El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 80. El Silencio.

-¡JAVI!

Pudo escuchar la voz claramente. Era Laura. Pero no podía verla.

-¿Laura dónde estas?

Lo último que recordaba era haber girado la camioneta hacia un lote baldío. Había perdido el control y habían chocado contra un árbol. Pero por alguna razón había despertado en un lugar diferente.

Era una calle triste, vieja y abandonada, pero sobre todo fría como el hielo. Javi ya había estado allí en una ocasión: el día en que conoció a Demyan Fedorov.

Javi estaba parado en la acera, preguntándose que rayos estaba haciendo allí, cuando se vio pasar a sí mismo vistiendo un grueso abrigo de piel y una ushanka del mismo material sobre su cabeza.  Era el mismo atuendo que había llevado aquel día. Javi caminó detrás de su doble hasta llegar a la puerta del edificio peor conservado de la zona: una antigüedad de 4 pisos completamente gris y con las ventanas rotas.

Dos enormes sujetos guardaban la puerta y no se movieron de allí hasta que el Javi vestido de pieles les mostró un papel. Javi recordaba ese papel. Luego de llegar a su hotel en Moscú y bañarse con agua hirviendo para sentir nuevamente los labios y los dedos, había llamado a Fedorov, al mismo número de contacto que tenía Aarón Paternina en su computador.

Para su sorpresa, Fedorov lo había invitado a comer al día siguiente y le había indicado la dirección. Allí era donde el reflejo de Javi había entrado. Siguió a los fantasmas de su pasado por un pasillo oscuro hasta una puerta igual de asquerosa que la fachada del edificio. Uno de los sujetos de la entrada dijo algo incomprensible en su enredado idioma, y cómo en un cuento de hadas aquellas palabras lograron que la puerta se abriera.

-Are you Mr. Javier Luna?-dijo la mujer despampanante que había abierto la puerta.

Javi había olvidado el rostro de aquella mujer, pero ahora aparecía nítido en aquel sueño extraño donde se veía a sí mismo en el pasado. Tenía un parecido perturbante con Angélica, la prepago que le había enviado a Fedorov hacía unos días.

Yes, m’am– dijo Javi en un inglés aún más trabajoso que el de la mujer- I’m looking for Mr. Demyan Federov.

You mean FEDOROV– dijo la mujer corrigiendo la mala pronunciación de Javi-He’s waiting for you, come with me.

Javi siguió a su reflejo vestido de pieles y a la mujer que estaba demasiado ligera de ropas para aquel frío. Pero cuando estaba a punto de cruzar la puerta. Escuchó nuevamente aquel grito aterrador.

-¡JAVI!

Javi se vio las manos y todo el lugar empezó a arder, el frío desapareció y sólo dejó paso a un calor infernal. Javi sentía que sus pulmones se estaban incendiando.

-¿Laura? ¡LAURA!

Abrió los ojos y se dio cuenta que nunca había dejado la camioneta, estaba allí y Laura estaba a su lado tratando de despertarlo.

-Javi ¡nos vamos a quemar vivos!

-¿Qué?

Javi vio a su alrededor. El vehículo estaba rodeado de llamas.

-Laura ¡tenemos que salir!

-¡No! Nos están esperando afuera, nos están apuntando con pistolas.

Javi, con una punzada horrible en la cabeza trató de mirar afuera, a través del fuego. Laura tenía razón.

-Cierra los ojos- dijo Javi.

-¿Qué?

-Cierra los ojos y confía en mi

Laura había terminado de cerrar los ojos cuando Javi sacó de la guantera del vehículo justo lo que estaba buscando: su arma. Verificó que estuviera cargada. La camioneta se había vuelto un infierno de humo. Las llamas aún estaba por fuera, pero lo que más le preocupaba era que las llamas llegaran hasta la gasolina.

Javi apuntó hasta donde estaba uno de los sujetos. Disparó y una lluvia de vidrios rotos salió disparada hacía fuera.

-¡Ay jueputa!- se escuchó el grito afuera.

Javi abrió la puerta y tomó a Laura del brazo.

-¡Pilas Laura, vamos a bajarnos, rápido!

Afuera, el aire  se sentía tan gélido como el aire de la ciudad con la que Javi acababa de soñar.

-¡Hijueputa, lo mataste!- dijo el  único vándalo que había quedado ayudando al herido. Los demás habían huido. Javi le apuntó.

-Debiste haberte ido- dijo Javi sereno, mientras Laura se apoyaba de él, tosiendo.

-¿Javi? ¿Qué vas a hacer?

-Estos tipos intentaron matarnos, Laura… no pretendes que los dejemos ir ¿o sí?

-A mi me preocupa más que ese carro estalle.

Las palabras de Laura sacaron a Javi de su rabia y su frustración y lo volvieron nuevamente a la realidad.

-Tienes razón, vámonos rápido… pero primero- dijo él mirando al tipo que cuidaba al herido- dame las llaves de tu moto.

El sujeto lloraba sobre el cuerpo ensangrentado del malandro al que Javi había herido. Seguramente eran familiares. Sacó las llaves del bolsillo de la camisa de rayas azules que llevaba puesta y la arrojó a los pies de Javi.

Arrancó la moto y Laura se subió en el siguiente instante, ella parecía turbada por la escena. Una camioneta en llamas con las puerta delanteras abiertas, justo al lado de un árbol que empezaba a incendiarse también y a un costado, dos hombres; uno ensangrentado tirado sobre el piso y el otro sentado a su lado llorando sin consuelo.

Javi se sorprendió que incluso con todo aquello que estaba viendo, no sentía el más mínimo remordimiento, es más… no sentía nada en absoluto.

El silencio dominó todo el camino hasta la casa de Laura. Quizás por el silencio o quizás por dar vueltas por la ciudad tratando de evitar las hordas de motociclisas dispuestos a todo, Javi sintió que aquel trayecto había sido el más largo y triste de su vida.

Ya estaba bien entrada la noche cuando llegaron a la casa donde Laura vivía con su madre y su hermano.

-¡Virgen Santísima, Laura!- dijo Adriana cuando la vio con el cabello y el rostro tiznados con el humo de la camioneta envuelta en llamas- ¿Qué te pasó? ¡Habla niña!

-Mami, ya… estoy bien, no te preocupes- dijo Laura.

-Javi, Bendito sea Dios- dijo Adriana acercándose a él, que aún seguía sentado en la moto recién robada- Gracias a Dios, mira como tienes esa cara, pero ¿Qué fue lo que les pasó?

-Nada mami, yo te cuento después… ves entrando que es peligroso… Javi, gracias…

-¿Pero Javi no vas a entrar al menos a limpiarte ese tizne que tienes en la cara?

-No, ya me tengo que ir…

-Bueno Dios te bendiga, hijo- le dijo Adriana, antes de entrar a la casa.

-Laura…- dijo él, antes que ella lo interrumpiera.

-Javi, tenemos que hablar, pero ahora no es el momento… mañana con seguridad ¿vale?- dijo ella.

-Está bien- dijo Javi arrancando la motocicleta- nos vemos.

Recorrió en la motocicleta las cinco cuadras que lo separaban de su casa en Los Tejares. Apenas le dio tiempo de quitarse la ropa sucia y sacarse los restos del humo infernal que casi lo ahoga. Quería sentirse limpio, pero era imposible. Había algo sucio dentro de él y era algo que el jabón, el agua y el estropajo no podían quitar.

Se estaba terminando de vestir cuando se escucharon tres golpes bien definidos en la puerta.

-¿Quién?

-Lastre, Patrón…

Javi miró la hora en el reloj de pared que dominaba la pequeña sala de su casa. 9:54. ¿Qué rayos hacía Lastre allí?

-Entra- le dijo Javi- siéntate. ¿Qué pasó? ¿Qué haces aquí?

-Fedorov- dijo Lastre haciendo una pausa- quiere adelantar todo…

-Pero si estamos dentro de lo establecido- dijo Javi.

-Sí, pero quiere todo más rápido…

Fue entonces que se escuchó una explosión sorda en la lejanía y la luz se fue de inmediato. Se escucharon gritos provenientes de todas partes.

-La subestación- dijo Javi.

-Sí, ese Fedorov fue al hotel y cuando no lo encontró allí y no pudo localizarlo se puso como loco. Se llevó a Salim…si ya  se fue la luz, hicieron lo que tenían que hacer.

Javi había planeado atacar la subestación la noche siguiente y acrecentar el infierno que vivía Sincelejo, pero de una manera controlada. Aquello crearía una ola de crímenes sin control… la ciudad amanecería hecha un desastre total.

Buscó con la luz de su celular inútil  las velas y los fósforos. Estaba preparado para esa eventualidad.

-Fedorov está loco- dijo Javi- esto ya se nos va a salir de las manos.

-Quiere vernos, esta noche…- dijo Lastre

-¿Vernos? ¿Dónde?

No había terminado de hacer la pregunta cuando se escuchó el sonido de un carro fuera de la casa, seguido del de las puertas abriéndose y cerrándose.

Javi se asomó por la ventana. Era un taxi amarillo, pero de él se bajaron tres personas que él conocía muy. Salim había salido del asiento del conductor, Demyan Fedorov del puesto del copiloto. Y los dos guardaespaldas de Fedorov que no hablaban español habían salido de la parte de atrás. Eran los mismos que había visto en ese sueño extraño que había tenido cuando estaba inconsciente. Ivan y Andrey. Ninguno de los dos tenía una hebra de cabello en sus cabezas, pero era imposible compararlos con Lastre. Ambos era mucho más altos y mucho más fornidos. Javi estaba seguro que con un sólo golpe cualquiera de ellos podían matar a Lastre o a él mismo, y hasta a Fedorov también.

Javi abrió la puerta. ¿Qué pensarían los vecinos ahora?

-Javi, que gusto verte- dijo Demyan al entrar a la casa y luego que Andrey cerrara la puerta.

-Señor, no hay llamadas telefónicas, no pude…

-Sí, ya, ya, ya…. a esto hay que darle prisa- dijo de pie con los dos guardaespaldas a su lado, iluminado por la luz de las velas. Salim se había sentado junto a Lastre.

-Sí, señor… pero…

-Pero nada, Javi… ya estoy aburrido de esta horrible ciudad, nos vamos a Puerto Arturo ya. Y no quiero ningún pero, yo soy el que estoy pagando por todo esto, así que yo decido como se hacen las cosas y cuando.

A Javi no le quedó más remedio que obedecer y en la moto robada siguió el taxi en que había llegado Fedorov. Esta vez fue Ivan el que condujo. Salim se fue con Lastre en su motocicleta.

La ciudad parecía más calmada que hacía un rato. El zumbido de las motocicletas que hasta hacía unos minutos parecía un ser vivo rondando la ciudad, se había detenido; y eso era lo que más asustaba a Javi… ese silencio, igual al que había sentido cuando llevó a Laura a su casa, así debía sentirse el silencio de la muerte. Frío y despiadado.

Había dos formas de llegar a Puerto Arturo; una siguiendo dentro de la ciudad y avanzando por el barrio Uribe Uribe y otra por un camino de herradura por fuera de la ciudad que daba hasta el cerro. El taxi de Fedorov tomó el segundo.

Tardaron unos 20 minutos en llegar, ya que el taxi frenaba en cada hueco y las motos de Lastre y Javi tenían que hacerlo también ya que el camino era tan estrecho que no podían adelantarlo.

Al final, al pie del cerro de Puerto Arturo, y con una pila de piedra caliza al frente, estaba la casa que servía de fachada para el plan que Javi había concebido, pero que cada vez le parecía más horripilante. Un hombre los recibió con un foco de mano de luz muy potente.

-Sigan, sigan… – era lo único que decía.

Fedorov, sus dos escoltas, pasaron primero y luego Salim, Lastre y Javi. El sujeto que cuidaba la casa parecía confiable y era muy atento, demasiado quizás.

-¿No les provoca una jarrita de tinto? ¿No?

Ninguno de ellos le respondió. Javi sentía lástima por aquel hombre que decía llamarse Faiber. Tarde o temprano tendría que deshacerse de él, al igual que tuvo que deshacerse de Jennifer Paternina. La información en manos equivocada era peligrosa.

La casa tenía dos habitaciones, una donde el tal Faiber dormía y la otra era la que ocultaba el secreto.

Faiber abrió el candado y todos entraron menos él. Andrey e Ivan tomaron dos focos de mano de una repisa que pudieron ver con la luz de sus celulares. Y alumbraron el túnel.

El grupo bajó por una rampa que descendía en la oscuridad y se hundía hasta el centro del cerro. Habían avanzado bastante cuando un grito de Fedorov rompió el silencio mortal.

блин!

Javi sabía que estaba maldiciendo… era una palabra que aquellos rusos de mierda repetían con frecuencia cuando estaban enojados.

Andrey e Ivan salieron a ver y empezaron a hablar en su idioma cosas que ni Javi, ni Lastre, ni Salim podían siquiera imaginar que significaban.

-Прекратите это. Я в порядке! Suéltenme ya… es sólo una cortada.

En efecto, Javi vio que Fedorov se había cortado el antebrazo, pero no era sólo una cortada. Se había hecho daño con una de las columnas que sostenían el túnel, pero no quería parecer débil ante él, ni ante sus escoltas.

-Está muy bien- dijo Fedorov- este lugar, en dos días lo haremos.

-Habíamos dicho que una semana…- interrumpió Javi.

NO, será en dos días… mañana llega a Cartagena lo que pedí y una vez esté listo, mi amigo Andrey se encargará.

-Como usted diga, señor- dijo Javi

La procesión de salida fue tan silenciosa como la de entrada. Javi se rezagó y sintió un golpe de alegría al ver las gotas de sangre de Fedorov manchando el piso de tierra de aquél túnel sostenido con columnas y vigas de madera. Debía estar sufriendo el muy maldito.

No tardaron mucho en salir. Por supuesto, Fedorov y sus escoltas salieron en el taxi primero. Pero Javi esperó.

-Lastre, Salim… vengan acá, necesito un favor suyo.

-No más diga, Patrón- dijo Salim, quien parecía querer reivindicarse por el nerviosismo que había demostrado en la mañana.

-Necesito que mañana le den piso a alguien- dijo Javi.

-Usted no más diga, Patrón… y ya está muerto- dijo Lastre con una sonrisa en los labios.

-Necesito que se deshagan del  dueño de “El Mototaxi: Express”.

-¿Y quién es ese patrón?- preguntó Salim, interesado.

Para sorpresa de Javi, fue Lastre el que respondió.

-Pechi Viloria.

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