El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 52. El Libro.

A Nane Mansur le tomó una semana completa localizar al hermano menor de su abuelo en Buenos Aires. La dirección que Emilia le había dado correspondía a un apartamento en el sector céntrico de San Telmo, sin embargo cuando acudió a dicha dirección se encontró con una pareja de chinos que ni siquiera hablaban bien el español. Los orientales, sin embargo, trataron de precisar que nunca habían conocido a ningún Ahmed o Amed, mucho menos con el apellido Mansur.

Entonces Nane acudió al casi siempre infalible método del directorio telefónico. Ahí fue cuando empezaron sus problemas. Entre todos los Amed, Ahmed, Amhed y hasta Amedds que encontró en el directorio con apellidos Mansur, Manzur, Mannsur y Manssur sumaban un total de 27 personas repartidas por toda la amplitud de la ciudad y en el caso de que las llegara a encontrar todas, eso no garantizaría que una de ellas fuera el hermano menor de su abuelo. Después de todo, en Sincelejo, Ludis había mandado a retirar el nombre de ella del directorio cuando Nane tenía 10 años y recordaba muy bien el episodio porque se había formado una trifulca por alguna mujer que se había atrevido a llamar a Tito a su casa.

Nane dedicó todo el fin de semana a buscar casa por casa a todos los nombres que había señalado en el directorio. Fue así como conoció a Buenos Aires. Recorrió direcciones en La Boca, Recoleta, Nuñez, Belgrano y Flores y tenía que ir tachando su improvisada lista de nombres a medida que se daba cuenta que el individuo en cuestión no era la persona que buscaba.

Por la noche llegaba muerto del cansancio al hotel. Dormía como un niño y a la hora de levantarse y bajar a desayunar, siempre se encontraba con Jennifer Paternina.

Había sido una casualidad inquietante haber encontrado a aquella chiquilla allá, era bastante irritante. Y eso cuando estaba sola, cuando estaba con su papá, el tal Aarón Paternina era mucho peor.

-Nane, ven a sentarte con nosotros- le decía siempre que lo veía bajar.

Jennifer incluso se tomaba la molestia de preguntarle que quería desayunar y se preocupaba ella misma por llenarle los platos y los pocillos con las comidas y bebidas favoritas de Nane. Trataba de ser tierna y atenta, pero había algo en todo aquello que a Nane no le terminaba de gustar, mucho menos cuando su padre le dijo a Nane que si alguien quería salir con su hija, tendría que ser con intenciones muy, muy serias.

Nane no se marchó del hotel aquel mismo día porque le daba un poco de temor salir a buscar un lugar donde quedarse en una ciudad que no conocía, más cuando escuchó a una pareja de venezolanos, en el lugar donde solía almorzar cerca a Puerto Madero que los habían atracado cerca de Florida, una calle comercial en el centro de la ciudad. Así que era mejor malo conocido, que bueno por conocer y empezar con rectificaciones y componendas de último momento era lo último que quería.

Así que para evitar encontrarse con Jennifer Paternina y su impertinente padre, se levantaba una hora más temprano para bajar a desayunar. Hasta mitad de semana el truco le había funcionado, pero el jueves, cuando ya llevaba una semana en Buenos Aires, los encontró allí mismo otra vez. Nane prefirió no desayunar.

Le faltaban tres nombres en la lista. El siguiente era un tal Amed Manzzur, en Quilmes, al sur de la ciudad. A Nane le hubiese gustado dirigirse hasta aquel lugar en el subterráneo o subte como le llamaban los locales o en uno de los vistosos buses que recorrían la ciudad, pero prefirió siempre utilizar taxis. Mucho más cuando quería terminar rápido su misión allá, encontrar al hermano de su abuelo y el misterioso libro que podría descifrar el significado de su sueño. Tenía mucha más prisa ahora que quería largarse de aquel hotel para no tener que ver a aquellos dos personajes, que sólo Dios sabía cómo habían terminado en el mismo hotel que él.

El taxi recorrió la ciudad llena de árboles sin hojas, y con las calles húmedas y frías. Nane iba muy bien abrigado, sin embargo al caer la noche siempre el frío le ganaba a cualquier cosa que se pudiera poner encima y llegaba a su cuarto literalmente titiritando.

-Aquí es- le informó el taxista a Nane.

Era una casa de un solo piso, con un antejardín hermosamente cuidado y pintada con colores pastel, como casi todas las casas de aquel vecindario. Nane recorrió el camino curvo que daba desde la acera hasta la terraza de la casa, hecha completamente en madera.

No había timbre, así que le tocó golpear la puerta con los nudillos. Sólo había tocado una vez cuando escucho unos pasos detrás de la puerta y luego el sonido de esta abriéndose.

-Sí, buen día- dijo una chiquilla más o menos de la misma edad de Jennifer.

-Buen… día- respondió Nane- disculpe, busco al señor Amed Manzzur ¿Usted me podría dar razón de él?

-¿Dar razón? Vos no sos de por aquí ¿cierto?

-No, vengo de Colombia

-¿Y se puede saber para qué buscás a mi viejo?

-La verdad estoy tratando de encontrar al hermano de mi abuelo y creo que la persona que vive en esta casa podría ser.

-¿Colombia decís? – la chiquilla volteó la cabeza hacia la casa nuevamente- Pa! Vení un momento

Del fondo de la casa, con un delantal cubriendo el frente salió el anciano mejor conservado que Nane hubiese conocido. En efecto estaba canoso y se le notaban varias arrugas en la cara, pero tenía los brazos fuertes y el pecho robusto. A Nane le pareció que si había una forma decente de envejecer era aquella.

-Buen día… – dijo el señor.

-Pa, él es ¿Miguel Ángel? Viene de Colombia y cree que vos podés ser el hermano de su abuelo. Vos me dijiste que tenías familia en Colombia ¿no?

Nane seguía parado en la puerta y el anciano lo veía y lo analizaba.

-¿Quién es tu abuelo, che?

-Mi abuelo se llamaba Anwar Mansur, con W, él vivió toda su vida en Sincelejo

-Déjalo entrar Giselle- dijo el anciano antes de dar media vuelta- ¿Cómo me decís que te llamas?

-Miguel Ángel, Miguel Ángel Mansur

-No hay duda que eres un Mansur, me recuerdas un poco a mi, cuando tenía tu edad, pero sos demasiado rubio, la sangre árabe se ha diluido un poco por aquellos lados.

-¿Entonces usted es el hermano menor de mi abuelo Anwar?

-Sí, así es… tenía años que no escuchaba de esa rama de la familia, a la última persona con apellido Mansur que vi, fue a Emilia, hace como diez años y no he vuelto a saber de ella.

-Vive en Bogotá, ella me indicó que usted vivía en San Telmo.

-Yo tengo 7 años de vivir en Quilmes, si ella se hubiese preocupado por llamar, lo habría sabido, pero así son las familias extensas; ingratas y olvidadizas. Vení, Miguel Ángel ¿te quedás a almorzar?

-Sería un honor, y por favor llámeme Nane, Miguel Ángel solo me dice mi mamá,

-Correcto, Nane.

Iban a la mitad del almuerzo (las pastas más deliciosas que hubiese probado Nane) cuando Amed le hizo la misma pregunta que le hizo Emilia.

-Contáme Nane ¿Has venido desde tan lejos sólo para conocerme?

-Bueno, pues en parte sí, pero el motivo que me trae es más personal.

-Pues, te escuchó.

-La verdad va a sonar un poco extraño, pero tiene que ver con un sueño que tuve.

Giselle se quedó mirando a su papá por un par de segundos y este se la devolvió preocupado.

-¿De qué clase de sueño hablás?

-Son unos sueños muy extraños que tengo en ocasiones, es decir, por lo general uno no recuerda lo que sueña ¿verdad? Pero hay veces que tengo unos sueños que recuerdo perfectamente y que son tan vívidos que parecen reales. Una señora que conoció a mi abuelo me dijo que él tenía sueños parecidos y que incluso sabía interpretarlos.

-Pa, es igual que …

-Pará, no digas nada más Giselle…

-¿Igual que quien?- preguntó Nane

Amed no respondió de inmediato. Una sombra de tristeza se había apoderado de su rostro, que envejeció 10 años en menos de un segundo.

-Igual que mi hijo mayor, Said…

-¿El también sueña?

-Soñaba, murió con mi esposa en un accidente de coche.

Nane quedó estupefacto.

-Él había tenido uno de esos sueños, casi un año antes, había visto lo que iba a pasar y… y no le presté atención- dijo Amed llevándose la mano derecha a los ojos.

Nane no sabía que hacer, no sabía si quedarse sentado o consolar a su tío abuelo. Afortunadamente Giselle se levantó de la silla y lo abrazó por detrás.

-Yo pensé que esos sueño no eran más que inventos de mi hermano, o eso era lo que quería creer- dijo Amed- en realidad tenía rabia porque él tenía el don y yo no. Mi abuelo también lo tenía. Pero… la verdad no se en que puedo ayudarte yo, Nane.

-La Negra Alegría, la mujer que le dije, me informó que usted se había llevado un baúl de la casa de mi abuelo y que en ese baúl estaba un libro donde él escribía el significado de esos sueños.

Amed se quedó pensativo por un segundo.

-Creo tener lo que buscás, Nane, seguíme.

Amed, Giselle y Nane bajaron por una escalera muy angosta y llegaron a un sótano húmedo y oscuro. Estaba repleto de cosas viejas apelotonadas unas encima de las otras, había cajas, libros y hasta camas en aquel lugar.

-Por aquí debe estar- dijo Amed- Aquí.

El anciano quitó un montón de cajas de un rincón del cuartucho y entonces apareció un baúl de madera. Amed lo abrió y una nube de polvo marrón se esparció por la habitación. Nane y Giselle apenas si alcanzaron a cubrirse la nariz para no ahogarse con la contaminación. Luego de un momento de sacar cosas inservibles de dentro del baúl, Amed finalmente se quedó quieto.

-Debe ser este.

Estaba viejo y deforme, pero finalmente había encontrado lo que había ido a buscar tan lejos. No era exactamente un libro como el imaginaba, sino un cuadernillo de apuntes, muy parecido a las agendas que cargaba su mamá para apuntar la lista del mercado.

-Tomá, es tuyo…- le dijo Amed dándole el viejo cuadernillo a Nane.

-Pero… yo no sé árabe- dijo luego de abrir un a par de páginas y ver los garabatos que había escritos allí.

-Yo tampoco, Anwar era 20 años mayor que yo y recordaba el árabe porque salió del Líbano cuando tenía 15 años, yo apenas si recuerdo como se habla, pero no sé leerlo, ni escribirlo, te va a tocar encontrar a alguien que lo traduzca y date prisa, antes de que la desgracia caiga sobre ti.

Ya había anochecido cuando Nane regresó al hotel con el viejo cuadernillo en la mano, había intercambiado datos con Amed, para estar en contacto. No pasó por alto que tanto Amed, como la Negra Alegría parecían estar de acuerdo en que su sueño era una advertencia de una desgracia. Apenas llegara a Colombia, buscaría alguien para traducir todo lo que estaba escrito en ese documento. Saldría lo más temprano posible al día siguiente.

Terminó de organizar sus maletas y se había bañado y vestido para una última salida aquella noche, pretendía despedirse de la ciudad dando una vuelta en taxi por los principales monumentos que ya no tendría oportunidad de ver al día siguiente.

Cuando llegó a la recepción a hacer el check-out, la recepcionista se mostró interesada.

-¿Salé a algún lado esta noche señor?

-Sí, quizás a dar una vuelta.

-Pues le recomiendo este sitio, queda aquí a la vuelta y es la mejor disco de Buenos Aires.

Nane leyó el nombre del lugar “La Ilíada”, miró la dirección y en realidad estaba muy cerca.

Tiempo después Nane se arrepentiría de no haber ido mejor a recorrer la ciudad en taxi. Se dirigió a la discoteca en su lugar. Había que hacer una fila para entrar y luego de que lo revisaron, Nane se sumergió en la fría rumba de Buenos Aires.

La música electrónica sonaba al fondo y muchos se quedaban mirándolo, tanto hombres maquillados, como mujeres extremadamente delgadas. El sitio estaba lleno y alguien en medio de aquel jolgorio incluso se había atrevido a agarrarle sus partes íntimas, pero por más que intentó encontrar al responsable, no lo pudo hallar.

Estaba a punto de marcharse, cuando escuchó una voz que lo llamaba a lo lejos.

-¡Nane!

Era Jennifer. Ella se acercó y lo llevó de la mano hasta la mesa donde estaba con una chica de cabello rubio y un joven muy alto y delgado.

-Mira te presento a Facu y a Cristina, los conocí aquí por casualidad.

Nane apenas si hizo un gesto de saludo que fue muy bien correspondido.

-Ven, tomate algo- le dijo Jennifer, que al parecer ya estaba borracha.

Nane accedió. Estaba tan estresado que un trago era todo lo que necesitaba. Habló de cualquier cosa con los extraños, y siguió tomando. Era vodka puro, sin hielo. No pasó mucho tiempo antes de que Nane se encontrara bailando al ritmo de la música primero con Jennifer, luego con Cris y luego hasta con Facu. Pero en algún momento de la noche, perdió la noción del tiempo y el espacio y no supo más.

Cuando despertó estaba en su habitación. Estaba desordenada. Las lámparas estaban en el piso y había un penetrante olor a licor por todos lados. Nane se levantó de la cama con un dolor de cabeza horrible, pensando que tenía que tomar un vuelo para Bogotá aquella misma tarde. Entonces escuchó a alguien sollozar.

Nane entró al baño, que era de donde provenía aquel sonido.

“¿Qué carajos pasó anoche?” se preguntó a si mismo.

Fue entonces cuando corrió la cortina corrediza de la ducha y encontró a Jennifer Paternina desnuda y llorando, con un celular en la mano. Estaba hablando con alguien.

-Papí, por favor, estoy en el cuarto de Nane, ven a buscarme, papi, por favor, él está aquí… me va a violar otra vez, otra vez, papi, por favor, ven, ven…

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