El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 78. El Dios.

-Tienes que quitarte la camiseta- le dijo la mujer.

-No puedo hacerlo- dijo Nane conteniendo el llanto. El dolor era tan fuerte que estaba gastando toda sus fuerzas en no salir gritando de aquella habitación como un loco. No le quedaban fuerzas para nada más, mucho menos para quitarse la camiseta.

-Nane, por favor…- dijo Angélica que estaba justo frente a él.

-No puedo, me duele mucho- dijo Nane con el corazón en la mano.

-Nati ¿tienes tijeras aquí?- le preguntó Angélica a la mujer.

-Sí, déjame la consigo- dijo la mujer a la que Angélica llamó Nati.

-Perdóname, Nane, todo esto fue mi culpa- le dijo Angélica que también parecía estar al  borde del llanto. Era tan hermosa…

-Aquí están- dijo Nati trayendo las tijeras en la mano.

-Ven- dijo Angélica mientras movía a Nane hacía adelante, dejando un espacio entre el espaldar del sillón y su espalda. Tomó las tijeras y empezó a cortar. Pronto Nane había quedado con su torso desnudo en frente de aquellas dos mujeres que no tenían nada de feas. “Que vergüenza” pensó, pero la vergüenza era el menor de sus problemas en ese momento.

-¡Ay, jueputa!- exclamó Nane cuando vio su hombro completamente fuera de su lugar. Ahora si era verdad que no podía contener las lágrimas. ¿Qué era lo que le estaba pasando?

-Tranquilo, Nane, tranquilo- dijo Nati- sólo tienes el hombro dislocado, hay que volver a ponerlo en su lugar para que te deje de doler.

Le parecía gracioso como la doctora, amiga de Angélica, dijo “sólo”, claro como ella no era la que estaba sufriendo.

-¿Y cómo piensa hacerlo?- dijo Nane jadeando- ¡tiene que llevarme a un hospital!

-Con todo lo que está pasando pasarían horas antes de que un médico de urgencias te atienda- le dijo la doctora- a esta hora ya debe haber hasta muertos.

Claro que había muertos. Cuando Nane subió hasta la troncal a buscar a Angélica estaba el cuerpo de un hombre con la cabeza destripada en medio de la carretera, mientras una horda de mototaxis furiosos trataban de tumbar la patrulla. Nane vio como el vehículo había arrancado sin ningún anuncio, arrojando a los costados a los individuos que le estaban a obstaculizándo el paso. Fue  en ese momento que vio a Angélica impávida viendo la escena, mientras las rocas llovían tratando de alcanzar la patrulla que en ese momento ya se había dado a la fuga.

Tuvo que cargarla para poder ponerla a salvo, sin saber que más tarde sería él el que necesitaría que lo pusieran a salvo.

No había llegado ni siquiera a Venecia, cuando el hombro le empezó a doler como un infierno. Angélica le preguntó si estaba bien, pero el no le contestó, pensando que si no hablaba el dolor se iba a ir. “Si como no”

-Nane, métete por aquí, no estás bien- le había dicho Angélica y era lo último que recordaba, antes de despertar en una sala desconocida y con el alma en un hilo por cuenta del dolor insoportable.

-Nati, también está sangrando le dijo Angélica tocándolo cariñosamente detrás de la oreja.

-Déjame ver… no, es algo superficial, lo primero es el hombro ¿pero qué fue lo que les pasó?- preguntó Nati

-Nos caímos de la moto…

-La moto ¿dónde está la moto? – preguntó Nane sinceramente preocupado, olvidándose del dolor por un segundo.

-Tranquilo Nane, el esposo de Nati nos ayudó y guardó la moto, no te preocupes  está en toda la entrada de la casa. Nos caímos de la moto, porque te desmayaste… ¿no recuerdas?

-No- dijo Nane mordiéndose los labios para no gritar- ¿tú estás bien?

-Sí, no me pasó nada, sólo rodé un poco por una hierba- dijo Angelica sonriendo. Era tan hermosa y tan dulce y lo veía con tanto cariño. Definitivamente aquella mujer le movía el piso- menos mal estábamos cerca y el teniente escuchó.

-¿El teniente? ¿Cuál teniente?- preguntó Nane.

-El teniente Andrade, el marido de Nati, tú no lo viste porque se tuvo que ir, lo llamaron de urgencia- respondió Angélica.

¿Sería el mismo teniente Andrade, de la ocasión en que estuvo preso por meterse a robar a la casa de Cindy? No podía ser tanta casualidad.

-Dijo que me llamaría cuando llegara al comando y mira la hora que es… – dijo Nati.

-¿Por qué no le marcas?

-Ahora, primero vamos a colocarle el hombro en su lugar a tu amigo. ¿Estás listo?- preguntó Nati mirando a Nane.

-No- respondió él sinceramente.

-Angie, agárralo por el otro lado y que no se mueva- dijo Nati muy en serio.

-Listo Nane, Uno- no llegó al dos cuando la mujer estiró el brazo derecho por completo y lo empujó hacia atrás.

Como diría la Negra Alegría vio “al diablo encuero y bailando cumbia” del dolor tan horripilante que sintió, pero este se desvaneció, al igual que la sala donde estaba, al igual que Nati y al igual que Angélica. De pronto ya no estaba en aquella casa, ni siquiera en Sincelejo. Estaba en el bosque congelado con el que había soñado unos días antes.

La mujer de hielo estaba justo frente a él. Era ella, no tenía dudas. La había visto en el mundo real hacía unos segundos, pero acá era aún más hermosa. “¿Angélica?” dijo Nane tratando de llamar su atención, pero ella seguía caminando en medio de la nieve, dirigiéndose a la montaña tenebrosa que estaba al fondo.  Se escuchó una voz profunda y penetrante que hizo temblar todos los árboles de aquél bosque congelado.

-Mira a tu lado, mira a tu lado, lado, ado, ado, ado…

Cuándo volteó a mirar ya la mujer de hielo no estaba, pero había algo fuera de lo normal. No podía ser. ¿Acaso la montaña se estaba acercando a él? “Esto tiene que ser una broma” . Nane supo entonces que tenía que correr o la montaña lo aplastaría.

-Mira a tu lado, ado, ado, ado- volvió a escucharse la misma voz, pero Nane sólo podía prestarle atención a la montaña que se acerba a él. Pero era inútil, ya lo había alcanzado, sintió como millones de piedras y palos lo golpeaban y lo hundían para siempre en la oscuridad más terrible que él hubiese imaginado. En ese momento sólo una palabra a la mente y reunió todo el aire de sus pulmones para poder decirla antes de caer en el abismo.

-¡CINDY!

Abrió los ojos asustado. Seguía en la misma habitación. Tenía el hombro derecho vendado y estaba recostado en el sofá. De pronto escuchó voces.

-¿Todavía está aquí?- era la voz de un hombre.

-Sí, aquí está- dijo la voz de Nati, Nane cerró los ojos estaba demasiado cansado- se desmayó cuando le coloqué el hombro en su lugar. ¿De dónde lo conoces tú?

-Pues es el hijo del difunto Tito Mansur- dijo la voz que Nane ahora reconocía como la del Teniente Mario Andrade.

-¿Qué? Pero… ¿Por qué estaba vestido de mototaxi?- preguntó Nati.

-Pues yo lo que me pregunto es ¿Cómo terminó aquí con tu amiga Angélica? La mamá lo anda buscando desde hace varias semanas y mira donde vino a parar… estos ricos y sus locuras.- dijo Andrade en tono amargo.

Tenía razón. Todo aquello era una locura. Pero había una razón por la que quería hacerlo, quería probarle a Cindy que él era más que el niño consentido de una familia de ricos. Quería demostrarle que podía enfrentarse a la vida sin la ayuda de nadie.

-¿Qué vas a hacer?- preguntó Nati.

-Debo regresar al comando, mija- dijo Andrade cambiando de tono- esto se está poniendo color de hormiga. Encontraron la patrulla que se llevó por delante a los mototaxis en la UPES, por el camino del Mamón. Estaba achicharrada, esos hijueputas mataron a Almanza y a Gutierrez y luego les prendieron candela. No quiero creer que haya sido al contrario, yo conocía a esos pelados, Nati. Eran unos niños, apenas habían salido de la escuela.

-Pero fueron ellos los que empezaron, Angélica me dijo que la patrulla le aplastó la cabeza a uno de los mototaxis y luego arrolló a varios más, cuando trató de huir.

-Eso es lo que me parece extraño, ellos no tenían orden de parar motos o de pedir papeles esta mañana, los habían mandado por los lados de Venecia a patrullar ¿Qué hacían en la UPES? Y todavía no me cabe en la cabeza como hicieron todo eso… hay 8 mototaxis muertos. 3 murieron en la autopista y hay 5 más en el camino para el Mamón. Dicen que uno de los policías salió de la patrulla y empezó a disparar. Yo aún no lo puedo creer.

-Quizás no estás viendo claramente lo que sucede, igual Angélica y este muchacho vieron lo que pasó.

-Tienes razón que se queden aquí… yo me voy para el comando, cualquier cosa te llamo.

-No hay celulares, amor- dijo Nati.

-Del fijo, mija- le dijo Andrade con un marcado acento santandereano.

-Andrade- dijo Nane abriendo los ojos y haciendo un esfuerzo por incorporarse- No le vaya a decir nada a mi mamá, yo me quedo aquí disponible pero no le vaya a decir nada a ella. Por favor.

-Esta bien, pero tenemos mucho de que hablar muchacho- dijo Andrade saliendo de la sala. Pronto se escuchó el sonido de la motocicleta arrancando.

-Esto se ve muy mal- dijo Nati- los mototaxis están enfurecidos y los policías también… no veo como puede terminar bien esto…. Y ¿cómo te sientes?

-Bien, ya no me duele tanto…

-Se te va a pasar, sólo te quedan los moretones. Angélica fue a comprar unas cosas para desinfectarte la herida que tienes en la cabeza.

-¿Por qué dijo que no había celulares?

-No hay, la policía mandó a apagar todas las antenas. No se pueden hacer llamadas. No quieren que los mototaxis se pongan de acuerdo.

-Para ponerse de acuerdo no necesitan celulares.

Una sombra se apoderó de la puerta y una figura femenina apareció tras ella.

-Ay Nane, despertaste- dijo Angélica abrazándolo y besándolo en los labios por un segundo que pareció eterno.

Pero para ella no tuvo el mismo impacto que para él.

-No hay ni una tienda abierta, me tocó ir hasta Florencia- le dijo Angélica a Nati, mientras le entregaba las cosas.

Angélica miró desde lejos mientras Nati le hacía la curación en la cabeza, que comparada con la compostura del hombro fue mucho menos dolorosa.

-Voy a preparar algo para comer, Angie cuida a tu novio- dijo Nati cuando salió de la sala.

Angélica se sentó del lado opuesto del sofá.

-Pobre Nati, cree que somos novios- dijo Angélica sonriendo de la picardía.

-Pues si me besas en la boca, tiene razones para creerlo- dijo Nane acomodándose para verla a los ojos- ¿Por qué lo hiciste?

-¿No te gustó?

-No me respondas con otra pregunta- dijo Nane con un tinte de rabia en su voz.

-No tienes por qué utilizar ese tono conmigo….

-No estoy utilizando ningún tono, yo sólo…

Angélica se levantó del sofá.

-Es que yo soy una boba, definitivamente, yo tratándote bien y preocupada por ti y tú me respondes con groserías… es el colmo.

Nane ahora se sintió culpable. ¿Cómo lograban las mujeres eso? Podían pasar de victimarias a víctimas en segundos. Lo sabía porque su madre era especialista en eso.

-Angélica la verdad, yo…

-¿Sabes por qué lo hice? Por qué me pareces muy lindo, porque me gustas, por eso…

Nane de alguna manera ya sabía lo que sentía Angélica, lo supo cuando ella no paraba de mirarlo cuando la recogió por los lados de Villa Suiza y la había dejado en aquel hotel, lo supo cuando le pidió el nombre y su número y lo supo cuando la primera llamada que recibió aquel día había sido la de ella.

-Angélica, tu eres una mujer muy hermosa, de verdad… eres muy linda, pero yo la verdad estoy enamorado de otra persona.

-Ah ya, es que eres marica ¿verdad?

-No… no es eso ¿acaso tengo pinta de marica?

-¿Y es que acaso para ser marica hay que tener pinta de marica?

-No se, lo único que se en estos momentos es que estoy enamorado de otra mujer. De mi novia. Lo siento pero no puedo corresponderte. Además sólo nos conocemos hace un par de días, yo…

Angélica le hizo un gesto con la mano para que guardara silencio. Pareció pensar un poco las cosas.

-Está bien entiendo. Yo creo que voy a ayudar a Nati en la cocina. ¿Por qué no te acuestas un momento?

-Angélica, yo…

-Tienes que descansar- le dijo ella extendiéndole la mano- allá es el cuarto de la hija del teniente, ella está de vacaciones, puedes descansar allí.

Aquello no sonaba nada mal. Un buen descanso y un sueño relajador, ojalá sin pesadillas no sonaba nada mal. Trató de levantarse pero no pudo.

-Deja yo te ayudo- dijo Angélica ayudándolo a levantarse y dirigiendolo al cuarto de que le había señalado.

Una vez adentro ella cerró la puerta con seguro.

-¿Qué haces? – preguntó Nane, mientras Angélica se acercaba a él.

-Sólo quiero saber que tan enamorado estás- dijo ella, acariciándole el hombro herido y deslizando la yema de los dedos por el torso hasta encontrarse con el pantalón.

-Angélica, por favor, detente, yo no…

Entonces fue cuando vio que todo esta a punto de irse al demonio, estaba completamente erecto. Trató de pensar en Cindy, en su mamá, en su papá y en su tío muertos hace tiempo, pero de nada valió cuando Angélica se arrodilló frente a él y le desabrochó la correa, le abrió el botón del pantalón y le bajó la cremallera y los boxers. Nane trató de separarse pero no pudo, ya era demasiado tarde. Ya estaba hundido hasta el cuello en las mieles de aquel placer insensato que lo hacía sentir como un dios, al mismo tiempo que lo hacía sentir como un miserable.

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