El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 85. El Tormento.

El vaso estalló en el piso y la mancha blanca de leche fría empezó a regarse por toda la cocina.

-Bendito sea Dios, Laura Marcela ¿Qué te está pasando?- preguntó Adriana al ver el desastre en el que se había convertido aquella sección de la casa.

-Nada, Mami, no seas exagerada, tropecé con el vaso sin darme cuenta- mintió Laura, mientras escondía sus manos en los bolsillos de su pantalón jean -No te preocupes yo recojo esto.

-¡Cuidado te vas a cortar!- le advirtió Adriana antes de regresar a la sala.

Laura volvió a ver sus manos. Temblaban. El vaso lleno de leche se le había caído de las manos hacía un rato, pero si Adriana se enteraba seguramente iba a convertir el asunto en un escándalo y no iba a descansar hasta sacarle la verdad.

En realidad estaba muerta del pánico.

El día anterior había estado a punto de morir calcinada dentro de una camioneta en llamas. Ella misma la había visto estallar con sus propios ojos segundos después de haber escapado de ella, pero había algo que no le permitía estar tranquila o agradecida por haber salido con vida de esa situación.

Javi la había sacado de la camioneta, sí, pero ¿a qué precio? Laura había visto el cuerpo sangrante del individuo al que le disparó, no respiraba, no se movía, estaba  muerto. Había pasado toda la noche tratando de convencerse de que Javi había hecho lo correcto. Si él no hubiese disparado ambos hubiesen muerto allí mismo. ¿Pero había sido necesario matar a aquel desgraciado? ¿Por qué Javi sencillamente no disparó a lo lejos? Los otros tipos hubiesen huido ¿o no? Quizás huyeron porque vieron a su compañero sangrando en el piso. Quizás.

Mientras recogía los trozos de vidrio en la pala de plástico y pasaba el trapero por la cocina, a Laura también la estremecía recordar la sangre fría con la que Javi había disparado, la forma como había actuado, y como casi le dispara al otro sujeto. ¿Qué clase de persona era aquel hombre que le había ofrecido su amor incondicionalmente? ¿Qué clase de hombre era aquel al que hacía unas horas ella le había dado una esperanza? ¿Quién?

-¡Juan Carlos! ¡Apaga esa vaina que voy a oír la radio! – gritó Adriana desde la sala, Laura estaba tan ensimismada que apenas si había notado el ruido del televisor en el cuarto de su hermano.

Pronto escuchó el sonido del viejo radio que Adriana había traído de la casa de Florencia y que en algún momento perteneció a Patri, la empleada del servicio que prácticamente la crió de niña. Se arrepintió de haberla recordado. El rostro lívido de Patri en la morgue de Sincelejo, el día de la toma de los mototaxis hacía ya casi tres años regresó nítido a su memoria. Parecía que la muerte la estuviera siguiendo.

-Sincelejo-dijo el locutor en la radio, mientras Laura en la cocina metía sus manos temblorosas nuevamente en los bolsillos de su pantalón.

Luego de los incidentes ocurridos en la tarde de ayer donde hordas de motociclistas recorrieron la ciudad, sembrando el pánico entre sus habitantes, Sincelejo pasó la noche con brotes de violencia en dos puntos de la ciudad. Por un lado se registró la detonación de un artefacto explosivo en el kilómetro 1 de la vía que conduce al municipio de Tolú. Varios de los implicados fueron sorprendidos en el lugar de los hechos y fueron tomados en custodia por miembros de la policía nacional. Mientras que en las horas de la madrugada, en plena Avenida Las Peñitas, un grupo de maleantes intentó ingresar por la fuerza al centro comercial “El Fresno”. El grupo de vándalos había quemado el portón de acceso al mencionado centro comercial, sin embargo no pudieron romper el cerco de seguridad y huyeron antes de que llegara la autoridad policial.

-A esos bandidos deberían quemarlos vivos- dijo Adriana escuchando la radio. Laura estaba segura que su madre pensaba que Pechi estaba entre aquellos vándalos y hubiese sido la primera en alegrarse si alguien en verdad lo hubiese quemado vivo en los desmanes del día anterior. Ni siquiera sospechaba que había sido ella, su propia hija, la que había estado a punto de morir achicharrada.

Debo reconocer que en 35 años que llevo ejerciendo como periodista en la ciudad de Sincelejo, nunca había visto una situación tan crítica como la que se vivió ayer, Gonzalo– dijo uno de los locutores.

Así es, Wilmar, es que lo que vimos ayer en la ciudad de Sincelejo estaba fuera de toda proporción. Tenemos testigos que todo inició en la Autopista de la Sabana, justo frente a las instalaciones de la UPES, donde al parecer una patrulla de la policía habría arrollado a uno de los mototaxis que se ubican frente a esa institución universitaria.

-Tenemos entendido que la policía había hecho un reten sorpresa en el lugar y el mototaxi en cuestión se había dado a la fuga, cuando la patrulla intentó perseguirlo, fue cuando ocurrió la tragedia. Gonzalo.

Wilmar pero lo más preocupante del hecho es que al parecer, los mototaxis habrían rodeado la patrulla para tomar represalias contra los policías y estos habrían arrollado al menos a 8 mototaxis más. Aquí hubo equivocaciones de parte y parte, Wilmar ¿Qué es lo que está pasando en Sincelejo que hemos llegado a estas circunstancias?

Sí, Gonzalo y anoche mismo confirmamos con el director de la Policía Sucre, Mario Andrade que la misma patrulla que participó en los eventos frente a la UPES fue encontrada completamente calcinada en un paraje abandonado en la ruta que conduce al corregimiento del Mamón, en el municipio de Corozal.

Así es Wilmar, tenemos registro de al menos 10 enfrentamientos entre los motociclistas, que estamos seguros que no todos eran mototaxis, y miembros de la policía nacional, siendo el más grave el que se registró aproximadamente a las 3 de la tarde en el centro de Sincelejo donde hubo varios heridos, la mayoría de los cuales fueron llevados al hospital municipal.

Gonzalo, usted dice que no todos los motociclistas era mototaxis ¿usted cree que este tipo de manifestaciones están siendo infiltradas por miembros de grupo ilegales?

Claro que sí, Wilmar, estos episodios son los que aprovechan estos vándalos de la guerrilla y de las bandas criminales para crear caos en la ciudad, al menos ya restablecieron la energía eléctrica y la comunicación vía teléfonos móviles. Y hasta donde podemos ver se respira un ambiente de calma en la ciudad.

Así es Gonzalo, vamos a unos anuncios y regresamos, vamos a intentar hablar con los gerentes de las compañías celulares para darnos su opinión del corte que hubo ayer, durante los desmanes. No se despeguen, ya regresamos con Al Día Sucre, el noticiero de la sabana.

No había empezado el anuncio comercial cuando Adriana le había bajado el volumen y quedó observando a Laura que se disponía a salir.

-¿De verdad vas a salir ahora?

-Ya oíste a los de la radio, ya hay normalidad, tengo que ir a trabajar.

-A trabajar o a verte con el mototaxi ese.

-¿Con cuál mototaxi?

-Pues con el que tu le dices Pechi, mira Laura Marcela yo no te había dicho nada porque al fin y al cabo ya tu eres una mujer hecha y derecha, pero ¿no te da vergüenza amanecer en la casa de ese tipo?

-Tienes toda la razón, Mami, ya yo soy una mujer hecha y derecha y además soy yo la que mantengo esta casa y si no me mudé con Pechi es porque sencillamente no quería dejarte sola, pero veo que eso fue un error.

-¿Error? Error es que rechaces a Javi, que si es un muchacho educado y de buen ver. Siempre llega y saluda y siempre tiene un detalle conmigo y con tu hermano a diferencia de tu Pechi, que nunca pasa de la puerta.

-Si Pechi no pasa de la puerta es porque cada vez que entraba aquí tú lo mirabas como si fuera un gusano y le decías cosas horribles, si así me trataran en algún lugar, créeme que tampoco entraría. ¿Por qué odias tanto a Pechi? ¿Por qué era un mototaxi? Pues Javi también lo fue ¿o es que nunca te lo ha dicho?

-¡Mentirosa!

-Ya me voy a trabajar, no soporto escucharte decir tantas tonterías, Mami- dijo Laura viendo a Juan Carlos asomado en la puerta de su cuarto. Le dolía que su hermano tuviera que escucharla discutiendo con su madre, pero ya era de poner las cosas en su sitio.

Salió de la casa ofuscada. Al menos ya no le temblaban las manos. El sol se hacía cada segundo más brillante e intenso. Tenía que llegar rápido a la inmobiliaria, ya eran las 8:15 y su hora de entrada era a las 8:00 en punto. Dada la situación, no consideró prudente tomar un mototaxi, así que decidió llamar uno.  Pasaron dos minutos antes de que el vehículo amarillo se aparcara frente a la casa.

-Inmobiliaria Las Torres, señor, me hace el favor- dijo Laura mirándose en el espejo del taxi. Llevaba el cabello castaño claro suelto y semi-ondulado a la altura media del brazo. Una blusa blanca con un escote reducido complementaba el marco de los lentes de sol que llevaba puestos. Sacó un espejo de su bolso, tenía los labios pálidos desde la noche anterior y decidió aplicarse algo de color.

-¿Qué habra sido eso de hace un rato?- preguntó el taxista.

-¿Que habrás sido qué señor?

-¿No escuchó la explosión de hace un rato? ¿Hace como 20 minutos?

-No, al verdad no.

-Algo grave pasó.

Hacía 20 minutos Laura estaba discutiendo con su madre, seguramente por causa de los gritos no había escuchado nada. Fue entonces que el taxi frenó de repente y Laura se golpeó la frente con el asiento del copiloto.

-Este hijueputa que…- alcanzó a decir el taxista cuando una camioneta de color oscuro se detuvo frente a él.

Un hombre calvo, vestido completamente de negro y con gafas de sol había salido. El taxi iba por el estadio de baloncesto de Mochila, pero la calle estaba completamente sola. A Laura le tomó dos segundos reconocer al sujeto que había salido de la camioneta.

-No puede ser, señor ¡Arranque!- gritó Laura.

Luego sonó un disparo. Y Laura quedó impregnada de una mezcla de sangre y cerebreo en su rostro y en su cuerpo. Ni siquiera pudo gritar. Aquel hombre abrió la puerta del taxi y la miró con aquellos ojos aterradores que ella recordaba muy bien.

-Hola preciosa, hacia tanto tiempo que deseaba verte- dijo Lastre mientras entraba al taxi, justo antes de propinarle un puñetazo que la dejó sin sentido.

Cuando recuperó la conciencia estaba en una habitación oscura y húmeda. Se escuchaba un goteo incesante en algún lugar que ella no podía identificar. Le dolía el rostro. Laura sintió la necesidad de escupir el sabor metálico que sentía en la lengua y que amenazaba con ahogarla. Era sangre. No podía mover las manos. Ni los pies. Estaba atada a una silla y no podía moverse.

-¡Ayúdenme!- gritó con todas sus fuerzas- ¡Dios mio, ayúdame, Dios mio, no me abandones, Dios mio!

Luego se escuchó a alguien aplaudir. Era él. Era ese monstruo.

-Así que la princesita de papi, ya se despertó, ¿ah?- dijo el calvo que se camuflaba en la oscuridad vestido de negro, pero ya no llevaba puestas las gafas de sol.

-¡Alguien que me ayude! Alguien, por favor- dijo Laura entre sollozos.

-¿Quién crees que te va a ayudar? ¿El mototaxi hijueputa? Déjame darte una muy mala noticia, princesita, tu Pechi se debe estar pudriendo ahora mismo en el infierno…

-¿Por qué me haces esto? ¿Por qué me mientes?

-Yo no te estoy mintiendo, princesita- dijo Lastre inclinado frente a ella, sonriendo- ¿no escuchaste la explosión de esta mañana? Ese fui yo… le metí una granada al negocito de tu noviecito, el mototaxi hijueputa.

Lastre emitió una carcajada que le dolió a Laura en el alma.

-Si hubieses visto como lo sacaron de allí, como un chicharrón negro y ahumado. Sin ojos. En lugar de sus preciosos ojos azules, sólo había un hueco negro, llenó de porquería. Que asco- escupió Lastre.

Laura sintió que el corazón se le rompía en dos al escuchar a Lastre. No estaría tan feliz si le estuviera mintiendo. Pechi estaba muerto. No podía ser. ¿Por qué? ¿POR QUÉ? Hubiese preferido mil veces morir junto a él que estar allí sola y perdida, frente a aquel monstruo que la quería destruir.

-Tu noviecito, el mototaxi hijueputa… por fin le cobré todo el tiempo que me hundió en la cárcel y la cicatriz que me quedó por culpa de él- dijo Lastre levantándose la camisa y tocándose con cierto placer morboso una linea de espanto a la altura del abdomen- pero hoy es el día en que todos van a pagar, hasta tú princesita. No se me olvida la humillación que me hiciste pasar, desgraciada.

-Todo lo que te pasó fue culpa tuya- dijo Laura entre sollozos profundos- ni Pechi, ni yo tuvimos la culpa de nada, tú mismo te buscaste lo que te pasó.

Lastre emitió otra carcajada y luego le propinó un puñetazo en el rostro. Laura lloraba del dolor y de la indignación.

-Sabes que es lo mejor de esto, princesita, que al que se le ocurrió la maravillosa idea de matar a tu noviecito, el mototaxi hijueputa, fue a alguien que tu conoces muy bien.

-¿De que estás hablando?- dijo Laura con un tono de esperanza en la voz. ¿Acaso su papá vivía?

-Sí, fijate… ¿no te suena el nombre de Javi?

-¿Qué?

-Si tu otro noviecito fue el que mando a matar a tu Pechi, hay que ver que eres bien zorra, no te conformaste con tu Pechi y andabas con el Javi también- nuevamente Lastre emitió aquella carcajada tenebrosa- pues fue tu Javi el que me mandó a matar a tu Pechi.

Laura no podía creer lo que estaba escuchando ¿Javi? no, no podía ser.

-Tú mataste a Pechi, princesita, por tu culpa Javi me mandó a matarlo. Tú te lo buscaste, perra. ¿No fue así que me dijiste?

De repente todo fue claro para Laura. Había sido tan ciega. Todo tuvo sentido. El repentino éxito financiero de Javi, aquellas personas que había aparecido muertas, su viaje del que nunca hablaba… todo. Javi era un criminal.  Y Lastre tenía razón, ella había tenido la culpa. Ella le había dado esperanzas a Javi. Había sido su culpa. Su culpa.

Sintiendo que el mundo se abría a sus pies y que las razones que tenía para vivir se desvanecían una a una, Laura empezó a llorar sin consuelo.

-Ay, princesita, no llores que me partes el corazón, además te voy a dar razónes para que llores de verdad, con ganas. Pero que uñas tan largas tienes….- dijo Lastre ubicándose detrás de ella.

Laura apenas escuchó un sonido metálico antes de sentir el dolor más espantoso que había sentido en toda su vida. Un tormento que empezaba en sus dedos y que luego sentía recorrer todo su cuerpo. Luego empezó a sangrar.

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