El Mototaxi

Libro 1 de "El Mototaxi"

Capítulo 99. El Futuro.

Tianjin, China.

3 de Diciembre de 2029.

Cindy.

Nuevamente heme aquí, dejándome llevar por mi locura, tratando de escribirte unas palabras que nunca leerás.  Te extraño tanto, tanto, tanto Cindy, aún después de todos estos años, en que la vida me ha golpeado tantas veces y me ha ayudado a levantar, aún eres tu la guía que me ayuda a salir adelante.

Cómo quisiera que estuvieras aquí conmigo. ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué? ¿Por qué me dejaste sólo contra el mundo? ¿O ese había sido tu plan todo el tiempo?

Tal y como me lo pediste, encontré tu teléfono y allí estaba la conversación que tuviste con Jesús Patiño. Todos los involucrados con los hechos ocurridos en esos cuatro días infernales pagaron por sus crímenes, bueno, casi todos. A Javier Luna nunca lo encontraron, algunos dicen que lo mataron los mismos hombres de Fedorov, otros que huyó del país, lo cierto es que fue Pechi el último que lo vio arrojándose del mismo puente peatonal donde se había iniciado toda aquella desgracias, pero nunca recuperaron su cuerpo.

En cuanto a los responsables de la muerte de Nikolay Ivanov, Jesús Patiño fue encontrado en su apartamento y pagó con su vida el haberle quitado no sólo la vida a aquel hombre, sino también la que Pechi y su madre hubiesen tenido junto a él. Creo que eso fue algo que tú nunca supiste. ¿Qué extraña es la vida verdad?

Demyan Fedorov fue encontrado muerto en un yate, cerca a Tolú y todos sus acompañantes fueron capturados y puestos a disposición de la Interpol, parece que sus negocios sucios se extendían por todas partes como un pulpo, con centro en sus cuarteles en Moscú. Y la persona que ayudó a Jesús Patiño a esconderse todos estos años y que provocó la muerte de tu madre y que te mintió por tantos años, tu propio padre, Alirio Villarreal fue apresado y pasó sus últimos días en una prisión. Lo último que supe de él, era que había muerto en un envenenamiento múltiple en la cárcel hace nueve años.

No quisiera que te culparas por no haber visto la verdad. Ahora comprendo que personas como él, enfermas de resentimiento y deseos de venganza en realidad no quieren a nadie y que terminan por fabricar máscaras para no ser capturados, y tu fuiste parte de esa máscara. Sólo cuando comprendí la clase de persona que Alirio Villarreal era en verdad, supe que mi madre, aún con todos sus defectos, no era tan mala como parecía ser. Así es la vida, los que parece lobos, a veces en realidad son tan mansos como las ovejas… y aquellos que parecen ovejas son tan feroces como los lobos.

Días después de tu funeral, tu amigo Camilo me entregó todo lo que guardabas en las gavetas de tu escritorio y allí encontré tu más grande tesoro: todos los artículos que habías escrito en todos estos años y que por miedo a que tomaran represalias contra mí y mi madre, habías archivado. Nunca debiste haber hecho eso Cindy, nunca debiste sacrificar parte de ti, para evitarme sufrimiento. No debiste hacerlo. Pero te entiendo, yo por amor hubiese entregado mi vida, sólo por verte reír una vez más.

Aquella noche en que leí y volví a leer todos tus artículos y notas, me dí cuenta que todo aquello que habías construido con tanto esfuerzo no podía terminar así. Con todo lo que escuché de Andrade y lo que escuché de tu teléfono, empecé a escribir. Primero eran frases sin sentido, que no tenían la más mínima coherencia, más motivadas por la rabia que sentía por tu partida, que por las ganas de escribir.

Pero luego de leer, de nuevo, todo lo que había escrito, las palabras empezaron a salir con más naturalidad y pude terminar lo que me había prometido: un artículo digno de “El Misionario”. Le envié el correo a Juancho Pedroza con el artículo sin esperar nada a cambio y decidido a no revelar jamás mi identidad. El artículo fue publicado y al ver el nombre que solía ser tuyo “El Misionario” sentí que al menos una parte de ti no había muerto nunca.

Aquél fue también el último día que vi a Angélica. La vi de lejos iba de la mano con un muchacho de su misma edad y me dio alegría saber que había seguido adelante. Nunca volví a saber de ella.

Aunque no lo creas, publiqué muchos artículos más, entre ellos algunos de los que tu dejaste escritos, con algunas modificaciones. Hasta un día en que en lugar de aparecer como una columna en un tabloide, “El Misionario” se convirtió en un diario. Me tomó muchos años conseguir ese sueño, pero era lo menos que podía hacer por ti. No sólo eran los periódicos que se veían muy bien en la calle, sino las aplicaciones en los celulares y en las tablets, invertí buena parte de mi dinero en él y pronto vi los frutos.

Hace diez años me propusieron una unión con otros grupos editoriales que tenían un objetivo común: denunciar las injusticias sociales, sin apoyar las banderas de la rebelión o el terrorismo. Y hoy, héme aquí.

Si pudieras ver lo que veo desde mi ventana, Cindy. Es como ver pasar el futuro frente a tus ojos. He estudiado mucho, muchísimo, para poder estar a la altura de mis retos, me costó mucho trabajo aprender inglés y deberías ver cómo hablo en Mandarín. Sí, aquí estoy del otro lado del mundo, si vieras, soy el subdirector del segundo grupo editorial más grande del mundo. Ni mi mamá lo podía creer cuando se lo dije. Pero a pesar de todo, aún escribo notas para “El Misionario” que aún circula en mi tierra, en Sincelejo, a la que no olvido, ni olvidaré jamás.

A veces sueño que voy en una moto, que soy un mototaxi y que te encuentro en la puerta de “El Manifiesto” y que me quito el casco y te abrazó allí mismo y que no te dejo ir, y que toda la tragedia que siguió después es sólo una pesadilla… pero luego despierto y no estás a mi lado. Te extraño tanto. Tanto.

Pero, hablando de otra cosa. ¿Te había contado que en el último sueño extraño que tuve me vi a mí mismo como un niño? Pues ese niño está del otro lado de la habitación, ahora mismo se llama Juan David. Sí, me casé, hace ocho años, encontré una mujer, una compañera a la que amo y respeto, pero a pesar de todo, nunca te he podido olvidar, y cada segundo que pasa y que me aproximo más al día en que deje de respirar, tus recuerdos se hacen cada vez más intensos. Nunca le hablado de ti a mi esposa, pero Juan si sabe, lo ha visto en sus sueños y me dice que estás en otro lugar, en otro espacio y en otro tiempo y que eres feliz. Y yo quiero creerle.

Te amo con todo mi corazón, y también quiero creer que en algún lugar del universo está escrito que tú y yo nos vamos a volver a ver.

Con todo el amor del mundo.

Se despide.

Nane.

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Un pensamiento en “Capítulo 99. El Futuro.

  1. Querido Carlos Mario,

    Asumo que esta es una novela que estás en el proceso de escribir? Algo que te puede ayudar a orientar tus lectores sería incluir un breve resumen en la sección de About.

    Saludos,
    Ana

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