cara. Nane cayó sobre el piso y trató de tropezar las piernas del hombre, que estaba dispuesto a irse. El hombre cayó con la cara sobre el borde filoso de la cama y se había hecho una cortada sobre el lado izquierdo de la frente.

-Hijueputa- dijo el falso médico, al que la cortada no le había quitado el ímpetu sino todo lo contrario. Se abalanzó sobre él y lo tumbó sobre el piso.

Nane sintió como los puñetazos del hombre trataban de abrirle la cara ensangrentada en dos. Finalmente tomó el cordón de la lampara que estaba al costado de la cama de Tito y enrolló el cuello de Nane con ella. Estaba demasiado cansado para pelear. Quería rendirse ante la presión horrorosa que sentía en sus ojos, en sus oídos y sobre todo en su cabeza. Empezó a escuchar un pitido en alta frecuencia y sus ojos se empezaron a oscurecer, tanto que no se dio cuenta en que momento llegaron una enfermera y un médico.

-Dios mio- dijo uno de ellos, quizás el hombre, quizás la mujer. Nane no lo sabría nunca.

Sintió como la presión en su cuello disminuyó, mientras veía a la sombra de su agresor salir como una bala del cuarto, llevándose por delante a uno de los testigos.

-No lo dejen ir- trató de decir Nane, pero el aire en sus pulmones era demasiado escaso.

Quería levantarse y salir corriendo detrás del tipo que le había hecho daño a su papá, pero todo su cuerpo falló en el momento en que más lo necesitaba. Se apoyó en el borde de la cama, pastoso por la sangre del sujeto, logro pararse por un segundo, antes de caer sobre el piso inconsciente.

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