El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 77. El Cómplice.

El recuerdo de aquella noche siniestra aún estaba en su mente. La habían despertado las luces intermitentes de la patrulla que se había estacionado en su casa, justo antes de escuchar tres golpes fuertes y definidos provenientes de la puerta del frente.

Su padre había abierto la puerta la puerta de su habitación por un par de segundos, pero ella cerro los ojos, pretendiendo que seguía dormida, era un truco que ya había puesto en práctica, sobre todo cuando quería que alguno de sus padres la cargara hasta su habitación.

Las luces azules y rojas que entraban furiosamente por la ventana no la dejaban dormir, pero era el silencio lo que más la asustaba. No se escuchaba nada. Alguien había llegado a la casa, pero ella no oía absolutamente nada. Sólo cuando las luces se esfumaron de la habitación, ella pudo escuchar el lamento largo y definido de su padre proveniente de la sala. Al día siguiente supo que su madre había muerto.

Cindy recorrió la casa nuevamente, tratando de buscar entre sus recuerdos una pista de lo que en realidad había sucedido aquella noche, tratando de convencerse de que lo que decía el folio que le había entregado Camilo Naar sobre la muerte de su madre era una mentira. Pero por más que escarbó en su cerebro sólo puedo encontrar dos cosas: las luces y el silencio.

Su padre no estaba en la casa y cuando Cindy trató de llamarlo encontró su celular tirado en el mesón de la cocina, junto a una jarra humeante de café. No había salido hace mucho. Cindy puso la copia del expediente en la mesa de centro de la sala, con la tinta de la impresión aún fresca en el papel. Camilo le había dado el resto de la tarde libre, sabía que ella lo necesitaría.

Pero lo que Cindy necesitaba en aquél momento no era solamente tiempo. Ella necesitaba a Nane. Y pensar que lo había tenido a milímetros cuando él la llevó hasta la universidad, disfrazado de mototaxi y cubriendo su rostro para que ella no lo reconociera. “¿Qué estás haciendo Nane?” Cindy buscó su celular y marcó el número del que él la llamaba todas las noches sin falta.

El teléfono no timbró, sólo se quedó en silencio por varios segundos hasta que la voz impersonal del otro lado de la linea simplemente dijo “Sistema correo de voz…” “¿Dónde estás Nane?” lo necesitaba, era en aquellos momentos cuando se sentía perdida que en realidad se daba cuenta de cuanto lo amaba. Habían sobrevivido a una bomba, a los malentendidos por causa de su atracción por Camilo Naar y hasta a un intento de homocidio. Pero él había considerado que aún no era tiempo de que estuvieran juntos.

“¿Era esto lo que me querías demostrar, Nane? ¿Que podías sobrevivir sólo? ¿Era eso?” Cindy recordó la motocicleta en la que la había llevado a la universidad, era demasiado parecida a la que tenía Pechi en sus tiempos de mototaxi, tenía que ser la misma. Pechi era la clave. Él sabía donde estaba Nane. Tomó su teléfono y marcó su número. Nada. Pasó lo mismo que cuando intentó llamar a Nane. “¿Qué rayos es lo que está pasando? ¿Acaso nadie me quiere contestar?”.

Cindy se sentó en el sillón de la sala, frustrada… nada le estaba saliendo bien. Releyó la copia del expediente, tratando de buscarle algo de lógica a todo aquello. Camilo le había resumido lo que decía y ella lo había leído de principio a fin, pero entre más leía el informe, más inverosímiles le parecían las palabras. Algo tenía que haber allí para demostrar que aquello no era cierto. Sólo era otra mentira.

…también se confirmó que la finada Patricia Monterroza tenía como cómplices a los señores Álvaro Teherán Narvaez y Jesús Francisco Patiño, ambos residentes en la ciudad de Sincelejo…

Había algo en esos nombres que le sonaba a Cindy… ¿pero qué era? ¿qué?. Buscó en el directorio telefónico, que después que luego de que los teléfonos celulares se empezaran a vender como pan caliente, parecía venir cada vez más delgado. Buscó primero la P “Patiño” buscó con el dedo en la larga lista de nombres, sí allí estaba. Patiño Nova Jesús Francisco. Calle 21 N° 18-16. Apartamento 201. Centro. Buscó el otro nombre, “Teherán” había dos Álvaros con el apellido Teherán, pero ninguno con los dos apellidos “Teherán Narvaez” el señor Patiño era la única opción que le quedaba y estaba tan desesperada por respuestas que no podía quedarse en la casa esperando a su padre.

No había permanecido más de una hora en la casa, pero al salir notó que algo había diferente y no tardó mucho en darse cuenta que era: no había motos circulando en la calle. Sincelejo tenía más de 10.000 motos circulando todo el día por toda la ciudad y que no hubiese ninguna en la calle en aquel momento ya estaba en los terrenos de lo extraño. “¿Qué rayos es lo que está pasando?” pensó Cindy, mientras trataba de pensar como llegaría hasta el centro.

Fue en ese momento en que pasó un taxi, iba vacío. Cindy sacó la mano pero no paró. “¿Qué?”, Cindy empezó a caminar por la calle principal de “El Cortijo” no sin darse cuenta que un ambiente pesado había caído sobre el barrio. Algo estaba pasando. Otro taxi vacío pasó junto a ella. Este si se detuvo a su señal, pero cuando Cindy trató de abrir la puerta no pudo hacerlo.

-¿Para dónde va?- preguntó el tosco taxista abriendo la ventana del carro.

-Para el centro, señor, por donde quedaba la empresa de agua…- dijo Cindy colocándose el cabello detrás de las orejas, inclinada sobre la ventana del taxi.

El taxista pareció pensarlo mientras se sujetaba la barba con la mano derecha.

-Está bien, súbase- dijo.

El taxi no había avanzado ni 100 metros cuando Cindy se dio cuenta que algo andaba mal. Normalmente, el taxista hubiese subido por la Iglesia de los Mormones y tomado la Avenida Argelia, pero este se había metido por Tacaloa, por la Iglesia del Divino Niño y tomó el rumbo por Rita de Arrazola.

-Señor ¿Por qué nos vamos por aquí?- preguntó ella tratando de disimular la preocupación.

-¿Es que usted no sabe?

-¿No sé qué?

-La policía mató a unos mototaxis por los lados de la UPES, por allá en la troncal, y eso está vuelto una pesadilla por Las Peñitas y por La Ocala, esos no tarda en venirse por la Alfonso Lopez también, por eso es mejor por acá y la dejo por el semáforo del Banco Agropecuario.

-¿Cómo así que la policía mató a un mototaxi? Eso no puede ser.

-Pues puede ser, y no mató a un mototaxi, mató a varios.

“Nane” fue lo único en lo que pensó Cindy, en el hombre que amaba disfrazado de mototaxi ¿Acaso habría sido él? No, no quería ni pensar en eso. Marcó nuevamente el número. Pasó lo mismo, no hubo respuesta.

-Ni lo intente- dijo el taxista- parece que la policía mandó a apagar todas las torres de los celulares, para que los mototaxis no se pusieran de acuerdo. No hay señal en ninguna parte. Bueno hasta aquí la dejo.

Cindy se bajó del taxi más confundida que antes. Las cosas debían estar muy graves para que la policía mandara a apagar toda la comunicación vía celular en la ciudad. El centro estaba igual de vacío y allí se podía escuchar perfectamente el zumbido de las motocicletas. Pensó en regresar de nuevo a su casa, pero ya estaba a menos de dos cuadras de la casa de Jesús Patiño, lo mejor sería que entrara y hablara rápidamente con el sujeto. El infierno se tomaría pronto a Sincelejo y ella no quería quedar atrapada en los desórdenes.

Llegó hasta la dirección indicada, era un edificio de apartamentos y había varios timbres al lado de la puerta. Cindy tocó el 201.

-Sí ¿a la orden? preguntó una voz robótica a través del comunicador.

-Sí, buenas, mi nombre es Cindy Villarreal, busco al señor Jesús Patiño.

No hubo respuesta. La puerta emitió un sonido extraño y Cindy sólo tuvo que empujarla para abrirla completamente. Subió las estrechas escaleras con cuidado hasta llegar al pasillo donde se encontraba el apartamento que buscaba. La puerta estaba abierta.

Cindy tocó con los nudillos.

-¡Buenas!

La puerta se abrió lentamente. Una casa llena de muebles clásicos, que parecían ser de la época de su abuela, que en paz descanse, y al fondo de espaldas a ella y de frente a una enorme ventana, un hombre con las manos en los bolsillos.

-Buenas, disculpe ¿usted es el señor Jesús Patiño?

-Sí- dijo él volteándose- ese soy yo. Que gusto verte de nuevo, Cindy.

Era un hombre de unos sesenta años, pero tenía la mandíbula firme y la mirada vivaz de la gente a la que le faltaba mucho por vivir aún.

-¿Nuevamente? Disculpe señor, pero creo que yo no lo conozco.

-Siéntate, Cindy- dijo él acercándose al lugar donde se encontraba.

-No, gracias, la verdad no pienso demorarme- dijo ella.

-Si estás aquí es porque vienes a hablar de tu madre ¿No es verdad?

-Así es, usted fue su…

-Su amigo, tu no me recuerdas porque estabas muy pequeña y yo ya estoy muy viejo, pero yo solía ir mucho a tu casa, hasta que pasó todo aquella tragedia.

-Yo leí un expediente- dijo Cindy aceptando la invitación a sentarse- dice que mi mamá murió por transportar explosivos en su automóvil, que eran explosivos con los que pensaba atentar contra sitios públicos, que iba a cometer un acto de terrorismo, que era una guerrillera… eso no puede ser cierto, mi papá me dijo que ella había muerto en un accidente, él me dijo…

-El te dijo lo que era mejor para ti, Cindy, tenías apenas 9 años ¿querías que te dijera que tu mamá había muerto así, como la peor de las criminales?

-¿Entonces sí es cierto?

-Sí, y ya creo que estás en edad de saberlo. Si mal no estoy trabajas en el periodicucho ese de Juancho Pedroza, si trabajas allí es porque tienes algo de cerebro ¿sí o no? Entonces, piensa un poco ¿cómo crees que tu papá conoció a tu mamá? en las mismas reuniones y en los mismos mitines donde nosotros hablábamos de igualdad y de socialismo. Ya estoy muy viejo para pensar en si hacíamos lo correcto o no… la verdad es que pagamos muy caro el daño que pensábamos causar. Patricia murió transportando los explosivos y a mí y a Álvaro nos metieron presos por cómplices. Álvaro murió en la cárcel, una hemorragia en el culo después que un montón de pervertidos lo violaron en la cárcel, era un niño apenas, no como yo que ya era un hombre hecho y derecho. Yo salí hace unos años y recompuse mi vida con lo poco que me dejó mi mamá. Fue cuando supe que tu papá seguía con la insurgencia.

-Mi papá no sigue con la insurgencia, como usted dice.

Jesús Patiño emitió una sonora carcajada.

-Crees que después de lo que pasó hace dos años, cuando tu lo sorprendiste, él dejó de hacer de las suyas, Alirio sigue tan activo como siempre, sólo que ya no es tan bobo de salir con un trapo en la cara a tirarle piedras a los policías.  ¿Dónde crees que está él en estos momentos? Sincelejo está a punto de convertirse en un infierno y eso es lo que la gente como nosotros busca… el caos, allí es donde podemos reinar.

-Usted es un monstruo, dijo Cindy levantándose de la silla y dirigiéndose a la puerta- mejor me largo de aquí.

-¿Monstruo? ante tus ojos quizás, pero recuerda que no soy peor que tu papá o tu mamá.

-¡Ya cállese! ¡CÁLLESE! – le gritó Cindy a Patiño

Estaba a punto de salir cuando escuchó a Patiño nuevamente.

-Se que estuviste en la oficina de mi amigo Carlos Serpa- dijo.

-¿Qué?

-¿Qué de qué? ¿Te sorprende que conozca tanto de tu vida? Somos muchos más de los que crees, Cindy y sólo estamos esperando el momento propicio… como ahora.

Cindy negó con la cabeza. ¿En qué clase de mundo había crecido ella? Su mamá había muerto no en un accidente, sino transportando los explosivos con los que iba a cometer un acto terrorista. Su papá le había mentido toda su vida y seguía mintiéndole. Y hasta la gente cercana a ella estaba untada hasta el cuello en aquella porquería. No lo podía creer.

-Es mejor que me vaya…- dijo ella.

-Las tierras de tu novio, el niñito Mansur… ¿sabes que es lo que hay allí que las hacen tan valiosas?

-¿Qué sabe usted de eso?

-Mucho más que tú por lo que veo.

-Pues si sabe tanto ¿por qué no deja de dar tantas vueltas y me lo dice?

-Te voy a decir lo que sé, pero sólo si te calmas, te sientas y me escuchas. Igual no vaya a ser que una motocicleta te lleve por delante cuando salgas de aquí, tu papá no me perdonaría que por mi culpa, a su hija le pasara algo horrible como le pasó a su mujer… así que tu decides, Cindy, te quedas y escuchas o te vas y te quedas para siempre con la duda.

Cindy no tuvo que pensarlo para dar una respuesta.

-Está bien, me quedo, ahora… empiece a hablar.

 

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