El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 87. El Asesino.

El asco que empezaba a sentir Javier Luna al ver la felicidad dibujada en la cara de roedor de Demyan Fedorov al destruir por completo el cerro de Puerto Arturo se transformó en estupor al ver la nube oscura que se aproximaba a toda velocidad hacia ellos.

“Idiota” pensó Javi. Sólo a un maniático como aquél se le ocurriría poner en riesgo su vida de aquella manera estúpida. Tres detonaciones en el corazón del cerro habían acabado con Puerto Arturo, pero al trastornado ese de Fedorov se le había ocurrido activar las otras dos cargas, pese a que todos los presentes en el lugar le habían advertido lo contrario. Sus guardaespaldas, que no eran ningunos idiotas, habían tratado de detenerlo, pero Fedorov se les adelantó y pulso el detonador dos veces. Un estruendo monstruoso, mucho peor que los anteriores, se apoderó del lugar y Javier Luna vio como el imponente cerro donde se alzaba aquel barrio marginal empezaba a desmoronarse como un castillo de arena al azote de la brisa.

La nube marrón se aproximaba peligrosamente.

-¡Corran, nojoda!- gritó Salim, mientras corría despavorido en dirección opuesta a la nube.

El guerrillero que había armado las bombas, el tal “Coco”, Fedorov y sus dos guardaespaldas no se quedaron atrás y se dirigieron hacia la camioneta que estaba aparcada junto a la trocha de acceso por la que había transitado la noche anterior. Pero Javi no se movió.

-¡Javi! ¿Qué es lo que haces?- gritó alguien a sus espaldas. ¿Acaso había sido Fedorov? ¿O Salim? Ni siquiera eso le importaba. Estaba paralizado.

“Esto es mi culpa”- se dijo a sí mismo en voz baja. Era verdad que Fedorov había detonado los explosivos, pero el plan había sido suyo, suyo y de nadie más. ¿Cuántas personas habían muerto por culpa de sus actos? Recordó a los verdugos que lo mantuvieron muerto de la sed y del hambre cuatro días en aquella cabaña maldita que aún regresaba en ocasiones a sus pesadillas. Pensó en Kike Villamil y en su hermano. En Jennifer Paternina, en Pechi Viloria, y en todos los que acababan de perecer en ese cerro. “¿A cuánta gente has asesinado, Javi?¿A cuanta? ¿Cuándo vas a parar? ¿Cuándo?”

Casi que podía ver los rostros sangrantes de todos aquellos que habían muerto por su culpa.

-¿Esto es en lo que te has convertido Javier?¿En un matón de quinta?

Vio a su padre recostado en la casa donde habían entrado la noche anterior, con un pie en el piso y el otro sobre la pared, tal como lo vio la noche en que desapareció para siempre de su vida. “Esto es absurdo”.

-Absurdo es que tengas las manos manchadas de sangre.

Una manos suaves y delicadas, perfumadas con canela lo rodearon por atrás y le sostuvieron las suyas.

-¿Mami?- preguntó Javi aterrorizado.

Su padre se reía a carcajadas recostado en la pared de la casa. Luego las manos desaparecieron y una presión enorme le rodeó el cuello.

-¿No fue así que me asesinaste, Javi?- dijo Jeniffer Paternina, mientras le apretaba el cuello con un cable afilado que lo hacía sangrar.

Luego apareció él, el mismo que le había salvado la vida en la cabaña del tormento, el mismo que le había ofrecido su amistad, y el mismo al que le había dejado el camino libre con la mujer que amaba, sólo para lastimarla después. Tenía la mitad de la cara chamuscada y humeante.

-Es hora de que pagues por todo lo que has hecho, Javi- dijo Pechi mientras le hundía los dedos en los ojos y mientras Jennifer seguía apretando el cable con tanta fuerza que ya no pudo respirar.

-¡JAVI!

No podía respirar. Tosió un par de veces. Estaba completamente cubierto de polvo, arena y rocas. Nada de aquello había sido real. Nada. Se sintió aliviado. El sol le daba directamente en la cara, hasta que la silueta de un hombre lo ocultó. Le ofrecía la mano.

-Levantate, Javi, tu trabajo ha terminado- dijo Demyan Fedorov- ¿Acaso estabas loco? ¿Por qué no te escondiste como tu amigo, el cobarde? ¿O como mis guardaespaldas, los cobardes?

Javi no respondió.

-Quizás no eres el pedazo de mierda que yo creía, Javier- dijo Fedorov ofreciéndole una tarjeta amarilla- ten, ahí está el precio que acordamos en Moscú, cuando me ofreciste este maravilloso plan. Ocho millones de dólares contantes y sonantes. Es una tarjeta respaldada por una de mis cuentas en un banco ruso con sede en las Islas Cayman. No vas a tener problemas.

-Está sangrando- fue lo que único que dijo Javi, luego de recibir la tarjeta.

блин, esta maldita herida se volvió a abrir.

-Debería ir a un hospital, Fedorov- dijo Javi, observando a los dos guardaespaldas y a Salim junto a la camioneta.

-Tienes razón, Javi, ahora que terminemos con esto, quizás haya un par de trabajos que puedas hacer para mi, esos ocho millones de dólares no te van a durar mucho. Piénsalo- dijo Fedorov antes de subirse con sus guardaespaldas y con el guerrillero a su vehículo y largarse de allí. Javi esperaba no tener que volver a verlo nunca más en su vida.

Salim lo llevó hasta su casa en la misma motocicleta que había robado la tarde anterior. “Laura” pensó de inmediato. Ya se había bañado y vestido, cuando le hizo a Salim una pregunta que lo había asaltado todo el día.

-¿Sabes por qué Lastre no se ha reportado conmigo hoy?

-No patrón, no sé, me imagino que debe estar celebrando la muerte del mototaxi ese que usted mandó a matar esta mañana.

-¿Y por qué tendría Lastre que celebrar la muerte de Pechi Viloria?

-¿Es que usted no sabe patrón? Por culpa de ese Pechi Viloria fue que Lastre terminó preso, allá en Magangué donde usted lo encontró.

-¿Qué? ¿De qué rayos estás hablando?

-Pues, usted sabe que Lastre trabajaba para el tal Marcelo Guevara, junto con Mauricio Castilla, ese que usted mandó a matar también…

-Sí, se perfectamente quién era… sigue.

-Pues con ellos trabajaba un tal Iván Curiel, el asunto para hacérselo corto es que la hija del tal Iván Curiel era novia del tal Pechi Viloria y entre los dos sapearon a Curiel, a Castilla, a Guevara y a Lastre, cada vez que hablo con Lastre me habla de lo que le pensaba hacer al tal Pechi y a la novia. Bueno, será a la novia porque ya al tal Pechi usted lo mandó a bajar. Qué casualidad ¿verdad?

Javier, sin perder por un segundo la compostura, fue hasta su habitación, sacó su arma y al regresar a la sala le apuntó a Salim al ojo izquierdo.

-Yo no te quiero hacer daño, Salim, pero si no me dices ahora mismo donde está Lastre, te juro que te voy a partir la cabeza a balazos.

-Patrón, pero yo…

Javi le quitó el seguro al arma.

-No sé, patrón, no sé exactamente, pero creo saber donde puede estar. Pero baje esa arma patrón.

-Habla.

-El edificio ese que está sin terminar en el centro. Lastre hablaba mucho de ese lugar, decía que allí se reunía con Guevara y con Castilla. El se estaba quedando en el mismo hotel que yo, no se en que otro lugar pueda estar.

-Pues ya mismo nos vamos para allá- dijo Javi halando a Salim del cabello arrastrándolo hasta la calle- Tu manejas.

Salim salió a toda velocidad. Javi pensó en la noche fría en Moscú cuando le ofreció a Demyan Fedorov la posibilidad de apoderarse de una de las reservas de Litio más grandes del mundo, la reserva que se hallaba debajo del cerro de Puerto Arturo, mucho más grande y rica que la que había en las tierras de los Mansur en Toluviejo. Aarón Paternina había sido muy inteligente en ofrecerle las tierras de los Mansur, claro, él estaba esperando apoderarse de la porción de Puerto Arturo, pero todos los planes le salieron al revés cuando un tracto-camión lo aplastó como un gusano por culpa de su hija.

Javi le había ofrecido a Fedorov las tierras de Puerto Arturo y todas las que estaban a su alrededor, pero para hacerlo necesitaba gente, gente capaz y cuando empezó a reunir a un grupo de muchachos dispuestos a lo que sea, pronto salió a relucir el nombre de Lastre. Era una pieza invaluable, un asesino frío y calculador, pero leal, de acuerdo a lo que decían y conocía mejor que nadie el mundo criminal en Sincelejo. Javi lo había sacado de la cárcel en Magangué y le había puesto como prueba final asesinar a su antiguo aliado: Mauricio Castilla, quién irónicamente había sido quién lo había ayudado a localizarlo. Ahora aquella decisión empezaba a destruirlo lentamente. Si Lastre le hacía algo a Laura sería su culpa.

Llegaron a la esquina del edificio abandonado. El centro de la ciudad estaba completamente vacío. La explosión en “El Mototaxi Express” y el rumor de la destrucción de Puerto Arturo había logrado derrotar a la ciudad a punta de miedo. Igual que el miedo que sentía él en esos momentos, ante la posibilidad de encontrar a Laura muerta a manos de Lastre.

-¿Cómo entramos?- le preguntó Javi a Salim.

-No se, patrón, yo nunca he entrado aquí.

“Imbécil” pensó Javi. Tuvo que tantear una por una las láminas de zinc que separaban el interior del edificio abandonado de la calle para hallar una entrada. Tenía que estar allí. Laura tenía que estar allí.

El edificio estaba lleno de vegetación por todas partes, los muros y las escaleras estaban deteriorados y un hedor fétido circulaba como un alma en pena por todo el lugar. Recorrió uno a uno los dieciséis pisos de la estructura pero no vio a nadie.

“Maldita sea, Laura ¿Dónde estás?”

Ya estaba a punto de irse cuando escuchó a lo lejos un ruido muy leve. Casi imperceptible. Javi rodeó el edificio y volvió a escucharlo nuevamente. Parecía que alguien gritaba.

-Patrón, ¿para donde vamos?

-Cállate…sirve para algo y cúbreme la espalda

Dio vueltas por todo el lugar, hasta que encontró lo que estaba buscando. Era una puerta. Estaba cubierta por la misma vegetación asquerosa que el resto del edificio, pero allí estaba. La abrió con cuidado, tratando de hacer el menor ruido posible. Era la habitación más oscura que se pudiera imaginar, los muros eran tan gruesos podría estar llenos de cadáveres y nadie lo notaría.. Javi sólo había visto una habitación parecida a aquella y era la que su madre había mandado a construir en el patio de su casa en Barranquilla para instalar una planta eléctrica en la época de los apagones, según ella misma le había contado.

Alguien lloraba. Tenía el arma en la mano y apuntaba con cuidado. Fue entonces cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad y pudo verla. Tenía el cabello desordenado y sucio; la boca y el rostro rojos de la sangre, y los ojos perdidos e hinchados por el llanto prolongado. Se olvidó del arma, de Salim, de Lastre, de Puerto Arturo y de todo y salió corriendo en dirección a Laura.

-Laura, Laura mi amor ¿que te hicieron?

-Tú, tú- decía ella mientras lo miraba con unos ojos extraños.

-Ya cálmate que te voy a sacar de aquí.

-¡Patrón cuidado!- gritó Salim a sus espaldas justo antes de que sonara un disparo y Javier viera como su compañero caía al piso con los sesos regados por el piso.

-Ay, pero que bonita escena, el príncipe encantado tratando de salvar a la princesa- dijo Lastre mientras recogía el arma de las manos de Salim y le apuntaba a Javi con ella.

-¿Cómo te atreviste a ponerle un dedo encima, malparido?

-Vea, patroncito, le voy a dar la oportunidad de que salga de aquí con el corazón latiendo, igual, yo no tengo nada en contra de usted, usted me sacó de la cárcel, me dio un buen dinero y sobre todo, me puso a Pechi Viloria en bandeja de plata. Lárguese de aquí y le juro que no me va a volver a ver más.

-Te hago la misma oferta, Lastre, dame el arma y sal de aquí. Tu no sabes de lo que soy capaz.

-Sí, yo sí lo se, no como la princesita que no tenía ni idea de la clase de ficha que usted, patroncito. Ella estaba segura que usted era tan bueno y heroico como el mototaxi hijueputa… ah, pero es que usted también fue mototaxi… vea, pero que refinado es el gusto de esta PUTA…- dijo Lastre.

Era todo. Javi levantó el arma e hizo un disparo en la dirección de Lastre, y sin esperar que el respondiera se abalanzó contra él. Ambos cayeron al piso rodando, igual que sus revólveres que cayeron a lo lejos. Javi intentaba golpear a Lastre, quien estaba debajo, pero este logaraba esquivarlo.

-Perro hijueputa, ¿cómo te atreviste a tocarla?- dijo Javi furioso.

Lastre lo golpeó en el estomago y lo obligó a apartarse. Los segundos que pasaron fueron los más largos de la vida de Javi. Vio como Lastre se abalanzaba hacia el revolver que tenía más cercano, pero al mismo tiempo vio un tubo de hierro recostado en una de las paredes. Cuando Lastre volteó sonriente, apuntándole con el arma, Javi lo golpeó con el tubo con tanta fuerza que sintió el impacto plenamente en sus manos.

Lo había descalabrado en la frente y estaba inmovilizado, pero Javi sólo tuvo que ver los moretones en la cara de Laura, así como la sangre que salía de sus manos atadas a su espalda para saber lo que tenía que hacer. Soltó el tubo de hierro y empezó a patear a Lastre en la cara. Lo primero que se le rompió fue la nariz, y el rostro deforme luego empezó a sangrar, primero lentamente, y luego, a medida que Javi seguía pateando la cabeza del asesino, la sangre salía con más presión. No supo cuantas veces lo hizo, pero al terminar en el lugar en que había estado la cabeza de Lastre, sólo quedaba una masa amorfa de huesos, sesos y sangre.

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