El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 89. El Cerro.

-Hey loco, llévame a Puerto Arturo- le dijo Pechi al primer mototaxi que paró en la calle, frente a el.

-¿Puerto Arturo? Nojoda, mi vale, yo creo que para allá no voy. Por ahí andan diciendo que a esa vaina le metieron una bomba- dijo el mototoxi, un muchacho que no tendría más de 20 años.

-Te voy a dar cinco barras para que me dejes en toda la entrada. ¿Qué dices?

-Dale, montate, pero si veo que la vaina está barro por allá, te dejo hasta donde pueda.

-Tú dale y más nada.

Pechi se montó en la motocicleta y vio a lo lejos la columna de humo humeante que había dejado la explosión en “El Mototaxi Express” en la mañana. Recordó las numerosas ocasiones en las que su vida estuvo en peligro y se preguntó si era que Dios lo estaba poniendo prueba.

Recordó la mañana remota en que Lastre le metió un tiro y lo dejo por muerto en un hueco por la vía a San Antonio. Luego cuando sobrevivió, junto a Laura a la bomba en la Plaza de Majagual, la misma noche en que capturaron a Marcelo Guevara. También la ocasión en que se había roto las costillas contra un andén, cuando un taxi le cerró el paso en Bogotá. Y como olvidar la noche en que casi muere ahogado intentando salvar a Nane y a Cindy. De no ser por Javi, su cadáver hubiese servido de alimento para peces la misma noche del frustrado matrimonio entre Nane Mansur y Jennifer Paternina.

Era increíble que hubiese sobrevivido tantas veces, quizás Dios, allá arriba en el cielo aún tenía planes para él. De no ser así, no se explicaba como había sobrevivido a la explosión de la granada en “El Mototaxi Express”. Había empujado a Ludis y a Claudia hacía la oficina, mientras él había quedado expuesto a la onda explosiva. Recordó haber volado por los aires y haberse golpeado en la cabeza con uno de los muros del lugar.

Cuando despertó había fuego por todas partes. El escritorio de Claudia estaba sobre él, pero no se había quemado, y a pesar del dolor que sentía en la cara, podía mover todo el cuerpo. Luego escuchó los gritos. Pechi vio con horror como una figura cubierta en llamas danzaba por el lugar donde antes estaba la entrada. Era la escena más horrible que había visto en su vida. Luego escuchó otro grito, proveniente del lugar donde antes quedaba su oficina.

Recordó que Ludis, que era muy estricta en cuestiones de seguridad, había mandado a instalar extintores, en cada oficina. Pechi se cubrió la nariz con la camiseta y buscó la esquina donde sabía que había uno de esos aparatos. No le fue difícil activarlo y abrirse paso hasta el lugar donde provenía los otros gritos. Fue así como encontró a Ludis.

Sólo cuando logro salir, abriéndose paso con el extintor, supo que la silueta que había danzado en llamas era la de Claudia.

-Bueno, mi vale, hasta aquí te dejo- le dijo el mototaxi, sacándolo de su ensimismamiento.

-Pero todavía estamos lejos- reclamó Pechi al ver que estaban a más de 10 cuadras de la entrada al cerro.

-Pues mira eso, y dime si te dan ganas de llegar hasta allá- dijo el mototaxi señalando el lugar donde antes estaba el cerro de Puerto Arturo.

-Esto no puede ser- dijo Pechi completamente pasmado del asombro.

-Son cinco barras- dijo el mototaxi.

-Ya, toma, gracias.

Pechi pudo ver como la mitad del cerro había desaparecido. Las casas y los arboles de Puerto Arturo, que desde esa distancia solían verse como casas de juguete de un pesebre navideño, habían desaparecido. Un nudo se le atravesó en la garganta y los ojos se le llenaron de lagrimas al recordar todo lo que había vivido en ese lugar desde niño. No pudo contener el llanto al imaginar que hubiese ocurrido si su mamá y su hermana hubiesen estado allí.

Corrió lo más que pudo. Tenía que llegar, tenía que ayudar. Tenía que haber algo que pudiera hacer. Antes del puente que daba acceso al camino del cerro, la gente estaba de pie en medio de la calle, comentando lo ocurrido. Muchas mujeres lloraban y algunos iban en dirección al cerro con la misma intención que tenía Pechi.

Al cruzar el puente se dio cuenta que la situación era mucho peor de lo que parecia. El camino destapado que daba a Puerto Arturo, el mismo por el que tantas veces bajó con la moto de Migue para empezar sus días como mototaxi ya no existía. Se había convertido en una maraña de tierra removida, troncos, piedras, pedazos de mampostería y tejas. Casi no se podía respirar. Una nube de polvo amarillo se había apoderado del lugar y se alzaba como un banco de nieblas tratando de esconder el horror en el que se había convertido aquel barrio en el que había vivido desde niño.

-¡Agua, necesitamos agua!- gritaba una mujer a lo lejos con la cara completamente blanca del polvorín.

Pechi ayudó a traer baldes repletos de agua de las casas que aún seguía en pie, porque de los tubos no salió ni una sola gota. Trató de preguntar por Migue y por Nane, pero nadie supo darle razón de ellos. No le quedaba remedio que subir. El suelo estaba resbaloso e inestable. Había varias personas en el lugar, llorando desconsolados, llamando a sus seres queridos, sin que hubiese ninguna respuesta.

Ya había caminado unos diez minutos cuando chocó de frente con una pared de tierra, casi tan alta como él. Pechi vio como una veta de algo parecido a la sal le daba un color blanco a aquella pared.”¿Qué rayos es esto?” se preguntó Pechi mientras tocaba, no se desmoronaba al tacto como la sal, sino que era una piedra sólida, de un blanco sucio e impuro. No sabía por qué, pero tenía la impresión de que toda aquella destrucción tenía que ver con esa piedra blanca que acababa de ver y tocar.

Subió la pared y vio la calle donde vivió la mayor parte de su vida. Aún se podía distinguir, a pesar de una grieta de espanto que la atravesaba. En el lado de la calle donde vivía Migue, las casas estaban casi intactas, salvo algunos techos caídos, pero del otro lado no había nada, salvo un abismo escalofriante al que daba miedo observar.

Había más gente en ese lugar, muchos llorando, otros tratando de rescatar lo poco que les quedaba. Pechi siguió caminando hasta donde vio un montón de gente reunida. Nane y Migue tenían que estar allí. Era un grupo de unas treinta personas, todos hablaban al mismo tiempo, tratando de dar su versión de los hechos a gritos para sobreponerse al horror que acababan de experimentar.

-¡Migue!- gritó Pechi al ver al hombre que había sido su vecino, tenía a su hija cargada.

Migue lo abrazó y en medio de las lágrimas le comentó lo que había sucedido.

-Nos quedamos sin nada, Pechi, sin nada.

-Ya cálmate, Migue, tu sabes que cuentas conmigo, lo importante es que estás vivo. ¿Sabes si Nane estaba aquí?

-Sí, estaba en su casa con una mujer.

“Cindy” pensó Pechi de inmediato.

-¿Dónde están?

La expresión que hizo Migue no fue nada alentadora. No los había visto. El lugar donde había estado la casa en la que vivió tantos años, ahora era un largo precipicio lleno de escombros. Pechi estaba decidido a bajar. Por la cara que hizo Migue, se dio cuenta que tendría que hacerlo sólo. Una vez Nane lo había sacado de un abismo, ahora era el turno de salvar a su amigo. “Si es que está vivo” pensó.

Bajo con cuidado, intentando no resbalar. Vio los pedazos de paredes y techos por todo el lugar, así como colchones, pedazos de madera, sillas y mesas. Pechi intentó no pensar en cómo podría encontrar a alguien allí.

-Ayúdenme- escuchó Pechi una voz mientras descendía. Era una mujer.

-¿Quién está ahí? ¿Hay alguien por aquí?

-Yo, por favor ayúdame- dijo la mujer.

Pechi caminó con mucho cuidado hasta donde había escuchado la voz. Entonces la vio. Estaba al borde de un abismo vertical, aferrada con ambos brazos a un pedazo de la roca blanca que afloraba de la tierra. La conocía.

-¿Angélica?

-Sí, tú, tú eres el amigo de Nane ¿verdad? Tú estabas con él anoche… te llamas Pechi ¿verdad?

-Sí, así es, ven déjame ayudarte… no te vayas a soltar ¿me entendiste?

La mujer asintió con la cabeza. Aún con el cabello y el rostro cubiertos con aquel polvo asfixiante, la hembra se veía hermosa.

Pechi se acostó sobre el piso y enganchó el pie derecho entre un pedazo roto de pared y el suelo, para darse apoyo.

-¿Estás bien? ¿Te duele algo?

Angélica negó con la cabeza. Pechi extendió el brazo derecho apuntando hacia ella.

-Dame la mano.

-Si me suelto me voy a caer.

-Si te sueltas, yo te voy a agarrar, tranquila, tienes que soltar una mano.

Angélica negaba con la cabeza mientras sus ojos se llenaba de lágrimas.

-Angélica, escúchame, yo se que es difícil, yo se que tienes miedo, pero si no me ayudas, te vas a caer. Además necesito que entre los dos busquemos a Nane, no se donde está.

-Está bien- dijo ella.

En una fracción de segundo se soltó y Pechi logró sostenerla antes de que rodara por el abismo. Tiró con todas sus fuerzas hasta que ambos estuvieron a salvo.

-Ya, ya todo está bien- dijo Pechi sosteniendo a Angélica- ahora dime ¿Sabes donde puedo encontrar a Nane?

-Estaba conmigo en la casa, pero se partió en dos- dijo ella llorando- no lo volví a ver.

-Ven, vamos, si tu estabas aquí, él no debe estar muy lejos.

Caminaron por el lugar, llamando a Nane a gritos. Angélica sollozaba y Pechi se empezó a preguntar en lo que le diría a Cindy si no encontraba a Nane con vida. Ya se estaba resignando a lo peor cuando escuchó gritar a Angélica.

-¡Pechi! ¡Por acá! ¡Corre!

Pechi obedeció y encontró a Angélica tratando de mover sin éxito un pedazo de pared de donde salía un brazo. Pechi reconoció la camiseta que llevaba Nane la noche anterior.

-No puedo sacarlo, ayúdame.

Pechi examinó la mamposteria que estaba sobre Nane, no podía ser tan pesada. O quizás sí, pero si tardaba demasiado, Nane podría terminar…

-Angélica, voy a levantar la pared, cuando lo haga tienes que sacar a Nane con todas tus fuerzas me entiendes.

La mujer asintió con la cabeza.

-Uno, dos…- Pechi alzó la mampostería que estaba mucho más pesada de lo que parecía, en el mismo instante en que Angélica sacaba a Nane y lo apartaba del alcance del pesado objeto.

-¿Está bien?- preguntó Pechi luego de dejar caer el pedazo de pared, sintiendo un alivio intenso en todo el cuerpo.

Angélica apoyó su oreja contra el pecho de Nane, con tanto cariño que era obvio lo que ella sentía por él.

-Su corazón, está latiendo y puedo sentir su respiración- dijo ella.

Nane estaba incosciente, tenía varias raspaduras en el rostro y la camiseta manchada de sangre. Pechi y Angélica lo revisaron, y encontraron un par de cortadas pero nada serio.

-Tenemos que subirlo.

Si tan solo Nane hubiese estado consciente hubiese sido más sencillo. La subida estaba demasiado empinada. Angélica y Pechi terminaron arrastrando al herido hasta la cima, cuidando de que no se golpeara la cabeza. Cuando llegaron habían un montón de hombres vestidos de soldados y otro montón vestidos con mamelucos anaranjados. Pechi reunió las pocas fuerzas que aún le quedaba y gritó.

-¡Ayúdenme!

Los hombres vestidos de naranja se encargaron de Nane, lo ataron a una camilla plástica y le sujetaron todo el cuerpo con vendas elásticas para que no se moviera. Angélica no se despegó ni un minuto de su lado. Bajaron hasta el puente donde empezaba el horror y donde la gente seguía lavándose el polvorín de sus rostros, tratando de quitar con agua el espanto de la muerte.

Subieron a Nane a un camión con otros dos heridos. Angélica, por supuesto, subió con él.

-¿Dónde los van a llevar?- le preguntó Pechi al soldado que conducía el vehículo.

-Al hospital departamental- respondió él.

Pechi regresó a la parte de atrás donde además de los hombres de naranja, había dos enfermeros. Angélica estaba sentada junto a ellos, cuando el camión arrancó. Ella lo miró un segundo y se despidió diciendo “gracias” sin que él la pudiera escuchar.

Estaba a punto de subir de nuevo para seguir ayudando cuando escuchó el timbre de su celular. “Laura Curiel”

-Aló ¿Laura?

-¿Pechi?

-Laura, mi amor ¿dónde estás?

-Pechi tienes que venir, creo… creo que maté a Javi.

-¿Qué?

-Pechi estoy en el lugar donde tu lo viste por primera vez, cerca a un arroyo, por los lados de La Peñata, en una casa quemada. Por favor Pechi, ayúdame, estoy desesperada.

-No te preocupes, Laura, ya voy para allá.

Ya estaba a punto de salir a buscar un mototaxi cuando dos sujetos fornidos y vestidos de saco y corbata le obstruyeron el paso.

-Disculpe, tengo que…

Los hombres lo empujaron cuando trato de seguir a través de ellos.

-Bueno, pero qué…

-Pechi Viloria…

Era el mismo sujeto que había visto en la clínica donde habían llevado a Ludis. El mismo viejo loco con cara de ratón que lo había llamado “Coya” o “Colcha”, no recordaba bien.

-¿Usted? ¿Qué hace aquí?

-Te estaba buscando, muchacho.

-¿A mi?

-Sí, Pechi… quería disculparme por lo que pasó en el hospital. Te confundí con alguien que conocí hace mucho tiempo

-¿Y por eso vino hasta aquí? ¿Quién le…? No importa, no se preocupe, señor…

-Fedorov, Demyan Fedorov.

-Bueno, señor Fedorov, la verdad tengo un poco de prisa. No se quien le dijo que yo estaba aquí, pero si me disculpa…

-Vine aquí para hablarte sobre tu padre, Pechi.

La cabeza de Pechi empezó a girar como un trompo afilado. ¿Su padre? Era cierto que quería saber lo que su madre le ocultó durante tantos años, pero en ese momento los traumas de su infancia estaban en segundo plano, lo único que le pasaba por la cabeza era ir por Laura.

-¿Cómo así? ¿Usted sabe quien es mi padre?

-No sólo se quien es, de hecho lo conocí muy bien. Y hoy cuando te vi en ese lugar, fue como si lo volviera a ver de nuevo. Por eso te confundí. Eres idéntico a él.

-¿Por qué no me da su número de teléfono y hablamos después? En realidad tengo algo muy importante que hacer en este momento.

-¿Más importante que saber quién es tu padre?

-Me tomo que sí, señor Fedorov.

-Entonces tiene que ser algo muy importante.

-Sí, tengo que ver a alguien. Pero podemos hacer algo, veo que esa camioneta tan bacana es suya ¿Por qué no me lleva hasta donde yo voy y de paso me habla de mi papa, si es verdad que lo conoce?

-Sí, es una buena opción… y la verdad no sólo quiero hablarte de tu papa- dijo Fedorov mientras daba instrucciones a sus guardaespaldas con la punta de sus dedos- quiero hacerte una oferta, que sé que no vas a poder rechazar.

Anuncios

Navegación en la entrada única

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: