El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 46. El Préstamo.

Aún estaba soñando cuando empezó a escuchar las voces. Estaba en aquella habitación infernal, donde lo habían mantenido amarrado de pies y manos, donde lo habían pateado, cortado, quemado y escupido. El agua estaba subiendo, justo como había sucedido en la realidad, pero esta vez estaba seguro que no vendría nadie a rescatarlo. El agua lo cubrió por completo en medio segundo, justo cuando empezó a escuchar las voces.

-Yo regresé anoche, pero ya no estabas allá- dijo la primera voz. Era la voz de Pechi. Javi se sintió aliviado. Todo era un sueño y sólo tenía que despertar, pero tenía los parpados tan pesados. “Despierta” le decía una voz por dentro, pero sus parpados se negaban a obedecer.

-No, marica, se acabó todo- dijo una segunda voz, una voz que Javi no identificaba. ¿Por qué no se podía despertar? En el sueño seguía bajo el agua, pero podía respirar perfectamente, no se estaba ahogando.

-Pero ¿Qué fue lo que pasó, Mansur? Yo pensaba que ustedes se querían mucho… – dijo Pechi.

-No voy a hablar mal de Cindy, Viloria, menos a ti que eres amigo de los dos, sólo te puedo decir que ella me decepcionó por completo, amigo- dijo la segunda voz que Javi no identificaba- Sólo me pase por aquí para despedirme.

-Despedirte ¿Cómo así? ¿Te vas?- preguntó Pechi.

-Sí, a mediodía me voy.

-¿Para donde?

Javi podía escuchar mucho mejor la conversación. Ya los párpados no le pesaban tanto y pudo abrirlos. ¿Cuánto tiempo había dormido acaso? La luz le estorbaba tanto en los ojos que no le hubiese parecido extraño que apareciera alguien y le dijera que había estado en coma cincuenta años. Pero no, se vio las manos y eran las mismas manos juveniles y fuertes que recordaba tener, a excepción de la cicatriz que tenía en la palma de la mano derecha, donde El Fá había apagado uno de sus cigarrillos.

-Aún no se, voy a buscar a un hermano de mi abuelo, necesito hablar urgentemente con él- escuchó Javi la segunda voz que había escuchado entre sueños.

Se irguió en la cama, levanto la sabana y se vio su cuerpo por primera vez. Moretones, cortadas sanándose, laceraciones mínimas. Tenía puestos unos calzoncillos que no eran suyos y curiosamente sus abdominales volvían a marcarse. Se echó la sabana a un lado y se levantó. Estaba en un cuarto completamente pintado de blanco, con un closet desordenado abierto de par en par, una mesa de planchar, también blanca y un espejo justo al lado de la puerta. Detrás de la cama estaba una puerta corrediza de vidrio que daba a un balcón. Estaba abierta, desde allí escuchaba las voces.

-¿Algún negocio o que?- escuchó Javi preguntar a Pechi.

Javi ya se había asomado por la ventana cuando vio en la terraza a Pechi hablando con su interlocutor, un muchacho más o menos de su edad, rubio y alto.

-Algo así, no te preocupes, que voy a estar en comunicación contigo y por lo de la inversión en el negocio que piensas montar, cuenta con ella- dijo el muchacho rubio.

-No, amigo, no voy a necesitar esa inversión. Me regreso para Bogotá.- dijo Pechi.

-Pero ¿Y Laura?- preguntó el muchacho rubio que estaba sentado en una motocicleta deportiva muy lujosa.

-No, Mansur, eso se dañó por completo… yo pensé que quizás las cosas podrían funcionar, pero no, además ya el médico me dijo que las costillas se están soldando bien, así que ya puedo hacer ese viaje en la moto.

-Entonces creo que se nos dañaron las cosas a los dos.- dijo el muchacho rubio con una sonrisa amarga dibujada en la cara- bueno, Viloria, te cuidas mucho, amigo, después que haga todas estas vueltas me paso por Bogotá y allá hablamos.

-Claro, mi hermano.

Pechi y Mansur se abrazaron fraternalmente, hacía tanto que Javi no tenía a un amigo, que ya hasta se había olvidado como se sentía querer a alguien como un hermano. Una ráfaga de envidia lo surcó de pies a cabeza cuando los dos muchachos se dijeron unas cuantas palabras mientras estaban abrazados. Nane se despidió y encendió su motocicleta para marcharse. Pechi se quedó observándolo antes de dar media vuelta y entrar a la casa.

-Buenos días- escuchó Javi una voz que venía desde la puerta del cuarto.

-¿Cristian? – preguntó Javi extrañado, podía recordar perfectamente a Pechi sacándolo del agua asquerosa en la habitación infernal, pero no mucho más ¿cómo había terminado en aquella casa? ¿Acaso él se lo había sugerido a Pechi?

Conocía a Cristian, sí, pero como un cliente que lo llamaba para hacer vueltas de vez en cuando y que en alguna ocasión le insinuó cosas extrañas que Javi se resistía a entender, pero sus interacciones habían sido mínimas y no consideraba que fueran amigos o algo por el estilo.

-Javier ¿te sientes bien?

-Sí, es que no comprendo… ¿qué hago aquí?

-Pechi es amigo mio, él te trajo, muy mal debo decir… te trajimos un médico y todo, pero parece que estás muy, muy bien- dijo Cristian haciendo un énfasis extraño en “muy” mirándolo directamente a su torso y a su abdomen, en lugar de a su cara.

-Gracias, de verdad, ¿Oye, Cristian, tienes algo de ropa? Que pena contigo…

-¿Pena por qué?- Cristian era más bajo que Javi, pero era mucho más musculoso, casi que rayando en lo antinatural.

-No, es que no me gusta andar en calzoncillos en casa ajena…

-Coge lo que te quede ahí en el escaparate, ya vengo, te voy a traer el desayuno- dijo Cristian saliendo de la habitación.

Javi se había puesto unos jeans acompañados de una camisa de mangas largas. No se sentía sucio y hasta olía rico por todas partes, así que no sintió la urgencia de bañarse. Tomó unas chancletas viejas que estaban al fondo del armario y se dispuso a bajar a desayunar. Ya era demasiado incomodo que Cristian lo viera en calzoncillos, como para ahora aceptarle desayunito en la cama.

Estaba bajando la escalera en espiral que daba hasta la sala, cuando escuchó a Cristian hablar con Pechi.

-Sí, ya te he dicho como mil veces que él es el mototaxi que me hacía las carreras- decía Cristian.

-¿Y de verdad no tienes idea por qué lo tendrían en ese lugar?- preguntó Pechi, medio segundo antes de que Javi entrara en la cocina.

-Les debía plata- mintió Javi- mucha plata, por eso me tenían allí. Y tu, Pechi ¿Qué hacías allí en ese lugar?

-Esperaba encontrar a alguien allí- dijo Pechi que estaba recostado en el mesón de labores, viendo como Cristian terminaba de freír algo en un sarten. Algo que olía delicioso.

-Había cuatro tipos ahí. Al más viejo le decían Manimal, estaba El Fá, que es un sádico de mierda, El Flaco, que también le decían Maykol y un peladito que le decían Yessid ¿A cuál de ellos buscabas?- dijo Javi sin dudarlo, era su propia lista negra personal.

-A Maykol, él me debe una- dijo Pechi.

-A mi me debe varias- dijo Javi con amargura.

-Son gente muy peligrosa- dijo Pechi-lo más conveniente es que te alejes de ellos.

-Eso pienso hacer- volvió a mentir Javi, lo que tenía pensado hacer no era ni de cerca salir huyendo de Sincelejo.

-Javi, si necesitas algo, lo que sea, me dices- se ofreció Cristián.

-Me da pena contigo, Cristian, pero si voy a necesitar tu ayuda, voy a necesitar un préstamo, te lo voy a devolver más rápido de lo que crees.

-Sabes que cuentas conmigo y estás de buenas, Pechi me acaba de devolver una plata que pensaba invertir en un negocio- dijo Cristian señalando un sobre de manila que estaba sobre la mesa de labores- es tuyo.

A Javi no le gustó el tono con el que Cristian enfatizó la palabra tuyo, pero en realidad necesitaba la plata e insultar al que le tendía la mano no le iba a servir de nada. Lo único que se le ocurrió hacer para pasar el momento incómodo fue cambiar de interlocutor.

-Pechi, de verdad, gracias mi hermano, te debo la vida- dijo Javi, pensando en la solidaridad que Pechi había mostrado con su amigo Mansur, hacía un rato.

-De nada, compadre, hice lo que cualquiera hubiese hecho- dijo Pechi.

-No cualquiera- respondió Javi- sólo tengo una duda ¿Dónde está mi ropa?

Pechi y Cristian intercambiaron una mirada rápida.

-Yo la arrojé a la basura- dijo Cristian- esa vaina apestaba a diablo ¿Para que la quieres?

“Para recordar lo que esos triple hijueputas me hicieron” se sintió tentado a decir Javi. Necesitaba aquella ropa para no olvidar lo que había pasado. Mientras estaba siendo torturado por aquellos sujetos se prometió a su mismo que si salía con vida de aquel tormento, aquellos sujetos pagarían con sangre cada golpe y cada humillación que le habían hecho pasar.

-Ahí estaban mi billetera y mi celular- respondió Javi.

-¿Ah si?- preguntó Cristian- Bueno, vas a tener que revisar en la basura a ver si la encuentras.

-¿Dónde está la basura?

-¿En serio vas a buscar esa ropa?- preguntó Cristian sumamente extrañado.

-Sí- respondió Javi.

-Yo te ayudo- dijo Pechi.

La basura de la casa de Cristian era casi el triple de voluminosa que cualquiera que Javi habría podido sacar en su casa, en la bodega del 20 de Julio. No entendía como alguien podía ensuciar tanto.

-Debe estar por acá- dijo Pechi- esa es la basura del Jueves, el camión no ha pasado más por lo de las lluvias.

-¿Tu vives aquí?- preguntó Cristian.

-Sí, desde el día que te traje, Cristian y yo estudiamos juntos. Fue una casualidad que él te conociera también.

-Sí, es muy buena persona, pero ¿ustedes dos… bueno, ya tu sabes… son…?- trató Javi de preguntar con el mayor tacto posible, mientras sacaba bolsas repletas de otras bolsas y de cosas que olían horrible.

Pechi estalló en una carcajada.

-No, él y yo somos amigos, yo quiero mucho a Cristian y respeto mucho su privacidad- dijo Pechi y Javi comprendió perfectamente lo que su salvador quería decir con “privacidad”.

-Esta es la bolsa.- dijo Pechi sacando una bolsa que hedía a diablos. Javi no tuvo que mirar dos veces para reconocerla. Allí dentro estaba la ropa que llevó puesta en sus cuatro días de tortura.

Javi abrió la bolsa y tocó el pantalón jean que estaba completamente manchado y de su azul original había pasado a un marrón sucio y repelente. La camisa negra con la que había salido de la casa de Claudia tenía vetas blancas y marrones también. Y los zapatos, los mismos zapatos que le había regalado Alexandra y que según ella los había comprado en Miami, mientras estuvo allá. La billetera no estaba ahí. Ni tampoco el celular. El Fá se los había sustraído la segunda noche y le quebró el celular en la cabeza. Todos los papeles de la billetera los habían quemado y se los habían pasado por la piel a Javi antes de que se enfriaran.

-Pechi… Búscame otra bolsa, por fa… me voy a llevar esto para la casa.

-¿Te piensas ir para tu casa?

-Sí, yo les agradezco mucho, pero igual mi familia debe estar preocupada-mintió Javi.

Pechi trajo la bolsa y Javi empacó su ropa, el hedor era impresionante, Javi lo respiró profundamente, era el hedor de su putrefacción perpetrada por esos cuatro criminales.

-Pechi ¿Esa moto roja que está allá fuera es tuya, verdad?

Pechi asintió con la cabeza.

-Esa fue la moto en la que te saque de allá. ¿No recuerdas?

Javi no contestó

-¿Me haces un favor? Mi hermano, tu disculpa la molestia.

-Claro, el que quieras.

-Ahora que desayunemos, me llevas hasta Mochila, allá tengo la moto en un parqueadero.

-Cristian me dijo que eras mototaxi, pero no tienes pinta de mototaxi.

-Pues tu tampoco- dijo Javi.

Luego del desayuno, que a Javi le supo a gloria, luego de días de no comer nada, Cristian le entregó el sobre de manila con el préstamo prometido.

Ya sabía exactamente lo que iba a hacer, había planeado cada paso desde que lo tenían amarrado en aquella habitación infame. Su motocicleta lo estaría esperando en el parqueadero en Mochila, el préstamo de Cristian aliviaría su problema de recursos y todo lo que dijeron esos criminales mientras lo tuvieron secuestrado, serviría para su propósito. Ahora sólo tenía que actuar. Y bien rápido.

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