El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 61. La Novia.

Jennifer Paternina apenas si podía reconocer la mujer que la miraba en el espejo. Parecía mucho mayor de lo que en realidad era. Detrás del maquillaje, el enorme traje de novia, el peinado complicado y las joyas que llevaba puestas, seguía siendo la misma niña que recién hacía seis meses se había graduado del Colegio “El Carmen”.

Si alguien le hubiese dicho que en menos de un año ella terminaría vestida de novia y atada de por vida a un hombre, jamás lo hubiese creído. Se quitó todos los ganchos que sostenían aquel trenzado ridículo que había llevado en su camino al altar. Tomó la peinilla que reposaba sobre la mesa del tocador y empezó a pasarla por su cabello con fuerza, con rabia, con frustración. Se peinó tan fuerte que se arrancó mechones enteros de su cabello castaño oscuro, mientras lloraba frente al espejo.

Sacó un pañuelo húmedo y empezó a pasárselo furiosa por el rostro, no tanto para secar las lágrimas que reflejaban su estado de ánimo como para borrar las capas de maquillaje que le habían puesto para entregarse en matrimonio a Nane Mansur.

Viendo nuevamente su rostro juvenil en el espejo, buscó entre las gavetas una tijera. Le costó trabajo encontrarla, sabía que ella había guardado una tijera en alguna parte, pero ella nunca se había caracterizado por ser ordenada. La encontró debajo de la cama.

Jennifer se observó en el espejo nuevamente, esta vez con la tijera en la mano. Pensó en las posibles formas de liberarse de aquella pesadilla que estaba viviendo, de ser libre otra vez. Pero comprendió que era demasiado cobarde para encargarse de su propio destino. Llorando empezó a cortar el elaborado traje de novia por un costado hasta que pudo quitárselo y arrojarlo en el piso, junto a los hermosos zapatos que acompañaban el conjunto.

Así, en ropa interior, se metió en la ducha abierta hasta el máximo. Quería quitarse cualquier rastro de la mujer que había visto en el espejo. Aquella mujer que había vendido su suerte y su destino a los intereses de su padre. Se lavó completamente, pero incluso luego de frotarse con violencia, la sensación de que estaba contaminada persistía.

No era que su cuerpo estuviera sucio, sino su alma, en un lugar donde el agua y el jabón no podían limpiarla.

Como hubiese deseado tener a sus amigas a su lado, a Dania y a Mónica. Pero ellas estaban en Bogotá estudiando en la Universidad Andina.

Hasta bien entrado Diciembre, Jennifer creía que iba a estudiar en la misma universidad, pero cuando su padre la vio haciendo las maletas, le dijo en palabras muy claras y textuales que ella no iba para ningún lado.

Jennifer se puso una camiseta fucsia ceñida al cuerpo y un pantalón jean, a la altura de la pantorrilla, que tenía olvidado en su escaparate. Por último se puso el mismo par de zapatos deportivos blancos que llevaba en las clases de educación física en el colegio.

Se había terminado de recoger el cabello en una cola de caballo cuando escuchó el sonido de un vehículo a través de la ventana. Jennifer, su padre y su hermano vivían en un edificio de cinco pisos en el barrio Boston de Sincelejo. En cada uno de los pisos había dos amplios apartamentos. Los Paternina vivían en el apartamento 202.

Se asomó por la ventana y vio el enorme automóvil todoterreno que su hermano había traído el día anterior, pero había algo diferente en el vehículo. La parte delantera del carro estaba destrozada, y una de las lámparas estaba rota. ¿Qué había pasado?

La muchacha salió de su cuarto y se asomó a la sala. Su padre estaba sentado en el sillón fumando ansiosamente. Parecía nervioso. No tardó en escucharse el sonido de la llave en la puerta. Su hermano había llegado.

-¿Cómo te fue?- preguntó Aarón Paternina levantándose del sillón y apagando el cigarrillo en un cenicero.

Junior parecía cansado, pero en su rostro no había nerviosismo o temor como en el rostro de su padre. Sonreía.

-Todo salió como lo planeamos, Papi- dijo el muchacho, quien de inmediato salió a abrazar a su padre- lo logramos Papi, lo logramos.

Escondida en el pasillo que daba a la sala, Jennifer se dio cuenta que su padre y su hermano estaba llorando. Aarón sostuvo el rostro de su hijo con ambas manos y lo besó en ambas mejillas.

-Estoy muy orgulloso de ti, hijo- le dijo.

Jennifer sintió una ráfaga de celos. Aarón Paternina nunca había mostrado demasiado afecto por ninguno de sus hijos, ni siquiera tras la muerte de su esposa, hacía casi siete años. Muy rara vez se sentaba a comer con ellos y su única interacción se limitaba a asistir a sus reuniones escolares y regañarlos por sus malas calificaciones.

Pero desde hacía unos meses él y Junior se habían hecho inseparables.

-Pero cuéntame ¿cómo pasó todo?- dijo Aarón sentándose en el mueble abrazando a Junior con uno de sus brazos.

-Todo salió bien, Papi, Nane llegó justo a tiempo en la camioneta. Pobre idiota- dijo Junior.

-¿Y la niña Villarreal?- preguntó Aarón.

-Yo te lo dije Papi, yo te dije que la iba a convencer. Esa se comió el cuento completico que yo la iba a ayudar y se apareció allá. Todo se hizo de acuerdo al plan. Aseguré la camioneta con los seguros y papi, si tu hubieses visto cuando la golpeé con el hummer, la camioneta se llevó la cerca y empezó a dar vueltas hasta que se hundió en la laguna esa. A esta hora Nane y la niña Villarreal deben estar dándole de comer a las babillas del estanque ese. Cuando los vean a los dos allí, muertos, sólo vamos a tener que decir que él quería abandonar a Jennifer, largándose con su amante ¿Qué tal, ah?

Jennifer tardó medio segundo en comprender la magnitud de lo que habían hecho su hermano. Estaba horrorizada.

-Entonces a esta hora Tito Mansur ya debe estar acompañado de su hijo- dijo Aarón Paternina riéndose- fue un desperdicio de tiempo y dinero haber contratado al tal Villamil. Si nos hubiéramos encargado de todo nosotros mismos…

-Así fue mejor, Papi, no nos pueden relacionar a nosotros con lo de Tito Mansur, mientras menos riesgos mejor- dijo Junior tratando de calmar a su papá.

-Sí, pero es que fue mucha plata, Junior

-Pero lo que vamos a ganar es mucho más- dijo Junior con una expresión de felicidad única.

-Si al menos hubiesen desaparecido a la descerebrada esa de Laura Curiel, hubiese valido la pena, pero anda vivita y coleando y no sabemos si esa hijueputa sabe algo o no.

-Yo revisé el computador y allí no están las fotos del documento. Las únicas copias estaban en el celular. Yo te había dicho. Quizás esa pelada no sabe nada y despertaría más sospechas si a ella le pasa algo. Sería más riesgoso. Pero ¿Por qué la mandaste a ella por ese documento?

-Porque no sabía lo que iba a encontrar. Ese documento lo necesitaba para confirmar unos linderos para la concesión de la vía para Tolú y cuando vi que la cláusula decía que las tierras volverían a sus dueños, algo tenía que hacer. Más cuando ya me habían hablado de que alguien estaba muy interesado en esas tierras. Cuándo me dijeron cuanto estaban dispuestos a pagar por esos terrenos… hijo, con esa plata vamos asegurar nuestro futuro.

-¿Quién es el que está pagando tanto por esos terrenos, Papi?

-Luego te diré, hijo. Mientras tanto vamos a celebrar con un buen trago.

Aarón y Junior se levantaron del mueble de la sala y se dirigieron a la cocina. Mientras escuchaba el sonido del hielo cayendo sobre los vasos, Jennifer estaba aterrorizada. Su papá y su hermano habían asesinado a tres personas. A Tito Mansur, a cuyo velorio y funeral la obligaron a ir. A Nane, el hombre con el que apenas hacía unas horas ella se había casado y a la tal Cindy que había sido novia de Nane en el pasado. Y habían intentado matar a Laura Curiel.

Laura estaba en undécimo grado, cuando Jennifer entró al colegio “El Carmen”, en esa época la hija de Iván Curiel era la referencia para todas las niñas de aquel colegio y Jennifer la veía con mucha admiración. Luego volvió a verla trabajando en la curaduría, pero Laura no la reconoció.

Jennifer tenía las manos puestas sobre la boca para que su padre y su hermano no la escucharan llorar. Aquello era más de lo que podía soportar.

La habían obligado a asistir al velorio y el funeral de Tito Mansur, con la orden de coquetearle a Nane. La habían obligado a ir a Argentina donde su padre, en compañía de dos criminales que se hacían llamar Facu y Cristina, le tendieron la trampa a Nane aquella noche nefasta. Aarón Paternina lo había calculado todo perfectamente. Sabía cuando iba a viajar Nane y donde se iba a hospedar y se llevó a su hija con él un día antes para encontrarlo de “casualidad” allí mismo.

Jennifer nunca supo que le habían echado en la bebida. Nane había perdido la consciencia mientras bailaba y Facu y Cristina lo arrastraron hasta su habitación. Aarón le ordenó que dijera que él la había violado y Facu le dio algo para alterar sus nervios. Cuando Nane despertó ella estaba drogada, llorando a lágrima viva por el efecto de la sustancia. Fue fácil para Aarón sobornar a un médico de urgencia que manifestara que habían abusado de ella.

El matrimonio había sido una farsa, tanto en el juzgado en Buenos Aires, donde se casaron por lo civil, como en Sincelejo, donde se casaron por la iglesia. Jennifer sabía que las intenciones de su padre no eran buenas con Nane, pero nunca se imaginó que lo iban a asesinar.

Jennifer salió de su escondite, cogió las llaves del carro de su papá y salió de la casa como una loca. Alcanzó a escuchar a su padre detrás de ella.

-¿Jennifer?

-Nos estaba escuchando, Papi- le había dicho Junior.

Jennifer bajó las escaleras hasta el parqueadero del edificio, donde encontró el carro de su papá, era un auto compacto negro, del año. Jennifer ya lo había conducido, pero siempre en compañía de Aarón o de Junior. Aquella sería la primera vez que lo conduciría sola.

-¡Jennifer!- escuchó a su papá gritar cuando ella ya había pisado el cloche y puesto el primer cambio. Salió hacia la Avenida La Paz y tomó la carretera troncal, rumbo a Corozal. Quería alejarse de todos ellos un momento. Quería que la dejaran en paz.

No había llegado a la UPES cuando escuchó sonar su celular. “PAPI”.

-Papi, déjame sola, déjame en paz.

-Jennifer no vayas a cometer una locura. Estamos tan cerca. Tú no te imaginas todo lo que vamos a ganar- le dijo su papá del otro lado del teléfono.

Pero Jennifer colgó. No quería escuchar a nadie. Menos a su padre. Entonces vio en el espejo retrovisor la hummer con la lámpara delantera rota. Su hermano estaba detrás de ella. El celular volvió a sonar.

-¡YA DÉJENME EN PAZ!-  gritó Jennifer.

-Jennifer detente, estamos detrás de ti- dijo Aarón Paternina- te vamos a explicar todo, pero detente.

-¡NOOOOOOOOOOO!

Jennifer arrojó el celular a la carretera y aceleró el carro al máximo. La hummer la seguía de cerca. Pero por más que aceleraba, el vehículo donde iban su padre y su hermano le daba alcance rápidamente.

Pronto vio la hummer a su lado. Su padre le hacía señas que se detuviera. Jennifer negaba con la cabeza. Entonces sintió un golpe. La hummer había empujado el carro. Jennifer apenas si pudo recuperar el control del vehículo.

-No puede ser, me piensan matar a mí también- se dijo Jennifer a si misma.

No podía permitirlo. Jennifer arrojó el carro contra la hummer, que quedó encerrada y tuvo que volcarse hacia los carriles contrarios de la Autopista de la Sabana.

Jennifer vio en el espejo retrovisor lo que había pasado y detuvo el carro. La hummer tenía las llantas traseras atascadas en el separador, pero las llantas delanteras estaban sobre la carretera del otro lado.

Jennifer se sintió culpable. Si algo le hubiese pasado a su hermano o su papa… pero en ese momento un tractocamión apareció en la curva a toda velocidad llevándose por delante a la hummer y a sus ocupantes hasta donde ella ya no pudo verlos y hasta donde sus gritos de espanto ya no podían alcanzarlos.

Anuncios

Navegación en la entrada única

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: