El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 94. La Culpa.

El cielo se iluminó del otro lado de la ventana. A través de la luz de los relámpagos, Pechi vio el cielo negro y encapotado que anunciaba una tormenta. Se levantó de la dura silla de plástico en la que había estado sentado por más de una hora y trató de ver a través del cristal el más mínimo indicio de una noche sin lluvia, pero no lo encontró. Llovería en cualquier momento.

Pechi no pudo sacarse de la cabeza el horror que había visto en Puerto Arturo. Ya había sido demasiado que el mundo se les hubiese acabado justo bajo sus pies, como para que ahora un aguacero les cayera encima. Había estado allá, al empezar la noche, luego de haberse visto con el ruso trastornado ese de Demyan Fedorov.

Había mucho que hacer. El ejército había enviado carpas para que los damnificados pasaran la noche, pero al paso que iban las cosas no sería una sola noche la que pasarían allí. La gobernación había enviado cajas de alimentos no perecederos, pero en medio de la tragedia, a nadie le importó el orden y muchos se quedaron sin comida, mientras que otros que ni siquiera eran del barrio había salido de allí con dos o tres cajas. Se necesitaba organización, control sobre la situación y así se lo hizo saber Pechi a todos los damnificados con los que había hablado esa noche.

Estaba tratando de hacer un censo entre los afectados, cuando se encontró con Cristian. Había estado allí un par de horas, intentando convencer a su mamá que dejara el barrio y se fuera a vivir con él a Venecia, con muy poco éxito. Ya habían terminado de armar las carpas y aún así quedó gente sin donde pasar la noche.  Fue entonces cuando a Pechi se le ocurrió una idea. Luis Manuel Jaraba le había dado su número de teléfono cuando intentaba convencerlo de partir ganancias en “El Mototaxi Express”, pero ahora lo necesitaba para otra cosa.

15 minutos después los dos colegios cercanos a Puerto Arturo abrieron sus puertas a los damnificados por el derrumbe. La policía había traído colchones, lamparas de mano y grandes botellas de agua, que los habitantes del barrio aprovecharon de inmediato. En un cuaderno, que nunca supo a ciencia cierta de donde salió, Pechi había hecho un censo rudimentario de los damnificados de la tragedia. Había estado tan ocupado que no había visto la hora. Era casi medianoche.

El lugar ya estaba en completa calma, cuando Cristian lo convenció a regañadientes de que fuera a descansar a su casa y le dejara el cuaderno con la lista de los damnificados. Pechi salió de Puerto Arturo, pero no con rumbo a su casa en Majagual. Tenía algo muy serio que hablar con Ludis Espinosa.

La encontró dormida. Se sentó en la dura silla de plástica, mirando como los relámpagos danzaban en la ventana. El reloj de su celular había marcado la una de la mañana, cuando ella empezó a abrir los ojos.

-¿Cuánto llevas allí?- preguntó la viuda de Mansur.

-Como una hora.

Ludis miró su precioso reloj de pulso y cerró los ojos un momento.

-Sólo hay una razón para que estés aquí tan tarde.

-Estaba preocupado por usted.

-No me mientas, Pedro, yo estoy perfectamente. Estás aquí en busca de respuestas ¿verdad? Ese maldito te buscó.

-Me estuvo llamando toda la noche, tratando de convencerme de que me fuera con él a Rusia, supuestamente a reclamar lo que es mio. Le dije que no podía hacer eso, que aún no confiaba en él y luego me dijo que era un estúpido ingrato… que si no confiaba en él, mucho menos debía confiar en usted… ¿Qué relación tiene usted con ese tipo?

-Es una historia muy larga de contar, Pechi.

-¿No cree que merezco saber la verdad?

Ludis cambió su expresión altiva y arrogante por otra más humilde. Por primera vez, Pechi vio la edad reflejada en el rostro de la mujer y notó un cansancio en su mirada que lo hizo compadecerse de ella.

-¿Recuerdas la noche que te quedaste a dormir en la casa? ¿La noche que regresaste de Bogotá?- dijo Ludis, mientras Pechi asentía con la cabeza- esa fue la primera vez que te vi, ya había escuchado hablar de ti, el héroe que había capturado a Marcelo Guevara, pero aquella fue la primera vez que vi tu rostro y me asusté tanto, Pedro, eras idéntico a él, a Nikolay.

-Entonces ¿Ese tal Nikolay de verdad era mi papá, como dice Fedorov?- dijo Pechi intentando no llorar.

-Tendrías que haberlo visto, Pedro, era exacto a ti. Nunca se me va a olvidar su rostro, yo lo vi morir, desangrado. Todo fue culpa de mi estupidez y la de Demyan. Y por supuesto la del tipo ese que le disparó.

-Mi mamá nunca me había hablado de él.

-No se que razones habrá tenido para no hablarte sobre tu padre… de lo que no hay duda es que eres su hijo.

-¿Por qué no me habló de esto antes?

-Pensé que era algo que debías hablar con tu madre, no conmigo. Me dijiste que vendría para tu matrimonio con Laura, pensé que esa sería la oportunidad perfecta para poner las cosas en orden.

-Entonces… todo lo que usted hizo por mí, no lo hizo porque confiara en mi, sólo lo hizo porque sentía culpa.

-Pedro, yo no…

-Sólo me utilizó para calmar su conciencia… ese tal Fedorov tenía razón, no puedo confiar en usted.

Pechi se levantó de la silla, mientras el cielo crujía en el exterior.

-Pedro, espera, ¡Pedro!- gritó Ludis desde su cama, pero Pechi cerró la puerta y caminó en dirección a la salida, donde ya no la escuchó más.

Cuando Fedorov le había dicho que era hijo de un ingeniero ruso, muerto hacía años, Pechi lo tomó muy a la ligera, porque creía que todo era una mentira, o quizás una confusión un tanto graciosa. Después de todo ¿Qué podría tener que ver su madre, la misma que lo cuidó desde pequeñito, la misma a la que un miserable violó en varias ocasiones, la misma que lo esperaba con un plato de sopa de hueso en sus días como mototaxi, con gente que venía del otro lado del mundo?

Pero Ludis le había confirmado todo. Toda su vida había sido una mentira. Pechi salió de la clínica y apoyado en una pared, se agachó a liberar el nudo que tenía atravesado en la garganta. Tenía que hablar con su madre, tenía que aclarar todo. El cielo se iluminó nuevamente y un nuevo crujido se escuchó, tan fuerte que el tejado de la clínica alcanzó a vibrar por un par de segundos.

Ya se había levantado del piso, y se estaba terminado de secar las lágrimas con el dorso de su mano, cuando sonó su celular. La pantalla indicó de donde provenía la llamada. “Laura”, pero Pechi sabía que no era Laura quien estaba del otro lado de la linea.

-¿Pechi?

-¿Dónde está Laura, maldito?

-Relájate, sólo quiero hablar contigo un rato y te juro por Dios que si todo sale bien, vas a estar con Laura antes de que amanezca.

-¿Qué es lo que quieres?

-Quiero que vengas solo al puente frente a la UPES, y cuando digo solo lo digo en serio, si llegas con alguien, no volverás a ver a Laura ¿me entendiste? SOLO. Tienes media hora.

Pechi no era tan estúpido como para creer que aquello no era una trampa de Javi, pero no tenía opción. Pechi corrió como loco buscando un mototaxi o un taxi, pero la ciudad estaba vacía. Llegó a la Plaza de Majagual, luego al monumento de Las Vacas, pero no encontró a nadie que lo llevara. Javi le había dado media hora, sólo le quedaba ir corriendo hasta allá. Tan rápido como pudo corrió por toda la Avenida Luis Carlos Galán. Ni siquiera había llegado a la Avenida Ocala cuando sintió que le faltaba el aliento, así que no le quedó más remedio que caminar. Habían pasado 20 minutos desde que recibió la llamada de Javi, tenía que llegar a tiempo. Estaba a pensar en que nunca más volvería a ver a Laura, cuando una motocicleta se detuvo justo a su lado.

-¿Jefe?

Pechi trató de reconocer al muchacho que conducía la moto. Tenía un lado de la frente cubierto con un esparadrapo. Lo reconoció. Era el mismo muchacho al que había llevado a la clínica hacía dos días. Era Cesar Romero.

-¿Cesar? Pero ¿Ya estás bien?

-Bien, Jefe ¿Por qué anda a pie y así de sudado?¿Va para alguna parte?

-Sí, para la UPES.

-¿A esta hora?

-Sí, a esta hora, Cesar.

-Súbase, Jefe, yo le doy el chance hasta allá.

Pechi se subió agradecido de no tener que recorrer a pie la distancia que faltaba.

-Esta moto es de un hermano mio, me la prestó para que hiciera carreras en la noche, pero no hay nada, Jefe.

-Es muy peligroso, yo creo que no debiste haber salido.

-Bueno, Dios sabe por qué hace sus cosas… si no hubiese salido, no le hubiese podido dar el chance.

Cesar tomó la Avenida Ocala y luego la troncal, que estaba igual de solitaria. El cielo seguía iluminándose y rugiendo como un león hambriento.

-¿Hasta la propia UPES, Jefe?- preguntó Cesar

-Déjame por aquí- le pidió Pechi, bajándose de la moto- yo sigo a pie ¿Cuánto te debo?

-No me debe nada, Jefe, Anderson y Mario me dijeron que usted me había llevado a la clínica. Yo soy quien le debe a usted.

-Cuando todo esto se arregle, espero verte por el negocio.

-Claro que sí, Jefe.

Cesar dio media vuelta y regresó a Sincelejo, justo en el momento en que empezaba a llover. Pechi caminó por toda la orilla de la carretera, y pudo avistar del otro lado un motocicleta. Una motocicleta gris, de las más económicas y se preguntó por qué Javier Luna andaría en una de esas, la última vez que lo había visto manejaba una camioneta gris.

Javi le hizo una señal con los dedos, para que subiera al puente. Pechi subió la rampa con desgano, viendo como Javi hacía lo mismo en la rampa opuesta. Llegaron a la cima al mismo tiempo y caminaron el uno hacia el otro.

Javi llevaba puestos unos jeans, una camiseta blanca y encima una chaqueta ligera de color negro. Excepto por la chaqueta, estaba vestido igual que Pechi en ese momento. La lluvia empezaba a caer con más fuerza, mientras el cielo seguía rugiendo.

-Bienvenido, Pechi- dijo Javi, gritando para hacerse oír en medio del rumor incesante de la lluvia.

-¿Dónde está Laura?- dijo Pechi, haciendo lo mismo.

-Te lo diré cuando terminemos de…. hablar.

-No tengo nada que hablar contigo, dime donde está Laura.

-¿O si no qué? Pensé que eramos amigos Pechi.

-Tú no eres amigo de nadie.

Javi empezó a reír, pero no era una risa común y corriente, empezó a reír a carcajadas, mientras se apoyaba en la baranda del puente.

-Tienes razón, Pechi, yo no tengo amigos, pero tengo a Laura.

-¿Dónde está, malparido?

-¿Quieres saber donde está? La dejé desnuda, en mi cama, luego de hacerle el amor toda la noche… no sabes como disfruté haciéndola mía.

A Pechi se le subió la sangre a la cabeza y corrió hacia donde estaba Javi. Lo sujetó por la cintura y lo arrojó al piso. Lo golpeó dos veces en el rostro, pero este le propinó un rodillazo en el estomago, para luego empujarlo con ambos pies. Pechi cayó con fuerza en la baranda, mientras veía como un tracto-camión pasaba por debajo de la estructura. Recordó que Nane le había dicho que Aarón Paternina y su hijo habían muerto aplastados en su propio carro, por uno de esos vehículos monstruosos y no quería imaginar que pasaría si caía del puente, frente a uno de ellos.

Javi se levantó y empezó a rodear a Pechi, quien se puso en una posición defensiva.

-¿Me tienes miedo Pechi?

-Tú lo único que inspiras es lástima. ¿Crees que Laura no me dijo todo lo que le suplicaste para que  le dieras una oportunidad? Pero ella no te quiere…. ella me quiere a mi.

Esta vez fue Javi quien se abalanzó contra Pechi, lanzó dos puñetazos, pero este los detuvo con sus antebrazos, luego de darle una patada a su oponente en el estomago. Javi era demasiado rápido, lanzaba sus golpes a una velocidad a la que Pechi sólo podía detener algunos de su golpes. Los otros terminaban en su rostro y en sus brazos y dolían, dolían mucho.

En ese momento sintió el teléfono vibrando en su bolsillo, pero no le prestó atención. Javi iba a matarlo si se distraía. Le lanzó varios golpes, intentado atacar, pero Javi no sólo los detuvo sino que se los regresó todos. Al final le dobló el brazo y se colocó detrás suyo oprimiéndole el cuello.

-Que débil eres, Pechi, no te mereces a Laura… no te imaginas todo lo que gritó mientras la hacía mía… imagínate la escena, Pechi. Ella conmigo en una cama, dándomelo todo, todo.

El brazo de Javi le oprimía el cuello con fuerza. No se podía soltar. Tal vez Javi tenía razón, era demasiado débil y no merecía a Laura.

-No te mereces a Laura, sólo eres un perdedor, nunca dejarás de ser el mototaxi pobretón que salió del cerro miserable ese que yo hice pedazos esta mañana, porque fui yo, Pechi, fui yo el que destruyó ese cerro, fue mi plan… fue mi idea… no tienes idea de como gocé viendo como todas esas casa se caían… viendo toda esa gente morir… allí era donde debías estar y morirte junto con toda esa basura de gente. Me voy a llevar a Laura, lejos de ti, muy lejos y la haré mia cada noche, así se resista como lo hizo hoy, así me suplique para que me detenga.

Era más de lo que Pechi podía soportar, con lágrimas en los ojos al escuchar lo que había hecho Javi, se apoyó de sus pies y se impulsó hacia atrás. Javi se golpeó contra la baranda de hierro y tuvo que moverse rápido para no caer. Era la distracción que Pechi necesitaba. Le propinó un puñetazo en el rostro con todas su fuerzas, luego otro y otro y otro. Hasta que tuvo ambas manos llenas de sangre. Javi no se defendió, al contrario, se arrojó al suelo para que Pechi lo siguiera golpeando uno y otra vez. Sonreía. Algo andaba mal.

Javi estaba completamente derrotado debajo de él. Y sonreía. El teléfono volvió a vibrar en sus bolsillos y no tuvo que contestar para saber que había caído en la trampa de su oponente. Sacó el teléfono, había varios correos de voz.

Pechi, soy yo, Laura… estoy en la Clínica Santa Mónica, tengo tantas cosas que hablar contigo… no te preocupes, estoy bien, sólo necesito verte… te amo, Pechi, te amo, ojalá puedas venir pronto. ¿Por qué no contestas? Bueno, te dejo porque me prestaron un minutico nada más. Ven pronto.

Pechi dejó caer el teléfono, que se hizo pedazos en la carretera 5 metros más abajo. Javi sonreía.

-Tu no tienes a Laura- dijo Pechi levantándose y dejando a Javi en el piso-Tu querías, que, que…

-Que inteligente eres, Pechi, me descubriste… ya estoy aburrido- dijo Javi levantándose del piso, apoyándose en la baranda para sostenerse, estaba llorando- me he convertido en un monstruo, en un criminal, en un asesino… peor que los que me tuvieron encerrado en esa cabaña de la que tú me sacaste. La mujer que amo, me desprecia… cometí tantos errores, tantos… sólo quería saber si al igual que yo eras capaz de todo por ella.

-Eso es absurdo.

-Absurdo es que me haya aliado con unos criminales, que terminaron haciéndole daño a la única persona que he amado en mi vida… absurdo es que haya mandado a asesinar al único amigo que he tenido en toda mi vida ¿No es eso absurdo? ¿No es absurdo que por culpa mía tanta gente haya muerto hoy? No sabes lo arrepentido que estoy…

-Javi, tienes que entregarte…

-No, yo no merezco la cárcel, Pechi- dijo Javi subiéndose a la baranda- merezco lo mismo que le hice al Casallas, al Fa, a Maykol, a Manimal y a Yessid ¿Te acuerdas de ellos? Yo sí, todos los días… porque allí está, la culpa, carcomiendome, destruyendome por dentro, cada día más.

-¿Qué estás haciendo Javi? Bájate de ahí, tú no…

-Dile a Laura que la amo con todas las fuerzas de mi alma- dijo Javi antes de impulsarse hacia atrás con elegancia, justo en el momento en que escuchó a un enorme camión transitar por debajo del puente.

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