El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 79. El Grito.

-Laura, ¡Laura!

Escuchó la voz nuevamente. Era aquella voz que a veces la llamaba en sus sueños, pero esta vez estaba segura que no estaba soñando. Sólo le costaba mucho abrir los párpados… los sentía tan pesados. “¿Pechi?” No, no podía ser él. “¿Donde estoy? Pechi ¿Dónde estás?” No quería despertar y enfrentarse con el mundo de nuevo. Si pudiera seguir dormida para siempre, como una princesa de cuento ¿no sería todo más fácil? Sin preocupaciones, sin problemas, sin engaños, sin mentiras. Todo sería mucho más sencillo.

-¡Laura, despierta!

“Javi” pensó ella. Claro era él. Ahora podía recordar. Él la había encontrado, en la Ford, hecha un desastre luego de lo que pasó con Pechi “¿Por qué? Pechi ¿Por qué?”. Javi la había abrazado suavemente pero con firmeza y la había consolado con aquella voz profunda y varonil. “Vamos, no podemos quedarnos aquí” le había dicho él antes de que ambos subieran a su camioneta. “Las Palmas” ese era el nombre del restaurante campestre al que él la había llevado para que se calmara. Estaba hecha un manojo de nervios, pero luego de varias cervezas, un almuerzo completo y una extensa charla con Javi, pudo calmarse. Se calmó tanto que se quedó dormida en una de las hamacas de colores que rodeaban los kioskos de aquel lugar familiar.

-¡Laura, ya es tarde, tenemos que irnos!

Sólo entonces abrió los ojos y sonrió. Allí estaba él, sonriendo también. Laura lo había visto sonreír tan pocas veces que aquello era casi una revelación.

-Buenos días, dormilona- dijo él.

-¿Buenos días? ¿Cuánto dormí o qué?- preguntó ella admirando en secreto la forma en que la sonrisa de Javi lo hacía ver aún más atractivo.

-Como dos horas- dijo él- Son las cinco y treinta, ya el dueño estaba a punto de cobrarme no por la comida, sino por el hospedaje.

-Que pena, Javi, de verdad- trató de disculparse Laura.

-Tranquila, disfrute cada minuto viéndote dormir- dijo él- ya no te ves tan nerviosa como cuándo llegamos ¿te sientes mejor?

-Sí, la verdad sí… me hizo muy bien dormir.

-Yo te hubiese dejado descansar, pero algo raro está pasando, no he podido hacer ni una llamada del celular.

-¿Qué?

-Si, luego de que te quedaste dormida, intenté hacer una llamada- dijo Javi cambiando su rostro sonriente por otro más sombrío- pero no la pude hacer… le pregunté al dueño y él tampoco se ha podido comunicar con nadie… creo que lo mejor es que regresemos a Sincelejo.

-Tienes razón- dijo Laura levantándose de la hamaca- espera ya regreso.

Laura caminó descalza hasta el baño, escuchando a lo lejos el zumbido de las motocicletas. Javi le había contado lo que había sucedido cuando llegaron. De tan sólo imaginar todo lo que estaba pasando con los mototaxis y la policía, casi olvida lo que había sucedido con Pechi unas horas antes. Laura se echó agua en el rostro y se observó un momento en el espejo con marco de madera que dominaba el baño de damas.

-¿Pechi? ¿Pechi?- le había preguntado ella cuando él abrió los sobres con los resultados de la prueba del VIH que se habían practicado.

-No, no entiendo- había respondido él.

-¿Cómo que no entiendes?

-Sólo veo números… no dice nada más.

-Déjame ver…- le había dicho Laura arrancándole los papeles de las manos.

Sólo números como había dicho Pechi. Laura recordaba el temblor en sus manos cuando intentó comprender lo que decían esos papeles. Un conteo, y un umbral. Por encima significaba que estaban condenados.

-¿Qué es lo que quieren decir esos papeles?- había preguntado Pechi.

-Son negativos- le había dicho Laura.

Pechi había emitido aquella sonrisa luminosa y la había agarrado de la cintura y la había levantado del piso.

-Estamos sanos, Laura, estamos sanos…- había dicho él feliz.

Fue en ese momento que Laura comprendió que aquella felicidad que Pechi tenía dibujada en su rostro sólo se repetiría cuándo el viera a un hijo suyo en sus brazos. Un hijo que ella no le podía dar. Había perdonado a Pechi y había retomado su relación con él y estaba tan feliz que había pasado por alto ese detalle. Ella nunca podría darle hijos. Estaba segura que Pechi la amaba, pero si seguía con él tarde o temprano él resentiría el hecho que ella ahora estaba seca por dentro y conseguiría otra mujer, otra Tatis.

-Lo siento, Pechi, pero esto entre nosotros no va a funcionar así- le había dicho ella- lo mejor es que no volvamos a vernos más.

Pechi había intentado razonar con ella, le había suplicado, le había pedido, pero su voluntad era de hierro… no podía seguir con él.

-¡Déjame en paz!- le había dicho como medida desesperada- el peor error de mi vida fue meterme con un ignorante mujeriego como tú, ya estoy cansada de tantas decepciones contigo. ¡Lárgate de mi vida para siempre!

Eso había sido suficiente. Laura dejó a Pechi sólo en aquél lugar, mientras ella trataba de buscar un lugar donde pudiera llorar sin que nadie la viera. Pero apenas había caminado dos cuadras cuando, justo frente al mismo parque donde ella había presenciado el asesinato de Pacho Espinosa, se sentó en una terraza a llorar sin consuelo. Fue desde allí donde llamó a Javi y fue allí donde él la encontró.

Laura salió del baño perfectamente arreglada. El zumbido de las motocicletas se escuchaba más cerca.

-¿Listo?- preguntó Javi que estaba sentado en el bar.

-Sí, listo.

Ya estaban ambos en la camioneta cuando Javi tocó nuevamente el tema de Pechi.

-¿Qué hubiese pasado si en verdad Pechi te hubiese contagiado de eso?- preguntó él mientras encendía el aire acondicionado.

-¿De SIDA? Pues nada, igual parece que con SIDA o sin SIDA mi vida es una porquería.

Fue entonces que Javi la tomó de la barbilla y la miró con una mirada tan extraña que Laura se asustó.

-Nunca vuelvas a decir eso, tu vales mucho Laura y Pechi no merece que te trates así ¿me entiendes?

-Está bien, pero cálmate- le dijo ella removiendo la mano de Javi de su rostro.

-Perdóname, pero es que me da rabia- dijo él sin mirarla- me da rabia que tu le des todo a Pechi y que él te haga daño, tu te mereces otra cosa, tu mereces a alguien que te quiera.

-¿A alguien como tú?

Javi volteó a verla y le sostuvo la mirada durante un segundo antes de mirar nuevamente hacia el parabrisas.

-Sí, a alguien como yo, pero eso es un sueño ¿sí o que? tú no sientes nada por mi.

“¿Qué pasaría si le dijera la verdad?” pensó Laura “¿Qué?”

-Si siento algo por ti- dijo ella.

No sabía muy bien que era lo que la había hecho hablar, si había sido el miedo a la muerte cuando abrió los sobres de los resultados o el dolor profundo por haber perdido a Pechi, en todo caso ya había cruzado la raya.

-No me mientas, Laura- dijo Javi furioso y golpeando el volante- ¡NO ME MIENTAS!

-No te estoy mintiendo- dijo ella- yo si siento algo por ti… me gustas mucho, creo que desde que te vi en ese ascensor, y pienso mucho en ti ¿sabes? Creo que hay una parte de mi corazón que te pertenece, Javi, tú has estado allí cuando te he necesitado, sin condiciones y sabes todo de mi y no te ha importado. Quisiera poder decirte que podemos estar juntos… pero necesito tiempo, tiempo para sanar y olvidar. ¿Me entiendes?

Javi la observaba incrédulo, como si no terminara de aceptar lo que ella le había dicho.

-¿Por qué nunca me habías dicho eso?- preguntó el mirándola a los ojos.

-Porque no quería darte esperanzas…

-¿Y ahora sí me las quieres dar?

-Te estoy diciendo que lo que siento por ti es muy fuerte y que luego de que supere todo esto…

-¿Sabes cómo me hace sentir que me digas todo esto unas horas después que terminaste con Pechi?

Laura no supo como responderle. Javi tenía razón. Debía estar muy ofendido y humillado. Ser la segunda opción no debía ser algo muy agradable. Se sintió terriblemente mal de haberle hecho daño al único hombre que nunca le había fallado.

-Lo siento, Javi, yo no…

-Te amo, Laura- dijo él con un tono de fatalidad en su voz que la sorprendió- y estoy tan enamorado de ti, que a mi no me importa ser la segunda, la tercera o la última opción, me importa que me dejes amarte.

Javi le tocó la mejilla con los nudillo de su mano derecha, con los ojos llenos de lágrimas, pero sin derramar ni una.

-No es justo contigo- dijo Laura.

-Lo se, pero sólo necesito saber si me estás diciendo la verdad, o vas a volver corriendo a los brazos de Pechi mañana por la mañana…

-Ya no hay nada entre Pechi y yo- dijo Laura segura de su decisión. No volvería a buscar más a Pechi- te prometo que no lo voy a volver a buscar.

Javi la quedó observando fijamente unos segundos.

-Te quiero creer- dijo, antes de girar la llave y encender la camioneta- de verdad, te quiero creer, Laura.

Las luces del vehículo iluminaron el camino de salida de “Las Palmas”, estaba atardeciendo ya. Laura observó fijamente el camino apenas comprendiendo la magnitud de lo que había hecho. Pero no estaba arrepentida, y aunque le dolía el alma por haber hecho sufrir a Pechi, consideró que era la mejor decisión.

-Fue en ese lugar- dijo Javi mientras salían por el rumbo de La Peñata a Sincelejo.

-Disculpa ¿Qué dijiste?- preguntó ella saliendo de su ensimismamiento.

-Ese fue el lugar donde me encontró Pechi, donde casi me ahogo ¿recuerdas que te conté?- preguntó él.

-Sí, claro, que unos tipos te tenían secuestrado porque les debías plata ¿estoy en lo cierto?

-Sí, me tenían secuestrado y me dejaron para que me muriera ahogado… fue irónico que después aparecieron muertos achicharrados allí mismo.

-¿En serio?

-Sí, eran los mismos tipos que trabajaban para Aarón Paternina ¿no te acuerdas?

-Creo que Pechi me contó algo sobre eso, pero no pensé que fueran los mismo que te tuvieron secuestrados a ti.

-Sí, fueron los mismos.

-¿Se sabe quien los mató?

-No- dijo él con los ojos fijos en el camino.

De repente un pensamiento fugaz, una idea se metió en la cabeza de Laura. Hacía menos de un año que ella lo conocía, y cuando lo conoció era un apenas un mototaxi que sobrevivía del día a día en su moto. Ahora tenía una camioneta espectacular, del año, y vestía impecablemente. Era cierto que él había recibido parte del dinero de la venta de la bodega en el 20 de Julio, pero Laura había recibido la misma cantidad y no le había alcanzado para mucho. Y el viaje tan raro que había hecho hacía un par de meses… y ahora el hecho de que los tipos que aparecieron quemados en la cabaña, habían sido los mismos que lo habían secuestrado y que trabajaban para Aarón Paternina. .. y el hecho que sabía lo que planeaba hacer Aarón Paternina y que a ella la iban a matar por el documento que había visto en Bogotá. No podía ser. Todo estaba tan claro, pero el hombre que estaba a su lado… no, ni siquiera podía pensarlo. Le tenía que dar al menos el beneficio de la duda.

-Javi, te puedo preguntar…- no terminó su frase porque algo había sacudido a la camioneta- ¿Qué fue eso?

Entonces fue que vio que había varias motos a los costados de la camioneta, y muchas más detrás.

-No puede ser- dijo Javi mirando el espejo retrovisor- estos hijueputas.

Laura observó por la ventana y estaban haciéndole señales obscenas, se podía escuchar lo que gritaban.

-Para, hijueputa, para.

-Javi ¿no crees que es mejor detenernos?

-No te puedo poner en riesgo, Laura, estos tipos son peligrosos.

Estaban entrando a Sincelejo apenas, si seguían derecho llegarían hasta la parte de atrás de la USAB. Era un barrio escasamente habitado con muchos lotes baldíos y otros por construir. Javi tenía razón, si se detenían allí no sólo se llevarían la camioneta sino que ellos también estarían en peligro.

Javi aceleró a fondo, pero las motos le daban alcance fácilmente, de pronto una de ellas se puso al frente de la camioneta y Javi tuvo que virar a un costado para no chocar. Giró tan fuerte que perdió el control del vehículo y entraron a uno de los lotes baldíos donde el tronco de un enorme árbol los detuvo.

Atontada por el golpe contra la la bolsa de aire, Laura apenas si comprendió lo que estaba pasando. Los tipos que los habían estado persiguiendo estaban rociando la camioneta con… “¡Gasolina!”.

Javi estaba inconsciente a su lado.

-¡Vamos a ver si no van a salir de ahí ahora, hijueputas ricos de mierda!- dijo uno de los sujetos que llevaba un casco de motociclista en la cabeza, mientras encendía un fósforo y se lo arrojaba al parabrisas cubierto de gasolina.

Los sujetos seguían afuera contemplando el espectáculo del fuego cubriendo la camioneta y a Laura se le heló la sangre al ver que ahora uno de ellos tenía un revolver, y apuntaba hacia la puerta donde ella estaba. Desesperada y sin saber que hacer, sólo pudo reunir todo el aire que le quedaba y gritar con todas sus fuerzas.

-¡JAVI!

 

 

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