El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 71. El Folio.

El enorme reloj digital que dominaba la sala de redacción del diario “El Manifiesto” recién había marcado las 12 en punto cuando Cindy Villarreal se levantó de su puesto.

-¡Caramba! Cuidado te quedas, Cindy- le dijo la amargada de Estela Severiche cuando la vio dirigiéndose a la puerta a toda prisa- quien te ve diría que no te gusta trabajar aquí.

Cindy sonrió.

-Oye ¿y la mujer que vino a hacer el escándalo el otro día? ¿no te volvió a reclamar que le quisieras quitar al marido?

-¿Cómo te…?

Bye– le dijo Cindy a la amargada mientras bajaba rápidamente las escaleras al primer piso.

En dos años trabajando en “El Manifiesto”, era la primera vez que Cindy se sentía incomoda con su empleo y no era solamente por Estela Severiche. Se sentía hastiada y fastidiada de tener siempre la misma rutina. Había aceptado el trabajo por querer marcar una diferencia, pero terminó siendo todo lo contrario. Muy lejos quedaron los días de “El Misionario” donde ella denunciaba en secreto las porquerías de la clase dirigente de Sincelejo. Pero ahora las circunstancias la habían orillado a guardar sus escritos en una gaveta en el fondo de su escritorio.

Eran las 12:10, y tendría que regresar a trabajar antes de las 2, no podía perder tiempo llamando a un taxi o a una moto del “Mototaxi Express”.

Cindy le sacó la mano a un mototaxi que venía directo hacia ella en una moto negra y que era el único que se veía en la distancia. Ya estaba a menos de 100 metros cuando de la nada apareció otra motocicleta. “¿Está loco o que?” pensó Cindy. La motocicleta de color rojo se adelantó a la negra y tomó la posición justo frente  a Cindy.  El intrépido mototaxi vestía una camiseta negra de mangas larga y un casco del mismo color.

-Moto- dijo el mototaxi con una voz que a Cindy le pareció extrañamente familiar, igual que la moto, que era idéntica a la que conducía Pechi por los tiempos en que conoció a Laura Curiel.

-Me llevas a… me llevas a la USAB, me haces el favor- dijo Cindy subiéndose a la motocicleta roja con cierto recelo, mientras veía al mototaxi de la motocicleta negra afirmando con la cabeza.

El mototaxi la llevó hasta Puerta Roja en el más absoluto silencio, lo cual era bastante extraño porque los mototaxis en Sincelejo tenían la mala costumbre de confundir a sus clientes con psicoterapeutas, contándoles las inverosímiles historias de su vida. Pero se alegró, escuchar los cuentos exagerados de un mototaxi no estaba precisamente entre sus actividades favoritas.

Ya habían llegado a la puerta de la USAB cuando sonó su celular. Un mensaje.

-¿Cuánto te debo?- preguntó Cindy bajándose de la motocicleta roja.

El mototaxi sólo levantó el índice derecho. Cindy no podía verle el rostro porque lo tenía cubierto con el visor del casco pero hubiese jurado que había visto a aquel individuo en otra parte, pero no sabía precisar a ciencia cierta en donde. Le pagó al mototaxi con las monedas que tenía en el fondo de su bolso. El mototaxi las tomó, pero ni siquiera las contó.

-¿Está completo?- preguntó Cindy luego de un rato de silencio.

-Eh, sí, sí- dijo el mototaxi- ¿la espero?

Nuevamente le pareció conocida esa voz.

-No, no, me demoro- dijo Cindy pensando, sin dejar de mirar al mototaxi. Tenía ganas de pedirle que se quitara el casco, pero eso sería demasiado. ¿O no?

-¿La puedo venir a recoger? Usted me dice a que hora…- dijo el mototaxi en un tono que parecía de suplica.

-No, gracias, no se a que hora voy a salir- dijo Cindy perpleja.

-Está bien- dijo el mototaxi guardando las monedas en su riñonera y dando la vuelta para marcharse.

Cindy subió la colina que daba hasta la plaza central de la USAB tan concentrada pensando en el mototaxi, que se olvidó por completo del mensaje pendiente de leer en su celular.

Una brisa suave y agradable surcó los arboles en ese momento y le arrancó las últimas hojas que las tempraneras brisas de diciembre les habían perdonado. Cruzó la plaza central y se dirigió derecho hasta la sala de profesores, era allí donde encontraría algunas respuestas.

La universidad estaba prácticamente vacía, para esas fecha solo quedaban en la USAB los estudiantes deficientes esperando que la suerte y la buena voluntad de los profesores les ayudara a pasar las asignaturas. “Pobres” pensó Cindy mientras entraba a la sala de profesores; sintió un alivió al sentir el aire glacial que circulaba dentro, en contraste con el calor infernal del medio día sabanero del cual provenía.

Al fondo, dos puertas antes del final del pasillo, encontró la oficina del ingeniero Carlos Serpa. Por fortuna se encontraba en su cubículo.

-Buenos días… digo Buenas Tarde ¿Profe?

-Sí, buenas- respondió Carlos Serpa- ¿Cindy Villarreal?

-Sí, profe, soy yo- respondió ella.

-Sigue, Cindy, sigue, por favor.

Carlos Serpa era un hombre bien entrado en sus cincuentas, con un aire de abuelo respetable que solo provocaba en Cindy ternura y respeto. Había sido su profesor en quinto semestre y además había sido jurado en su trabajo de grado. Como si fuera poco, Don Alirio, su papá le había bautizado dos hijas a Serpa. Si había alguien que la podía ayudar era él.

-Cindy, pero como eres de ingrata, nunca habías regresado a la Universidad- le dijo Serpa mientras la saludaba con un beso en la mejilla.

-He estado ocupada, profe- dijo Cindy.

-Sí, me dijo tu papá que ahora trabajas en “El Manifiesto” ¿me puedes explicar como toda una economista, graduada de la USAB, termina de periodista en el tabloide ese de Juancho Pedroza?

-Son cosas de la vida, profe, y la verdad estoy feliz con lo que hago- dijo Cindy sabiendo que aquello era mentira, al menos en parte.

-Bueno ¿Y el viejo Alirio? cuéntame de él ¿cómo sigue?

-Bien, profe, en la casa, descansando.

-¿Ya no trabaja en la UPES?

-Si, le dieron unas clases los fines de semana

-Vea, me alegro que siga activo- dijo Serpa recostado en su silla giratoria- me imagino que vienes por el favor que me pediste ¿sí o no?

-Pues la verdad sí, profe, me urge esa información

– Bueno Cindy, precisamente esta mañana hablé con el encargado de los avalúos en la curaduría … y las tierras de las que me hablaste corresponden primero a una zona muy poco productiva, con tendencia a la erosión. Cualquiera que le de una mirada lo sabe ¿Tu estuviste allá, cierto?

-Sï, había muy pocos arboles y cuando empezó a llover una arroyo que estaba allí se llenó en muy poco tiempo.

-Eso es por la deforestación, pero en fin, esas tierras, si bien son amplias, están lejos de la carretera principal y aunque son relativamente extensas, su valor no es mayor a un millón de dolares.

-¿Un millón de dolares?- dijo Cindy.

-Parece mucho, pero teniendo en cuenta la extensión, no es tanto, Cindy- respondió el profesor Serpa.

-Eso es muy raro, profe, yo pensé que eso valdría mucho más.

-¿Por qué lo dices?

-Pues hace unos meses, Aarón Paternina, el curador…

-¿El que se mató con el hijo por los lados de la UPES?

-Sí, el mismo, profe, ese señor invirtió muchísimo dinero para quedarse con esas tierras, yo estuve viendo las cuentas y ese señor se gastó más de lo que usted dice que valen esas tierras para quedarse con ellas.

-Eso no tiene lógica.

-Y menos lógica tiene todo lo que hizo para obtenerlas- dijo Cindy.

-Escuché que casó a la hija con el hijo del Tito Mansur ¿en que quedó eso?

-Pues hasta donde se se divorciaron.

-Bueno, y hablando de otra cosa, Cindy, hay unas vacantes para el próximo año aquí en la USAB, deberías pensar en una maestría, un elemento como tú nos haría muy bien, sobre todo en Economía.

-Gracias por la información, profe, pero creo que mi camino es por otro lado- dijo Cindy.

-Me alegra que tengas tu futuro claro, muchacha.

-Bueno profe, muchísimas gracias- dijo Cindy levantándose de la silla- de verdad que me ayudó muchísimo. Me voy porque ya me toca ir a trabajar.

-Tranquila Cindy, me saludas al viejo Alirio, que cualquier día de estos paso por su casa a saludar.

-Con gusto, profe, allá lo esperamos- dijo Cindy saliendo del cubículo.

Nada de aquellos tenía sentido. ¿Por qué Aarón Paternina invertiría tanto dinero en aquellas tierras? ¿Por qué tanto esfuerzo por casar a su hija con Nane y luego intentar asesinarlo? Había algo que no estaba viendo y le preocupaba no saber que era, más cuando todos los secuaces de Paternina aparecieron muertos, uno con una sobredosis de medicamentos extraños, otro estrangulado y otro grupo achicharrado por los lados de La Peñata.

Llegó a la puerta de la USAB, esperando que quizás allí la estaría esperando el mototaxi del casco negro, pero la bahía de entrada estaba vacía. El celular volvió a sonar. Sólo entonces Cindy recordó que tenía un mensaje pendiente.

En medio de la soledad y el susurro de la brisa decembrina que levantaba el polvo y las hojas secas de aquel lugar, Cindy empezó a leer aquel mensaje.

Señorita Cindy Villarreal:

He leído su hoja de vida y la muestra de artículos escritos por usted y me permito comunicarle que estaríamos honrados de que la plaza disponible dentro de nuestro periódico como Editor de Cultura y Entretenimiento sea llenada por usted. Su talento es innegable y dentro de nuestro periódico tendrá todas las facilidades y las oportunidades para su crecimiento profesional. Por favor, comuníquese conmigo a la mayor brevedad posible para ultimar los detalles de su contrato.

Atte:

Darío Dussan

Editor Jefe. Diario “El Emisor”

Barranquilla, Colombia.

Cindy no podía creer lo que estaba leyendo. Hacía unas semanas había enviado una hoja de vida a Barranquilla, con el único propósito de que la tuvieran en cuenta para publicar algunos de sus artículos, pero no para ir a trabajar allá y mucho menos de Editora de Cultura y Entretenimiento. ¿Que rayos era lo que estaba pasando?

Estaba tan sorprendida que no se dio cuenta que un mototaxi se había estacionado frente a ella.

-¿Moto?-preguntó el sujeto

-Sí, sí, a “El Manifiesto” me hace el favor- dijo Cindy subiéndose a la motocicleta

-Con gusto.

¿Qué haría ella en Barranquilla, sola, en un trabajo que no sabía como hacer?  ¿Qué haría ella tan lejos de Sincelejo, de su papa y de … ?

-¡NANE!- gritó Cindy mientras iba en la motocicleta.

Gritó tan fuerte que el mototaxi casi pierde el equilibrio.

-Oiga ¿qué le pasa? ¿por qué grita así?¿Le picó algo o qué?- preguntó el tipo.

-No, no, nada fue que me acordé de algo. Siga tranquilo.

El mototaxi del casco negro era Nane, era su voz, era su contextura, era él. Pero ¿qué carajos hacía trabajando de mototaxi? Recordaba lo que le había dicho la última noche que lo vio, la noche del lanzamiento de “El Mototaxi Express”, la noche en la que él la había rechazado.

Todos los días la llamaba por la noche o le enviaba un mensaje de texto,pero cuando hablaba se escuchaba extraño, le prometía que pronto se verían que le probaría que era capaz de responder por sí mismo, pero por más que Cindy trataba de verle lógica al asunto no se la encontraba por ninguna parte. Definitivamente tendría que hablar con él.

-Son dos mil pesos- le dijo el mototaxi cuando ella se bajó en la puerta de “El Manifiesto”.

-Dos mil, pero si ahora me cobraron mil…- reclamó Cindy.

-Vale dos mil.

Cindy le pagó de mala gana, sólo para analizar que quizás Nane le había cobrado poco por ser quien era y no porque la carrera en realidad costara mil pesos. “¡Que boba!” pensó Cindy.

Subió a la oficina anonadada ¿Miguel Angél Mansur Espinosa, el único hijo de Tito Mansur y Ludis Espinosa trabajando de mototaxi? Eso tenía tanto sentido como el esfuerzo descomunal de Aarón Paternina para apoderarse de unas tierras improductivas o la oportunidad de trabajo en Barranquilla. ¿En que clase de universo paralelo se encontraba ahora?

El enorme reloj digital de la sala de redacción marcaba la 1:45. Se sentó a analizar todo lo que estaba sucediendo, sin darse cuenta que aquel día no había probado bocado.

-¡Cindy!- se escuchó la voz de un hombre al fondo de la sala. Era Camilo Naar. Cindy le hizo una señal con la mano.

-Ven acá, por favor, necesito hablar contigo- dijo Camilo Naar con una seriedad que Cindy le había visto en muy contadas ocasiones.

Cindy recorrió asustada los pasos que la separaban de la oficina de su particularmente atractivo jefe ¿Qué tendría que decirle Camilo que la había mandado a llamar a su oficina?

-Siéntate- le pidió su jefe una vez entró a la oficina.

-¿Qué pasa Camilo? ¿Por qué esa seriedad?

-Es algo muy importante, al menos para ti Cindy.

-¿Qué es lo que pasa Camilo, me estas asustando?

-Estuve esta mañana en los archivos del juzgado, buscando información para mi artículo.

-¿Sobre el terrorismo en Sincelejo?

-Sí, Cindy y encontré un folio- dijo Camilo sacando un montón de hojas en una carpeta y ofreciéndoselas a Cindy.

-¿Qué es esto?- preguntó ella.

-Cindy, es sobre tu mamá, creo que necesitas leer esto y tienes que leerlo urgentemente

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