El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 63. La Oscuridad.

El cielo se había iluminado con la luz de un relámpago. Llovería en cualquier momento. Todos los negocios de venta de licores, en la salida de Sincelejo a Toluviejo, estaban vacíos  No parecía una noche de sábado. Un enorme ventarrón hizo que la motocicleta de Javi tambaleara un poco.

-Va a llover duro- dijo el mototaxi. Iban a toda velocidad por la carretera.

Laura había llamado a la policía advirtiendo de un vehículo con dos personas sumergidos en la represa de “La Laguna”. Pero conociendo la “eficiencia” de los policías en Sincelejo, tardarían horas en llegar allá. Para ese entonces no habría nadie a quien salvar.

Las luces de la carretera se extinguieron. Se había ido la luz. Otro relámpago surcó el negro cielo de aquella noche. No se podía distinguir ninguna estrella en el firmamento.

Javi encendió las luces frontales de la motocicleta.

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Laura no había sentido tanto temor de la oscuridad desde que era niña. La oscuridad que envolvía la motocicleta era espesa y amenazante, como si estuviera a punto de sacar una enorme mano negra y asfixiarlos con ella.

Recordó la tarde gris y lluviosa en que había atendido a la última clase de su carrera en UPES. Nane estaba allí con ella. No, no debía recordar aquello. Lo importante ahora era llegar a “La Laguna”, al mismo sitio donde había tenido la primera cita con Javi.

Aquel hombre, atento y atractivo, había estado con ella toda la tarde. La había acompañado a buscar el documento que ella había subido a internet. Luego de imprimirlo confirmó todas sus sospechas. Aarón Paternina estaba planeado algo funesto.

El documento consistía en una expropiación en el municipio de Toluviejo, ocurrida en 1982. El gobierno le había pagado a Alberto Mansur, más conocido en Sincelejo como “Tito”, una cantidad importante de dinero por las tierras. Pero lo interesante era la cláusula. Si luego de 20 años, el gobierno no construía el oleoducto o cualquier otra obra de interés público en la zona, esta retornaría a sus dueños originales.

Javi le había dicho que los tipos que lo habían secuestrado y torturado, habían hablado del asesinato de Tito. Ludis Espinosa nunca había dado detalles de la muerte de su esposo y aquella información había impactado a Laura. Con Tito fuera de la jugada, Nane era el único heredero. El matrimonio de la hija de Paternina, una mujer que hacía un mes no tenía nada que ver con el heredero Mansur, era la confirmación que sus intenciones no podían ser buenas.

Lo que no podía entender Laura era cómo un hombre como Nane, que había estado casi dos años enamorado de Cindy Villarreal había caído en las garras de la tal Jennifer Paternina ¿Cómo carajos había hecho para forzarlo a casarse con ella?

Laura había intentado comunicarse con Nane, pero no contestó el celular. Fue entonces que se le ocurrió llamar a Pechi.

Cuando Javi y Laura llegaron a “La Laguna”, el cielo rugía como un tigre furioso dispuesto a atacar.

-Esta es la moto de Pechi- dijo Javi.

Laura aún no podía creer tanta casualidad. Pechi había salvado a Javi de morir ahogado en el lugar donde lo habían mantenido secuestrado. Se conocían. La sola idea de estar en el mismo lugar con ellos dos la aterraba. ¿Cómo iba a reaccionar?

Pero luego comprendió que aquella era la menor de sus preocupaciones.

Javi y Laura cruzaron la cerca rota que separaba la carretera de los predios de “La Laguna”. Bajaron por una pendiente que daba acceso hasta la represa.

-¿Dónde está Pechi?- preguntó Laura.

-Espera un momento- dijo Javi subiendo nuevamente.

Laura no comprendió lo que estaba haciendo hasta que bajó con la motocicleta hasta la orilla de la laguna. Iluminó con la luz frontal todo el lugar,

-¿Dónde está?- preguntó Laura.

-Quizás se… – empezó a decir Javi.

-No, no lo digas- dijo Laura.

-Es él ¿verdad?- preguntó Javi.

-¿Él es qué?

-Él es el tipo del que estas enamorada, el que te dejó hace un tiempo.

Laura no contestó.

-¡Mira!

Alguien había salido a la superficie.

-¡Dios Mio! ¡Nane!

Laura se sumergió en el agua. Tenía que ayudarlo. Javi también se sumergió pero le había dado tiempo de quitarse el pantalón y los zapatos.

-Gracias a Dios, Nane, estás bien- dijo Laura, advirtiendo también la hérida de Cindy en la cabeza- Tenemos que llevar a Cindy a un hospital.

-Pechi- dijo Cindy débilmente ¿Dónde está Pechi?

-El rompió el vidrio del carro. Venía detrás de nosotros- dijo Nane.

-Pues se está demorando demasiado- dijo Javi- algo le tuvo que haber sucedido.

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Javi se sumergió en las heladas aguas de la laguna. No podía dejar que Pechi muriera, mucho menos que muriera ahogado. Tenía una deuda enorme con él y estaba dispuesto a pagarla.

El cielo rugía nuevamente y se iluminaba con relámpagos esporádicos.

-Yo voy contigo- había dicho Laura.

-¡NO!- dijo Javi- es peligroso.

Javi tomó todo el aire que podían contener sus pulmones y se sumergió. La luz de la motocicleta le permitía ver, no veía la camioneta.

“Pechi ¿Dónde estás?”. Javi había sido un excelente nadador en el colegio. El estricto régimen de ejercicios que siguió cuando estaba en la escuela de Taekwondo tenía que haber aumentado su capacidad pulmonar. Tenía algo de tiempo. Entonces vio la camioneta.

Javi nadó hasta el fondo de la laguna donde el cuerpo de Pechi flotaba sujeto al vehículo, como nadando en medio de las luces fantasmales. Le costó trabajo bajar tanto. A esa profundidad la presión era terrible. “Vamos Pechi, no te puedes morir”. Javi se agarró de la ventana rota y empezó a tirar de Pechi. Estaba atascado.

Tenía la bota del pantalón aprisionada en una de las hendiduras de la parte delantera de la camioneta. Javi no podía resistir el aire en sus pulmones y soltó una parte. Le quedaba poco tiempo. “Dios Mío, dame fuerzas”. Javi agarró la tela del pantalón y con todas sus fuerzas intentó romperla. El esfuerzo le hizo perder el resto del aire que tenía en los pulmones. Era todo.

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Laura, de pie, empapada de pies a cabeza, nerviosa y asustada esperó a que Javi saliera del agua. Tenía que salir con Pechi, tenía que salir con él. Entonces por su mente pasó una posibilidad en la que no había pensado. Javi y Pechi podían morir en aquel lugar. Los perdería a los dos, para siempre.

“No, no puede ser” pensó Laura. Pechi era el hombre de su vida, el hombre al que amaba a pesar de todo el dolor y el sufrimiento por el que había pasado. Javi era la persona que había estado con ella cuando más lo había necesitado. ¿Acaso estaba enamorada de los dos? La idea de perderlos a ambos al mismo tiempo la llenó de espanto.

Laura se dispuso a entrar. Pero alguien la agarró.

-¿Qué crees que estás haciendo?- le dijo Nane abrazándola de la espalda.

-Tengo que hacer algo, algo- dijo Laura, se dio cuenta que estaba llorando.

-No ha pasado ni un minuto, no te desesperes.

-Pero… Pechi y Javi…- dijo Laura sollozando.

-Creo que acaban de salir- dijo Nane señalando a un punto de la superficie del agua.

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Con las últimas fuerzas que le quedaban Javi llevó a Pechi hasta la orilla. El grito de Laura lo conmovió.

-¡PECHI!- dijo ella en medio de lágrimas.

El chico Mansur trataba de agarrarla y la joven de cabello negro con una herida en la cabeza, que Laura había llamado Cindy, estaba de pie y observaba consternada la escena.

Javi se acercó a la nariz de Pechi esperando una respuesta que sabía que no obtendría.

-No respira- dijo Javi.

-¡NOOOOOOO! – gritó Laura nuevamente mientras Nane trataba de sujetarla. Javi se preguntó si Laura hubiese tenido la misma reacción si ÉL y no Pechi hubiese sido el ahogado.

Al verla completamente descontrolada, sufriendo, se dio cuenta que todas sus posibilidades con ella eran nulas. Amaba a Pechi. Hubiese sido fácil dejar morir a su rival, allí. Nadie lo criticaría, nadie diría nada. Pero ver sufrir a Laura era más de lo que podía soportar. Javi sólo quería verla feliz y si su felicidad era Pechi, él tenía que hacer algo.

Aún había algo que podía hacer. De algo había servido el tiempo que pasó en la academia de Taekwondo. Puso su mano derecha sobre la frente de Pechi y con la mano izquierda abrió su boca y cubrió los orificios de su nariz. Javi puso sus labios sobre los de Pechi y le insufló aire a los pulmones del ahogado.

Nane seguía sujetando a Laura. Esta vez fue la muchacha, la de cabello negro la que se acercó.

Cindy colocó sus manos en la posición  correcta sobre el torso de Pechi.

Javi asintió con la cabeza.

Cindy presionó cinco veces el pecho del ahogado y luego Javi insufló aire nuevamente.

-De nuevo- le dijo Javi a Cindy. La muchacha presionó nuevamente, cinco veces y Javi insufló aire en los pulmones de Pechi.

Laura se había quedado quieta. Cindy y Javi hicieron el mismo procedimiento dos veces más. Javi revisó si Pechi respiraba. Nada. Laura volteó, llorando a lágrima viva, mientras Nane la abrazaba.

-Podemos intentarlo otra vez- le dijo Cindy.

Javi, al borde de la desesperación, asintió con la cabeza. Cindy presionó el torso de Pechi cinco veces y cuando Javi le insufló aire con la boca, sintió que salía aire de la boca de Pechi. El ahogado empezó a toser el agua que había respirado bajo el agua.

Cindy sonreía. Nane seguía sujetando a Laura, ambos estaban sorprendidos. Javi sonreía al igual que Pechi.

-¿Javi?- dijo Pechi débilmente.

Al ver a Laura sonriendo, en brazos de Nane, Javi se dio cuenta que nunca antes había sido tan feliz.

-Ya no te debo nada, amigo.-le dijo mientras Pechi intentaba encontrar el ritmo normal de su respiración.

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