El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 59. El Padrino.

Los arboles empezaban a parecer aterradores a esa hora. Apenas hacía unos cuantos minutos que el sol se había terminado de ocultar por el horizonte y la oscuridad se había apoderado del boscaje que rodeaba aquel club social de ricachones. La luz de las poderosas lámparas que iluminaban las mesas donde departían los invitados y la pista de baile apenas si se alcanzaban a notar. A esa distancia parecían tan lejanas como las pocas estrellas que había en el firmamento esa noche.

Pechi tuvo la precaución de sacar el celular e iluminar su sendero con la luz de la pantalla, después de todo,  una mala pisada en aquel lugar lleno de piedras y troncos resecos de arboles y podría terminar muy fácilmente con una pierna o un brazo fracturado y más con aquellos zapatos incómodos que Cristian había insistido en que se comprara para estrenar el día del matrimonio de Nane.

Todo aquel día había sido una mala idea. No habían pasado más de 10 minutos desde que se había puesto los zapatos nuevos, cuando estos ya le habían hecho úlceras en los pies. Aquél matrimonio, cuyas causas desconocía por completo, estaba tan lleno de misterio y de tristeza que Pechi incluso había apostado una botella de whisky con Alex a que no duraría más de seis meses. Además de Alex, con quien había tratado durante el velorio y el funeral de Tito Mansur; Ludis, que ahora era su socia y Nane que era su amigo, Pechi no conocía a más nadie en aquella fiesta… o al menos eso creía hasta que vio a la persona que estaba buscando en aquella oscuridad tenebrosa, apenas interrumpida por la luz de su celular.

-Frío- escuchó Pechi la voz de la mujer que buscaba.

Pechi se dirigió hacia el lugar donde escuchó la voz, no podía estar tan lejos. Escuchó un ruido. Ella se había movido.

-Frío, mototaxi, si sigues así no me vas a encontrar- dijo ella.

Pechi podía precisar el lugar de donde provenía la voz, pero apenas daba un par de pasos se confundía con la dirección. Sus ojos apenas se estaban acostumbrando a la falta de luz. Apagó la luz del celular. Se dio cuenta que esa luz solo le estaba sirviendo para hacerse notar, así si sería cierto que nunca atraparía a su presa. Caminó en la misma dirección en la que había escuchado la voz.

-Tibio- escuchó de nuevo la voz de la mujer, que acto seguido volvió a cambiar de lugar.

Tal como lo había previsto, sus ojos empezaron a adaptarse a la oscuridad y ya veía mejor. Y entonces vio sus brazos. Se escondía detrás de un árbol. Se dirigió en esa dirección.

-Caliente, caliente- dijo ella tratando de escapar de nuevo, pero esta vez Pechi la interceptó y la agarró por la cintura apoyándola contra el grueso tronco de un árbol.

-Te estás quemando- dijo Tatis dándole un beso apasionado a Pechi que de inmediato se dejó contagiar por la pasión.

Tatis le quitó el sacó y empezó a desabotonarle la camisa. Pechi la tenía suspendida entre su cuerpo y el tronco del árbol y ella lo tenía rodeado con sus piernas y brazos mientras lo seguía besando y desvistiendo. Pechi le subió la apretada falda que llevaba puesta hasta la cintura y le arrancó la ropa interior de un tajo. Ella emitió un quejido, mientras le soltaba la correa.

Pechi sintió como el pantalón caía hasta el suelo y Tatis le bajó el calzoncillo dejando al descubierto su virilidad. Pechi ya estaba preparado y abrió la envoltura del condón que llevaba en la mano con una dentellada voraz de sus incisivos. Tatis se retorcía entre sus brazos, mientras él la hacía suya con la lujuria a flor de piel.

No era la primera vez, ni mucho menos, que Pechi tenía sexo sin sentir nada más que excitación física. Antes de conocer a Laura era así que lograba saciar sus necesidades masculinas y en muchas ocasiones se acostó con mujeres que había conocido la misma noche y que nunca más volvía a ver.

Luego de conocer a Laura y ver como se complementaban tan perfectamente la necesidad física con el sentimiento, Pechi especuló que no habría una mejor forma de tener sexo, que sentirse enamorado de la mujer con la que lo hacía. Por eso permaneció a punta de pajas mientras estuvo en Bogotá, a pesar de que oportunidades no le faltaron.

Pero luego de que Laura lo rechazara y le insinuara que ya no sentía lo mismo por él, algo cambió muy dentro de su ser. Era como si todas las ilusiones que había construido alguna vez se vinieran abajo en forma estrepitosa y a pesar de que amaba a Laura con toda su alma y corazón, había perdido todo el respeto que sentía por ella.

El día que Tatis lo había invitado a comer a su casa, Pechi sabía a lo que iba. Aprovecharon que sus padres no estaban en casa y se entregaron a las concupiscencias reprimidas desde hacía tiempo. Desde aquella noche, se veían cada vez que podían, pero solamente para tener sexo. Tatis lo único que le había pedido era la más absoluta discreción, después de todo ella tenía novio y se iba a casar con él en Diciembre. Pechi no pudo estar más de acuerdo.

Estaban en lo más álgido del acto sexual en aquella arboleda oscura cuando sonó su celular.

-Ni si te ocurra contestarlo- lo previno ella jadeando como loca.

Era una advertencia inútil, porque eso era lo último que él quería hacer en ese momento. Tatis se abrazó más fuerte de Pechi y empezó a arañarlo fuertemente en la espalda, Pechi sabía lo que seguía y un grito inoportuno podía poner en alerta a los convidados a la fiesta y puso su mano sobre la boca de Tatis. Pechi se apresuró a llegar al clímax, pero justo en ese momento volvió a sonar su celular. Se desconcentró.

Tuvo que empezar nuevamente, los rasguños de Tatis se hacían más dolorosos, pero aquello lo excitaba aún más, y pasó sus manos por toda la anatomía de aquella mujer y pudo llegar al punto máximo del placer mientras ella lo besaba.

Tatis solo tuvo que bajarse la falda.

-¿Quién te llamaba tanto?- preguntó ella, que sólo tenía que arreglarse un poco el cabello para quedar perfecta.

Pechi se subió el calzoncillo y se aseguró el cinturón antes de darle una mirada al celular. “Laura Nuevo Cel”. No podía ser.

-No es nada, Tatis, regresa a la fiesta no nos conviene que nos vean llegar juntos- dijo Pechi.

Era la primera vez que Laura lo llamaba desde que estaba en Sincelejo y aquel era el número que Nane le había grabado en el celular para que él la llamara.

-Está bien, termina de vestirte, padrino- dijo Tatis antes de dirigirse rumbo a la fiesta.

Nunca después de tener sexo con Tatis, Pechi se sintió culpable, pero ahora, tan solo el nombre de Laura en su cabeza lo hacía sentir como un delincuente. Le devolvió la llamada de inmediato.

-Aló ¿Pechi?- contestó ella desde el otro lado de la línea.

-Laura, sí, soy yo cuéntame- dijo Pechi que ni siquiera se había terminado de poner la camisa.

-Pechi ¿Tú estás en el matrimonio de Nane?

-No, el matrimonio se acabó hace rato, esto ya es la fiesta- dijo él.

-Pechi, no me pidas explicaciones ahora, pero encuentra a Nane, ¡pero ya! cuando lo encuentres me lo pasas de inmediato, Pechi, es urgente, Nane podría estar en peligro.

-Está bien yo lo consigo, te lo prometo- dijo Pechi.

Salió de inmediato a la fiesta. Cuando bajó a verse con Tatis, Nane estaba con Jennifer, su esposa ahora ante los ojos de Dios. Pero ahora no veía ni  a Nane, ni a Jennifer, ni a la familia de Jennifer.

-¡Ludis!-  llamó Pechi afanado a la madre de Nane que departía con unas señoras muy elegantes.

-¿Pedro? Pero ¿Qué son esos modales? Estoy en medio de una conversación.

-Buenas Noche- dijo él sonriendo a las otras damas- disculpen ¿me permitirían a la señora Ludis un momento?- las damas asintieron con la cabeza al unísono.

-¿Qué pasa, Pedro? Ya estás igual de impertinente que Miguel Ángel.

-De él precisamente quería hablarle, no lo veo por ningún lado ¿Dónde está?

-No lo sé ¿Por qué?

-Es que… bueno me quería despedir, porque ya me voy – dijo él.

-Oye ¿Por qué tienes el traje todo sucio de arena y hojas secas? ¿Dónde estabas metido?

-Es que se me caí, estoy un poco borracho- mintió el por segunda vez.

-Sí, eso parece- contestó Ludis.

Pechi buscó a Nane por todo el club pero no pudo encontrarlo. El teléfono sonó nuevamente. “Laura Nuevo Cel”

-Pechi ¿Lo encontraste?- preguntó ella.

-No, no está aquí en la fiesta, como que se fue.

-¿Qué? Pechi encuéntralo, Nane está en peligro, esa mujer con la que se casó…  pero si Nane no está allí, Pechi… puede ser muy tarde encuentra a Nane y prevenlo, ponlo a salvo. Por favor. Ya yo estoy en camino hacia allá para ayudarte.

Laura colgó y dejó a Pechi desesperado, si era verdad que Jennifer o alguien de su familia quería hacerle daño a Nane, se lo podrían estar haciendo en aquel mismo instante. Ninguno de ellos estaba ahí.

Salió a la puerta del club, justo frente a la carretera troncal y se dio cuenta que faltaba la camioneta nueva que Aarón Paternina, el padre de Jennifer, le había regalado a Nane.

-Pechi ¿A quién buscas?- preguntó Alex que olía a una mezcla de alcohol y vómito.

-¿Alex? Estoy buscando a Nane ¿lo has visto?- preguntó Pechi.

-Acaba de irse hace un rato, dijo que iba a hacer un mandado.

-¿Te dijo donde?

-Me dijo que por los lados “La Laguna” ¿sabes donde es?

-¿La Laguna?

Alex se dobló y empezó a vomitar a pocos pasos de Pechi, que de inmediato llamó a Laura.

-¿Laura?

-Pechi ¿Lo encontraste?

-No, se fue a un lugar llamado dizque “La Laguna”

-¿Qué? Ese lugar está abandonado. Nane no contesta el celular. Pechi llega allá, lo más pronto posible, ya nosotros vamos para allá. Voy a llamar a la policia.

-¿Nosotros?

-Sí, Pechi, luego te explico.

Colgó.

-Pechi ¿Qué es lo que pasa?- preguntó Alex derrotado por el alcohol.

A Pechi no le dio tiempo de responderle a Alex. Así vestido de gala como estaba, buscó su moto , la Código 1 como le había llamado Ludis , la primera que había equipado para  “El Mototaxi Express”, y salió lo más rápido que pudo rumbo a “La Laguna”. Sólo le pidió a Dios que no fuera demasiado tarde.

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