El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 51. El Fuego.

Se escuchaba música a lo lejos. Javi golpeaba su zapato izquierdo contra el piso tratando de llevar el paso, mientras se terminaba el cigarrillo. Tenía años que no fumaba, es más le parecía un hábito repugnante, pero dadas las circunstancia era la mejor forma de relajarse, manteniendo todos sus sentidos. Lo que estaba por hacer no era sencillo y requería de toda su atención. Al parecer había una fiesta por los lados de la ciudadela universitaria. Si el sonido de la música llegaba hasta el punto donde él estaba, seguramente en el barrio se escuchaba un estrépito monstruoso. Nadie de aquel sector escucharía nada.

Javi terminó el cigarrillo y arrojó la colilla al arroyo que estaba a menos de 2 metros del sitio donde se encontraba de pie. Justo a su lado había dos recipientes. Agarró cada uno de ellos con una mano y se dispuso a entrar a la cabaña.

Adentro, la música casi no se escuchaba. Javi colocó los dos recipientes delante de él y se deleitó observando el espectáculo que el mismo se había fabricado. Manimal, el Fá, Maykol y Yessid, aquellos miserables que se habían encargado de hacerle pasar los días más oscuros de su vida estaban allí frente a él. Estaban amarrados con cadenas de acero y rematados con candados. No había forma de que escaparan. Todos tenían la boca cubierta con cinta adhesiva gris, gruesa, tal y como salían en las películas gringas que solía ver de niño.

Era el final de una semana que Javi calculó al detalle. Había gastado casi todo el dinero que Cristian le había prestado, apenas si había dormido y tenía el alma en un hilo, sabiendo que después de aquello no habría vuelta atrás. Lo único que lo mantenía cuerdo era su deseo de venganza. Eso y el recuerdo de Laura Curiel.

La había conocido hacía una semana y era la mujer más hermosa que había visto en su vida. Además había cierta tristeza y melancolía en ella que la hacía ver aún más bella. Si terminaba aquel plan con éxito, no le quedaba duda que iría tras ella. Aunque sólo la había visto una vez y no la conocía, algo dentro de él le decía que aquella muchacha delgada, de cabello castaño oscuro y tez blanca, era la mujer de sus sueños.

Pasó toda la semana pensando en ella, cada momento, mientras le daba los ajustes finales a su plan maestro.

Antes del jueves tenía todo lo que necesitaba. Le había salido caro, pero esperaba que todo rindiera sus frutos. El viernes se dirigió a la cabaña de su tortura. Caminó todo el camino desde la bodega en el 20 de Julio hasta aquel apartado lugar con el pesado morral que contenía las cosas que habría que utilizar. Necesitaba repasar mentalmente todo lo que iba a hacer y la caminata le ayudó.

Se escondió en unos matorrales cerca del arroyo y se quedó allí a esperar. Se dio cuenta que haber llevado pan y queso para comer había sido una excelente idea, pero se recriminó por no haber llevado agua o algo para tomar. No durmió aquella noche, ni tampoco pegó el ojo todo el sábado. Tarde o temprano tendrían que aparecer. Tenía razón.

El domingo, a las 3 de la mañana se escuchó el sonido de la van con música a todo volumen, de allí se bajaron sus cuatro captores y se internaron en la cabaña. Estaban borrachos y tenían una botella en la mano. Era exactamente lo que necesitaba para poner en marcha su plan.

Sacó una lata y un candado de su morral y se acercó con cuidado a la cabaña. Manimal y sus secuaces hablaban a los gritos, cosas de borrachos. Era hora de empezar.

-Hola- fue lo único que les dijo Javi antes de arrojar la lata con gas tranquilizante al piso.

Una humareda salió de la lata y Javi se cubrió la nariz y cerró la puerta con el candado que había traído.

-Perro, maldito, te voy a sacar las tripas- escuchó que decía Maykol.

Trataron de abrir la puerta a golpes, pero estos cesaron más rápido de lo que había esperado. Cuando despertaron, todos estaban amarrados con cadenas, en un nudo tan intrincado que Javi dudaba que el mismo pudiera liberarlos. No había marcha atrás.

-Hay dos maneras de hacer esto- dijo Javi, observando a aquellos criminales que parecía que lo quisieran matar con la mirada- hay una manera fácil y una manera difícil. Ya ustedes están muertos. Todos. La pregunta es si quieren morir rápido o quieren morir muy, muy lentamente.

Javi se acercó a Manimal, él era la fuente de información, los otros eran la carne de cañón que necesitaba para que él hablara.

-¿Quién les está pagando?- preguntó Javi, mientras le arrancaba la cinta gris de la boca a Manimal.

-¡AYUDENME! ¡SÁQUENME DE AQUÍ! – gritó Manimal con todas sus fuerzas.

Javi le dio una patada de taekwondo en la nariz. El gritó que siguió fue horrible.

-Me partiste la nariz, perro hijueputa- dijo Manimal.

-Respóndeme o la nariz no será lo único que tendrás roto cuando te mueras.

-No te voy a decir nada, perro, si me vas a matar mátame de una vez.

Javi se rio.

-No, mi querido Manimal, esto no va a ser tan sencillo como tu crees.

Javi tomó uno de los recipientes con los que había entrado a la cabaña. Al abrirlo soltó un olor nauseabundo.

-A ver, Manimal, presta mucha atención que esto es lo que te va a pasar a ti sino me respondes todo lo que pregunto.

Javi se acercó con el recipiente a Maykol, quien tenía los ojos abiertos como platos y se retorcía como una serpiente. Las cadenas tintineaban, pero era inútil. Javi se encargó de amarrarlos tan bien que no había escapatoria.

Vertió un chorrillo del líquido negro, nauseabundo sobre la pierna izquierda del flaco. Javi recordó todos los golpes, las humillaciones y las quemaduras que le había propinado aquel hombre y sintió la mayor satisfacción que había sentido en su vida, mucho mejor que el sexo.

Cuando el líquido se empezó a escocer por el pantalón de Maykol, un hilo de humo empezó a salir de la pierna, mientras Javi veía como la piel se carcomía y el criminal se retorcía y hacía un sonido espantoso con la garganta, tratado de sacar los gritos que la cinta gris ahogaba en su garganta.

-Déjalo, déjalo, malparido ¿Qué le estás haciendo?- preguntó Manimal.

-Es ácido de destapar baños, sirve para que la mierda se abra, por eso lo traje para que ustedes se empezaran a abrir y me digan todo lo que quiero saber. ¿Qué tal otro chorrillo, Maykol?

Javi vertió otro chorrillo, sobre la misma pierna. El olor era espantoso. El criminal se retorció tanto que parecía poseído por un demonio. Javi sintió el impulso de alejarse, pero no podía parecer débil en ese momento. Todos ellos debían sentir que estaba dispuesto a todo, o su plan fracasaría. El Fá y Yessid miraban horrorizados a Maykol y a Javi, con ojos de súplica. Pero ya era demasiado tarde.

-Parece que Maykol no va a tener una muerte rápida después de todo. Manimal, si no empiezas a hablar el próximo vas a tener que ser tú.

Manimal se quedó pensativo un momento.

-Veo que lo tienes que pensar- Javi cubrió la boca de Manimal con la cinta gris, para no tener que escuchar sus gritos y agarró nuevamente el ácido.

Manimal negaba con la cabeza y lo miraba con los ojos colmados de terror.

-Oh ¿Quieres hablar?- preguntó Javi, Manimal asintió con la cabeza rápidamente. Javi le quitó la cinta de la boca.

-Es un man que vive en La Ford, él es el que nos paga, es él, es él.

-Cálmate Manimal que no ha pasado nada, dime el nombre y donde vive y acabaremos con esto lo más pronto posible.

-Enrique Villamil, vive en el segundo piso del edificio que queda frente al Viento Libre, él vive ahí.

-Sabes, no te creo- Javi cubrió nuevamente la boca de Manimal con la cinta y tomó el recipiente y vertió un chorro de ácido sobre ambas piernas del sujeto, que emitió un sonido aún más atemorizante que el que había escuchado en Maykol. Tardó pocos segundos en perder el conocimiento. Maykol sudaba y su respiración era agitada.

Javi se acercó hasta donde estaba el Fá. Le quitó la cinta gris de la boca.

-Sabes, Fá, siempre tuve la curiosidad de por qué te llaman así.

-Estás loco parce ¿Por qué haces esto? Mátanos y ya.

-Eso fue lo que debieron hacer ustedes conmigo, pero claro se tenían que divertir, se tenían que burlar.

Javi recordó todas las burlas del Fá, mientras Manimal o Maykol lo golpeaban y no se pudo contener.

Empezó a golpearlo en la cara con todas sus fuerzas, hasta que los puños le dolieron y la cara del Fá quedó cubierta de sangre.

-Fabián, ese es mi nombre, por eso me dicen así.

-Que bonita historia ¿Es verdad lo que dijo Manimal?

-Sí, ese tal Enrique es el que contrató al Casallas. Te digo algo más si prometes acabar con todo esto de una vez.

-Lo prometo.

-Ese tal Enrique solamente es un intermediario, hay alguien más que le da ordenes, yo lo escuché hablando por teléfono. Esa persona mandó a asesinar a Tito Mansur y nos contactó hace poco también, había otra persona que quería que asesináramos.

-¿A quién?

-Una tal Laura Curiel que vive por Las Colinas. Quería que la matáramos y nos dijo algo sobre un archivo, nos iba a explicar después.

Javi se paró del piso.

-¿Estás seguro de que ese es el nombre?

El Fá asintió con la cabeza.

-Muy bien- dijo Javi- una cosa más ¿Dónde está el dinero que les pagó por su trabajo?

-Manimal la tiene encaletada dentro de la van, en la puerta del copiloto, nos la íbamos a repartir cuando termináramos el trabajo de la tal Laura.

-Muy bien Fá- dijo Javi mientras le cubría con cinta nuevamente la boca al criminal- Ya muy pronto voy a acabar con esto tal como te lo prometí.

Javi se dirigió ahora a Yessid.

-Tu fuiste el único que me ayudó, mientras me tenían aquí, Yessid, no eres una mierda como el resto de estos miserables, y por eso te voy a liberar de todo esto.

Yessid cambió su expresión de miedo y terror a una de alegría, que se esfumó rápidamente cuando Javi sacó un revolver de su pantalón y le apuntó con él.

-Esto es lo único que puedo hacer por ti, Yessi- dijo Javi antes de quitarle el seguro al arma y oprimir el gatillo. El ruido fue mínimo, tal y como le había prometido el sujeto que le vendió el arma. Los sesos de Yessid ahora estaban desparramados por la pared de la cabaña y en los rostros de los otros criminales, que lo miraban ahora si completamente aterrorizados.

Maykol se había orinado del susto y el Fá estaba llorando.

-Vaya, Manimal no se ha despertado- dijo Javi- no puedo hacer esto, sin que él este despierto.

Javi agarró el otro recipiente y luego de abrirlo lo pasó por la nariz de Manimal, quien se despertó sudoroso y sobrecogido.

-Que bien que despiertas, te vas a perder el final del espectáculo. Sí, es gasolina- dijo Javi- lo lamento Fá, te prometí que todo iba a terminar pronto, pero no te prometí que no fueras a sufrir.

Javi roció a los criminales con la mitad de la gasolina y arrojó el resto sobre las paredes del lugar.

-Me prometí a mi mismo que iban a pagar por lo que me hicieron, malditos, no le van a volver a hace daño a nadie y me voy a encargar de hacerlos pagar.

Era el momento crucial y Javi se preguntó a si mismo si tendría las agallas para terminar con todo, luego recordó a Laura y se imaginó a aquellos tres sujetos haciéndole daño. No lo podía permitir. Sacó el mechero que guardaba en su bolsillo.

-Que se pudran en el infierno- dijo Javi mientras arrojaba el mechero encendido sobre los criminales que hicieron más ruido que antes y que se meneaban entre las cadenas como epilépticos endemoniados.

Manimal, Maykol, el Fá y el cadáver de Yessid empezaron a arder, junto con la casa, Javi se quedó el tiempo suficiente para verlos a los ojos mientras el fuego los consumía lentamente. Salió de la cabaña antes que terminara de arder y tomó las llaves de la van que le había quitado a Manimal.

Se subió a la van, cuestionándose si lo que había hecho era correcto, pero la sola idea de que aquellos tipos le tocaran un pelo a Laura Curiel le aclaró todas las ideas. Javi sacó una navaja y desbalijó la puerta del copiloto y encontró la plata, tal y como se lo había dicho el Fá.

Mirando como la cabaña terminaba de arder y escuchando los últimos quejidos de aquellos desgraciados, Javi echó todo el dinero en su morral y salió corriendo de aquel lugar, para internarse de nuevo en la oscuridad de la noche.

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