El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 95. La Esperanza.

Las imágenes danzaban en su mente como llamas efervescentes en mitad de la noche. Una difusa luz naranja. Una tarde de tormenta en el jardín de niños. La primera vez que montó en bicicleta. La cara de su horrible profesora en primer grado. Los cantos con su maestro favorito a los 8 años. El día en que un chico la consoló luego de pasar una tarde llorando. Su primer beso. Su primer baile. Sus viejos cuadernos de notas. Su blog. A Nane con un pasamontañas cubriéndole el rostro. A Miguel Ángel. La Plaza de Majagual hecha pedazos. Un puente roto en medio de la lluvia. Las luces de un vehículo hundiéndose lentamente en el agua. El zumbido de las motocicletas taladrándole los oídos.

Luego las imágenes cambiaron. Era Nane, nuevamente, pero estaba vestido apenas con una bata blanca que le dejaba al descubierto las piernas peludas. Que gracioso se veía. Lloraba. Dos mujeres lo sostenían, una en cada brazo. Luchaba, como tratando de entender algo que su mente no podía soportar. Hasta que finalmente se rindió y se arrojó al piso. Llorando. Vio la aguja que penetraba en uno de sus brazos y como lo sacaron a rastras de aquella habitación.

Que difícil era entender todo aquello. Poco a poco las imágenes se fueron disipando y el mundo estuvo claro nuevamente.  La cama ocupaba casi todo el espacio. No había sillas y sólo había dos puertas. Una hacia el pasillo, que era por la que habían sacado a Nane a rastras y la otra que Cindy supuso,era para el baño. El piso estaba pringado de sangre por todos lados. La sangre de Nane, la sangre del hombre que amaba.

Sólo entonces  pudo mirar claramente a la mujer de la cama. Tenía la cabeza vendada. Un moretón de espanto se extendía por todo el lado derecho de su rostro y tenía uno de sus ojos tan hinchados que hubiese sido imposible que lo pudiera abrir. Pero lo más difícil de ver era la sutura. ¿Cuántos puntos podrían ser? ¿15? ¿20?… la fisura le surcaba  el rostro desde la oreja hasta la comisura de la boca en una curva de espanto. Estaba irreconocible, pero no era tan estúpida como para no ver la realidad. La mujer de la cama era ella misma.

-Te dije que no entraras- escuchó Cindy una voz a sus espaldas y no tuvo que hacer ningún esfuerzo para reconocerla.

-Usted sabía que esto iba a pasar ¿verdad?- dijo Cindy sin mirar a Jesús Patiño del otro lado de la habitación, cruzado de brazos.

-Claro que sí, por eso te lo advertí, niña.

-¿Cómo es que…?

-¿Realmente no lo recuerdas, Cindy?

-¿Recordar qué?

-Cómo terminaste aquí…

-Yo estaba con usted… en ese parque, luego pasamos por las Peñitas y luego…

-No, Cindy, así no terminaste aquí, tienes que recordar.

Cindy hizo un esfuerzo enorme por entender lo que Patiño le decía, pero cada vez que lo intentaba una oscuridad enorme se apoderaba de sus pensamientos, tan aguda y filosa que la podía sentir en todo el cuerpo.

-No puedo- le dijo a Patiño sintiendo un nudo espantoso en la garganta.

-Porque tienes miedo, tienes que superar el miedo y enfrentar la verdad, Cindy ¿Cuál es la verdad?

-Algo horrible me pasó- dijo ella liberando las lágrimas que tenía prisioneras en sus ojos- lo que no entiendo es cómo o cuando.

-Piensa.

Escuchó de nuevo el zumbido de las motocicletas y las imágenes empezaron a danzar de nuevo en su cabeza. Una mano activando un teléfono celular. Un hombre de pie frente a una cortina. Fotos, folders, documentos. Firmas.

-¿Qué viste?- le preguntó Patiño.

-¿Que fue lo que pasó en su casa?

-Tú lo sabes, Cindy.

-Usted me dijo que me lo iba a decir todo, toda la verdad sobre lo que estaba pasando.

-¿Lo hice? ¿Te dije la verdad?

De repente la habitación del hospital se desvaneció y estaba nuevamente en el apartamento de Jesús Patiño, como lo había estado el día anterior. Se vio a sí misma sentada en un sillón, fresca y saludable y no como el monstruo que estaba recostado en aquella cama de hospital. Patiño estaba ocupado sirviendo un par de pocillos de café. La muchacha aprovechó para tomar su celular y activar el micrófono. Ella lo iba a grabar todo.

-Así que me tendiste una trampa- dijo Patiño, pero no el que estaba trayendo los tintos a la sala, sino el que había estado con ella en la habitación del hospital.

-Eso lo recuerdo- dijo Cindy.

-¿Qué más recuerdas?

-La historia de Nikolay… usted me la contó aquí… no me llevó a ningún lugar.

-Así es ¿Qué más recuerdas?

Entonces la conversación que tenía su doble con el doble de Patiño en sus recuerdos se empezó a escuchar más y más alto.

-¿Qué tiene que ver ese tal Nikolay con todo lo que está pasando hoy?- le preguntó Cindy a Patiño, en las imágenes de su recuerdo.

-El hombre que enviaron de Rusia, Demyan Fedorov, está aquí en Sincelejo… Él está detrás de todo esto.

-¿Usted cómo lo sabe?

-Porque lo primero que hizo al llegar aquí fue visitar la tumba de su amigo y yo estaba muy cerca y escuché todo lo que tenía planeado. Él y un muchacho, un tal Javi. Estuvieron allí, en la tumba de Nikolay terminaron de planear todo, absolutamente todo. El asesinato de los policías, la muerte de los mototaxis de la UPES, la falla en la electricidad… y lo peor aún no ha sucedido.

-¿Qué es lo peor?

-Quieren destruir a Puerto Arturo, Cindy.

-¿Qué? Eso tenemos que evitarlo…

-Por eso estás aquí… tienes que hacer todo lo posible para evitar que esos hijueputas se salgan con la suya.

-¿Por qué no lo hace usted?

-Porque soy un cobarde- dijo Patiño, antes de sacar un arma de su bolsillo y ponerse el cañón en la boca. Se disparó.

De pronto el apartamento de Jesús Patiño desapareció. Pero no regresaron a la habitación del hospital. Quedaron sumidos en una negrura espesa y aterradora.

-¿Por qué te haces esto, Cindy?- le preguntó Patiño, en medio de la oscuridad.

-¿Por qué me hago qué? Yo no hice esto.

-Estos son tus recuerdos, Cindy… y aquí todo se vuelve oscuro… tú los estás ocultado, escondiendo.

-¡NO! Yo no… yo no quiero ver…- dijo Cindy, llorando a lágrima viva- yo no quiero recordar.

Patiño la tomó de sus hombros y la observó atentamente a los ojos.

-Tienes que hacerlo o te quedarás en esta oscuridad… para siempre.

La sala de Jesús Patiño empezó a aparecer nuevamente alrededor de ellos. Cindy se vio a si mismo aterrorizada, tratando de alejarse de aquel cuerpo sin vida, con la cabeza hecha pedazos. Salió corriendo de allí. Bajó las escaleras a toda prisa, hasta llegar al portón de la calle.  Salió aterrorizada a la calle, justo en el momento en que se aproximaba una horda de mototaxistas, con aquel zumbido monstruoso, que no había podido olvidar. Fue allí cuando ocurrió.

Una de las motocicletas perdió el equilibrio y cayó al pavimento. Las otras motos que veían detrás trataron de rodearla, pero venían a todo velocidad. Las motocicletas se empezaron a apilar y una de ella, saltó sobre la que había caído y se fue a estrella al muro del edificio, donde estaba Cindy, indefensa, viendo como el horror también la consumía a ella.

-¿Ahora lo recuerdas?- dijo Patiño, aún sosteniendo sus hombros.

Cindy asintió con la cabeza, mientras la la habitación del hospital volvía a aparecer alrededor.

-Entonces todo lo que vi después… sólo fue… mi imaginación.

-Puede que sí o puede que no. El universo está lleno de misterios, quizás todo lo que viste, fue sólo tu mente tratando de armar el rompecabezas, con lo que ya sabías, o con cosas que escuchaste de alguien aquí. O quizás es algo más.

-¿Me voy a morir verdad?- dijo Cindy, llorando, tratando de entender aquella nueva realidad que le quitaba la esperanza.

Jesús Patiño no le respondió porque justo en ese momento se abrió la puerta de la habitación. Entraron dos figuras, vestidas completamente de azul, una delgada y una más gruesa.

-Te voy a permitir entrar, porque prometiste que mantendrías la calma, Nane.

-Yo sólo quiero verla, hablar con ella.

“¡Nane!”

La figura delgada cerró la puerta y se apoyó en ella, mientras Nane con un gorro y una mascarilla se aproximaba hasta la cama donde estaba ella. Se arrodilló.

-Cindy, mi amor… hay tantas cosas que te quiero decir… ¿por qué nos está pasando esto? ¿Ah?… Todo esto es mi culpa… mi culpa.- dijo él entre lágrimas.

“No Nane, esto no es tu culpa, no”

-Parece que yo no hago otra cosa que embarrarla, todo lo que hago, siempre termina mal. Cindy, Perdóname, por haberte fallado.

“¿Por qué te voy a perdonar, Nane? ¿Qué hiciste?”

-Despierta, Cindy… te quiero tanto.. te amo tanto… mi amor.  Por favor no me dejes sólo.

Cindy entonces supo lo que tenía que hacer.

-Si lo haces, sólo tendrás unos segundos- dijo Patiño adivinando sus intenciones.

-Eso es todo lo que necesito.

Cindy se aproximó al cuerpo de la mujer en la cama y entonces todo se volvió oscuridad… y dolor. Mucho dolor. El dolor más espantoso que hubiese sentido jamás.  Pero tenía que ser fuerte, era lo que tenía que hacer. Era como estar en lo más profundo del océano y cada vez que pataleaba el agua trataba de empujarla hacia abajo, pero ella lograba subir un poco más, cada vez un poco más, un poco más, hasta llegar a la superficie. Pudo abrir el único ojo con el que podía ver. El otro se había vuelto una masa deforme que le obstaculizaba la vista. Entonces vio la habitación; estaba mucho más oscura que antes y ya no estaba Jesús Patiño en ella.

-¿Cindy?- escuchó la voz de Nane- Cindy, mi amor.. ¡Está reaccionando, Natalia!

Cindy trató de decirle a Nane, que no, que no era necesario. Pero la doctora se acercó a ella y le pasó una lampara por el único ojo que le servía, dejándola ciega por un instante, un doloroso instante.

-Voy a buscar al neurólogo- dijo ella, saliendo de la habitación a toda prisa.

-Cindy te vas a poner bien, vamos a estar juntos, vamos a tener una casa y muchos niños y vamos a pelear y a envejecer, tú y yo…

-No- dijo ella con esfuerzo- no me queda mucho tiempo.

-¡NO DIGAS ESO! ¡NO!

-E.. es la verdad. Te amo, Nane y fuiste lo mejor que me pasó en la vida. Gracias por haberme enseñado a querer a alguien de verdad, no te culpes de nada, tienes que ser feliz y seguir adelante, tu sabes lo que el odio y el resentimiento hacen de la gente, tú y yo lo hemos visto. Tienes que seguir adelante, Nane, ya encontrarás a una mujer que te haga ver las estrellas.

-Tú eres esa mujer, Cindy y no hables como si te fueras a…

-Mi celular, tienes que revisarlo… todo lo que pasó hoy, los culpables, tienes que hacer, tienes que evitar… – era cada vez más difícil respirar y una enorme presión se apoderaba de ella por dentro, como si de un momento a otro fuera a explotar.

-¿Cindy que te pasa? ¿Cindy?

-Despídeme de todos, de Pechi, de Laura, de Camilo, de mi Papá, de Ludis… Nane, te amo con todo mi corazón.

No pudo articular otra palabra. Lo último que escuchó fue la voz de Nane, diciendo su nombre, sosteniendo con fuerza su mano. No regresó a la habitación, ni volvió a ver a Jesús Patiño. Sintió como se evaporaba lentamente, mientras en algún otro lugar del tiempo y el espacio, volvía a abrir los ojos y era feliz nuevamente.

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