El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 84. La Ventana

Aún estaba dentro del viejo automóvil de Jesús Patiño cuando despertó. Afuera, el mundo parecía diferente. Los altos árboles estaban repletos de tantos pájaros multicolores que hubiese sido imposible contarlos todos. Cindy estiró las piernas y los brazos. Se había quedado dormida en el carro. Recordaba haber salido muy tarde (o muy temprano) de aquella colina fantasmal donde aquel extraño hombre le había mostrado la verdad.

Al salir afuera sintió la caricia del viento en el rostro. Había algo diferente en el aire. “Claro” pensó Cindy. El zumbido mordaz de las motocicletas en la distancia había cesado. Ya lo peor tenía que haber pasado. Quizás era el inicio de una nueva calma, hasta que otro incidente como el que había ocurrido el día anterior se repitiera y cobrara la vida de más personas.

Tenía tantas dudas al respecto, todo aquel asunto de la muerte del mototaxi, luego lo de la patrulla que había aparecido quemada, todo era sumamente conveniente y extraño, como si alguien lo hubiese escrito en una extraña sinfonía de muerte y horror. Si sus sospechas eran ciertas y alguien estaba detrás de todo aquello ¿Qué podría ganar creando semejante desastre?  Cindy esperaba que Jesús Patiño tuviese la respuesta a esa pregunta.

Cindy pudo verlo apenas salió del automóvil  Estaba de espaldas a ella mirando un montículo de piedras rodeado por el rumor de la pequeña corriente de agua que circulaba por el arroyo de junto.

-Buenos días- dijo Cindy aproximándose al lugar donde Jesús Patiño se encontraba.

El hombre volteó a mirarla un segundo y rápidamente volteó el rostro. ¿Acaso estaba llorando?

-Buenos días- respondió sin mirarla.

-¿Se encuentra bien?

-Sí, sí- dijo el frotándose el dorso de la mano sobre la cara que ella no podía ver- veo que dormiste bastante.

-Sí- dijo Cindy colocándose a su lado, tratando de leer la expresión del rostro de aquel sujeto.

Tenía el cabello canoso y una barba bien cuidada, pero sus ojos no dejaban traslucir ninguna emoción.

-¿Por qué estamos aquí?- preguntó Cindy.

-Porque fue aquí que terminó todo… o bueno, donde comenzó, todo depende de como quieras mirarlo.

-Yo conozco este lugar- dijo Cindy sin titubeos. Por primera vez Jesús Patiño pareció sorprendido.

-¿De verdad?

-Sí, Nane me traía aquí de vez en cuando… me decía que este lugar lo tranquilizaba, que incluso venía aquí tarde en la noche cuando no podía dormir.

-Es una extraña costumbre ¿no te parece?

Cindy no respondió. Fue en ese momento que todos los recuerdos se agolparon en su mente. Extrañaba tanto a Nane. Si tan solo pudiera tenerlo allí junto a ella…

-Lo quieres mucho ¿verdad?- preguntó Jesús Patiño al percibir su silencio.

-¿A quién?

-Al hijo del Tito Mansur- dijo Patiño- realmente la vida si es muy extraña ¿no te parece?  las distancias que nos separan son nada cuando se enfrentan a la casualidad y a los sentimientos. Ese muchacho entró a tu casa con muy malas intenciones y mira… en otras circunstancias nunca lo hubieses conocido o nunca se hubiesen si quiera mirado el uno al otro con otra cosa que no fuera odio.

-Bueno, vamos a hablar de Nane o de la historia que me quería contar- dijo Cindy con un nudo en la garganta sabiendo que no podría seguir hablando del asunto sin estallar en llanto.

-Tienes razón ¿por dónde íbamos?

-Kolya se había enamorado de alguien y de Rusia mandaron a un desalmado llamado Demyan.

-Sí, claro, como te contaba…

“Kolya estaba decidido a quedarse para siempre con la piel color canela de aquella mujer que le trastornaba la razón y lo hacía ver las estrella con cada noche de amor que pasaban juntos. Había hecho tantos planes para los dos. Quería irse lejos con ella, con otros nombres, con otras identidades, donde sus superiores en su patria soviética nunca lo fueran a encontrar. Pero todos sus planos se vinieron al piso cuando Demyan apareció en la puerta de la casa que había alquilado.”

“Demyan era un asesino. En su país, a miles de kilómetros de distancia, su trabajo consistía en rastrear, encontrar y eliminar a cualquier desgraciado que osara rebelarse contra el régimen de hierro de su país. Sus superiores no encontraron a nadie mejor para la misión que le encomendaron, respaldar con dinero, armas e instrucción a cualquier grupo legal o ilegal que compartiera las ideologías comunistas de su madre patria y lo enviaron con Kolya, el único compatriota en aquella tierras tan calurosas y lejanas.”

“Kolya sabía de lo que aquel criminal era capaz de hacer si se enteraba que pensaba abandonar su misión y escapar, así que decidió esperar un poco más y apretar perfectamente las tuercas de su plan de fuga. Dejó todos los asuntos de la empresa de cementos perfectamente arreglados y una carpeta con todos los detalles de su trabajo en las excavaciones siempre estaba en su escritorio, en caso de que le tocara marcharse aquella carpeta serviría de empalme a cualquiera que ocupara su puesto. Había comprado ropa y mantenía una maleta en casa de su mujer, que a la vez servía de garantía de que él no la iba a abandonar.”

“Pero pronto Demyan empezó a sospechar de los continuos viajes de Kolya fuera de la ciudad. Lo acusó de traición y de haber abandonado los ideales comunistas de su madre patria. Kolya se sintió aliviado de que Demyan no conociera sus verdaderas intenciones, pero aún así, aquel sujeto había asesinado a gente inocente por cosas mucho menos graves. Así que para calmar al asesino y ganar algo de tiempo, Kolya decidió asistir a las oscuras reuniones que organizaba Demyan en la ciudad.”

“Hacían las reuniones en un lugar apartado, junto a un arroyo que permanecía seco la mayor parte del año, aunque en ocasiones se escuchaba el sonido del agua correr a través de él.”

-Es aquí, ¡es en este lugar que se reunían!- dijo Cindy emocionada.

-Así es, era aquí donde hacía esas reuniones.

“La mayoría eran muchachos, muy jóvenes, soñadores, con ganas de cambiar el mundo. Pero ninguno si quiera sospechaba de lo que su líder era capaz de hacer. Kolya no pudo no notar que en una hermosa jovencita, rubia y de ojos café era la primera en llegar para escuchar a Demyan y siempre estaba en primera fila. Aquella era la distracción que Kolya necesitaba para irse. El 31 de Octubre sería el día en que se marcharía con su mujer para siempre. Aquella noche Demyan había organizado una reunión y luego una fiesta en aquel mismo lugar, Kolya pensaba escabullirse de la fiesta y pagar lo que fuera para llegar hasta el pueblo donde su amada lo esperaba.”

“Pero el destino tenía otros planes. Cuando la reunión terminó se le acercó un muchacho que ya había visto antes, pero con el que nunca había cruzado una palabra. “A tu amigo lo van a matar” le dijo. Fue entonces que Kolya se dio cuenta de las miradas de odio que uno de los asistentes le lanzaba a Demyan. “¿Es el novio de la rubia?” preguntó Kolya. “No, él era nuestro líder antes que tu amigo llegara” dijo el muchacho.”

“En ese segundo Kolya tenía que tomar una decisión: o se marchaba a buscar a su mujer y dejaba a Demyan a su suerte o se quedaba a evitar una tragedia.”

-¿Tu que crees que hizo Kolya, Cindy?

-Se quedó, no temía tanto por la vida de Demyan, sino por la del pobre muchacho que pensaba matarlo.

-Así es.

“Kolya no se despegó de Demyan ni un segundo aquella noche, le había prometido a su mujer que iría a buscarla aquella noche, pero ella entendería sus razones. Ambos eran de buen corazón. La fiesta había estado llena de tragos y de caras cubiertas con pañuelos y camisetas rojas. En ese entonces no había casas, ni universidades, ni colegios cerca, así que nadie los escuchaba. Ya había pasado la medianoche, cuando todos empezaron a marcharse, uno por uno. Ya era primero de noviembre.”

“Al final sólo quedaron Kolya, Demyan y la rubia. Kolya se quedó mirando la fogata que había iluminado la fiesta, el lugar estaba despejado. Demyan se estaba besando con la rubia y Kolya ya empezaba a analizar la forma de irse sin que ellos se dieran cuenta. Quizás al muchacho se había a arrepentido o quizás el otro estaba exagerando cuando le dijo a Kolya que iba a matar a Demyan. Pero pronto tuvo que convencerse de lo contrario.”

“Kolya escuchó unos pasos acercándose al lugar donde estaban Demyan y la rubia. Ambos estaban tan borrachos y distraídos que no se dieron cuenta que un muchacho con una camiseta sobre la nariz y la boca les apuntaba con una pistola. Hubiese sido fácil dejar que aquel sujeto le disparara a Demyan, se lo merecía, pero ¿y la rubia? “Cuidado” gritó Kolya en el idioma de su tierra. Demyan volteó y vio la amenaza y de inmediato trató de quitarle el arma al muchacho. Kolya tomó a la rubia y trató de ponerla a salvo, pero justo en ese momento se escuchó un disparo. Y luego el silencio. La rubia vio como del pecho de Kolya brotaba una sangre brillante y espesa. El muchacho de la cafa cubierta soltó el arma y se escapó y Demyan vio como la vida se escapaba segundo a segundo de aquel hombre que le había salvado la vida. Mientras a pocos kilómetros de distancia, la mujer de piel canela se quedó esperando para siempre aquel amante lejano que nunca regresó.”

-¿Kolya murió?

-Sí- respondió Jesús Patiño, cuya cara volvía a traslucir un sentimiento, pero esta vez no era de sorpresa, sino de tristeza- Demyan y la rubia lo enterraron y luego lo cubrieron con piedras.

-Dios Mio- dijo Cindy en voz baja- esa es la tumba de Kolya.

Jesús Patiño no respondió. Sólo cerró los ojos fuertemente como si tratara de contener las lágrimas.

-Era usted ¿verdad?-preguntó Cindy- Usted estaba aquí esa noche, usted iba a matar a Demyan.

-Así es Cindy, y no hay día ni noche que no haya pensado en ese muchacho, no tienes idea.

-¿Qué pasó con la rubia y con Demyan?

-Él regresó a su país, poco después, tuvo que explicar la muerte de Kolya y lo enviaron a cuidar una prisión hasta que cayó la cortina de hierro y se involucró en negocios ilícitos. Se enriqueció. Y la rubia, pues poco después se casó, pero algunas veces la vi venir aquí a visitar la tumba de aquel muchacho que le había salvado la vida.

-El hombre que remplazó a Kolya en la empresa de cementos, fue Aarón Paternina ¿verdad?

-Que perspicaz eres, niña, así es.

-Lo que encontró Kolya en sus excavaciones… Paternina sabía que era, por eso intentó comprar las tierras de los Mansur en Toluviejo.

-Así es.  Paternina ocupó el puesto que había dejado Kolya, pero en realidad él no fue el que se le ocurrió la idea de comprar esas tierras. Había alguien más que sabía de eso.

-¿Demyan?

-Sí, antes de irse encontró el diario de Kolya, fue él quien contactó a Paternina.

-¿Qué es lo que hay en esas tierras? ¿Por qué ahora y no antes? ¿Por qué esperar tantos años?

-Porque sólo hasta ahora lo que hay en esas tierras es lo suficientemente valioso para matar a alguien.

En ese momento se escuchó un sonido estremecedor.

-¿Qué fue eso?- preguntó Cindy.

-Una explosión… en Sincelejo. Cindy ya no queda mucho tiempo, hay algo más que te tengo que mostrar.

-¿Tiempo para qué? ¿De qué hablas?

-Cierra la boca y ven conmigo.

Cindy y Jesús Patiño se subieron al viejo Chevrolet que arrancó en un prolongado quejido que daba cuenta de la edad del vehículo. No había pasado mucho tiempo cuando Cindy vio la columna de humo junto al enorme anuncio amarillo de “El Fresno”.

-¡Fue en Las Peñitas!- exclamó Cindy- esto es obra de mi papá.

-No lo creo- dijo Jesús Patiño- tu papá quería atacar El Fresno, ese humo está un poco más lejos.

-¡El Mototaxi Express!- dijo Cindy, viendo como la sinfonía de terror volvía a sonar completamente afinada- ¿Sería la policia? Patiño, necesito que me lleve hasta allá.

-¿Estás segura que eso es lo que quieres?

-Completamente segura, por favor.

-Está bien, sólo espero que estemos haciendo lo correcto.

Patiño forzó su Chevrolet para llegar lo más pronto posible hasta Las Peñitas. Era imposible entrar, había gente por todos lados. Cindy intentó salir del automóvil.

-¡No salgas!- dijo Patiño cerrándole la puerta con un golpe duro- esto se va a volver un infierno más pronto de lo que crees.

-Eso fueron los hijueputas policías- escuchó Cindy a un hombre vestido con la camiseta amarilla de “El Mototaxi Express”.

-¿Si vieron el cadaver?- exclamó una mujer regordeta junto a una farmacia

-Parece que había alguien más, lo llevaron al hospital- dijo otra mujer que hablaba con la primera.

-Vamos al hospital, allá conseguiremos más información, allá es donde llevan los cadáveres  dijo Cindy

Patiño sólo asintió con la cabeza. Tardaron más en salir de Las Peñitas que en recorrer las 7 cuadras que separaban al lugar humeante donde antes quedaba “El Mototaxi Express” del hospital municipal. No pudieron llegar. Una cuadra antes el lugar estaba atestado de gente. Había mujeres, ancianos y niños llorando por doquier. Cindy aprovechó un segundo en el que Patiño se distrajo y salió del carro.

-¡Cindy, NO!

Cindy corrió esquivando a todo el mundo hasta entrar al hospital, sin que el vigilante se diera cuenta. No era la primera vez que lo hacía. Llegó a la recepción.

-Buenas, necesito información de los heridos que trajeron de Las Peñitas… del Mototaxi Express. Tal vez alguien llamado Pedro Viloria…

Pero era inútil  había 10 personas más tratando de conseguir información con la pobre recepcionista que no daba abasto. Cindy corrió por el hospital. Urgencias. Tenía que llegar a urgencias “O a la morgue” pensó. Subió las escaleras y llegó hasta el segundo piso. Había corrido tanto que se sintió cansada. Se detuvo para recuperar el aliento. Y fue entonces cuando vio algo muy familiar a través de una de las ventanas en aquél pasillo solitario.

Cindy vio el letrero verde que identificaba el lugar “Unidad de Cuidados Intensivos”. Se acercó para ver de cerca a la persona que estaba del otro lado de la ventana. Fue entonces que sus ojos se llenaron de lágrimas.

-No puede ser- fue lo único que dijo antes de perder completamente el conocimiento.

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