El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 76. El Infierno.

Las sirenas y el ruido inconfundible de las motocicletas se empezó a escuchar antes del mediodía. Javier Luna esperaba pacientemente. Observaba atentamente la calle desde la habitación que había alquilado en el Hotel Pizza desde hacía dos días. Tenía las manos en los bolsillos y su respiración no se había alterado. Solo tenía que esperar.

El Hotel Pizza se encontraba en la Avenida Mariscal Sucre, el lugar donde se había formado en poco tiempo la pequeña Zona Rosa de la ciudad. A pesar del estruendo infernal que se escuchaba nítidamente en la habitación, aún con las ventanas cerradas, la avenida estaba inquietantemente solitaria.

Habían pasado un par de motocicletas a toda velocidad, y un grupo de personas con cara de consternación. Pero nada más. Todos los negocios estaban cerrados y ni siquiera los estudiantes de la Escuela Técnica aparecían por la calle. Sólo tenía que esperar.

Lo único que quería hacer en aquel momento era ver a Laura, abrazarla, besarla, amarla. ¿Por qué no se resignaba a vivir sin ella, a olvidarla? Si tan sólo hubiese tenido una oportunidad con ella, una sola. Pero no, desde que Javi conoció a Laura, ella estaba marcada con el hierro ardiente del amor desbocado hacia aquel hombre al que él había sacado del fondo de una laguna oscura y hedionda aún a costa de su preciosa vida.

Con todo lo que estaba ocurriendo sólo esperaba que ella se encontrara a salvo. La había llamado la noche anterior, con la plena intención de verla, así hubiese sido en compañía de Pechi, pero ellos ya tenían otros planes. Javi tenía que hacer un enorme esfuerzo mental para no imaginarse lo que Pechi y Laura hacían en sus noches tormentosas de pasión.

Sabía que vivían juntos en Majagual desde hacía casi dos meses. Lo primero que hizo cuando puso un pie en Sincelejo luego de su viaje a Rusia fue ir a verla, pero Adriana, la madre de Laura, le dio las no tan buenas nuevas. Javi lloró de rabia aquella noche. Había encontrado la mujer de su vida pero ella pertenecía a otro hombre, era él el que disfrutaba de su olor, de su esencia, de su cuerpo cada noche, mientras él tenía que consolarse solo o con alguna prostituta de alto nivel, de esas que abundaban en Sincelejo.

La última había sido una tal Angélica. La había conocido en Manchester, un sitio de rumba ubicado justo al lado del hotel donde se encontraba en ese momento y Javi no tuvo que adivinar para saber que ella en realidad no quería su cuerpo, sino su dinero. Tenía el cabello claro, los ojos verdes y un cuerpo perfecto. Javi la hizo suya sin esfuerzo, excitado apenas en el plano físico pero convencido que sólo con Laura Curiel el sexo sería la experiencia singular que él imaginaba desde adolescente. Angélica era hermosa, sin duda. Pero ella no era Laura Curiel. Lo único que le pidió fue su número, Demyan Federov le había solicitado una mujer espectacular para su primera noche en Sincelejo y Angélica cumplía a cabalidad esos requisitos. Según le contó Federov después, la prostituta había sido un plato exquisito.

Entonces fue cuando, a través de la ventana, vio llegar a los dos hombres que estaba esperando. Ambos vestían mamelucos enteros de color negro, cachuchas y botas del mismo color y cada uno llevaba un maletín de color marrón, mientras entraban al hotel. La llamada no se hizo esperar. Javi no dejó hablar a la recepcionista.

-Déjelos pasar, por favor- dijo en un tono ansioso pero fuerte.

Ahora si empezaba a ponerse nervioso. De lo que le dijeran aquellos dos sujetos no sólo dependería su futuro financiero, sino también su vida. Demyan Fedorov se lo había advertido.

Pasaron 5 minutos antes de que se oyeran los golpes en la puerta, 5 minutos que para Javi parecieron una eternidad. Se puso las manos en la cara, no podía mostrarse débil o frágil. Tenía que ser fuerte o las consecuencias de sus actos se lo llevarían para siempre al infierno. Se arregló la camisa y se ajustó el pantalón antes de abrir.

-Tardaron demasiado- dijo Javi cuando abrió la puerta dándoles la espalda inmediatamente.

-Lo se, Patrón, pero tuvimos inconvenientes- dijo Lastre cerrando la puerta rápidamente.

-¿Inconvenientes? Todo estaba perfectamente planeado ¿Cómo así que tuvieron inconvenientes?- preguntó Javi.

Lastre se quitó la cachucha dejando a la vista su cabeza redonda y calva. Salim, el otro guardaespaldas personal de Javi, estaba detrás de Lastre impávido.

-Pues, tuvimos que deshacernos de más mototaxis- dijo Lastre.

-¿Qué? Pero si solamente iba a ser uno. Eso era lo acordado.- dijo Javi furioso, si había algo que lo hacia enojar eran las muertes innecesarias. El rostro del hermano de Kike Villamil apareció frente a él por una fracción de segundo.

-Así es patrón- habló Salim por primera vez- pero con lo que no contabamos era con que esos mototaxis nos iban a perseguir.

“El tipo que usted nos dijo estaba allí, en la multitud, y tal como usted lo dijo se dio a la fuga. Nosotros intentamos arrollarlo, tal como usted nos había indicado, pero Lastre aceleró a fondo y el tipo quedó debajo de las llantas. Ese ruido, ese ruido fue horrible, Patrón. Lastre intentó arrancar la patrulla de inmediato, pero no arrancaba. Yo creo que el cuerpo de ese man estaba atorado entre las llantas…. nos empezaron a caer piedras y los mototaxis nos rodearon, muchos de ellos se bajaron y empezaron  a mover la patrulla, Patrón. Pero Lastre pudo acelerar y creo que se llevó a otro par por delante. Luego nos metimos por la vía del Mamón, tal como usted nos había dicho, pero esos mototaxis se nos vinieron atrás y entonces fue cuando Lastre me pidió que tomara el volante. El se fue a la parte de atrás de la patrulla y abrió las puertas y empezó a disparar. No se cuantos cayeron, yo sólo conducía. Cuando vine a reaccionar, ya estábamos en el punto de encuentro que usted señaló y no venía nadie detrás de nosotros.

-No me digas que vas a llorar ahora, Salim… hicimos lo que teníamos que hacer y salimos vivos de allí- dijo Lastre que estaba completamente calmado, a diferencia de Salim que parecía estar en shock luego de su relato.

-Lastre tiene razón Salim, ya ustedes están a salvo, si quieres hoy mismo te mando para Barranquilla para que descanses- dijo Javi, preocupado no tanto por la salud de su guardaespaldas sino porque este tuviese una repentina crisis de consciencia que echara todo a perder.

-No, señor, sólo necesito creermela, necesito creer que todo está bien, y para eso necesito quedarme. Patrón, déjeme aquí con usted

-Está bien Salim, como quieras- dijo Javi, un poco más tranquilo, -¿Siguieron las instrucciones con la patrulla y con los uniformes?

-Sí, Patrón- respondió Lastre- dejamos la patrulla abandonada y le pusimos los uniformes a los difuntos y luego le metimos candela.

-Perfecto, sólo tenemos que esperar un poco más, para que todo vaya cuajando, hicieron un buen trabajo muchachos.

Si todo lo que Lastre y Salim habían dicho era verdad, el plan de Javi había funcionado mejor de lo que esperaba. Fue entonces cuando sonó su teléfono. “Demyan Fedorov” en videollamada. Javi contestó colocando su teléfono inteligente frente a él.

-Javi, espero que ese ruido infernal sea el fruto de tu trabajo y que las cosas estén marchando bien.

-Están marchando perfectamente, señor, muy pronto vamos a darle paso a la segunda parte del plan y su compañía va a poder apropiarse de esas tierras que tanto desea- dijo Javi sonriendo.

-Eso espero- dijo Federov, mostrando sus dientes torcidos enmarcados en su cara de ratón- ya estoy aburrido de escuchar esas mototocicletas…

-Señor, yo le dije que no era necesario que viniera acá a Sincelejo… yo…

-Cállate, yo voy a estar donde a mi se me de la gana, y no voy a permitir que se desperdicie mi dinero, como lo hizo el tal Aarón Paternina- dijo Federov, evidentemente molesto- Ahora, necesito que me hagas otro favor. Necesito contactar a  la mujer que me mandaste la noche que llegué. Quiero verla de nuevo.

-¿Y usted no se quedó con sus datos?- preguntó Javi extrañado.

-Si te lo estoy preguntando es por algo, Javi-dijo Federov con ironía- no tengo su teléfono y quiero que tú la contactes. Necesito verla. Me tienes informado de todo, y cuando digo todo es todo. ¿Está bien?

-Está bien, señor, yo lo aviso si hay novedades- respondió Javi colgando la videollamada.

Javi estaba sumergido en un torbellino de emociones contradictorias. Por un lado estaba feliz de que su plan hubiese funcionado, eso aseguraba no sólo una buena suma de dinero, sino también su propia vida, pero también se sentía furioso por la forma en que Demyan Fedorov lo trataba. Si había algo que no soportaba era que lo humillaran y Fedorov era particularmente bueno en eso. Ahora lo había puesto a buscar a la prostituta que le había enviado aquella noche, a la tal Angélica. “¿Qué tal?” Nuevamente se puso las manos en la cara. Tenía que calmarse. Tenía que organizarse.

-Muchachos- les dijo a Lastre y Salim, que al parecer esperaban instrucciones- yo les pedí habitaciones aquí en el hotel, les sugiero que se aseen, duerman y descansen. Lo de hoy es el primer paso, pero hay mucho más que tenemos que hacer ¿me entienden?

-Sí, patrón- respondió Salim

-Patrón si usted me da permiso, me gustaría salir a hacer unas vueltas personales, tengo un par de cuentas pendientes por allí y su usted me autoriza quisiera tomarme la tarde libre- dijo Lastre dando un paso al frente.

-Como gustes- dijo Javi. Después de lo que había hecho Lastre, lo menos que podía hacer era darle esa tarde libre, aunque sabía bien lo que quería decir con cuentas pendientes- después que no vayas a arruinar lo que hemos hecho, puedes hacer lo que quieras.

-Tranquilo, patrón, sólo me voy a deshacer de dos fichitas que quedaron en deuda conmigo hace dos años- dijo Lastre tocándose el abdomen, donde Javi sabía que el asesino tenía una cicatriz de espanto.

Javi les entregó las llaves a sus empleados. Habitaciones 205 y 307. Lo que quisieran hacer luego que salieran de su habitación, ya era asunto de ellos.

Hacía más de una hora que Lastre y Salim se habían marchado cuando sonó nuevamente el teléfono celular. “No puede ser” pensó Javi, creyendo que era una llamada de Fedorov. Pero no era él.

-Aló ¿Laura?

-Javi- dijo Laura del otro lado del teléfono, estaba llorando.

-Laura, ¿qué está pasando? ¿por qué lloras? ¿dónde estás? ¿Laura?

-Javi, ven a recogerme por favor…- dijo Laura entre sollozos.

-Dime dónde estás y te voy a buscar de inmediato.

-Estoy en el parque de La Ford, estoy acá sentada en una de las bancas, por favor dime que no te vas a demorar.

-Claro que no, ya salgo para allá.

Javi tomó las llaves de su camioneta y bajó de inmediato al parqueadero del hotel.

-Señor, está seguro que quiere salir, me dicen que los mototaxis están quemando vainas y tirando piedras por todos lados- dijo el vigilante cuando vio que Javi saldría.

-Nunca, había estado más seguro de algo en mi vida- respondió Javi antes de salir a toda velocidad.

La Avenida Las Peñitas estaba bloqueada así que le tocó bajar por detrás de “El Fresno” y salir al cementerio y de allí bajar a La Ford. El ruido era espantoso. Se escuchaban cosas explotando, se veía humo a lo lejos en varias direcciones y el estruendo de las mototocicletas era tan definido que parecía un ser viviente revoloteando por los aires.

Dejó la camioneta frente al “Viento Libre”, el restaurante que quedaba justo al lado del parque de La Ford.  No veía a Laura por ninguna parte.

-¡Laura!

Javi recorrió el parque y justo del otro lado, sentada en un corredor con la cabeza sobre las piernas estaba la mujer que él amaba.

-¿Laura? Laura, mi amor ¿estás bien?

Laura lo miró una fracción de segundo con los ojos llenos de lágrimas. Si Pechi era el responsable de esto, le iba a cumplir lo que le había prometido. Ella se abalanzó contra él y empezó a llorar a lágrima viva.

-Javi, ayúdame por favor…

-Laura, dime que te pasa, por favor, haría lo que fuera por ti, Laura ¿qué te pasa?

Pero ella no le respondió, sólo se abrazó más fuerte contra él. Javi sentía que su mundo se desvanecía al contacto de su piel.

-Laura dime la verdad ¿Es por Pechi que estás llorando?

Laura no contesto con palabras, pero movió su cabeza en un gesto afirmativo.

“Esto es todo, Pechi, estás muerto” pensó Javi mientras sujetaba a Laura en medio de la calle solitaria y el ruido infernal de las motocicletas que ya había inundado a toda la ciudad.

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