El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 57. El Archivo.

El sábado amanecía nublado y frío. Laura Curiel estaba despierta desde las 5 de la mañana, cuando escuchó una trifulca de borrachos en una de las casas vecinas. Laura se levantó con cuidado de la cama, intentando no despertar a su madre, con quien compartía el cuarto. Abrió la puerta del cuarto y entró al baño haciendo el menor ruido posible.

Laura abrió la ducha. El agua estaba fría, pero aquello era nada comparado con cualquier ducha que hubiese tomado en Bogotá. Le gustaba sentir en su piel blanca y delicada el golpe térmico del agua a baja temperatura bajando por su cabello, por su espada y por sus piernas.

Cubierta apenas con una pequeña toalla, Laura volvió a entrar a su cuarto y sacó la muda de ropa y los zapatos que había dejado listos desde la noche anterior. Se vistió con unos jeans gastados y una camiseta blanca ajustada al cuerpo. Mirándose en el espejo de la sala, se recogió el cabello en una cola de caballo y apenas si se aplicó maquillaje en el rostro.

Buscó su celular, tratando de mirar la hora, pero estaba descargado.

-Ay, no puede ser- dijo ella observando su teléfono.

No le quedaba más remedio que dejar el celular cargando mientras ella acudía a su cita. Miró el pequeño reloj de pared que Adriana había ubicado en la cocina. Eran las 5:40, la cita era a las 6 de la mañana, tenía 20 minutos para llegar al centro.

Iba camino a la puerta cuando vio en el piso, un pequeño osito de peluche de color blanco. Era uno de los múltiples regalos que le había hecho Javi desde que la había conocido. Desde el día de la cena en “La Laguna” no lo había vuelto a ver y sentía que lo extrañaba. Hacía mucho tiempo que no sentía lo que empezaba a sentir por él. Sentía la urgencia de verlo y de hablar con él. Quería que él la hiciera reír  que la hiciera sentir bien, que la hiciera olvidar la tristeza que se había apoderado de ella desde que Pechi había decidido marcharse.

Laura ubicó el oso de peluche en la mesita de centro de la sala y advirtió la invitación al matrimonio de Nane, que se llevaría a cabo aquella misma tarde. Por más que le daba vueltas al asunto, Laura no comprendía en qué momento Nane se había metido con aquella mujer, a la que ella había visto de reojo en un par de ocasiones. Era ilógico que menos de un mes después de la muerte de su padre, Nane estuviera no solo estuviera a punto de contraer nupcias, sino que lo fuera a hacer con una mujer que no fuera Cindy.

Laura había tratado de comunicarse con Nane, pero según le comentó Ludis en una llamada telefónica, los novios estaban sumamente ocupados con los preparativos.

-Esto está muy raro- fue lo único que le dijo Laura a Adriana al saber los detalles del matrimonio de su amigo.

Luego de abrir la puerta, Laura encontró bajo sus pies un volante con el rostro de Pechi estampado en él.

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Laura rozó el rostro de Pechi estampado en el papel y recordó todos los momentos hermosos que había pasado junto a él. El día que la había recogido en aquel paraje abandonado en las afueras de Sincelejo, la noche en que lo había encontrado en la clínica donde había llevado a Dana por haberse intoxicado, la primera vez que habían salido a cine, el primer beso que se habían dado con la ciudad brillando debajo de ellos.

Tenía la cabeza hecha un hervidero de ideas y sentimientos inconclusos e inconexos. ¿Qué era lo que debía hacer en ese momento? ¿Acaso debía perdonar a Pechi y entregarse a él nuevamente como si nada hubiese pasado? ¿Debía sucumbir ante lo que empezaba a sentir por Javi y olvidar su pasado de una buena vez? ¿Necesitaba a alguien junto a ella? Eran tantas preguntas y había tan pocas respuestas.

Estaba pensando en eso, cuando un mototaxi se detuvo justo frente a su casa.

-Centro Médico Ford, por favor- dijo ella mientras se subía al vehículo.

-Con gusto- dijo el mototaxi.

Cuando llegó a la entrada del consultorio, no había pacientes, ni tampoco secretaria. Laura tocó la puerta suavemente, pero la puerta estaba abierta.

-Buenos días ¿Doctor Ulloa? – preguntó ella en voz baja, como si no quisiera despertar a alguien.

-Laura, por favor sigue, siéntate.

-Ay doctor… me hizo madrugar hoy…- dijo Laura protestando medio en broma, medio en serio.

-Discúlpame Laura, pero de hecho hoy no tenía consultas, pero habiendo conocido a tu familia, a tus abuelos desde hace tanto tiempo, quería darte los resultados lo más pronto posible.

Laura volvió a escuchar sus propios gritos de dolor, a ver su sangre, el desespero de Nane y de Adriana, una tarde hacía casi más de un año atrás. Pero volvió a concentrarse en las palabras del médico frente a ella.

-Laura, de acuerdo a todos los exámenes que te practicamos, la conclusión a la que llego es que tu condición es irreversible. Son los mismos resultados de hace unos meses. Pensé que quizás luego de un tiempo, tu cuerpo respondería bien, por tu juventud, pero al parecer el daño que sufriste fue demasiado severo. De verdad me causa mucho dolor tener que darte estas noticias, yo se que tú, como mujer…

-Por favor, médico- dijo Laura intentado esbozar una sonrisa que estaba muy lejos de sentir- ya entendí. No me lo repita, por favor.

-Lo lamento- dijo Ulloa.

-Yo también- dijo Laura- Muchas gracias, médico. Gracias por atenderme tan temprano.

Laura contó los segundos que le tomó salir del consultorio del doctor Ulloa y refugiarse en una de las escaleras del edificio donde le dio rienda suelta a todo lo que tenía dentro y se descargó en un llanto profundo e inconsolable.

¿Acaso Dios no tenía misericordia con ella? Parecía que le estaba quitando todo, lentamente, como una flor a la que se le quita uno a uno, todos sus pétalos. Le había quitado al papá con el que había crecido, le había quitado su casa y el barrio donde había crecido, le había quitado a buena parte de sus amigos, le había quitado a Pechi… y ahora esto. Era demasiado y ella no se sentía tan fuerte como para soportarlo.

Laura recogió los pedazos que quedaban de ella, luego de las palabras del doctor y decidió caminar un poco antes de regresar a su casa, lo que menos quería era que Adriana y Juan Carlos la vieran en semejante estado. Caminó hasta el Parque Santander, donde a esa hora apenas se estaban ubicando los vendedores de minutos, los emboladores informales y los vendedores de periódicos. La boda de Nane ocupaba un espacio en la primera plana.

Laura estaba todavía bastante afectada y le pidió a uno de los vendedores de tintos que abundaban a esa hora que le sirviera un vaso grande. Hacía un par de años, la sola de idea de recibirle un tinto en el parque central de Sincelejo a un desconocido le habría parecido lo más inverosímil del mundo, pero allí estaba y se dio cuenta que gran parte de la personalidad de las personas está basado en prejuicios injustos.

Pasó toda la mañana en la Biblioteca municipal intentando olvidarse de todo y de todos con algo de lectura. Laura no supo en qué hora se le fue la mañana. Estaba tan abstraída leyendo “El Conde de Montecristo” de Alejandro Dumas, que se sorprendió cuando el encargado le avisó que cerrarían en 5 minutos. Era la 1 de la tarde y el matrimonio de Nane era a las 4, tenía 3 horas para arreglarse y cambiarse.

Más calmada, tomó un mototaxi y regresó a su casa. Al ver un montón de vecinos cuchicheando en la acera del frente, mirándola como fenómeno raro de circo sabía que algo no andaba bien. Las rejas y la puerta de su casa estaban abiertas de par en par. Laura entró mirando a sus vecinos intentando adivinar una explicación.

Cuando entró a la casa confirmó sus sospechas. Algo andaba mal. Todos los muebles estaban tirados en el piso, volteados. La mesita de centro donde había colocado el oso y donde estaba la invitación al matrimonio de Nane estaba rota. ¿Qué rayos había pasado?

Escuchó voces en uno de los cuartos. Alguien lloraba.

-Cálmese doña Adriana, de gracias a Dios que no le pasó nada- decía una voz.

-¿Javi?- dijo Laura entrando a la habitación. Su madre lloraba a lágrima viva mientras Javier Luna y Juan Carlos intentaban calmarla.

Laura, que de por sí ya estaba muy frágil luego de la visita del doctor, volvió a descomponerse y estalló en llanto.

-¡¿Qué te pasó, mami?!

-Juanca, quédate con tu mamá y yo me llevo a Laura a la sala- dijo Javi.

-Pero ¿Qué fue…?- empezó a preguntar Laura.

-Ya, Laura, cálmate. Yo te voy a explicar todo, vamos a la sala.

Javi agarró a Laura y la llevó hasta la sala donde ubicó uno de los sillones para que ella se calmara. Ella seguía llorando.

-Laura, Laura, mi amor. No te puedes derrumbar ahora ¿me entiendes? Tienes que ser fuerte, por tu mamá y por tu hermano. Cálmate, por favor.- dijo Javi, agachado frente a ella, junto al sillón.

Laura hizo un esfuerzo sobrenatural para sobreponerse y tranquilizarse.

-¿Qué… qué fue lo que pasó?- preguntó Laura.

-Se metieron unos tipos a robar, cuando yo llegué encontré todo revuelto y a tu mamá y a tu hermano amarrados con la boca tapada con cinta.

Laura visualizó la imagen y tuvo que hacer uso de la poca fortaleza que le quedaba para no empezar a llorar allí mismo.

-Hay que mirar si están heridos…- dijo Laura intentando levantarse.

-No, no están heridos, solo asustados. Tu mamá sobre todo. Juan Carlos es un pelado muy fuerte.

-¿Qué se llevaron?

-Se llevaron la torre del computador.

-¿Y qué más?

-Más nada, tu hermano me dijo que sólo estaban interesados en el computador. Pero no buscaron nada más. No buscaron si había plata o joyas. Nada. ¿Por qué tenían interés solo en el computador?

-No sé ¿Por qué crees que se lo que estaban pensando esos ladrones, Javi?

-Laura, esto te va a parecer raro, pero esta mañana escuché tu nombre. Me dijeron que hay alguien que te quiere hacer daño ¿No tienes ni idea de quién puede ser?

-¿Dónde escuchaste eso?

-Soy un mototaxi, Laura, escucho muchas cosas.

-No, no sé, quizás un enemigo de mi papá…

-¿Por qué un enemigo de tu papá querría llevarse el computador de tu casa?

-No sé, pensaban que había algo allí. Un archivo, o…

-¿Un documento? Laura recuerda ¿ya te habían intentado robar antes?

-Sí, hace unas semanas. Un tipo, cuando salía del trabajo. Quería mi celular.

-Piensa bien Laura ¿Qué había en ese celular, que podría estar en tu computador y que fuera tan importante?

Laura entonces recordó las fotos que había tomado en el Registro Nacional de Propiedad. El documento de la expropiación de tierras en Toluviejo.

-Son unas fotos, de un documento.

-¿Las fotos estaban en tu computador?

-No, yo las tenía solo en el celular.

-Búscalas.

-El celular me lo quitaron cuando me despidieron de… la curaduría.

-¿Pasa algo Laura?

Laura se había quedado pensativa un minuto.

-Javi, yo subí una copia de esas fotos a Internet- Laura buscó el celular que había dejado cargando e hizo una llamada- Un taxi va a venir a buscar a mi mamá y a mi hermano, los va a llevar donde mi tía en La Toscana. Javi necesito que me ayudes. Necesito saber lo que hay en ese documento. Si lo que estoy sospechando es cierto… hay mucha gente en peligro.

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2 pensamientos en “Capítulo 57. El Archivo.

  1. OMG! y nada que aparece el nombre de la novia de Nane…

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