El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 88. El Fantasma.

Демьян Федоров увидел его предплечье. Он истекал кровью. Крови. Боли. Это было так много боли. Слишком много боли. Дорого. Но он должен был быть сильным. “Слабость есть смерти”, подумал он.

-Tenemos que llevarlo a una clínica, señor Fedorov, esa hérida se ve muy mal- dijo “Coco”, el guerrillero que había contratado para fabricar los explosivos que acababan de destruir a Puerto Arturo hacía unos minutos.

Ivan y Andrey observaban por el espejo retrovisor, gruñendo, como siempre, mientras el guerrillero le subía la manga para despejar la herida.

-¿Cómo se hizo esto, señor?

-Anoche, en el tunel, me distraje un momento- dijo Fedorov observando a sus guardaespaldas, sentados en la parte de adelante de la camioneta. Para Demyan, Ivan y Andrey eran solamente unos perros, unos perros con algo de cerebro, pero perros al fin y al cabo, perros cuyo único propósito era morder a todo aquél que quisiera hacerle daño. Pero había un problema con los perros: podían oler el miedo. Sabía muy bien de lo que eran capaces sus guardaespaldas, así que no podía demostrar debilidad, aunque al dolor se lo estuviera comiendo vivo.

La herida estaba mucho peor que en la noche anterior. Se había cortado en el túnel con una de las columnas que sostenían el acceso hasta el corazón del cerro de Puerto Arturo, una tonta cortada, pero cometió el error de no tomar cuidado de ella. Ni siquiera se había bañado cuando llegó el hotel, cansado como estaba del calor infernal de aquel pueblo de retrasados, perdido en la inmensidad del trópico sudamericano.

Sólo cuando Andrey lo agarró del mismo brazo para protegerlo de la nube de escombros, volvió a acordarse de ella. Ahora el dolor le recorría todo el lado izquierdo del cuerpo y la herida se veía infectada. Si creyera en algún Dios, seguro le estaría rezando en ese momento, pero la religión era un invento para ignorantes y débiles que necesitan que alguien les solucione la vida sin hacer nada.

-¿Hay alguna clínica cerca?- preguntó Demyan sintiendo que el dolor aumentaba cada segundo.

-Podemos preguntar, señor, detenga la camioneta y déjeme que le pregunte a alguien por aquí.

Confiar en extraños no era el mejor plan del mundo, pero Demyan había estado en Sincelejo hacía pocos días y de los recuerdos que tenía de la última vez que había estado allí, ya muy poco quedaba.

Ivan detuvo el carro, mientras “Coco” se bajaba de la camioenta. Corrió unos pasos hasta un par de transeúntes que caminaban más bien temerosos. Javi era un genio. Su plan había funcionado a la perfección. La ciudad estaba paralizada por el pánico y lo mejor de todo es que nadie sospecharía de ellos. Los policías le echarían la culpa a los mototaxis y los mototaxis le echarían la culpa a la policía. La forma en que se había quedado de pie, esperando a la nube de escombros, le mostró a Demyan que Javi no le tenía miedo a la muerte y eso era algo que él sabía explotar muy bien. El muchacho tenía un potencial enorme, pero había que pulirlo.

-Hay una clínica muy buena a dos cuadras y doblando a la izquierda, podemos llevarlo allí, señor- dijo Coco cuando entró de nuevo a la camioneta. Fedorov le dio las instrucciones a Ivan en ruso, mientras apretaba los dientes para no gritar.

Ni las torres de la Plaza Roja, ni los canales de San Petersburgo, le parecieron más hermosos que el anuncio azul y blanco con las palabras “Clínica La Misericordia”.

-Buenos días, señor ¿en que le podemos colaborar?- dijo la enfermera recepcionista al ver al extraño grupo de visitantes.

-El señor tiene una herida en el brazo, necesita atención inmediata- dijo Coco apuntando hacia él.

-¿Carnet?- preguntó la mujer.

Fedorov sacó de uno de sus bolsillos un paquete de dólares amarrados con cintas de caucho.

-Ese es mi carnet ¿cierto que es el mejor?

La enfermera asintió con la cabeza, mientras miraba con estupor el paquete con dinero. Le dieron paso de inmediato a la sala de atención, donde un hombre canoso el cortó la camisa de 500 dólares que había comprado en Milán dos meses atrás. Le inyectó un anestésico en el brazo para que no se cagara del dolor cuando le limpiaran la herida y le tomaran los puntos.

Sentía los parpados tan pesados. Seguro era el anestésico, o el cansancio. No había dormido bien desde que llegó. No había dormido nada.

Cuando despertó, tenía el antebrazo izquierdo vendado hasta el codo. Ivan estaba en la puerta, inmóvil, con las manos en los bolsillos, pero no había rastro de Andrey o Coco.

Иван, Иван! иди сюда, сейчас.

Ivan acudió de inmediato al llamado. Le contó que Andrey y Coco habían salido a comprar las medicinas y algo para comer. Al menos no eran tan tontos después de todo. Aún no habían llegado cuando el médico canoso regresó al lugar.

-Bueno, señor, ¿Federop?

-FE-DO-ROV- aclaró Demyan.

-Perdón, Federov- Demyan puso los ojos en blanco- ya la herida fue desinfectada, y suturada, ya se puede ir para su casa. Tiene que tener un poco de reposo, no utilizar ese brazo y tomarse las medicinas que le indique a sus… acompañantes.

Demyan agradeció personalmente al médico con un billete de 50 dólares “para un refresco” , aún se acordaba de algunas cosas propias de aquella tierra calurosa y extraña. Ya estaba a punto de salir cuando vio a lo lejos un rostro conocido. “Esto no puede ser” pensó.

En el pasillo que daba al área de hospitalización habían dos hombre hablando, uno de ellos vestía de policía  mientras el otro vestía de jeans y camiseta y zapatos deportivos.

Иван, подожди меня снаружи. У меня есть кое-что сделать. Расскажи Андрей и Колумбийский человека ждать в машине. Вы поняли?– le dijo Demyan a Ivan tratando de sobreponerse al impacto de lo que estaba viendo.

Да, сэр– dijo el guardaespaldas sin chistar. No quería que nadie lo interrumpiera en esos momentos. Caminó por el pasillo, acercándose cada vez más a los dos hombre que hablaban en voz baja.

-¿Cómo está ella?- preguntó el policía.

-Bien, un poco impactada por lo que le pasó a Claudia, pero bien- dijo el otro sujeto.

Era él. ¿Qué clase de magia era esa? ¿Acaso seguía soñando?

-Tenemos que encontrar a Nane- dijo el fantasma de ojos azules y cabello negro que hablaba con el policía- tiene que saber como está su madre.

-Pechi, hay algo que debes saber- dijo el policia- Puerto Arturo… Puerto Arturo, despareció.

-¿Qué? ¿Cómo que desapareció?

-El cerro se desplomó, se vino abajo y eso es un infierno allá, ahora mismo. Yo se que Nane vivía allá. Si estaba allí en el momento del derrumbe, no creo que haya sobrevivido.

¿Pechi? No, ese no era su nombre. Lo había visto por última vez, con el pecho cubierto de sangre y sus ojos azules perdiendo el brillo segundo a segundo, mientras el lo veía morir impotente.

-No podemos decirle eso a ella- dijo el fantasma- hagamos algo, yo voy a ir a Puerto Arturo, pero necesito que te quedes con ella Andrade. Tu sabes que es muy impulsiva, además está muy delicada.

-Igual, no tengo nada que hacer. El comando central envió ordenes expresas relevándome de mis funciones por tiempo indefinido. Dicen que no supe controlar la situación. El ejército viene en camino.

Demyan estaba a menos de dos pasos de distancia y podía ver claramente al fantasma. Sus cabellos negros, sus ojos azules, eran inconfundibles.

-¿Nikolay?¿Kolya?- preguntó tratando de reprimir el nudo que se le había formado en la garganta.

Ambos hombre fijaron su atención en él.

-¿Disculpe?- dijo el fantasma.

-Kolya, eres tú, estás… estás vivo…

Demyan tomó al fantasma con sus manos y lo tocó para convencerse de que no estaba alucinando.

-Señor, creo que se está confundiendo, yo no soy ese tal “Coya”, lo siento tengo algo muy importante que hacer. Discúlpeme.

El fantasma salió corriendo en dirección hacia la salida y Demyan quedó de pie junto al policía, con la cabeza vuelta un caos.

-¿Está bien, señor?- preguntó el policía.

-No, no estoy bien- dijo alejándose de él. Necesitaba pensar. Poner en orden sus ideas. Nikolay estaba muerto, él lo vio morir, además si estuviera vivo no se vería tan joven. Caminó por el área de hospitalización hasta el final del pasillo. Donde una enfermera alegaba con una mujer rubia.

-Me hace el favor- decía la mujer- yo salgo de aquí cuando me de la gana ¿no sabes con quien hablas? Hablas con Ludis Espinosa viuda de Mansur, no voy a permitir que me tengan encerrada como un animal aquí.

-Señora por favor, cálmese, usted no está bien, tiene quemaduras serias, por favor regrese a la habitación.

“Esto no puede estar sucediendo” pensó Demyan al ver el rostro de la mujer rubia. De repente todos los rostros de aquella noche trágica habían regresado. Pero a diferencia de Nikolay, el rostro de la mujer si había sido tocado por el tiempo.

-Ludis- dijo Demyan en voz baja.

La mujer rubia se olvidó por un segundo de la pelea y lo observó. Pareció reconocerlo, pero su cara de confusión era evidente.

-Ludis, soy yo, Demyan, Demyan Fedorov.

-Sí, ya se quien eres… por desgracia.

-Señora, por favor regrese a la habitación- dijo la enfermera- es necesario que …

-¡YA BASTA!… ya voy a entrar, ahora lárguese de aquí.

La enfermera lo hizo únicamente cuando vio que Ludis estaba acostaba en su cama. Tenía una quemadura en el hombro y otra en la pantorrilla. Tenía arrugas en la frente y en la comisura de la boca, pero era ella, era Ludis.

-Realmente pensé que nunca más te volvería a ver, Demyan, no después de lo que pasó esa noche.

-El destino es cruel, había pasado casi 30 años tratando de borrar de mi cabeza lo que sucedió esa noche. Tratando de borrar la culpa y hoy me ha puesto de frente con los fantasmas de mi pasado. Creo que es la manera en que la vida me cobra tantos pecados que he cometido.

-Que melodramático.

-¿Por qué estás aquí?

-Una bomba explotó en mi negocio ¿y tú?

-Me corté con algo muy filoso… ¿Que pasó contigo después de… después de..?

-¿Después de que sepultamos a tu amigo en ese hueco? Pues fui a mi casa, sola, mi padre me golpeó con un azote para caballos y me obligó a casarme. Diez meses después ya tenía un esposo, una casa y un hijo… ¿Y qué fue lo que pasó contigo?

Demyan se sentó en el sofá ubicado en la pared opuesta a la cabecera de la cama de Ludis. Miraba al piso, como tratando de convencerse de que todo aquello era real.

-Seguí en las fuerzas especiales rusas, hasta que se acabó el comunismo y tuve que volverme un criminal.

-Tu no tenías que convertirte en un criminal, ya tu eras uno.

Demyan meditó un momento en lo que le había dicho Ludis y supo que tenía razón.

-Ese muchacho… Pechi…

-¿Lo viste?

-¿Lo conoces? Es idéntico a…

-¿Al hombre que asesinaron por culpa de nosotros dos? ¿Eso era lo que quería decir? Sí, sólo te puedes imaginar la sorpresa que me llevé yo cuando hace unos meses el fantasma del único hombre al que he visto morir apareció en mi casa.

-¿Cómo es que…?

-¿De verdad no lo adivinas, Demyan? Siempre consideré que eras un cruel y sádico, pero nunca tonto.

-¿Es su hijo?

Ludis asintió con la cabeza.

-Mi hijo lo conoció hace años, eran amigos, había escuchado hablar de él, pero cuando Nane lo trajo a la casa para que pasara la noche… fue como si Dios me estuviera castigando por tantos errores que cometí. Estaba casi tan palida como estás tu ahora.  Desde que lo conocí he hecho todo lo posible por ayudarlo.

-¿Quién es su madre?

-Una mujer que conoció en Chinú, ahora vive fuera de la ciudad, yo nunca la he conocido. Se llama Salma Viloria.

Demyan reflexionó por un momento.

-¿Tu no le has dicho la verdad? ¿El no sabe quien es su padre?

-No, eso no me corresponde a mi decírselo.

Demyan Fedorov era un hombre al que no le gustaba deberle nada a nadie, y mucho menos a un muerto. Había una forma de pagar su deuda con Nikolay y era a través de ese muchacho y ya sabía como hacerlo.

-Ludis, mis hombres me están esperando afuera y la verdad espero que esta vez sí sea la última que nos veamos.

-El sentimiento es mutuo, Demyan.

Fedorov ya estaba en la puerta del cuarto cuando volteó a ver a Ludis.

-¿Ya te dijeron que tu hijo se murió en el derrumbe de Puerto Arturo? Se llama Nane ¿no?

-¿Qué?

-Sí, Pechi se fue a buscar su cadáver allá en ese cerro, pobrecito ¿verdad?

-Mentira, ¡MENTIRA!

-Si crees que es mentira, pregúntale al policía amigo de Pechi, él lo sabe. Bueno Ludis ahora sí, hasta nunca.

Demyan salió de aquel cuarto escuchando los gritos desesperados de Ludis, mientras el policía y la enfermera corrían hasta la habitación. Al llegar a la camioneta sabía exactamento cuál era la orden que tenía que dar, por qué su futuro y el del hijo de Nikolay estaban tan claros como las aguas del Volga en invierno.

-Иван, мы собираемся Пуэрто Артуро, в настоящее время (Iván, nos vamos a Puerto Arturo, ahora mismo)

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