El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 93. La Aguja.

La llamada llegó mucho más tarde de lo que todos esperaban.  Eran las 9:45 de la noche cuando sonó el teléfono y hacía más de dos horas que Angélica estaba esperando.

Se había quitado el polvo amarillento que le había caído encima luego del derrumbe en Puerto Arturo, que según ya se había enterado, había sido provocado por explosivos que estaban escondidos dentro del mismo corazón del cerro. Se puso la falda negra a la altura de la rodilla, la blusa blanca de mangas hasta los codos y los zapatos cerrados de cuero negro que pensaba usar el día de su entrevista en la Escuela de Cadetes.  La blusa y las medias veladas le cubrían muy bien los pocos raspones y magulladuras que el cerro le había dejado de recuerdo. Del resto estaba perfecta.

Parecía más una secretaria que una prostituta de alto nivel, pero ya se había deshecho de todos los vestidos con los que trabajaba y era imposible comprar algo de último momento, ya que el mismo Andrade le había contado que la zona comercial de Sincelejo nada tenía que envidiarle a las ciudades fantasma del Viejo Oeste norteamericano que salían en las películas.

Había llamado a Fedorov poco antes de las seis y habían quedado en verse en el restaurante del hotel a las ocho de la noche, así que a las 7:45 ya ella estaba lista, y fue a cumplirle la cita al ruso con cara de roedor.

Angélica atravesó la puerta del restaurante del Hotel Mónaco a las 8:00 de la noche y tal como Andrade le había dicho, había dos policías de incógnito en el hotel, ambos vestidos de meseros exclusivamente para la ocasión. No había ordenado nada aún, cuando un hombre enorme entró al restaurante y sin mediar una palabra le entregó un sobre.

Preciosura:

Tuve un par de inconvenientes, así que voy a tener que retrasarme un poco, pide lo que quieras. Espera. 

Demyan.

Cuando Angélica se dispuso a preguntarle algo al sujeto que había traído el sobre, este ya se había marchado. El hecho de que Fedorov se estuviera retrasando no le gustaba para nada. Pidió una copa de vino blanco, y ordenó una ensalada ligera.  El mesero, que en realidad era el agente encargado de la operación, un tal Daniel Martinez, amigo de Andrade, se acercó con su copa de vino.

-Señorita, le sugiero que siga esperando, tenemos muchos platos que ofrecerle- le dijo sonriendo.

Angélica sabía lo que significaba. Tenía que esperar. Había recibido tres llamadas de Demyan Fedorov en la mañana, justo antes de ir a Puerto Arturo a buscar a Nane, pero no le había contestado ninguna e incluso había borrado los correos de voz que el ruso le había dejado, pero Martinez, que además de policía era una especie de genio de la informática, los había recuperado. En ellos el ruso le dejaba un número de teléfono para que ella lo llamara y así lo habían contactado.

Hacía mucho que la copa de vino y la ensalada se habían terminado, cuando finalmente entró la llamada.

-Buenas noches- contestó Angélica, tratando de disimular el fastidio.

-Angelito, discúlpame  te hice esperar demasiado- contestó Fedorov con su extraño acento del otro lado del teléfono.

-Sí, demasiado- dijo Angélica- La verdad me parece una falta de respeto que me hayas hecho venir tan temprano, para nada.

Había levantado la voz y Martinez y el otro policía se miraron un momento nerviosos, evidentemente no sabían nada de como manipular a un hombre.

-Tranquila, angelito, que te voy a compensar con creces la espera…  sal a la puerta del hotel, no te preocupes por la cuenta, que yo ya cancelé todo.

Por un segundo Angélica no supo que hacer, pero si había gente de Fedorov observándola, si titubeaba, toda la operación se echaría a perder. Así que se levantó del puesto; el teléfono estaba intervenido así que Martinez sabía lo que estaba pasando. O al menos eso esperaba ella.

Salió del hotel y tal como Fedorov se lo había indicado, una camioneta la estaba esperando. El conductor era el mismo sujeto que le había entregado el sobre y que luego había desaparecido como por arte de magia. Sólo abrió la puerta trasera del vehículo y esperó que ella entrara.

-Hubo un pequeño cambio de planes, angelito- dijo Fedorov del otro lado de la línea- no te preocupes, te preparé algo fuera de la ciudad. No intentes conversar con Ivan, el no sabe hablar español. Tranquilízate y prepárate para una noche que no vas a olvidar jamás.

La llamada terminó y justo en ese instante Ivan activó los seguros de la camioneta. No le había gustado para nada lo que le había dicho el ruso ¿Acaso había descubierto algo? Martinez y el otro policía habían hablado con el administrador del hotel, solicitándole que colaborara con las autoridades. Le daba pavor imaginar que el dichoso administrador le hubiese revelado esa información al ruso, a cambio de plata. Pero no podía mostrarse temerosa o nerviosa o ella misma confirmaría que algo andaba mal.

Pero por más que trató de disimular, el corazón le empezó a latir con fuerza cuando la camioneta salió de Sincelejo y tomó rumbo a Tolú.

-¿Hacia dónde vamos?- preguntó Angélica, pero Ivan no le respondió.

Estaba a punto de perder la compostura y empezar a gritar como una loca, cuando recibió un mensaje de texto de Martinez.

Tranquila, vamos detrás de ti.

Ivan la miró a través del espejo retrovisor. No le gustaba para nada como la miraba aquél sujeto enorme. Sintió el impulso de mirar hacia atrás, pero lo reprimió y decidió confiar en que todo saldría bien.

Mientras la camioneta se acercaba cada vez más al Golfo de Morrosquillo, Angélica empezó a pensar en su papá y en su mamá, pero no como los había visto aquella tarde maldita, con los sesos desparramados en la terraza de su casa, sino como los recordaba en sus momentos más especiales: en sus cumpleaños, en su primera comunión, en su fiesta de quince años, en su graduación de la secundaria y se preguntó que pensarían ambos de lo que estaba haciendo en esos momentos. Seguramente estarían asustados, igual que ella, pero le gustaba imaginar que también se sentirían orgullosos de que se hubiese convertido en una mujer fuerte, que no dependía de nadie para ser feliz.

Pensó en Nane, en como aún estando inconsciente había recordado a la mujer que amaba y deseó por instante ser ella. Pero rápidamente abandonó la idea, desde el momento en que había salido del hospital, Nane hacía parte de su pasado y no tenía sentido que siguiera pensando en él.

Cuando se volvió a asomar por las ventanas, se dio cuenta que ya había entrado a Tolú, definitivamente había mucho mejor ambiente que en Sincelejo, los negocios estaban abiertos y había gente sonriendo y conversando en la calle. La camioneta tomó la avenida de la playa, que tenía más de camino de herradura que de avenida, y avanzó hasta entrar a una dársena.

Ivan se bajó del vehículo, le abrió la puerta y luego le indicó el camino con los dedos. Angélica caminó por aquél muelle de madera, rodeado completamente de lanchas y un par de yates. Sentía entre sus cabellos la furia de la brisa marina y tuvo que sostenerlo con una de sus manos. Casi al final del muelle, estaba otro sujeto enorme, parecía hermano de Ivan, este le indicó que subiera al yate anclado a su lado.

Angélica subió por una escaleras metálicas hasta subir a la cubierta de la embarcación. Había una mesa adornada con velas y de pie, vestido de blanco, estaba el sujeto con cara de ratón que la había llevado hasta allí.

-Que hermoso- dijo Angélica sonriendo.

-Me encanta que te guste- dijo Fedorov, apartando una de las sillas para que ella se sentara- espero que no te moleste que haya ordenado por ti.

-Claro que no- dijo ella acomodando la silla para quedar frente a frente con el ruso- ¿Por qué me hiciste esperar tanto?

-Estaba ultimando los detalles, mañana me voy y quiero que esta última noche en Colombia sea algo inolvidable.

Angélica se sintió aliviada de no haber comido mucho en el restaurante, la cena que le tenía preparada Fedorov era abundante. De entrada los meseros les ofrecieron Pan de Banano, que pasaron con una copa de vino blanco. Fedorov hablaba de su patria, de Rusia como un lugar maravilloso donde el sudor y el calor infernal no existían y donde la nieve caía hermosamente en los prolongados inviernos que se hacían más cortos con los fuegos de las chimeneas. De plato fuerte, les llevaron arroz con mariscos, esta vez les llevaron una botella de vino Chardonnay, el vino más delicioso que hubiese probado Angélica en su vida.

Le había tocado el turno de hablar a ella y se sorprendió de todo lo que le dijo a Demyan, le confirmó que estaba casada, pero que su marido trabajaba doble turno por las noches. Cuando Fedorov le preguntó el nombre, Angélica no dudo en responderle: Miguel Ángel.

-Ese tal Miguel Ángel tiene mucha suerte- fue lo único que dijo Demyan mientras terminaba su plato.

La comida culminó con un helado de tres sabores, servido como postre.

-¿Quieres dar un paseo?-le preguntó Demyan. Ella asintió con la cabeza pensando que era un paseo por el yate. Pero cuando Fedorov llegó al puente de mando, arrancó la embarcación. Una luz intensa se posó frente al yate y este empezó a entrar lentamente al mar.

Angélica vio que Ivan y el otro guardaespaldas corrían hasta el puerto y decían cosas incomprensibles, estaban tan sorprendidos como Angélica de lo que su jefe había hecho. Fedorov no dijo nada hasta cuando ya habían entrado de lleno al mar y la costa era apenas una linea de luces perdida en el horizonte.

-¿Por qué venimos tan lejos?

-Necesitaba pensar un poco. Sabes, me recuerdas mucho a una mujer que quise mucho alguna vez, una compatriota tuya, que precisamente vi hoy después de muchos años. Ludis. Todos estos años pensé que la seguía queriendo, a pesar que había un muerto entre nosotros dos.

-¿Un muerto?

-Sí, el único amigo que he tenido en toda mi vida. Se llamaba Nikolay, yo le decía Kolya… ambos vivimos un tiempo aquí en Colombia, en Sincelejo, hace casi 30 años.

-¿Y cómo murió?

-Murió por culpa mía… y de Ludis. Pero hoy supe que Nikolay tuvo un hijo, un muchacho que se parece tanto a él, que cuando lo vi, creía que era un fantasma. Le ofrecí todo, pero me rechazó…- Demyan se rió para sí mismo- es interesante como la gente por la que sientes algo termina rechazándote o traicionándote.

Angélica se alejó un paso de Fedorov, no le gustaba la dirección que aquello estaba tomando.

-Pechi rechazó mi generosa oferta y tú me estás traicionado.

¿Pechi? ¿Acaso era el mismo Pechi que ella conocía?

-¿Por qué dice que lo estoy traicionando?

Angélica se metió las manos al bolsillo, sabía exactamente lo que iba a suceder ahora y no quería que todo aquello sucediera en vano.

-¡Por esto, perra!- gritó Fedorov arrancándole la blusa a Angélica con sus manos desnudas.

El pequeño micrófono que Martinez le había instalado en la blusa apareció depronto. Demyan se lo arrancó con fuerza del cuerpo y luego la abofeteó.

-¡Perra! ¡No eres más que una puta! ¿Y de verdad creías que me ibas a engañar? Desde que estabas en ese hotel con ese policía, sabía lo que estaban planeando y cuando llegaste aquí, Andrey confirmó que estabas transmitiendo.

Angélica había caído al piso, con la boca llena de sangre y mirando sorprendida al monstruo con cara de ratón que se aproximaba hacia ella.

-Si sabía que todo esto era una trampa ¿Por qué me hizo venir hasta acá?

-Porque tenía que tenerte una vez más. Antes de largarme de este país.

-Usted es un monstruo… ¡Usted hizo volar en pedazos ese cerro! ¡Usted mató toda esa gente!

-Que inteligente eres, angelito, sí, fui yo… yo planeé todo, desde el principio, los policías que mataron a los mototaxis, no era policías, eran asesinos que yo contraté… luego mandé a quemar a los verdaderos policías para que se mataran entre ellos y volver a esta ciudad un caos, para poder llevar a cabo mi plan maestro y apoderarme de Puerto Arturo. Ahora esas tierras son mías y luego del derrumbe toda esa gentuza va a tener que abandonar el lugar… Javi quería que les diera tierras en el otro lado de la ciudad, pero eso no va a ser necesario, con dos o tres muertos que no quieran salir de allí, será suficiente y si no lo es, será con diez y si me toca matarlos a todos, uno por uno, así lo voy a hacer. Pero esas tierras y ese litio es mio y sólo mio.

-Usted está demente.

-Puede ser…- dijo Fedorov tomando a Angélica del cabello y sacándola hasta la cubierta del yate.

-¡Suélteme! ¡Alguien que me ayude!- gritó Angélica, antes que Fedorov la golpeara nuevamente en el rostro.

Con una de sus manos, el ruso le inmovilizó ambos brazos y colocó su cuerpo encima del de ella, mientras le rompía la falda con la mano que le quedaba libre.

-¡Suéltame!

Se imaginó que llegaba Nane y golpeaba a Demyan y la ayudaba a escapar. Pero eso era imposible, ni Nane, ni Martinez, ni ningún hombre iba a llegar a salvarla aquella vez. Todo dependía de ella.

Le mordió la prominente nariz de ratón a Demyan Fedorov, quien emitió un grito conmovedor. Liberándose de su verdugo, se levanto y con la botella de Chardonnay que que había caído al suelo lo golpeó en la cabeza. Se levantó con la intención de arrojarse al mar, pero Demyan la sujetó de uno de sus tobillos y ella cayó al piso.

Angélica tomó la mesa de la cena por una de sus patas y la tumbó sobre la cubierta. Fedorov la seguía sujetando por uno de sus tobillos, como una garra de águila que amenazaba con triturarle la pierna. Angélica agarró los platos que habían caído y se los estalló a Demyan contra la cabeza, que ahora estaba llena de sangre.

-¡Sueltame!- le gritaba, pero mientras más sangraba Fedorov, más fuerte se agarraba de su tobillo.

El ruso se sobrepuso a los golpes y el horror se apoderó de Angélica cuando vio que no había más platos con que golpearlo.  Fedorov se incorporó y la miró con tanto odio que ella se sobresaltó. La iba a matar, eso era seguro. Sino hacía algo estaba perdida. No había cuchillos, ni tenedores a la vista, todos habían caído al mar cuando Angélica arrojó la mesa al piso. Entonces se dio cuenta que aún tenía un arma que no había utilizado.

Con todas las fuerzas que tenía movió la otra pierna y le clavó la aguja del tacón a Fedorov en la garganta, con lo que un chorro de sangre a alta presión se desparramó por toda la cubierta del yate.  El ruso se llevó ambas manos a la garganta tratando de liberarse, pero no pudo. Angélica se alejó lo más posible, hasta que vio como el cuerpo de Demyan dejaba de moverse.

Cuándo llegó la lancha de la policía, ella aún estaba en la misma posición, observando el cuerpo sin vida de aquel sujeto. El yate se llenó de policías, pero ninguno parecía percatarse de que ella estaba allí, viva. Hasta que Martinez apareció y se quitó el chaleco de su uniforme y se lo colocó a ella.

-Lo hiciste muy bien, Angélica- le dijo sonriendo.

Cuando llegaron al puerto y bajaron el cadaver de Fedorov del yate, ninguno de los dos guardaespaldas seguía en el muelle. Angélica sólo comprendió la magnitud de lo que había hecho cuando en un helicóptero llegó un hombre de unos sesenta años, vestido de policía, con tantas insignias que no era posible contarlas.

-Mi general- dijo Martinez, sin su chaleco,  haciendo el saludo formal- tenemos las pruebas que señalan al ruso de lo que ocurrió en Sincelejo.

El general observó a Angélica y se acercó hasta ella.

-Tengo entendido que fue usted la que consiguió las pruebas… usted llamó a Martinez y él grabó la confesión del ruso… fue algo muy inteligente para una civil.

-La señorita Palomino de hecho quiere entrar a la policia, señor- dijo Martinez sonriendo.

-¿En serio? Nos encantaría tener dentro de nuestras filas a alguien tan capaz y valiente como la señorita Palomino… – dijo el General.

Angélica sonrió sabiendo que el futuro de ahora en adelante sólo le traería cosas buenas y que su pasado triste y oscuro, de noches tormentosas, de sexo sin amor y de amores no correspondidos, quedaría para siempre enterrado en lo más profundo de su memoria.

-Lo único que me falta por decirle, señorita Palomino es… ¡Bienvenida a la Institución!

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