El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 66. La Llave.

La celebración del lanzamiento de “El Mototaxi Express”, el nuevo servicio de transporte personalizado y mensajería en Sincelejo, había sido un éxito. Ludis Espinosa Viuda de Mansur había logrado lo que quería. Al evento asistieron, además de los invitados y nuevos empleados del recién nacido negocio, periodistas de toda la prensa sincelejana.

Seguramente al día siguiente habría notas en todos los periódicos, noticieros y programas de radio de la sabana, admirando la labor de la viuda de Mansur. Seguramente él pasaría a un segundo plano. En medio de la celebración, de los exquisitos platos de comida, de la música. Pechi se sintió asfixiado.

Las palabras de Javier Luna lo habían afectado también. Laura se había mostrado cariñosa con él aquella noche, pero sabía que en el momento en que le confesara que había estado viendo a Tatis, su mejor amiga, las cosas se pondrían feas. Javi le había advertido que si le fallaba a Laura o la hacía sufrir, el lucharía por ella. Pechi sabía que Laura sentía algo por Javier, y dadas las circunstancias no era una locura pensar que ella correría a sus brazos en caso de que algo saliera mal.

Pechi se disculpó y salió del salón de eventos a tomar aire a la calle. Era sábado por la noche. Ocho días habían pasado desde el nefasto matrimonio de Nane, el mismo día en que casi muere ahogado. Definitivamente las buenas acciones tenían su recompensa. Pechi había salvado a Javi de morir y este a su vez lo había salvado a él.

Pechi miro a un punto invisible en medio de la calle pensando como haría para enfrentar las verdades que lo agobiaban aquella noche.

-¿Qué haces acá fuera, señor Mototaxi Express?- dijo una voz detrás de él.

-Cindy- dijo Pechi sonriendo- ¿Cómo sigues?

-De la herida… bien ¿Y tú? ¿No te has vuelto a ahogar?

Pechi rió por un momento.

-No, trato de no bañarme para evitar el contacto con el agua- bromeó él.

Cindy lo acompañó en sus risas.

-¿En qué piensas?- le preguntó ella.

-En todo lo que ha pasado, en como terminé aquí- dijo Pechi.

-Me imagino que estás así por trabajar con Ludis cierto- dijo Cindy riéndose.

-Sí, es teso trabajar con ella, ahora entiendo porque Nane habla así cuando tiene que mencionarla.

Cindy se acercó a él.

-Te ves triste ¿te encuentras bien?

-No, no es tristeza, es preocupación.

-¿Puedo saber que te preocupa?

-Cuando llegue el momento te lo diré, Cindy.

-Está bien, sé que no he sido la mejor amiga desde que llegaste a Sincelejo. Discúlpame, te prometo que voy a intentar recuperar tu amistad.

-No, te preocupes, Cindy, yo siempre voy a ser tu amigo. Y cualquier cosa que me hayas hecho, la compensaste con creces cuando ayudaste a Javi a salvarme la vida. Me dijo Nane que sabías hacer técnicas de resucitación y tal ¿Dónde aprendiste eso?

Cindy emitió una sonora carcajada.

-Guardianes de la Bahía- contestó ella.

Pechi tardó unos segundos en reponerse de la divertida respuesta de su amiga. Hubiese seguido riéndose por un rato más, pero había cosas más importantes de que hablar.

-¿Qué pasó con Nane? ¿Regresaron?

-No, el me pidió tiempo. Pienso dárselo.

-¿Tiempo para qué?

-Pregúntaselo a él- dijo Cindy, encogiéndose de hombros.

-Ludis me pidió que te diera esto- dijo Cindy dándole una llave- Vas a dormir en este hotel esta noche.

-Pero…- Pechi iba a decir algo pero Cindy ya se había alejado. Un taxi había parado justo frente a ella.

-Nos vemos, Pechi.- dijo ella diciendo adiós con la mano.

“Habitación 211” La llave tenía el número del cuarto grabado en una empuñadura de madera maciza.

-¿Se fue Cindy?- preguntó una voz que provenía de dentro del salón. Era Nane.

-Sí, oye… pensé que iban a regresar esta noche- dijo Pechi.

-No, quiero probarme muchas cosas a mi mismo primero, pero no pienso dejarla ir. ¿Y Laura?

-Se fue hace un rato. No quedamos en nada.

-¿No te ha dicho nada?

-¿De qué?

-No, pregúntale a ella. Yo creo que ya va siendo hora de irme. Pechi, de nuevo gracias por sacarnos de esa camioneta.

-Gracias a ti, por sacarme del hueco ese hace año y medio.

Nane sonrió y le dio un golpe en el hombro. Se dirigió a una motocicleta. Arrancó y se detuvo frente a Pechi.

-Te quería decir algo, Pechi- dijo Nane montado en su motocicleta- ese man, Javier o Javi o como se llame. No confíes en él. Hay algo muy raro en ese man. Cuídate mucho de él. Mantente prevenido.

-No tienes que decírmelo, ya me había dado cuenta- le dijo Pechi a Nane que se despidió con un gesto de la mano.

La fiesta había terminado. Le dolían los brazos, el cuello y las rodillas. Estaba muerto del cansancio. Hubiese tomado su motocicleta para ir a descansar en su nuevo apartamento por los lados de El Bosque, pero si Ludis le había asignado una habitación allí en el hotel, no veía por qué no podía aceptar.

Pechi subió las escaleras hasta el segundo piso del hotel donde encontró rápidamente la habitación. Dio un giro a la llave en la cerradura y abrió la puerta. La habitación estaba iluminada y junto a la ventana, vistiendo el mismo vestido que había llevado en la fiesta estaba Laura.

-Ya te estabas demorando- dijo ella.

-Un momento, Cindy…- empezó a decir Pechi, pero Laura lo interrumpió.

-Yo le pedí que te diera la llave. No habíamos podido hablar bien desde que llegaste. Esta era la oportunidad perfecta.

Pechi se acercó a Laura y la abrazó antes de darle un beso prolongado en los labios.

-Te amo- le dijo Pechi.

-Yo también te amo- le dijo Laura- pero primero tengo que decirte algo.

Laura se sentó en la cama y Pechi se ubicó justo al lado de ella.

-¿Qué sucede?- preguntó él.

-No, no es algo este sucediendo es algo que sucedió- dijo Laura.

Pechi no entendía de que estaba hablando Laura y ella debió notarlo.

-Tranquilo, yo te voy a explicar todo, sólo te pido que me escuches.

-Tranquila, que yo te voy a escuchar- le dijo Pechi agarrándole ambas manos con las suyas.

-Luego que tú te fuiste, como a las dos semanas, me empecé a sentir mal, me sentía cansada, enferma y entonces decidí ir al médico a ver qué era lo que estaba pasando. Me hicieron varios exámenes. Muchos exámenes. Y bueno, cuando fui a recogerlos me di cuenta que…. que estaba embarazada.

-¿Qué? Laura… yo- empezó a decir Pechi completamente estupefacto con aquella revelación.

Shhhh, déjame terminar, por favor.

Pechi se tuvo que tragar todas las preguntas que tenía en ese momento y decidió escuchar a Laura.

-Yo estaba devastada Pechi- dijo ella muy afectada, estaba a punto de llorar- tú te habías ido y yo estaba sola, no sabía a dónde te habías ido, ni Cindy ni Nane sabían donde localizarte. Fue muy difícil, más cuando le tuve que contar a mi mamá lo que estaba pasando. Había empezado la universidad y todo. Y estaba pendiente de los juicios de sucesión de los bienes de mi papá. No fue fácil Pechi.

Laura se detuvo un momento para secarse las lágrimas con el dorso de la mano.

-Un día, que estaba en clases, con Nane precisamente, me empecé a sentir muy débil y mareada. Tenía cuatro meses de embarazo, Pechi, y ya me habían dicho que iba a ser una niña- dijo ella llorando- yo estaba en el salón de clases y me empecé a sentir muy débil. Yo estaba en el salón de clases y me di cuenta que estaba sangrando, Pechi. No sé si fue por el susto o por la debilidad, pero me desmayé. Nane me llevó al hospital. Pechi, fue muy difícil.

Laura empezó a llorar a lágrima viva. Pechi la sujetó y la abrazó fuertemente. Se imaginaba lo que Laura le diría continuación.

-Me dijeron que el feto estaba muerto y que tenían que hacerme un legrado. Tuvieron que hacerlo de urgencia, pero al parecer yo tenía un problema de coagulación o algo así y tuve una hemorragia horrible. Fue espantoso tener que estar despierta mientras me hacían todo eso Pechi, no te imaginas. Ver la sangre, sentir que te están metiendo la mano dentro de tu cuerpo. Fue espantoso- dijo Laura llorando-Los médicos me dijeron que tuvieron que hacer muchas cauterizaciones en el útero. Que este necesitaría cicatrizar antes que pudiera volver a quedar en embarazo, que necesitaba seguir haciéndome pruebas y me las he estado haciendo por un año completo y hace unos días el médico me dijo que era irreversible, me dijo que nunca más iba a volver a quedar embarazada.

Laura se descargó en un llanto inconsolable. Pechi se sintió el hombre más miserable del mundo.  Si lo que le había entendido a Laura era cierto, todo el estrés y las preocupaciones habían afectado su embarazo. Si él se hubiese quedado junto a ella, quizás otro gallo cantaría.

-Perdoname Laura- dijo Pechi al borde del llanto- Todo fue mi culpa, todo fue mi culpa, perdóname.

-No debiste haberte ido- le dijo ella, llorando también.

-Te prometo que nunca más te voy a volver a dejar sóla, nunca- le dijo él mientras la besaba tiernamente- siempre voy a estar contigo y vamos a formar una familia ¿me entiendes? Hay muchas formas de tener hijos y te prometo que esto no va a ser lo que nos va a separar ¿me entiendes?- le dijo Pechi a Laura mirándola a los ojos.

Pechi empezó a besarla, primero tiernamente y luego apasionadamente, hasta que llegó el momento en que ella empezó a quitarle la ropa. Esta vez no lo rechazó. Allí en aquella habitación de hotel, Laura había vuelto a ser suya, a entregarle todo el amor que él había tenido una vez y que por estúpido había perdido. Se sintió el hombre más feliz del mundo al tenerla entre sus brazos, al sentir su calor, su sudor, sus jadeos. Era allí donde quería estar para siempre.

Sólo cuando hubo terminado y ella se había quedado dormida, Pechi comprendió todo el daño que le había hecho a aquella mujer por la que hubiese dado la vida, la sola idea de provocarle otro sufrimiento lo hacía gritar por dentro. Quizás, después de todo, Laura no tendría que enterarse de lo que había sucedido entre él y Tatis. Igual él no diría nada y Tatis, que estaba a punto de casarse, tampoco. Era una verdad innecesaria.

Pechi se consoló con el argumento que él mismo se había fabricado para no perder el encanto del amor en aquel momento y habiendo tranquilizado temporalmente su consciencia, volvió a la cama, a los brazos de Laura, y luego de darle un beso tímido en los labios, el sueño lo venció y volvió a dormir.

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