El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 54. La Invitación.

Eran las 9:45 de la noche del jueves, cuando Laura llegó a “La Laguna”, el que alguna vez había sido el centro recreativo más famoso de Sincelejo. No había matrimonio, fiesta de quince años o bautizo de importancia que no se celebrara en aquel lugar, aunque desde hacía algún tiempo el lugar estaba abandonado y a la espera de que alguien volviera a invertir en él. Eran un conjunto de pabellones hermosamente decorados y sólidamente construidos alrededor de una represa con un cerro repleto de vegetación al fondo. Además estaba a menos de 30 minutos del centro de Sincelejo, a un costado de la carretera que conducía a Tolú.

Habían pasado tres días desde que Pechi la había ido a buscar a su casa en Las Colinas y no había vuelto a saber de él. Tenía la cabeza hecha un nido de arañas. Pero debía estar concentrada para lo que iba a hacer. El camino había estado tremendamente solitario a esa hora y más un día como aquel, a mitad de semana, pero al llegar encontró todo el lugar perfectamente iluminado con velas aromatizadas.

Su nueva condición de desempleada le había dejado mucho tiempo libre para conseguirle cliente a la bodega del 20 de Julio, y en menos de una semana había conseguido que le firmaran una promesa de compra-venta. Ahora sólo necesitaba la firma de Javier Luna para dar el negocio por hecho.

Javier o Javi, como le gustaba que le llamaban, no se volvió a comunicar a través de Claudia, hasta aquel día había ido a su casa, en Las Colinas, para discutir detalles tan minúsculos que Laura se dio cuenta de que él andaba detrás de algo más. Se inventaba cualquier excusa para visitarla y siempre le ofrecía su moto cuando le tocaba hacer alguna vuelta o algún mandado.

Cada vez que la visitaba, le llevaba un regalo a Juan Carlos y otro a su mamá. Laura sabía que Javi la miraba con una mezcla entre ternura y deseo y a pesar de lo que sentía por Pechi, también empezó a desarrollar cierto afecto por el persistente mototaxi.

La cabeza se le enredó aún más cuando empezó a ver a Pechi por todas partes. Su cara, junto al eslogan de “El Mototaxi Express”, estoy por toda la ciudad, aparecía por donde ella menos se lo esperaba y cada vez que lo veía se le acumulaban las emociones, buenas y malas, en la cabeza dejándola aún más enredada de lo que estaba.

El taxi que la dejó en “La Laguna” ya había partido cuando ella entró al pabellón principal. Era en realidad un kiosco muy amplio con columnas de madera y techo de palma fina. Javi le había propuesto el 55% del valor de la bodega a cambio de que le aceptara una invitación a cenar. Laura, no tanto por el dinero, como por la curiosidad aceptó.

Había velas en todas las mesas de aquel lugar, pero no había señales de Javi por ningún lado.

-Siéntese- escuchó la voz de un hombre detrás de ella. Era un hombre calvo y por un momento vio en él, el rostro de Lastre.

Solamente era el mesero. Llevaba una frazada en la mano derecha y una botella de vino en la mano izquierda. Separó una silla de una mesa de dos puestos ubicada en todo el centro del pabellón y le indicó con la mano que se sentara.

Laura ya estaba probando el vino, cuando apareció su anfitrión, Javi iba impecablemente vestido con un frac exquisito, que debía costar un ojo de la cara. Llevaba una rosa blanca en la mano.

-Bienvenida- dijo Javi, entregándole la flor.

-¿Qué es todo esto, Javier?

-La cena que te prometí y no me llames Javier, para ti soy Javi nada más.

-Está bien, Javi ¿Me puede explicar que son todas estas velas y el mesero y el vino y…

Entonces se escuchó el sonido triste y desconsolado de una tonada de violín, un muchacho de no más de 20 años se había apostado a unos dos metros de donde se encontraban ellos y empezó a tocar.

-… y el violín?

-Es poco para lo que tú te mereces, Laura.

-Javi, creo que tú…

-Por favor, quiero que me escuches primero.

-Creo saber lo que me vas a decir y créeme que…

-Aún no sabes lo que te voy a decir.

-Tengo una muy buena idea de lo que es.

-Bueno, entonces la discutiremos después de comer.

Javi hizo un gesto con la mano y aparecieron dos hombres más vestidos de blanco, cada uno de ellos llevaba una bandeja en la mano. Era la entrada. Una crema de cebollas al gratín. Estaba exquisita.

-¿Con que dinero estás pagando todo esto, mototaxi?

-¿De verdad quieres saber?

-Si no lo quisiera saber no te preguntara.

-Un amigo me hizo un préstamo, le dije que le pagaría con lo que me saliera de la venta de la bodega.

-Es mucho dinero…

-Créeme que ya lo sé.

Luego de la sopa, el mesero trajo de plato fuerte un filete de res miñón con salsa de champiñones.

-Nunca me has dicho de dónde eres, Javi, no hablas como sabanero.

-Soy de Barranquilla.

-¿Y qué hace un barranquillero trabajando de mototaxi en Sincelejo?

-Es una larga historia.

-Bueno, si me trajiste aquí y te gastaste la mitad de la plata que te vas a ganar por la bodega, creo que es justo que al menos te escuche.

-Pues tienes mucha razón. Pues ¿por dónde empiezo?

-El principio sería un buen punto…

-Mi papá hizo un mal negocio y nos dejó a mi mamá y a mí, no solo en la ruina, sino en vergüenza ante toda la ciudad.

-Tienes unos modales muy finos, no parece que hayas salido de un barrio pobre de allá.

-No, para nada, pertenecíamos a la crema y nata de la élite de Barranquilla- dijo Javi entre risas- pero eso no sirvió para nada cuando nos cayó la policía, los fiscales y los jueces. Lo único que me quedó fue la motocicleta… y la bodega, claro está.

-¿Y nunca estudiaste nada?

-Sí, estudié artes marciales.

Laura no pudo contener la risa ante la confesión de Javi.

-Sí, es gracioso- dijo Javi apenado- pero en ese momento creí que tenía al mundo en mis manos y que nunca se me iba a caer.

-Lo lamento, no quise burlarme.

-Está bien, yo a veces me burlo de mi mismo también, pero creo que ya hablamos mucho de mi ¿Por qué no hablamos un poco de ti?

-¿Qué quieres saber de mi?

-¿Puedo preguntar con confianza sin que me tires la copa de agua encima?

-Inténtalo, no te prometo nada.

-¿Por qué siempre estás tan triste? Algo espantoso debió haberte sucedido para que tengas esa desolación en la mirada.

-Te respondo si primero me respondes algo tú a mí- dijo Laura.

-Lo que tú quieras.

-¿De qué es esa cicatriz que tienes en la mano?

Javi se apresuró a esconder su mano derecha, como si intentara ocultar un oscuro secreto para sí mismo, pero su reacción duró menos de lo que Laura hubiese esperado.

-Un criminal me hizo eso.

-¿Qué?

-Sí, alguien que le decían Maykol, me cobró muy caro una deuda que tenía con él.

-Es horrible.

-Sí, a veces uno se mete con la gente equivocada- Javi quedó pensativo un segundo, mirando su cicatriz- Ahora sí ¿Me respondes mi pregunta? ¿Por qué siempre estás tan triste?

-Me han pasado cosas malas.

-Como a todos ¿Podrías ser más específica?

-¿Por qué te interesa tanto?

-Creí que ya te habrías dado cuenta, me interesas tú.

-Javi, yo…

-Contéstame la pregunta… por favor.

-Hace un poco menos de dos años, conocí a alguien, a un mototaxi, como tú, todo fue un poco raro al comienzo, pero las cosas se empezaron a dar y pues… empezamos una relación. Poco después él se fue y me dejó sola.

-Algo me dice que eso no es lo que te tiene así.

-No, luego de que él se fue, me sucedió algo horrible.

El remolino de recuerdos se apretujó de nuevo en la mente de Laura. Sangre, gritos, dolor.

-Sí él se hubiese quedado conmigo, nada de eso hubiese pasado…

-¿Y qué pasó con él? ¿Lo volviste a ver?

-Sí, hace menos de un mes lo volví a ver y ahora lo veo todos los días- dijo Laura.

-¿Volviste con él?- preguntó Javi con un tono un tanto desconsolado.

-No, han sucedido demasiadas cosas y hay mucho que perdonar.

-¿Te puedo hacer otra pregunta?

-Claro, la que quieras.

-¿Lo amas?

Laura quedó inmóvil con aquella pregunta de Javi ¿Amaba a Pechi? Si se lo hubiesen preguntado hacía dos meses, antes de que lo viera besándose con aquella desconocida en Bogotá, hubiera dicho que sí, pero luego de tantos problemas y enredos, ya no estaba tan segura.

-La verdad, no lo sé, hay demasiadas cosas buenas, pero también demasiados recuerdos amargos-anotó Laura.

-Eso tan horrible que te sucedió ¿Se lo contaste?

-NO y no pienso hacerlo-dijo Laura en un tono que supo que había sido un tanto grosero.

-Tranquilízate, sólo quiero entenderte, yo creo que deberías empezar por decirle todo, yo creo que aún no lo has perdonado por lo que te hizo, pero si él no sabe lo que te pasó, creo que se tardará mucho en pedirte esas disculpas que tanto necesitas.

Laura quedó pensativa, quizás estaba esperando que las cosas se solucionaran por si solas, pero tal como lo decía Javi, eso podría ser un error fatal. Después de todo, Pechi no era un adivino, o un brujo y no tenía forma de saber lo que había sucedido luego de que él se fuera, mucho menos cuando Laura le había pedido a Nane y a Adriana, su mamá, que no hablaran con nadie al respecto.

-Tienes razón. Creo que lo voy a intentar.

Luego de retirar los platos del filete, el mesero se acercó con más vino y luego dos platos pequeños con dos porciones de mouse de chocolate.

-Creí que yo te interesaba- le dijo Laura mientras trataba de adaptar su sentido del gusto, al dulce intenso del postre.

-Creo que es mucho más que eso, Laura- dijo Javi- puede sonar lo más ridículo del mundo, puesto que apenas te conozco, hace ¿Qué?  ¿Dos semanas? Pero creo que estoy loco por ti, me gustas, me gustas mucho y siento además te he tomado mucho cariño y afecto.

-Sí es así, entonces ¿Por qué me animas a que regrese con la persona de la que te hablé?

-Porque quiero que seas feliz, Laura y si tu felicidad está con él, aunque te haya hecho daño, creo que debes buscarla, pero si te digo algo… yo siempre voy a estar aquí para cuando me necesites. Sin ninguna condición.

Laura agarró con su mano izquierda, la mano derecha de Javi y acarició su cicatriz.

-Gracias.

-Sabes, tengo algo más que decirte- dijo Javi.

-¿Qué es? No me digas que eres casado…

Javi se destornilló de la risa.

-No, para nada. Sólo te iba a decir que no hagas negocios con Claudia. Antes de conocerte, me acosté con ella y me dijo que si la seguía viendo, te iba a dar mucho menos del valor de la bodega, para dármelo a mí.

-¿Qué?

-Es cierto, no confíes en ella. La bodega se vendió por 35 millones y ella te dijo que la había negociado en 28, me va a dar 5 a mí, además de los 14, por la mitad del inmueble, y se va a quedar con los otros 2.

Laura quedó asombrada, pero no tanto. Después de todo, Claudia era una abogada y los abogados hacían ese tipo cosas.

-Créeme que tomaré cartas en el asunto.

-Y otra cosa más –le dijo Javi- cuídate mucho, no salgas sola de tu casa tarde en la noche. Siempre sal con alguien, camina acompañada. Llámame si necesitas ir a algún lado. Me destrozaría que te sucediera algo.

La melodía triste del violín seguía su tonada a menos de dos metros.

-Ven, acompáñame.

Javi le tendió la mano a Laura y ambos se levantaron. El cuarto creciente se reflejaba en toda la laguna e iluminaba tenuemente el rostro de Laura y de su acompañante. Estaban tomados de la mano y extrañamente Laura se sentía muy bien.

-Antes de que te vayas con los documentos firmados. ¿Te puedo pedir dos cosas?

-Sí, claro.

-No te alejes de mi, de verdad quiero seguirte viendo, aunque sea como amigos.

-Está bien, para eso te voy a invitar una vez por semana a comer a mi casa- dijo Laura entre risas que fueron secundadas por Javi- ¿y la segunda?

-Esto.

Javi acercó su rostro al rostro de Laura y posó sus labios sobre los de ella, en un beso inocente y carente de maldad.

-Javi yo…- empezó a decir Laura cuando se habían separado.

Shhhh, no, no digas nada. Vamos a llamar el taxi para que te lleve a tu casa.

Para cuando el vehículo llegó, ya Javi había firmado todos los documentos de traspaso de propiedad. Laura se despidió con un beso en la mejilla y se subió al taxi sin dejar de mirar a Javi. Había sido la noche más romántica de su vida y no había sido con Pechi. Si antes de llegar a la “La Laguna” estaba confundida, ahora mucho más y con justa razón.

Cuando llegó a su casa, Adriana salió a recibirla, llevaba un sobre en la mano.

-¿Qué pasó, mami, por qué tienes esa cara?

-Ahora, no hace mucho, llegó un mensajero con esto, Laura ¡ni te imaginas!

-¿Qué? ¿Qué es lo que no me imagino?

-Nane, el hijo de Ludis Espinosa se casa este sábado. Pasado mañana. Esta es la invitación. ¿Lo puedes creer?

-No, mami, no lo puedo creer- dijo Laura cuando leyó en la invitación el nombre de la novia.

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