El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 73. La Sorpresa.

-Ay, señor, por fa’ ¿me ayuda a meter todo esto a la casa? ¿sí?- le suplicó Laura Curiel al taxista que la había traído desde “El Fresno” hasta la casa de Pechi, en Majagual.

El taxista pareció pensarlo un momento. La cantidad de bolsas era impresionante. Hasta la misma Laura debía admitir que quizás, sólo quizás se había pasado un poquito con la compra.

-Ay, señor ¿no me va a ayudar?- dijo Laura haciendo uso de la cara de niña consentida que hacía tiempos que no utilizaba.

-Está bien, pero me tiene que dar así sea para una bolsa de agua- dijo el taxista.

-Ay, claro que sí, señor, con mucho gusto- dijo Laura mientras subía los escalones de la terraza para abrir la puerta.

Pechi había alquilado aquella casa, demasiado grande para él, a menos de dos cuadras de la Avenida Alfonso Lopez, por sugerencia de Ludis. Tenía una sala amplia, con muebles cómodos donde bien se podía hacer una reunión con varias personas. El comedor de cuatro puestos estaba justo a un costado y al fondo estaba la cocina. La única habitación de la casa se encontraba justo al lado de la sala. Un patio enorme complementaba el lugar, era perfecto para adicionarle más habitaciones a la casa de ser necesario. La primera vez que Laura la vio comprendió que aquella casa sería el lugar perfecto para formar una familia. Estaba feliz.

-Listo, señorita- dijo el taxista con la frente sudorosa.

-Ay, señor, muchas gracias de verdad, me salvó la vida- dijo ella entregándole el valor del pasaje con la propina prometida.

-A sus órdenes- dijo el sujeto antes de regresar a su taxi y largarse.

Laura cerró la puerta y empezó a sacar las cosas de la bolsa. Sabía que en aquella casa la cocina estaba de lujo, pues Pechi siempre comía en “El Mototaxi Express” o en cualquier otro lugar, menos allí. El horno microondas y el juego de ollas que ella le había regalado para su cumpleaños estaban intactos, al igual que los platos y las cucharas que Pechi había comprado por su propia cuenta.

Colocó todos los ingredientes en la mesa, los espaguetis, el aceite de oliva, los ajos, los ajíes, la sal, la pimienta y el queso parmesano. Sacó la olla grande de los compartimentos superiores, teniendo la precaución de enjuagar el polvorín que tenían impregnados por la falta de uso.  Puso los espaguetis a hervir, con un poco de sal y aceite. Eso tardaría un poco.

Buscó otra de las bolsas que había traído. Sacó un precioso mantel cuadrado que su mamá había comprado en su único viaje a Europa, cuando Laura tenía siete años, era un mantel de lino italiano que debió costarle a Adriana un ojo de la cara, incluso en aquella época. Si la señora se enteraba que Laura le había extraído el mantel, bien podría darse por desheredada o algo peor.

Extendió el mantel sobre la mesa de superficie de vidrio, que tenía Pechi en el comedor y en el centro ubicó el portavelas en espiral que había comprado hacía unos días. Colocó las cinco velas en su sitio. Sólo faltaba encenderlas.

Miró la hora en su celular, 6:35 de la tarde, Pechi no tardaría en llegar. Tenía que tener todo listo para cuando él llegara. Miró los espaguetis, ya casi estaban en su punto. Machacó los ajos y picó los ajíes y los arrojó en una pequeña cacerola con el aceite de oliva caliente. Aquello no tardaría nada. Sacó los espaguetis de la olla y los escurrió y los arrojó en un plato enorme y vertió sobre ellos el contenido de la cacerola aún caliente. Estaba tan concentrada que tardó en darse cuenta que sonaba su teléfono. No podían haber sido más inoportunos.

-Sí, aló- respondió Laura en un tono seco y antipático.

-Carajo, niña, cuidado me pegas- respondió Javi del otro lado de la linea, muerto de la risa.

-Ay, perdón, Javi, es que estoy un poquito ocupada…- dijo Laura cambiando el tono.

-Ah ¿de verdad?, bueno pues, yo sólo llamaba para avisarte que estoy en Sincelejo, me gustaría visitarte a ti y a tu mamá y ver a Pechi también.

-Pues, con gusto, Javi, aunque tendría que ser mañana, hoy vamos a estar ocupados- dijo Laura.

-Sí, pues me imagino- dijo Javi entre risas, antes de colgar sin despedirse.

Laura no culpó a Javi por su gesto grosero, ella sabía que él aún sentía algo por ella. Lo peor era que aunque habían pasado tantas semanas sin verlo, Laura aún se sentía confundida cuando pensaba en él. No tenia ni idea de que sucedería en el momento en que viera a Javier Luna nuevamente. Ella sabía que amaba a Pechi, con todas las fuerzas de su alma, pero aquel amor tenía heridas aún, que eran difíciles de sanar y que al menor golpe se podrían abrir. Lo que sentía ella por Javi era una mezcla entre atracción física y ternura, lo había visto el día del lanzamiento de “El Mototaxi Express” , se veía hermoso con vestido de traje y corbata y cuando se abrazaron ella sintió que temblaba el suelo bajo sus pies.

No, no podía seguir pensando en Javi. Ella amaba a Pechi, a Pechi, era aquel hombre de cabellos negros, ojos azules, fríos como el hielo y sonrisa luminosa con el que quería compartir el resto de su vida. Verificó que los espaguetis estuvieran bien. Sacó un par de individuales de tela de otra de las bolsas y las colocó sobre el mantel. Finalmente sacó la botella de vino blanco y la hielera que le pensaba regalar a su novio aquella noche. El día anterior se había asegurado de guardar hielo en la nevera de Pechi, que lo único que guardaba era agua.

Sacó los platos y las copas de los compartimentos y los ubicó sobre la mesa, antes de colocar los espaguetis. Era todo. Sólo faltaba arreglarse ella. Sacó de la última de las bolsas el vestido rosa que se acababa de comprar y se fue a cambiar al baño, estaba tratando de encontrar una manera de arreglarse el cabello cuando escuchó el sonido de la puerta. Alguien había llegado. Laura se puso las sandalias y se dejó el cabello suelto. Ya no había tiempo de arreglarlo.

Al salir del baño lo vio. Estaba sentado en uno de los muebles de la sala con ambas manos sobre el rostro, como si estuviera muy cansado, o llorando, quizás.

-¿Pechi?- preguntó ella.

Él se quitó las manos de la cara, se veía angustiado.

-Laura, mi amor ¿qué haces aquí? ¿cómo entraste?- preguntó él  sin levantarse del sillón.

-Le saqué un duplicado a tu llave y quería darte una sorpresa- dijo ella dirigiendose hasta la sala.

-Te ves muy hermosa- le dijo Pechi desde el sillón.

-Gracias ¿por qué no te bañas y te pones otra cosa? te preparé algo para comer.

-¿Y tu cocinas?- preguntó Pechi cambiando su cara de angustia por otra de incredulidad.

-Ah, claro ¿y tu que creías?

-Sí, tienes razón, me voy a bañar, creo que debo estar soñando- dijo Pechi levantándose.

-Bobo- le dijo Laura, mientras su novio entraba a su cuarto.

La mesa estaba perfecta, pero Laura le dio un arreglo final. Se escuchó el sonido de la ducha abierta.

-¿Mi amor?- preguntó Pechi desde el baño.

-¡Sí, Pechi, dime!- gritó Laura desde el comedor

-Adivina a quien me encontré hoy.

-¿A la tipa con la que te besaste en Bogotá?

-No- dijo Pechi riéndose- a Nane, te apuesto a que no adivinas de que está trabajando ahora.

-¿De mototaxi?- preguntó Laura con ironía.

-Pues aunque no lo creas- dijo Pechi asomándose a la puerta del cuarto, sólo con una toalla puesta- así es. Nane está de mototaxi.

-¿En serio? ¿Y eso?

-Quiere probarle al mundo que no depende de Ludis.

-¿Y para eso tiene que meterse de mototaxi?

-Eso cree él, está viviendo en la casa donde vivía yo con mi mamá, en Puerto Arturo.

-¿En serio? ¿Y Ludis sabe de eso?

-No, y ni tu ni yo se lo vamos a decir.

Laura observó las velas encendidas que emitía un fulgor fantasmal contrastadas con la oscuridad del atardecer decembrino. Pechi salió a los pocos minutos, con un pantalón jean y una camisa de mangas largas arregazadas hasta los codos. Estaba descalzo.

-Ahora sí ¿que es todo esto? ¿Estamos celebrando algo o qué?

-Hace dos años tuvimos nuestra primera cita ¿recuerdas?

-El día que mataron al tío de Nane ¿verdad?

-Bueno, yo prefiero recordarlo de otra manera, pero sí, fue ese día. Pero bueno vamos a comer.

-Listo, de todas maneras ten el celular cerca, por si alguno de los dos se llega a intoxicar.

-Idiota, come y mas nada- dijo Laura riéndose con Pechi. Estaba tan feliz.

Pechi abrió la botella de vino y sirvió.

-Tengo algo que decirte, Laura- dijo Pechi en tono afligido.

-Yo también- dijo Laura- quiero ser completamente sincera contigo.

-Te escucho.

-Me llamó Javi, hace un rato.

-¿Y que te dijo?

-Que quería verme, bueno que quería vernos a los dos, a mi mamá también.

-Es una excusa, él quiere verte y ya- dijo Pechi cambiando de expresión mientras tomaba el vino en la posición incorrecta.

-¿Tu crees?

-No creo- dijo Pechi- estoy seguro. Yo no confió en Javi.

-Pero el te salvó la vida…

-Porque se sentía en deuda, no porque fuera un bien tipo.

-Pensé que ustedes dos eran amigos.

-Yo quisiera considerarlo así, pero no confío en él. ¿Por qué lo defiendes tanto? ¿Es que acaso sientes algo por él o que?

-No- mintió Laura- sólo que todo esto es muy extraño.

Pechi dejó la copa sobre la mesa y tomó la mano derecha de Laura que estaba sobre la mesa.

-Gracias, estuvo muy lindo el detalle- dijo él luciendo aquella sonrisa encantadora que parecía iluminar la habitación en aquel momento.

-¿Que era lo que me querías decir tú?- preguntó Laura tratando de desviar la conversación.

Pechi le soltó la mano y le desvió la mirada.

-Laura, quiero que me prometas que me vas a escuchar, sin interrumpirme y sin hacerme preguntas, hasta que termine ¿te parece?

-Si, está bien, señor– dijo Laura mofándose del tono de Pechi.

-Cuando vine aquí a Sincelejo, y tu me rechazabas, estuve saliendo con otra mujer y cuando digo que estábamos saliendo me refiero a que…

-Te la estabas comiendo- dijo Laura tratando de reprimir la rabia y los celos que empezaban a amontonarse en su pecho.

-Laura me prometiste que…

-Ya, ya, ya está bien, continúa….

-Sí, así como lo dijiste tuvimos sexo, nos acostamos juntos.

Laura volteó la cara y se puso una mano sobre sus ojos. Ya era demasiado con que Pechi le confesara que se había llevado a otra mujer a la cama, como para tener que verlo a la cara.

-Y pues, Laura por favor mantén la calma ¿sí?- dijo él- lo que te voy a decir te va asustar, pero necesito que estés calmada para poder explicarte. ¿Está bien?

¿De qué rayos estaba hablando Pechi? ¿Por qué se iba asustar? A menos que… ¿Acaso Pechi tenía a la mujer embarazada? Tenía tantas preguntas pero le había prometido a Pechi que esperaría que el terminara de hablar. Laura se limitó a asentir con la cabeza. Mantendría la calma, hasta donde pudiera.

-Esta mujer estuvo en mi oficina esta mañana- dijo Pechi- y me dijo que, que, que bueno que… Laura no se como decirte esto.

-¡Pues dilo y ya!- gritó Laura, ya estaba desesperada.

-Ella me dijo que tenía SIDA, Laura… y como estuvimos un par de veces sin preservativo….

-¡¿QUE?!- gritó Laura, se levantó de la silla y se puso las manos en la cabeza -Pechi ¿tú te das cuenta de lo que esto significa?

-Laura, cálmate… yo…

-Tú y yo hemos estado juntos todo este tiempo, sin usar protección ¿tu me estás queriendo decir que tu y yo podemos estar enfermos ahora?

Pechi empezó a llorar, asintiendo con la cabeza.

Laura trató de ver en su futuro pero sólo vio una enorme nube negra que amenazaba con devorarla.

-Tenemos que hacernos esa prueba, vamos a ir mañana está bien- dijo Laura, tratando de mantener la calma para dominar la situación.

Pechi volvió a asentir con la cabeza.

-Pechi, una cosa más y me debes esto ¿quién es esa mujer con la que te metiste?

Pechi se quedó mirando a Laura con los ojos llenos de lágrimas.

-Laura…

-¡Dímelo!- le dijo ella agarrando a Pechi por su barbilla con la mano derecha- ¿Quién es esa mujer que fue a tu oficina esta mañana?

-Es tu amiga, Laura, tu amiga Tatis.

 

 

 

 

 

 

 

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