El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 42. La Tormenta.

El cielo volvió a rugir con fuerza. La tormenta se acercaba. Y con ella vendrían sus verdugos. ¿Cuántos días habían pasado? ¿Cuatro? ¿Cinco? Ya no lo podía recordar. La cabeza le daba vueltas. Tenía un ojo completamente bloqueado por la hinchazón. Tenía el labio inferior partido en dos. Pero ya no le dolía. Los golpes, los moretones, las cortadas, las quemaduras. Nada, sólo sentía sed. Y hambre mucha hambre. Sus captores no sólo se habían conformado con golpearlo hasta la saciedad cada vez que le provocaba sino que también lo habían privado de cualquier tipo de comida o bebida. Eran cuatro.

Javi les había visto la cara a todos y cada uno de ellos. Si Dios le permitía salir de aquel hueco con vida, pasaría cada segundo de su existencia buscando la forma de acabar con esos perros triple malparidos. Bueno, quizás al más joven no. Yessid, ese era su nombre. Le había pasado una media sucia mojada con agua para que el sorbiera mientras los otros no estaban o estaban distraídos hablando.

El más viejo, un sujeto como de cuarenta años, ancho y de brazos exageradamente gruesos siempre estaba hablando por teléfono.

-¿Ya me tiene el dato? ¿Seguro que es él? Listo, antes de la semana le damos piso- había dicho el mismo día que lo agarraron en contra de su voluntad ¿Había sido el mismo día? ¿O un día después? Su mente distorsionada no tenía forma de saberlo.

Al sujeto viejo le decían Manimal. El que le seguía en edad debía tener unos 35 años. Era más delgado, pero era a ese, al que le decían Flaco al que Javi le tenía más miedo. Era al tal Flaco el que más le gustaba golpearlo cuando los dejaban solos. Sólo Dios sabía como no le había había partido un hueso en las zurras que le daba con el pie, con un cáñamo o con el taco de billar que era su arma favorita. Pero los golpes dolían menos que las burlas del tercer sujeto. El Fá, sí, sencillamente el F’á. Javi no sabía si era una contracción del nombre del individuo, o sería alguna pendejada inventada por algún idiota de su misma calaña. Lo que le importaba era las carcajadas burlonas del tal Fá cuando El Flaco lo golpeaba. El Fá nunca lo golpeó, pero solía escupirlo, desgarraba las flemas que tenía en la garganta y se las arrojaba en la cara y en dos ocasiones se sacó la verga para orinarse sobre él.

Atado de pies y manos, echado como un costal de harina sobre el piso, Javi estaba completamente indefenso. Yessid, el más joven era el único que había mostrado algo similar a la compasión por él.

-¿Por qué no lo matan y ya?- le había preguntado a Manimal, que era el jefe de la banda de desgraciados que lo tenían allí.

-No, nos vamos a divertir un poco con él- había dicho Manimal que lo golpeaba cuando estaba ansioso, pero por lo general sólo se acercaba a él para verlo con odio.

-Creías que no te íbamos a encontrar ¿verdad?- le había dicho Manimal alguna vez- Creías que ibas a matar al Casallas e ibas a seguir tan tranquilo. Esta la vas a pagar. Eso es lo que él hubiese querido.

El Casallas. Ese era el nombre del anciano asqueroso al que por accidente le había enterrado un puñal en el abdomen.

-Sabes- le había dicho Manimal un par de días después- si no fueras tan tonto de comer siempre en el mismo lugar, nunca te hubiésemos encontrado. El Casallas salía de donde las putas siempre a comer algo en ese chuzo donde vas tu. Ahí nos dijeron que se había ido contigo. Y la moto. La moto fue la confirmación. La había visto esa noche. Pasamos al lado de esa moto. Yo y El Flaco. Pensábamos que era alguna pareja de pervertidos comiéndose en el monte, pero cuando encontraron al Casallas en ese lugar, supimos que era lo que había pasado. ¿Qué pasó? ¿No te quiso pagar la carrera, Mototaxi?

Javi no respondió aquella vez, ni a ninguna de las preguntas que le había hecho Manimal, El Flaco, el Fá o Yessid. Ninguna, podían hacer con su cuerpo lo que les diera la gana, pero sus palabras, jamás. No unos cerdos asquerosos como aquellos, unos cerdos que en otros tiempos hubiese mandado a quemar vivos con la plata de su papá. En otros tiempos, él los hubiese mandado a quebrar, si al menos hubiese sabido lo que le esperaba con ellos. Malditos.

El día de la tormenta lo habían dejado solo toda la mañana. Javi casi hasta hubiera agradecido que lo hubiesen dejado morir de hambre y sed, en lugar de tener que ver a gente tan asquerosa y repugnante como aquella.

La única luz del exterior que se filtraba al interior de aquella habitación infernal donde lo habían arrastrado aquellos hombres, eran los agujeros en el techo de zinc. No había ninguna ventana, ningún calado, ninguna rendija en la pared por donde entrara la luz, sólo el techo. Las luces provenientes del tejado formaban una telaraña de luz, que ahí en medio de la humillación y el dolor, era un espectáculo que a Javi le gustaba observar.

Las columnas luminosas se enlazaban entre sí y bailaban por toda la habitación, cambiando de lugar a medida que transcurría el día. Al mediodía era cuando más hermoso era aquel espectáculo. Javi podía ver las partículas de polvo danzando en las columnas, mucho más cuando él respiraba fuerte o soplaba hacía ellas. En la bodega, donde dormía, también había agujeros en el techo, pero él nunca los había visto de aquella manera. Tal vez su mente hambrienta y maltratada le estaba jugando trucos. Quizás aquella belleza que apreciaba en algo que antes apenas si había notado, eran el preludio final de la muerte.

“La muerte” pensó Javi. Pensó en su papá, pero no como el ladrón y timador que lo había abandonado a su suerte, sino como el muchacho guapo que lo había ido a recoger un día de tormenta en el jardín de niños, hacía tanto tiempo. Pensó en su mamá, pero no como la mujerzuela que se había largado del país, dejándolo completamente solo, sino como la muchacha de cabello corto que se sentaba frente a él para darle de comer. Hacía tanto de eso y allí, sintiendo la muerte respirándole en el cuello, se dio cuenta que todo el odio que decía sentir por sus padres, no era más que amor, amor disfrazado, camuflado para que el abandono doliera menos, pero amor, al fin y al cabo.

Se lamentó de no haber tenido aquella revelación mucho antes, cuando aún era posible perdonar. Ahora ya todo daba igual. El único sentimiento que le importaba sentir era el odio visceral por sus verdugos, ese era el sentimiento que quería llevar a la tumba. El odio.

De repente la danza de las luces empezó a disiparse poco a poco, hasta que finalmente desapareció. Sólo hasta que empezó el murmullo sordo de los relámpagos, Javi entendió lo que sucedía. Se avecinaba una tormenta. No podía ser una lluvia común y corriente. El viento hacía que el techo hiciera un ruido pavoroso y el sonido de los arboles retorciéndose afuera se filtraba a través de las paredes. La frecuencia de los relámpagos aumentaba a cada minuto.

Javi esperaba que el sonido de las gotas iniciara en cualquier momento, pero el sonido que escuchó no era el de las gotas, era el sonido que había temido escuchar desde que lo dejaron sólo. Era el sonido de un carro y luego el sonido de la puerta abriéndose.

-Ahora sí, Michael ¿Qué carajos fue lo que pasó allá arriba? – dijo Manimal dirigiéndose a El Flaco, que tenía una cortada espantosa en el lado derecho de la frente. ¿El Flaco se llamaba Michael? Javi lo dudaba, conociendo la extracción de aquel tipejo, seguro los ignorantes que tenía como padres lo habían puesto Maicol o Maykol. No Michael.

-Todo estaba saliendo bien, marica- dijo El Flaco, bajo la atenta mirada de Manimal, Yessid y El Fá, que habían entrado con él- las dos viejas estaban fuera de base con la vaina esa que echamos en el botellón de agua.  No había nadie. Ya yo estaba ahogando al viejo ese con una almohada cuando apareció un pelado ahí, debía ser el hijo. Estaba muy oscuro. No lo vi bien. Entonces se me vino encima y me alcanzó a joder, pero más lo jodí yo, ya lo tenía para matarlo cuando llegaron dos más gritando y ahí sí tuve que salir corriendo de ahí.

-¿Pero el viejo se murió?- preguntó Manimal.

El Flaco o Maicol o Maykol o Michael o como quiera que se llamara no respondió.

-¡Idiota! Tenías que asegurarte de que se muriera- gritó El Fá.

-¿Entonces por qué no fuiste tú?- preguntó El Flaco.

-Ya, se callan los dos, no me joda, ya eso lo habíamos hablado- dijo Manimal controlando perfectamente la situación- El Flaco era el que menos sospecha levantaría, Yessid es muy joven y tu Fá… bueno tienes cara de todo menos de médico.

Javi no podía estar más de acuerdo, el rostro del Fá, a pesar de ser vivaz y despierto, tenía el color del papel puesto al sol demasiados días. La tez amarilla y manchada, combinada con unas ojeras de espanto, le daban aspecto de enfermo, no de médico.

-¿Y ahora que hacemos?- preguntó Yessid apenas levantando la voz.

-Esperemos la llamada del viejo, si es de felicitaciones coronamos, sino ya sabemos que tenemos que terminar el trabajo- dijo Manimal.

-Si fallamos, no va a ser tan sencillo, en la clínica el viejo Mansur estaba desprotegido, si sale de allí vivo, luego de lo de hoy, va a ser imposible- dijo el Fá, con una seriedad que Javi nunca había conocido.

-Es cuestión de espe…

Manimal no terminó la frase. El ruido del aguacero golpeando el techo era tan fuerte que era imposible los criminales terminaran aquella conversación sin gritar.

-¡Vámonos!- dijo El Fá

-¿Y él?- preguntó Yessid, gritando para hacerse escuchar.

Sólo entonces los otros tres verdugos se percataron de la presencia de Javi en aquel lugar. Cerró los ojos y se quedó inmóvil. Lo mejor era que creyeran que estaba dormido. O muerto.

-Nada, dejémoslo aquí- dijo Manimal.

-¿Y si se llena el arroyo?- preguntó Yessid.

-Que se muera ese hijueputa, entonces- respondió Manimal.

Javi escuchó el sonido de la puerta abriéndose y el de la brisa fría exterior filtrándose. La cerraron de nuevo y Javi escuchó el sonido del candado cerrándose.

El sonido del aguacero golpeando el zinc, era tan intenso que Javi hubiese deseado no tener las manos atadas para cubrirse los oídos. Pero pronto se dio cuenta que aquel ruido era el menor de sus problemas. El agua empezó a filtrarse por debajo de la puerta, primero en un hilo insignificante que alcanzó a Javi en la rodilla. Pero luego empezó a entrar con más fuerza hasta que cubrió todo el espacio entre el piso y la puerta.

Javi, tirado en el piso y atado de manos y pies, no podía hacer nada. El agua subía de nivel y si seguía así, pronto lo cubriría por completo. El agua era oscura y hedionda. Seguramente era del arroyo que había mencionado Yessid. Hubiese deseado no haber estado inconsciente cuando sus verdugos lo arrastraron hasta allí aquella noche, no sabía donde estaba, ni que había afuera. No tenía esperanzas. Iba a morir.

El agua empezó a subir más y más. Javi se puso boca arriba. Debía respirar, tenía que respirar. Pero el agua seguía subiendo. No podía sentarse, puesto que las cuerdas que amarraban sus manos y pies, estaban entrelazadas en su espalda. Estaba perdido. Era el fin. El agua cubrió su boca y sus ojos. Javi alcanzó a agradecer a su antepasado, el ladrón italiano, por haberle legado aquella nariz larga y fileña, que le darían unos segundos más de vida.

Entonces se escucharon dos golpes sordos. Javi no podía ver que era y tampoco podía escuchar con claridad debajo del agua puerca. Escuchó otro sonido. Este era inconfundible, era el sonido de alguien caminando por el agua. Alguien estaba allí. ¿Acaso era Manimal o El Fá? Cualquiera de los dos los dejaría morir, al igual que el flaco. ¿Yessid? Tenía que ser Yessid; Yessid si lo salvaría.

Ya el agua estaba entrando por su nariz cuando sintió que una fuerza potente lo halaba desde abajo y lo elevaba por encima de la superficie del agua.

-Dios Mio- escuchó Javi, la voz de un hombre.

-¿Yessid?- dijo Javi con voz temblorosa, apenas abriendo los ojos.

-Te amarraron, marica- dijo la voz nuevamente. Los ojos de Javi no estaba funcionando bien desde que sus captores se habían negado a pasarle de comer, pero definitivamente aquel hombre no era Yessid. Tenía el cabello negro, lacio y espeso, no ondulado e hirsuto como el de Yessid. Y los ojos de aquel hombre eran de un azul tan intenso, que parecía iluminar el lugar. El desconocido puso a Javi contra la pared, de pie.

-Espera un momento- dijo.

Luego la presión que sentía sobre sus muñecas cedió y un alivio enorme recorrió sus manos. Luego sucedió lo mismo en los pies.

-¿Puedes caminar?- preguntó el desconocido- tenemos que salir de aquí, esta vaina se va a llenar de agua.

Javi no estaba seguro. Intento dar un paso, pero sus piernas no respondieron. Un hormigueo espeluznante le recorría las piernas desde el tobillo hasta el muslo.

-No te preocupes, yo te ayudo- dijo el desconocido.

Se echó el brazo izquierdo de Javi sobre su espalda y lo ayudó a salir afuera, al exterior, al aguacero. Estaban en medio de un claro de vegetación, justo al lado de un arroyo. Los arboles y los arbustos estaban cerca pero no tanto como el arroyo que estaba a menos de diez pasos de la puerta de aquella choza. A lo lejos Javi pudo ver un camino. Era por allí por donde lo habían conducido.

El desconocido arrastró a Javi hasta allí.

-Espérame- dijo, dejándolo debajo de la presión descomunal del aguacero.

No pasaron más de diez segundos cuando apareció con una motocicleta roja, Javi pudo apreciar que era una motocicleta de buena calidad, aunque ciertamente había mucho mejores. Pero no era hora de analizar la motocicleta.

El desconocido le ofreció la mano izquierda y Javi lo tomó con las dos. El hormigueó había cesado y podía ponerse de pie.

-Súbete y te agarras bien de mi, no te vas a caer ¿está bien?- dijo el desconocido en un acento costeño un tanto extraño.

Javi hizo exactamente lo que el desconocido le pidió. Siguieron el camino, hasta llegar a un colegio. Entonces supo donde estaba. Era el mismo colegio que se veía desde la ciudadela universitaria, estaba en la vía para La Peñata.

Sólo cuando sintió que habían entrado de nuevo a Sincelejo, Javi se sintió con la suficiente fuerza para hablar.

-Oye, gracias, de verdad, me salvaste…

-Ya, ya, no pasa nada, todo está bien.

-¿Cómo te llamas?

El desconocido volteó la cabeza y con una sonrisa respondió.

-Llámame Pechi.

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2 pensamientos en “Capítulo 42. La Tormenta.

  1. fer gutierrez en dijo:

    Wow amigo. eres un gran escritor..muy bueno este capítulo y los anteriores igual.

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