El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 47. La Propuesta.

El lunes amaneció despejado. No era para menos. Tres días de intensas lluvias habían dejado sobre Sincelejo tantos damnificados, emergencias y daños que los bomberos, los policías y las ONG se declararon impedidos y hubo que llamar al ejército para que colaborara con las labores de rescate y reparación en los barrios más pobres. El domingo el centro de Sincelejo permaneció cerrado por la supuesta visita del presidente para una reunión de emergencia con el alcalde y el gobernador para evaluar posibles soluciones.

Aquella tormenta no sólo dejó daños materiales. Nane y Cindy habían terminado y según Pechi pudo verificar en su correo electrónico, Nane ya estaba en Bogotá y se dirigía a su destino dentro de lo que había planeado. Javi también se había marchado. Luego de que Pechi lo llevara a buscar su motocicleta en aquel parqueadero del barrio Mochila, el maltrecho mototaxi se dirigió nuevamente a la casa de Cristian donde dejó su vehículo en garantía por el préstamo que había recibido. Laura no había vuelto a dar señales de vida.

El día del funeral de Tito Mansur, luego del vergonzoso episodio en aquel motel, a Pechi no le dio el corazón para más. No tocó la puerta del baño. Él se limitó a largarse del lugar sin tratar de dialogar con ella. Dejó el casco de la moto en la cama, para que se cubriera la cara al salir y llamó a un taxi para que la recogiera.

“Que asco, que asco” eran las palabras que ella había pronunciado. Eso era lo que Laura Curiel sentía por él ahora. Asco. El domingo ya había decido irse.

Luego de la partida de Javi, decidió pasar por la casa de Don Alirio. El anciano lo atendió como a un hijo, pero cuando Pechi preguntó por Cindy no pudo armar una idea coherente. Era evidente que Cindy no quería ver a nadie, o por lo menos no a él.

Pasó por la casa de Migue, donde la herida ya le estaba sanando a buen ritmo y donde su hija, que apenas si sabía caminar le acercaba la gasa y el yodo para hacerse él mismo las curaciones. Intentó localizar a Maykol, primero en la vieja casa de El Casallas, que ahora estaba abandonada, y luego en la cabaña cerca de La Peñata pero no lo encontró, ni tampoco encontró alguien que diera razón de él.

A las 10 de la noche del domingo había terminado de arreglar las pocas pertenencias que había traído a Sincelejo para marcharse lo más temprano en la mañana. El médico que Cristian le había conseguido a Javi le informó que en efecto sus costillas se estaban soldando pero que no podía abusar. Pechi planeaba hacer su viaje lo más cuidadosamente posible, así le tomara una semana llegar a Bogotá. Ahora sabía que su vida estaba allá y quería llegar con todas sus energías.

Era la hora de dejarlo todo atrás, y esta vez sería para siempre. Nada lo ataba ahora a Sincelejo. Cristian y Nane podrían ir a visitarlo a Bogotá y con Migue o Don Alirio se seguiría comunicando por teléfono o por Internet.  No pensaba regresar.

Ya tenía el morral en la espalda cuando salió del cuarto que Cristian le había asignado en aquel caserón y bajó las escaleras con cuidado. No quería hacer ruido.

-Te ibas a ir sin despedirte, ingrato- le dijo Cristian que estaba en la sala esperándolo.

-No, es que no quería que intentaras convencerme de que me quedara.

-Por lo menos intentaste hablar con ella, quizás todo es un malentendido.

-No, no lo es. Ni siquiera ha intentado comunicarse conmigo. Amigo, no tengo nada más que hacer aquí.

-Y las costillas, estás seguro que no te vas a hacer daño con ese viaje tan largo ¿Por qué no te vas en avión mejor? Yo te mando la moto si es lo que te preocupa.

-Son gastos innecesarios. Deja así.

Pechi entonces le tendió la mano a su amigo y este la tomó, para luego abrazarlo.

-No te olvides de tu pueblo y de tus amigos, regresa.

-No creo que lo haga, Cristian, pero eres bienvenido en Bogotá, cuando quieras.

Cristian soltó a Pechi, quien se dirigió al garaje para sacar la moto. Ya estaba montado sobre ella cuando sonó tu teléfono celular. “Laura” pensó Pechi de inmediato, era un número desconocido, pero se aferró a aquella última esperanza de que todos sus esfuerzos por verla y tenerla a su lado no fueran en vano.

-Buenos días- contestó Pechi.

-Aló ¿Pechi?- preguntó una mujer del otro lado de la línea. No era Laura.

-Sí, con él habla

-Pechi, hablas con Tatiana, Tatis, la prima de Nane, amiga de Laura ¿Sí me recuerdas?

-Sí claro Tatiana, yo te conocí en el velorio de tu tío- dijo Pechi recordándola.

-No me digas Tatiana, dime Tatis. Acabo de hablar con Nane y me dijo que te vas ¿Por qué?

-No tengo nada que hacer aquí, Tatis, me regreso para Bogotá, allá es donde tengo mi vida, ya aquí en Sincelejo no me queda nada.

-¿Y Laura? ¿Qué pasó con ella?

-Nada, por eso precisamente me voy. No queda nada entre ella y yo.

Hubo una pausa en el teléfono y Pechi escuchó un ruido extraño del otro lado del celular ¿Una risa? ¿Una tos tal vez?

-Aló.

-Sí, Pechi, aquí estoy es que me dejaste fría con esa noticia.

-Bueno, tendrás que calentarte porque así es.

-Bueno, tendrás que venir a calentarme tú- dijo Tatiana entre risas.

-Listo, Tatis, entonces nos estamos comunicando, ya voy de salida.

-¿Te vas hoy?

-Me voy YA.

-Ah bueno, Pechi, entonces que te vaya bien, te estoy llamando.

-Listo.

“Que llamada tan extraña” pensó Pechi.

Cristian le hizo un gesto de adiós con la mano y Pechi arrancó su motocicleta rumbo a Bogotá.

Pensaba salir por Florencia, hasta los lados de La Ford y luego tomar la Avenida San Carlos y salir a la carretera por El Pescador. Pero no había llegado ni siquiera a la cancha de Florencia, cuando su celular sonó por segunda vez.

-Voy a tener que estrellar esta vaina contra el piso- se dijo Pechi a si mismo, mientras estacionaba la motocicleta a un lado de la calle.

Sacó el celular de su bolsillo. Otro número desconocido.

-Aló- contestó Pechi con brusquedad.

-Sí, muy buenos días ¿Pedro?- preguntó una mujer del otro lado de la línea.

-Sí, Pedro Viloria, a la orden…

-Pedro, hablas con Ludis Espinosa, la mamá de Miguel Ángel.

-¿La mamá de quien?

-De Miguel An… de Nane.

-Ah, sí claro, doña Ludis ¿Cómo me le va?

-Muy bien, pero me le quitas el “doña”, que no estás hablando con tu abuela, muchacho.

-Sí, disculpe Ludis dígame, estoy a sus ordenes.

-Eso espero. Necesito hablar contigo urgentemente, pásate por mi casa, ya mismo si puedes.

-Vea, Ludis lo que sucede es que voy de viaje.

-Sí, ya lo se. Por eso mismo llega acá, así sea a disculparte por haberte ido de mi casa sin despedirte.

Pechi sintió el cargo de conciencia. Después de todo, Ludis había sido amable con él (a su modo muy particular) desde que supo que se estaba quedando a dormir en su casa y pensó que Nane le había comentado los motivos de su partida repentina. Miró la hora en el celular. 6:35, aún era temprano, pero pensaba estar en Medellín antes de las tres de la tarde, si se seguía retrasando lo agarraría la noche subiendo la montaña lo cual era bastante peligroso.

-Está bien, Ludis, yo me paso por su casa- dijo Pechi. No pensaba demorarse.

Tardó menos de 3 minutos en llegar. La misma Ludis le abrió la puerta. Vestía completamente de negro y tenía el cabello rubio recogido en una cola de caballo. Sin maquillaje se veía mucho más vieja que de lo que Pechi la recordaba, pero aun así su presencia era igual o más imponente que antes.

-Adelante Pedro, siéntate.

Pedro obedeció. Las poquísimas veces que Pechi escuchó a Nane hablar de su mamá, siempre la describía como una mujer manipuladora e irritante, sin embargo a Pechi le parecía una señora muy elegante e solemne, pero también sabía que Nane había vivido casi 25 años con ella y él sólo la conocía de hacía menos de una semana.

-Ludis, de verdad, discúlpeme por haberme ido de la casa sin despedirme, tuve que ayudar a un amigo que estaba en problemas, y me fui para su casa.

-Te hago una pregunta ¿Tu si sabes de donde sacó dinero tu amigo Cristian para comprar esa casa?

-No, pero sé que no es algo ilegal.

-Técnicamente no- apuntó Ludis mientras una mujer de tez morena servía el café para ambos. Ludis tomó un sorbo pequeño.

-¿Usted si lo sabe?- preguntó Pechi.

-Claro, yo se todo lo que me interesa.

-¿Y le interesa Cristian?

-Me interesas tu, muchacho.

-Espero que no sea en el sentido que me estoy imaginando, porque eso si que sería extraño.

-Relájate, Pedro, que no soy una asaltacunas. Estoy hablando de negocios.

-Pues, si es aquí en Sincelejo, Ludis, lo lamento, me regreso para Bogotá y no pienso echarme para atrás.

-Escúchame primero y luego decides.

Pechi tomó un sorbo del café. Estaba exquisito, era el café más delicioso que había probado en su vida. Bien valía la pena escuchar a Ludis para terminarlo.

-La escucho.

-Ayer me comuniqué con Alfredo, tu socio en Bogotá y mi propuesta le encantó, espero que tú también estés de acuerdo.

-¿Usted como sabe de Alfredo y que él es mi socio? ¿Y su número, como…?

-Ay, Pedro, si me vas a preguntar de donde saco toda la información que poseo nos tardaremos aquí todo el día.

-Pero es que…

-Quiero invertir en su negocio. Eso de “El Mototaxi Express” es una muy buena idea y pienso montar una sucursal aquí en Sincelejo.

-Pero yo no…

-Estoy dispuesta a invertir a cambio de un porcentaje del negocio, y es mucho más de lo que Miguel Ángel te ofreció. Claro, tu amigo Alfredo como socio, se vería beneficiado también. Pero la condición es que te quedes en Sincelejo a administrar el negocio junto conmigo.

La cabeza le daba vueltas a Pechi ¿Qué pretendía esa mujer?

-¿Qué es lo que pretende, Ludis?

-Lo que pretendo por ahora no está en discusión, lo que quiero es una respuesta y quiero una respuesta ahora.

-No, no puedo, me voy para Bogotá.

-Entonces definitivamente me equivoqué contigo, pensé que eras un muchacho frentero y valiente y por lo que veo no eres más que un cobarde que se va con el rabo entre las patas sólo por que una mujer se le hace difícil. – dijo Ludis levantándose de la silla donde tomaba el café.

Ahora Pechi sí sabía a lo que se refería Nane cuando hablaba de su madre.

-Señora, por favor, me está faltando el respeto.

-No me llames señora, que no estoy en un ancianato todavía, quédate en Sincelejo y lucha por la mujer que amas. Conviértete en el hombre que ella necesita a su lado. Acepta mi propuesta, Pedro, créeme que es lo que más te conviene.

La cabeza de Pechi daba vueltas. Las palabras de Ludis le habían movido algo en su interior. Él había abandonado a Laura, era justo quedarse y luchar por ella esta vez, además el negocio pintaba bien. Pero por otro lado, irse para Bogotá sería sencillo, dejar todo atrás y pensar en una nueva vida. En menos de cinco segundos analizó todas sus posibilidades y todas sus opciones.

-Y entonces, Pedro ¿Cuál es tu respuesta?- preguntó Ludis por última vez.

Esta vez él no titubeó.

-Sí, Ludis, acepto.

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