El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 83. El Rostro.

La intensa luz del amanecer tropical empezaba apenas a entrar en la habitación, cuando Angélica Palomino decidió levantarse de la cama extraña en la que había pasado la noche. Sí, pasado la noche, porque en realidad no había pegado el ojo ni un solo minuto. En medio de la oscuridad y el silencio, por primera vez en mucho tiempo pudo sentir la amarga miel del rechazo recorriendo su cuerpo, como las manos de tantos amantes a los que ella en algún momento había hecho feliz.

Tenía las palabras hirientes que Nane Mansur le había dicho la noche anterior. No debió salir a buscarlo. No después de lo que había pasado en aquella misma habitación unas horas antes. Se sentía vacía, triste y deprimida. ¿Era ese el precio que debía pagar por la clase de vida que había llevado hasta el momento? ¿Hacía cuanto tiempo que nadie la tomaba en serio? Muchos, sí, demasiados, la habían querido y deseado por una noche ¿pero cuantos de ellos le habían propuesto seguir algo más allá del orgasmo que daba fin al contrato por el que habían pagado? Ninguno que ella pudiera recordar.

Nati había tenido suerte. Había conocido a un hombre maravilloso, atractivo y con un buen trabajo, dispuesto a bajarle el cielo con todas sus estrellas si ella se lo pidiera. Mario Andrade, era de cierto modo el hombre ideal, Angélica sabía que amaba a Nati, y no sólo porque su amiga se lo dijera, sino porque el policia nunca la había mirado con esos ojos llenos de lujuria que los hombres solían poner sobre ella a cada momento.

Había conocido a Nati en Manchester, uno de los sitios de rumba más exclusivos de Sincelejo. Angélica había ido en el plan laboral de siempre. No sería raro que alguno de los presentes intentara llevársela a la cama y sería allí donde ella atacaría. Pero a pesar de tener un par de meses en aquel negocio, ella aún era inexperta.

Un sujeto, alto, de muy buen cuerpo, cabello oscuro con entradas incipientes que lo hacían ver más sexy y con una sonrisa de ángel se había acercado a ella en el bar. Era encantador. hasta las palabras que utilizaba eran sensuales, Angélica hasta se lo hubiese dado gratis si él se lo hubiese pedido, pero si podía ganar algo de dinero la situación hubiese sido ideal. El tipo había ido al baño un momento cuando Nati se le acercó.

-Nena, es mejor que te vayas lo más pronto de aquí.

-¿Por qué me tengo que ir?

-Hazme caso y vete ya.

Nati se alejó en el mismo momento en que el sujeto regresaba al bar.

-¿Nos vamos?- le había dicho él cuando ya había llegado a un acuerdo económico: 500.000 pesos por pasar toda la noche con él.

-¿Dónde queda tu casa?- había preguntado Angélica.

-No vamos a mi casa, allá está mi mujer- había dicho él sin mirarla.

El sujeto detuvo el automóvil a un costado de la vía a Tolú.

-¿Por qué te detienes aquí?

-Porque aquí lo vamos a hacer.

-¿En el monte? Olvídate. Mejor dejemos así, regresamos a Sincelejo.

Angélica recordaba claramente el golpe que le había propinado aquel sujeto en su rostro perfecto y como la había sacado del automóvil, agarrándola furioso del cabello.

-Te tengo noticias, no sólo lo vamos a hacer aquí, sino que no te voy a pagar una verga. Puta de mierda.

El sujeto empezó a romperle la ropa y cuando ella intentó gritar, él le propinó un puñetazo en la boca que le hizo sangre la lengua. Ya estaba a punto de penetrarla cuando una patrulla llegó. Era Nati y su futuro esposo: Mario Andrade.

Aquella misma noche, luego que Andrade se llevara preso al individuo en cuestión, Nati llevó a Angélica hasta su casa. Mientras le aplicaba hielo en los moretones, Nati le dio un par de trucos para que no tuviera inconvenientes como el que le había sucedido aquella noche. Aquel episodio que bien habría podido terminar en tragedia, le sirvió a Angélica para seguir en su negocio con mucho más cuidado y a Nati para conocer al hombre que luego se convertiría en su esposo. Pero para ambas marcó el inicio de una amistad sin condiciones.

A Angélica le parecía idílico que a pesar de que Mario supiera a que se había dedicado Nati para costear su carrera de medicina, el policía la amaba con todas las fuerzas de su ser. Era la relación ideal. Transparente, sin secretos y sobre todo llena de cariño y comprensión.

Angélica se preguntaba si algún día ella encontraría a alguien así. Si Nane le había dicho todo lo que le dijo la noche anterior, sin saber nada de su currículo laboral, no quería ni imaginar lo que le diría si lo supiera.

Se levantó de la cama, aún con la ropa de dormir que le había prestado Nati y se miró en el espejo. ¿Por qué Nane no podía ver lo hermosa que era? ¿Por qué? ¿Acaso la mujer que ella veía en el espejo no era la misma que el mototaxi veía?

-¿Angie? ¿Puedo pasar?- escuchó Angélica una voz entrando a la habitación. Era Nati con una taza de café humeante en la mano.

-Nati, pasa, por favor esta es tu casa.

-¿Por qué tienes esa cara?- dijo Nati dejando la taza de café en una de las mesitas de noche- Ven, siéntate y hablemos un poco.

Sentada junto a su amiga en la cama, Angélica tuvo que encontrar todo el coraje que tenía en su corazón para poder hablar sin que se le salieran las lágrimas.

-Estoy perdida, Nati.

-¿Cómo así, Angie? Tú no estás perdida. ¿Qué fue lo que pasó ayer? ¿Por qué Nane se fue así?

-No estoy orgullosa de lo que hice, Nati… pero no se que me pasó… me ganó el deseo, las ganas de tener a Nane para mi. Ayer, luego de que le colocaras el hombro en su lugar, le dije que él me gustaba. Me respondió que tenía novia, que no me podía corresponder.  Nati, yo me llene de tanta rabia y de tanta frustración,  que estando aquí en esta habitación… lo acorralé y…

-¿Y?

-Yo creía que ya lo tenía, lo sentía tan bien conmigo, él parecía estarlo disfrutando… pero se detuvo. Se acomodó la ropa nuevamente y salió de aquí. No sabes lo mal que me sentí, Nati.

-¿Y que fue lo que pasó anoche entonces? ¿A dónde le pediste a Mario que te llevara con tanta prisa?

-A buscar a Nane. Nati, entiéndeme, no podía dejar las cosas así, tenía que verlo y hablar con él. Tu me dijiste que Mario lo conocía, así que apenas llegó fue lo primero que hice. Estaba desesperada Nati, entiendeme.

-Esta bien, no pasa nada… pero … ¿Dónde lo encontraste?

-En una casa por Majagual, estaba tomando con un amigo. Mario me había dicho que la madre de Nane le había pedido que lo buscara y que lo único de lo que estaba segura, era que su amigo sabía algo. Así que fuimos y allí estaba él. Estaba tomando con ese otro muchacho de ojos azules, un tal Pechi, estaban tan borrachos y Nati, si hubieses escuchado todo lo que me dijo… me dijo que le había arruinado la vida, que no me quería volver a ver, que me alejara de él, que no lo volviera a tocar y mencionando a cada momento a una tal Cindy. Y como no debió salir de Puerto Arturo la noche que me conoció. Fue el momento más horrible de mi vid, Nati. Horrible. Me sentí sucia, como nunca me había sentido. Andrade intentó defenderme, pero yo le pedí que me sacara de allí lo más pronto posible.

-Ya, ya, cálmate, Angie, no vas a llorar, NO vas a llorar- dijo Nati, sosteniendo los hombros de Angélica con sus manos- estás encandilada con ese muchacho, pero no lo amas, no puedes amarlo luego de unos días de haberlo conocido. Estás enamorada de la idea de que él es el hombre ideal, pero ya viste que no es así. Si Nane no puede apreciar que una mujer hermosa como tú se haya puesto a sus pies, es que no merece estar contigo. Y eso debes entenderlo rápido. No es fácil y duele mucho. A mi también me ha pasado, pero es mejor hacerse a la idea. Yo se que estás empezando una nueva etapa de tu vida y quieres que alguien te acompañe, pero sabes una cosa, no tienes que buscar, con el tiempo llegará el hombre apropiado, ya verás. Te acordarás de mis palabras.

-¿Será?

-Claro que sí, no seas bobita, más bien, vamos a hablar de otra cosa… tengo una muy buena noticia.

-¿Qué pasa o que?

-Pues que…

El claxon de una camioneta se escuchó en la parte de afuera de la casa. Los pasos de botas en la sala, anunciaban que Mario Andrade había llegado.

Angélica, vestida con una pijama y babuchas prestadas, salió a recibirlo junto a Nati. Venía con la cara descompuesta del cansancio y con un sobre en la mano.

-Papi, te ves fatal- dijo Nati- ¿por qué no te bañas mientras te preparo el desayuno?

– No, mija, vengo a llevarme los uniformes que tengo acá… esto va para largo.

-Pero si ya vino la luz y hay señal en los celulares…

-Sí, pero anoche pusieron una bomba en la subestación de Pioneros e intentaron entrar en El Fresno… un sapo nos dijo que esta noche va a ver otro ataque mucho peor. Si la situación sigue así, nos va a tocar llamar al ejército. Al menos se pudo restablecer la luz y reactivamos la señal de los celulares, no nos sirvió de nada mandarla a quitar.  Estoy a punto de quedar como el idiota al que Sincelejo se le salió de las manos….

-Bueno, pero ya…  relájate… al menos hay una buena noticia.

-No se que puede ser bueno en esta situación, mami, pero dime a ver…

-Pues es que…esta mañana me hice una prueba y… estoy embarazada.

Angélica vio como la cara de Mario Andrade pasaba de la consternación a la felicidad pura y como levantó a su esposa del piso y empezó a abrazarla y besarla. Sabía que habían tratado de tener un bebe desde que se habían casado hacía más de un año, al menos aquella era una buena noticia. En el arranque de felicidad, Andrade dejó caer el sobre que tenía en la mano. Angélica recogió el sobre y salieron varias fotografías de él.  Algunas estaban marcadas con la fecha del día anterior y con la hora exacta. Habían varios hombres en esas fotografías, en algunas no se les veía el rostro, pero había una en la que se veía claramente la cara de uno de ellos. Y Angélica sabía exactamente de quien se trataba.

-Eh, disculpen que les interrumpan su felicidad, de verdad que los felicito, en serio- dijo Angélica dirigiéndose a Nati-  pero ¿De qué son estas fotos, Andrade?

-Son imágenes de la cámara de seguridad de la subestación de Pioneros. Son las imágenes de anoche.

-¿Y quienes son estos tipos que salen aquí?

-Fueron los que pusieron el explosivo, los que causaron el apagón de anoche. ¿Por qué?

-Yo conozco a uno de ellos. A este.- dijo Angélica señalando el rostro de roedor del tipo con el que se había acostado hacía unas noches.

-¿De verdad? ¿Quién es? ¿De dónde lo conoces?

-El es… bueno, fue uno de mis… clientes. Es ruso o algo así.

-¿Sabes como se llama

Angélica lo recordaba claramente.

-Demyan Fedorov.

-Angélica esto es buenas noticias…- dijo Mario Andrade sin soltar la mano de Nati que estaba tan asombrada como él.

-No tan buenas como la del bebe, pero… – dijo Angélica.

-¿Sabes donde podemos localizarlo?- preguntó Andrade

-Sí, yo se en que hotel está- dijo Angélica- tienes que ir a capturarlo.

-No, tenemos que sacarle toda la información que podamos, ahora y para eso te necesito a ti, Angélica, necesito que lo contactes de nuevo.

-¿Yo?

-Claro, tu quieres ser policía ¿verdad? si logras hacer esto, te garantizo que vas a entrar con una condecoración. ¿Qué dices?

Fue en ese momento que se escuchó una explosión sorda a lo lejos.

-Dios bendito ¿Qué fue eso?

Andrade, Nati y Angélica se asomaron a la puerta y una llamarada negra se levantaba en el horizonte, junto al enorme anuncio luminoso de “El Fresno”.

-Eso fue… una bomba- dijo Andrade- en Las Peñitas. Tengo que irme… Angie piensa en lo que te dije, te necesitamos. Llámame de una si decides hacerlo.

Andrade se fue tan rápido que Nati ni siquiera pudo recordarle que no se había llevado los uniformes limpios que había ido a buscar.

-¿Lo vas a hacer?- le preguntó Nati a Angélica luego que desapareciera el rumor de la camioneta que conducía.

Angélica vio las opciones que marcaba su futuro y por primera vez estuvo segura de lo que debía hacer.

-Sí, lo voy a hacer- dijo- pero primero tengo que ir a otro lugar a hablar con alguien.

-¿Dónde?

-A Puerto Arturo… tengo que hablar con Nane.

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