El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 91. La Trampa.

Si había un lugar en el mundo que Javier Luna recordaba perfectamente era aquella cabaña en las que hacía menos de un año, había sido cruelmente torturado por cuatro días, por cinco miserables que debían estarse pudriendo en el infierno en aquél mismo instante. Había sido allí donde todo comenzó.

Pero al igual que su alma y su corazón, aquella cabaña estaba negra y achicharrada. La mitad de aquél lugar estaba completamente destruida, había sido allí donde él había iniciado el fuego que acabaría para siempre con la vida de Manimal, el Fá, Maykol y Yessid. La otra mitad apenas si se mantenía en pie, las paredes habían resistido el embate del fuego, así como un pedazo del techo de zinc, que no se había derrumbado. Era aquél el lugar que Javi había elegido para sellar su destino. Tenía lógica ¿No? Terminar todo, donde había empezado.

Nunca olvidaría la cara de horror de Laura cuando dejó de golpear la cabeza de Lastre, antes de que se convirtiera en un mazacote inerte de sesos, huesos y sangre.

-Eres un monstruo- dijo ella con las últimas fuerzas que le quedaban antes de perder el conocimiento.

Javi la desató con tanto cariño como pudo. Tomó el bolso que estaba en el piso manchado de sangre y se le formó un nudo en la garganta al ver como Lastre le había arrancado una a una todas las uñas de la mano izquierda. Si había sentido algún remordimiento por haber asesinado al calvo infeliz ese, en ese momento se había esfumado por completo.

Tomó a Laura y dejó para siempre aquella habitación y con ella los cuerpos sin vida de Salim y Lastre. Como pudo salió de aquél edificio abandonado y con la mujer que amaba en sus brazos caminó las tres cuadras que separaban a aquél maldito lugar de la Clínica Santa Mónica.

-No te preocupes, Laura, vas a estar bien.

Tenía varios moretones en la cara, el labio inferior roto y tenía magulladuras en la base del cabello. De sólo imaginar lo que le había hecho Lastre, sentía que una gran mano invisible le exprimía el corazón lentamente.

-Ayúdenme, por favor, ayúdenme- dijo casi en las lágrimas cuando llegó al servicio de urgencias de la clínica.

-Nombre de la paciente- preguntó la enfermera.

-Laura, Laura Curiel- respondió él.

-¿Carnet?

Javi hubiese pagado lo que fuera por que atendieran a Laura, pero se le ocurrió buscar primero en el bolso manchado de sangre.

-Salud Social- respondió al encontrar el documento.

-Por aquí, señor, ya vamos a atender a su esposa- dijo la enfermera.

“Mi esposa” ¿Había sido aquello una broma cruel? De repente se imaginó a si mismo en una iglesia con Laura de la mano, luego se vio a su mismo envejeciendo con ella en un prado, rodeado por sus nietos. ¿Era demasiado pedir una vida así junto a ella?

Javi dejó a Laura en la camilla de la habitación asignada por la enfermera que salió a buscar un médico de inmediato. Le acarició el rostro suavemente, justo en el instante en que ella despertó.

-Asesino- le dijo apuntando hacia él unos ojos cargados de odio, como nunca se los había visto- eres un asesino, un monstruo, mataste a Pechi, asesino, asesino. Asesino. ¡Asesino!

Laura le gritaba si mover más que sus labios.

-¡Asesino! No te voy a perdonar nunca lo que hiciste ¡Asesino!

Javi se alejó de ella, sintiendo que cada palabra que salía de sus labios era un puñal que se hundía lentamente en su carne. Ella empezó a llorar. Primero unos sollozos insignificantes, pero después un llanto sonoro e incontrolable.

-Por favor, salga de la habitación- dijo la doctora cuando encontró a Laura completamente fuera de sí- ¡Enfermero! ¡2 mililitros de Diazepam, pero ya!

La puerta se cerró y Javi sólo pudo escuchar el llanto de Laura a través de las paredes, como lo había escuchado cuando la encontró en el edificio abandonado.

-Señor, el bolso de su esposa- le dijo la enfermera desde la recepción.

Javi tomó el bolso y se sentó en las sillas de la sala de espera. Fue entonces que llegó una mujer, de unos cincuenta años, muy elegante. Se acercó con toda la elegancia y la propiedad del mundo hasta la recepción.

-Buenas Tardes, señorita, busco al paciente Jairo Gonzales, lo trajeron esta mañana, de la explosión de “Las Peñitas”

-¿Mami?- dijo una mujer mucho más joven de unos 30 años, que salió de la puerta giratoria de los pacientes en observación.

-Hija- dijo la mujer mayor. Ambas se abrazaron.- ¿Cómo está el niño?

-Tiene una quemadura, y le sacaron unas esquirlas de vidrio del rostro, parece que va a estar bien, Mami.

-¿Pero qué fue lo que pasó?

-Yo estaba llevando a Jairo al colegio, y pasé por la acera del frente del negocio ese del Mototaxi, cuando sentimos fue la explosión.

-Dios mío santísimo, espero que no haya muerto nadie.

-Una mujer, fue la que murió. Incluso los dueños de ese negocio salieron bien, yo hablé con uno de ellos mientras atendían a Jairo. Me dijo que no tenía idea quién podía haber hecho semejante cosa.

Fue entonces que Javi intervino en la conversación.

-Disculpe, pero usted dice que vio a los dueños del “Mototaxi Express” salir vivos de ese lugar.

La mujer joven notó su presencia, pero fue la mujer mayor la que dirigió su mirada a sus zapatos, llenos de la sangre asquerosa de Lastre.

-Sí, claro, era un muchacho como de su edad y una señora que llevaron a otra clínica.

-¿Un muchacho de ojos azules?

-Sí, ese mismo ¿lo conoce?

-Sí- dijo Javi en un tono que mezclaba alivio y frustración, mientras la mujer mayor se llevaba a su hija al área de observación con el pretexto de ver a su nieto, no sin antes lanzar una mirada de asco y repudio en dirección hacia él “Vieja zorra” pensó Javi.

El maldito de Lastre no había podido acabar con Pechi. ¿Aquello era bueno o era malo? La confusión se apoderó de su mente por un instante eterno. Fue entonces que supo lo que tenía que hacer. Tomó el teléfono de Laura. Estaba protegido con una clave. Ni siquiera tuvo que esforzarse para saber cual era: “PECHI

-Aló, Adriana.

-Sí, con ella habla.

-Adriana, es Javi. Adriana tienes que venir ya mismo a la Clínica Santa Mónica, Laura… Laura tuvo un… un accidente.

-¿Qué? Pero ¿Cómo?

-Ven lo más pronto posible, ahora mismo la están atendiendo. Yo te espero acá.

Javi colgó el teléfono, no tenía la más mínima intención de ver a la estúpida de la madre de Laura. Tenía algo más importante que hacer. Le ofreció 100.ooo pesos a la enfermera recepcionista para que hablara con alguien en el teléfono y le dijera exactamente lo  que él le indicara. Ella aceptó. Javi marcó el número y puso la llamada en altavoz.

-Aló ¿Laura?- el tonto había mordido el anzuelo.

-¿Pechi?- contestó la enfermera, leyendo la nota que le había escrito Javi en su libreta.

-Laura, mi amor ¿dónde estás? – preguntó Pechi del otro lado de la llamada, el muy idiota ni siquiera había notado que la que hablaba no era Laura, aunque pensándolo bien, la voz de la enfermera tenía cierto parecido con la de ella.

Javi escribió rápidamente lo que la enfermera tenía que decir.

-Pechi, tienes que venir, creo… creo que maté a Javi.

-¿Qué?

-Pechi estoy en el lugar donde tu lo viste por primera vez, cerca a un arroyo, por los lados de La Peñata, en una casa quemada. Por favor Pechi, ayúdame, estoy desesperada.

-No te preocupes, Laura, ya voy para allá.

La llamada terminó. La enfermera miró a Javi con una cara extraña, pero se volvió toda sonrisas una vez él le entregó los 100.000 pesos prometidos. Laura estaba en buenas manos y Adriana llegaría en cualquier momento, era hora de cumplirle la cita a Pechi.

Estaba examinando los ladrillos calcinados de la cabaña, cuando escuchó la llegada de un vehículo. Javi alcanzó a ver a través de los orificios en la pared, la camioneta gris. Sólo había visto una camioneta como esas en Sincelejo y era la camioneta de Demyan Fedorov. “Esto no puede ser, ese hijueputa como me encontró” pensó Javi mientras salia de la cabaña y se ocultaba en el arroyo de junto.

Recostado entre los arbustos y la basura vio como dos hombre entraban a la cabaña. Uno de ellos era Fedorov, el otro era Pechi. “¿Qué rayos es lo que está pasando? ¿De donde se conocen estos dos hijueputas?”

-¿Qué es lo que buscamos aquí?- le preguntó Fedorov a Pechi, quien parecía examinar el lugar y luego buscó su teléfono. Javi rápidamente buscó el teléfono de Laura y lo puso en vibrador.  La llamada entró medio segundo después.

-No contesta- dijo Pechi, luego de tres intentos.

-¿A quién buscas?

-Mi novia, me llamó hace un rato, me dijo que iba a estar aquí.

-Es un lugar muy extraño para poner citas ¿No crees, Pechi?- dijo Fedorov con su cara de roedor hambriento.

-Esto es muy extraño.

Luego sonó un celular, Javi casi se muere del susto pensando que había sido el suyo o el de Laura, pero no, había sonado el celular de Fedorov.

-Sí… hola preciosura, que gusto que hayas llamado ¿Cómo te va?… ah que bueno saber eso… en esto momento estoy ocupado, si quieres dentro de una hora… está bien, allí te voy a estar esperando, no te preocupes… Sí, claro, ponte lo más linda que puedas…. sí, para mi también va a ser un gusto enorme… está bien, nos vemos en un rato… no, no me voy a retrasar, chao.

¿Preciosura? Al parecer Fedorov seguía encantado con las putas de Sincelejo, si hubiese tenido más tiempo, Javi estaba seguro de que podría utilizar eso a su favor, pero ya el ruso no tenía nada más que hacer en la ciudad. Ya tenía los papeles de Aurelio Vergara, que confirmaban que era dueño y señor de las tierras alrededor de Puerto Arturo y una vez hiciera una generosa donación de tierras del otro lado de la ciudad a las víctimas del derrumbe, el cerro de Puerto Arturo y todas las tierras aledañas serían suyas para siempre. Ese era el plan que le había propuesto en Moscú y que hasta ahora había salido a la perfección.

-Pechi, todo lo que te dije sobre tu padre, sobre Nikolay, es cierto- dijo Fedorov- tengo una deuda muy grande con él, y quiero ofrecerte toda mi ayuda, estoy seguro que podemos probar tu parentesco con Nikolay y darte la nacionalidad rusa, podrías venir a Moscú y yo te abriría todas las puertas que necesitas.

-Mire, señor Fedorov, la verdad todo lo que me ha dicho… necesito tiempo para pensar, para asimilar todo eso… además tengo la cabeza en otra parte… yo…

-Tranquilo, no debe ser fácil… pero no te estoy pidiendo que tomes una decisión ahora. Mi vuelo sale mañana por la noche, te voy a dejar mi tarjeta, espero hablar contigo mañana ¿estás de acuerdo?

Pechi asintió con la cabeza, mientras recibía la tarjeta que le ofrecía el cara de ratón de Demyan Fedorov.

-Ahora tengo algo urgente que hacer ¿no quieres que te lleve hasta Sincelejo?

-No, déjeme aquí, yo me regreso más tarde.

-Como quieras, Pechi.

Fedorov salió de la cabaña medio destruida y casi de inmediato Javi escuchó el sonido de la camioneta marchándose del lugar. Pechi marcó nuevamente el celular de Laura.  Javi quería poner en marcha su plan, pero Fedorov podía regresar con sus guardaespaldas en cualquier momento y arruinarlo todo; no le gustaba para nada ese afecto tan extraño que Demyan parecía profesar por Viloria. Tenía que planificar mejor las cosas o todo podría salir mal.

Pechi se alejó de la cabaña en dirección a la vía de acceso y marcó nuevamente el celular de Laura, esta vez Javi contestó.

-¿Laura?

-No, Pechi, soy yo, Javi.

-¿Javi? Escuché un rumor de que estabas muerto, al parecer era sólo eso… un rumor.

-Eso fue lo que le pedí a Laura que dijera… te tenía preparada una sorpresa, pero no pude llegar a tiempo.

-¿Dónde está Laura? ¿Por qué tú tienes su teléfono?

-Escúchame bien, Pechi, tengo a Laura conmigo y te juro por Dios que si no haces exactamente lo que te pido, me la voy a llevar lo más lejos que pueda y nunca más la vas a volver a ver.

-¿Qué le hiciste malparido?

-Nada, aún. Sólo quiero tener una última conversación contigo, pero tiene que ser a solas, en el puente que queda sobre la UPES, a la medianoche, sólo. ¿Me entendiste? Si veo que va alguien más, sea quien sea… te juro que nunca más la vas a volver a ver. Sólo quiero que charlemos un poco en privado.

-Te juro que si le haces algo… yo…

-Tranquilízate ya habrá tiempo para todo- dijo Javi colgando la llamada. Escondido en la cabaña calcinada, presenció como el sol terminaba de ocultarse en el horizonte, mientras veía a lo lejos como Pechi abandonaba el lugar con rumbo a Sincelejo. Ahora sólo era cuestión de ser paciente y esperar.

 

 

 

 

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