El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 62. El Fondo.

La luz frontal de la motocicleta de Pechi iluminó el lugar. No había nadie. Era el lugar más solitario que se hubiese podido imaginar. Estaba a un costado de la carretera hacia Tolú, pero ningún vehículo pasaba a aquella hora. Tanta oscuridad y tanto silencio lo inquietaban.

Alex le había dicho que Nane se había dirigido a “La Laguna”, pero allí estaba Pechi y no había rastros de nadie más. Lo lógico hubiese sido llamar a Alex a preguntarle detalles. Quizás era otra “Laguna” a la que se había referido. O quizás había recordado mal el nombre, después de todo estaba muy borracho. Pero llamar a Alex no era una opción viable. Pechi no tenía su número.

-¿Qué hago ahora?- se preguntó Pechi a si mismo.

Si lo que Laura había dicho era cierto y Nane estaba en peligro, regresar a la fiesta a hablar con Alex le haría perder demasiado tiempo a Pechi. Se bajó de la motocicleta. Quizás no había visto bien. Giro la motocicleta para iluminar todo el lugar con la luz frontal. Entonces vio que algo andaba mal.

La cerca de madera que separaba los predios de “La Laguna” de la carretera estaba rota. Pechi se bajó de la moto y con la luz del celular iluminó el terreno. No era solo era que la cerca estaba rota, había arbustos aplastados y el terreno parecía haber sido removido.

-Dios Mio ¿Qué pasó aquí?- dijo Pechi mientras caminaba hacia la cerca rota.

Sintió temor. Muchas imágenes se le pasaron por la cabeza en ese momento. Las palabras de Laura lo habían alterado muchísimo. Nane había sido de lejos, el mejor amigo que Pechi hubiese podido tener. No sólo lo salvó de morir, sino que lo ayudó a comprar una moto propia, le ofreció su casa cuando no tenía donde quedarse en Sincelejo y lo hizo padrino de su propia boda. La sola idea de encontrarlo herido (o muerto, no quería pensar en eso) lo afectaba enormemente.

Por otro lado lo que menos quería en aquel momento era fallarle de nuevo a Laura. Ya la había hechos sufrir demasiado. Poner a salvo a Nane le daría algunos puntos con ella.

Con la luz de la motocicleta iluminando el lugar y con la ayuda más modesta de la luz del celular, Pechi entró a los predios de “La Laguna”. El rastro era el mismo. Algo había rodado por aquel lugar.

Luego de la cerca rota venía una franja de tierra de no más de dos metros. Luego venía una pendiente que daba hasta la represa que le daba nombre al lugar.

Apenas con la luz del celular ayudándolo, lo único que veía el muchacho era oscuridad. Bajó por la pendiente de la presa hasta la orilla, donde el espejo de agua tocaba el suelo. El terreno removido seguía hasta allí. Algo había caído por la pendiente y era algo grande. ¿Acaso había sido…? No, no podía ser. Pechi había visto la camioneta gris que el suegro de Nane le había regalado. Para hacer volcar aquella camioneta se necesitaría una fuerza tremenda… a menos que hubiese sido un accidente. Pero no había duda algo había caído desde la cima de la presa y estaba dentro del agua. Pero por más que Pechi intento ver una luz o algo. No encontró nada.

-Dios, ayúdame- suplicó Pechi a los cielos mientras se quitaba los zapatos, el saco y la camisa. Se quedó apenas con el pantalón. El agua estaba helada, pero tenía que hacerlo.

Pechi se sumergió en las aguas de la laguna sin saber exactamente que era lo que buscaba. Tomó todo el aire que pudo y se hundió. Nado lo más profundo que pudo. Pero no vio nada.

Volvió a salir a la superficie. Quizás aquellas marcas en el terreno no eran de un vehículo sino de un animal o algo. Entonces escuchó un sonido sumamente extraño. Eran ¿Burbujas? Sí, eran burbujas. Provenían de un costado diferente de la laguna que Pechi no había visto. Se volvió a sumergir.

Esta vez si alcanzo a ver algo. Eran luces. Eran las luces de un vehículo que estaba estático. Pechi no pudo contener la respiración y volvió a salir. Era la camioneta en la que había salido Nane. ¿Había llegado demasiado tarde?

Tomó todo el aire que pudo y se sumergió hasta el fondo, podía ver claramente las luces del carro y las burbujas saliendo de allí. Se estaba inundando. Pechi nadó con todas sus fuerzas hasta llegar al vehículo. Tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no lanzar un grito y ahogarse allí mismo. Dentro de la cabina de la camioneta, perfectamente iluminada, Pechi vio la silueta de Cindy, tenía la cabeza llena de sangre y Nane estaba junto a ella. ¿Acaso lloraba? El agua estaba entrando a la camioneta y el hombre al que le había servido de padrino hacía unas horas golpeaba el vidrio de la ventana, pidiéndole ayuda. Pero el aire en sus pulmones no fue suficiente. Tenía que salir a la superficie.

Pechi sintió que le volvía el alma al cuerpo cuando volvió a sentir el flujo de aire corriendo por su nariz hasta sus pulmones. Tenía que hacer algo y rápido, de lo contrario Nane y Cindy morirían allí mismo.

Nadó hasta la orilla, muerto del cansancio y buscó entre sus pertenencias su celular. Marcó de inmediato un número.

-¿Laura?

-Pechi ¿Encontraste a Nane?

-Sí, están aquí… en… en “La Laguna”.

-¿Cómo que “están”? ¿Con quién está Nane?

-Laura, están en el fondo del represa, él y Cindy.

-¿Qué? ¿Y que hace ella ahí?

-No lo se, Laura llama a la policía, trae una grúa o lo que sea. Se van a morir.

-Está bien Pechi. Ya me pongo en eso.- dijo Laura antes de colgar.

Pechi se puso las manos en la cabeza. No podía ser que Nane y Cindy estuvieran a punto de morir. La expresión de Nane cuando lo vio dentro de la camioneta era de terror puro.Y Cindy. ¿Acaso ya estaba muerta? No.

-No, Dios, no- dijo Pechi negando con la cabeza.

Tenía que hacer algo. No podía quedarse allí parado esperando que Laura llegara. No. Algo debía hacer.

Se metió nuevamente al agua y tomó todo el aire que pudo. Se sumergió nuevamente hasta el lugar donde estaba la camioneta. Nadó hasta la puerta donde Nane seguía golpeando.

“Espera, amigo” pensó Pechi. “Espera”.

Pechi apoyó sus pies contra la camioneta, mientras con todas sus fuerzas tiraba de la manija de la puerta del copiloto. No pasó nada. Trató de patear el vidrio de la ventana, pero por más fuerza que le aplicara, el agua le quitaba impulso a sus golpes. Era imposible.

Observó a Nane dentro de la camioneta, aún tenía aire, pero no por mucho tiempo, el agua había subido y ahora le daba por el abdomen. Pechi le hizo un gesto de animo con el pulgar y subió nuevamente hasta la superficie. Respiró profundamente y tuvo que toser. Aquello era demasiado. ¿Cómo podía ayudar a Nane? Era imposible abrir aquella puerta y en aquel lugar no había nada que pudiera romper el vidrio. ¿O sí?

Pechi entonces vio la luz de la motocicleta. Nadó hasta la orilla y subió toda la pendiente, hasta la orilla de la carretera donde estaba la motocicleta. Se le había ocurrido algo.

Cerró la llave de la moto y el lugar volvió a sumirse en la oscuridad. Pechi se agachó en la parte de atrás de la motocicleta y metió la llave en el compartimento destinado al kit de herramientas. Algo debía haber allí que pudiera ayudarlo.

Abrió la caja y todas las herramientas cayeron al suelo. Tuvo que utilizar la luz del celular para verlas. Había cuatro llaves distintas, 3 barras que correspondían a los desatornilladores y el mango para adaptarlas. Pechi no podía llevar todo aquello bajo el agua. Tomó el mango del desatornillador y le enroscó la barra con punta de pala, que era la que parecía más afilada. Era lo que más se parecía a un martillo de emergencias, tenía que intentarlo.

Con su improvisada herramienta en la mano, volvió a tomar aire y se sumergió en la laguna. Nado con todas sus fuerzas hasta la camioneta. Nane ya tenía el agua al cuello y lloraba. ¿Acaso se había rendido?

“No te rindas, amigo” trató de decirle con señas.

Pechi le imploró al Señor de los cielos que le diera fuerzas. Se apoyó con la mano izquierda y ambos pies sobre la camioneta y apuntó su arma a la ventanilla del copiloto. Lo golpeó desde una distancia corta para que el agua no le quitara impulso. La punta del destornillador tocó el vidrio de la ventana.

No se rompió, pero hizo un sonido muy extraño y dejó una marca. El agua seguía subiendo dentro de la camioneta. Nane sólo tenía unos segundos. Pechi apunto por segunda  vez con el destornillador y volvió a golpear. Esta vez una grieta atravesó el vidrio. Estaba funcionando.

Sólo cuando Pechi golpeó por tercera vez, el vidrio se hizo añicos. Pechi ayudó a Nane a sacar a Cindy. Afortunadamente las luces de la camioneta seguían encendidas.

Nane salió de la camioneta y agarró a Cindy dirigiéndose a la superficie. Pechi trató de hacer lo mismo. Pero no pudo. El pantalón se le había atorado entre las hendiduras de la camioneta, cuando se apoyó sobre ella.

“Esto no puede estar pasando”

Pechi vio como las dos figuras que acababan de salir de la camioneta se alejaban cada vez más, mientras él estaba allí atrapado. Entonces sucedió algo peor. La camioneta empezó a moverse. El lugar donde había encallado se estaba desmoronando, era un montón de lodo deforme que Pechi veía caer al fondo mucho más oscuro.

“Dios ayúdame” fue lo único que pensó Pechi cuando la camioneta empezó a rodar hasta el fondo, arrastrándolo hacía la más oscura de las profundidades, donde sólo podía encontrarlo la muerte.

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